martes, 28 de noviembre de 2017

Hacia el 2019: ¿presos en "la MaCris"?

Este año, el problema electoral se planteó para los gobernadores del PJ y referentes del espacio pan-justicialista que tuvieron una doble apuesta: 1) jubilar a CFK del escenario político 2) enfrentar y vencer a Cambiemos desde una condición de “opo-oficialistas”. Puestos por sí mismos en esa suerte de “no lugar”, quedaron presos de “la MaCris” (la polarización entre Cambiemos y CFK): no pudieron lo primero, ni tampoco lo segundo. Juan Urtubey, el gobernador que en su momento se autoproclamó presidenciable para el 2019, es el principal ejemplo: su lista no sólo perdió en Salta frente a Cambiemos por casi 46 mil votos de diferencia, sino que apenas aventajó al kirchnerismo por 10 mil votos. A su turno, la lista de Juan Schiaretti también fue derrotada por la de Cambiemos (por casi 18 puntos). La dinámica de la polarización que afectó fuerte a esos oficialismos provinciales también se puso de manifiesto en la suba de la participación electoral en ambos distritos entre las PASO y la elección general (ver gráfico arriba; click para agrandar). También quedó preso de “la MaCris” y corrió aún peor suerte electoral que esos gobernadores una  figuras del espacio pan-justicialista como Florencio Randazzo, que con el sello del PJ fue superado por Cambiemos y CFK; lo mismo le sucedió al "renovador" Sergio Massa con el sello de 1País, ambos en la estratégica provincia de Buenos Aires (PBA), otro distrito en el cual la polarización traccionó electoralmente y generó un incremento de la afluencia de electores (ver gráfico arriba, click para agrandar). 

Como apuntó oportunamente Alejandro Grimson, si bien CFK fue derrotada en PBA, “el peronismo más cercano al gobierno sufre derrotas mucho más graves. Sergio Massa cae al 11%, cuando había partido de un 43% en 2013 y un 22% en 2015. Lo mismo sucede con otro “peronista racional” (así los han catalogado periodistas oficialistas) como Schiaretti en Córdoba, duramente derrotado por el macrismo. Cristina Kirchner perdió, pero a Urtubey le fue aún peor. Ni de Salta, ni de Tigre ni de Córdoba provendrán los presidenciables”. Ya lo hemos apuntado en posts anteriores: en el espacio pan-justicialista sólo salieron airosas aquellas figuras que se recortaron más nítidamente como opositores a Cambiemos (considerando el vector político). Visto desde otra óptica (la de la resiliencia), el provincianismo pudo resistir el embate de la ola amarilla sólo en aquellos distritos por fuera del “corredor de la soja” (considerando el vector geográfico).

Por otra parte, el clivaje que caracteriza a PRO/Cambiemos como “el partido de la soja” no es estrictamente nuevo, sino una reedición de un fenómeno que ya se vio en las legislativas del 2009, las elecciones que siguieron al conflicto del campo pos-resolución 125. Por entonces, Héctor Huergo hablaba del “soja power”: “Esta nueva Argentina tuvo su bautismo de fuego político en el 2008, cuando los del campo le pusieron la mano en el pecho a un gobierno que viene de las antípodas. Fue la primera expresión del nuevo poder económico del interior. El "soy power" (el poder de la soja) hizo sonar su despertador. Y ahora, cuando despunta el 2009, aparecen indicios de que cada vez tallará más fuerte en la gran escena política nacional”. A partir de esa constatación, Huergo hacía varias extrapolaciones políticas: “El lanzamiento de Carlos Reutemann como presidenciable para el 2011 se inscribe en esta saga. Se suma a la candidatura obvia de Felipe Solá. Ambos crecieron de la mano de su postura a favor del campo en el conflicto por las retenciones móviles, que cambió la historia nacional. Pero vienen con antecedentes muy fuertes de vinculación objetiva con el sector. Reutemann es productor desde siempre. Visitante infaltable de las grandes exposiciones, siempre, desde el llano o como gobernador, se mostró genuinamente interesado por los avances tecnológicos. Además, el senador y ex gobernador de Santa Fe fue un gran facilitador para la consolidación del polo agroindustrial del Gran Rosario, la industria lechera santafesina y el poderoso cluster de maquinaria agrícola de su provincia. Felipe Solá fue casi diez años secretario de Agricultura, y su gran pergamino fue la autorización de la soja RR en 1996. La cosecha pasó de 15 a 50 millones de toneladas en apenas una década. Sólo en el último año, la diferencia representó 15.000 millones de dólares. Pero tendrán que pelear. Por ejemplo con el ex gobernador salteño Roberto Romero y el puntano Alberto Rodríguez Saá. Ambos se muestran definitivamente convencidos del destino agroindustrial de sus provincias. La propia Elisa Carrió y la Coalición Cívica, se encuentran consustanciadas con el sector. La Comisión de Agricultura de Diputados tiene un vicepresidente (Christian Gribaudo) que pertenece al Pro”

Sin embargo, lo que pintaba como un clima de época, apenas fue un clima de opinión pasajero: recordemos que, luego del relativo revés electoral del 2009 (el FPV perdió en los principales distritos, pero conservó la primera minoría electoral a nivel país), en 2011 CFK se impuso con el 54% de los votos en primera vuelta, mientras que Rodríguez Saá alcanzó apenas 7,96% de los votos, Carrió sólo 1,82%; Reutemann, Solá y Romero (candidatos "cantados" para algunos analistas, junto con Julio Cobos) ni siquiera compitieron en esa elección. La gran pregunta, entonces, es si ahora estamos en presencia de un clima de época, o se trata de otro clima de opinión, aunque pueda ser menos pasajero que el del 2009. Como vimos en un post anterior, Casullo es una de las que sostiene la tesis de cambio de época. “Estamos asistiendo a un cambio de época política en la Argentina, en tanto y en cuanto el país tiene hoy algo que no existió durante todo el siglo XX: un partido orgánico de derecha, con capacidad electoral”. Desde el punto de vista de fenómeno electoral, efectivamente hay una novedad en términos de oferta política (y exitosa a lo largo de dos elecciones, o si se quiere tres, contando la PASO de este año). 

Sin embargo, dos elecciones consecutivas ganadas no construyen necesariamente un tercer turno electoral victorioso, lo que sí sería un signo inequívoco de cambio de época: “en las elecciones legislativas inmediatamente posteriores a la asunción presidencial de Alfonsín la UCR obtuvo en 1985 el 42,37%, el PJ obtuvo en 1991 el 40,22%, la Alianza el 23,1% en 2001, el Frente para la Victoria el 41,59% en 2005 y Cambiemos en 2017 el 40,7%”, apuntó Grimson. También Casullo se muestra cautelosa respecto a si el resultado electoral del 2017 “permite plantar bandera sobre el sueño de una hegemonía refundacional, más aun cuando el mismo sueño se le escapó al kirchnerismo luego de lograr el 54% de los votos y tener mayoría en ambas cámaras del Congreso. Cambiemos podrá gobernar sin sobresaltos hasta el 2019 y está en excelente posición para ganar su reelección. Pero plantear la inevitabilidad de una nueva Argentina ya mismo parece apresurado”. La primavera alfonsinista duró dos turnos electorales nacionales, y la aliancista apenas uno; sólo el menemismo y el kirchnerismo pudieron construir eficazmente climas de época que trascendieron a climas de opinión electorales. Si Cambiemos podrá hacerlo de cara al 2019, esa es la pregunta que se impone ahora. 

miércoles, 22 de noviembre de 2017

Hacia el 2019: problematizando lecturas

Según determinado enfoque interpretativo, los resultados electorales del 2017 pueden leerse como una puesta en cuestión de las identidades partidarias tradicionales (UCR y peronismo) frente a sellos emergentes (PRO-Cambiemos y Unidad Ciudadana, respectivamente). Si se articula ese planteo con la tesis de la conformación de un polo de centroderecha versus uno de centroizquierda de cara al turno electoral del 2019, entonces habría una oportunidad histórica de superar el carácter híbrido de las formaciones partidarias con más historia en favor de identidades más nítidas: el radicalismo se subsumiría en una fuerza de centroderecha dejando atrás sus pulsiones socialdemócratas, y el peronismo dejaría atrás su carácter pendular para abrazar una identidad nacional-popular más definida. 

En una línea similar a la que planteaba la politóloga María Casullo, el sociólogo Juan Carlos Torre apunta: “Hoy la única fuerza con identidad en el campo del peronismo es la que lidera Cristina Kirchner, aunque, si bien sirve como oposición, claramente no entusiasma a los peronistas. El problema es que el espacio del centro o centroderecha popular de alguna manera ya está ocupado por Cambiemos, mientras la expresidenta gana terreno hacia la izquierda. A los dirigentes que encarnan la renovación por ahora les queda el camino de la ambigüedad”. En efecto, mientras a nivel nacional el polo de centroderecha y el de centroizquierda se afirman como primera y segunda minoría electoral, respectivamente, el camino de la ambigüedad no resulta electoralmente rentable: todas las referencias del espacio pan-peronista que transitaron la avenida del opo-oficialismo este año perdieron (Juan Urtubey, Gustavo Bordet, Juan Schiaretti). Al contrario, aquellas con una identidad opositora más definida frente a Cambiemos salieron airosas: Gildo Insfrán, Alberto Rodríguez Saá, Lucía Corpacci, Sergio Uñac, Jorge Manzur, el recientemente fallecido Mario Das Neves, Carlos Verna (con dos excepciones, Alicia Kirchner y Domingo Peppo). 

Sin embargo, hay otras formas de leer esa persistencia: Julio Burdman la llama “la resiliencia provinciana”, un fenómeno que se dio desde las primarias a la elección general de octubre. “Las PASO mostraron un fenómeno generalizado, el de los partidos provinciales y las anchas avenidas del medio desplazadas por la nacionalización y la polarización. Los oficialismos provinciales de Córdoba, Santa Fe, Río Negro, Neuquén y Chubut, no alineados con ninguna de las dos corrientes políticas principales, habían perdido. En varios casos, quedando en tercer lugar. En la región metropolitana, los disidentes de la grieta encabezados por Sergio Massa y Martín Lousteau quedaron terceros y lejos. Los peronismos autárquicos de San Luis y La Pampa perdían contra Cambiemos. Caían todos en un camino de ida. Pero entre el 13 de agosto y el 22 de octubre, la resiliencia provinciana puso algunas cosas en su lugar. Hubo tres casos de reversión: Chubut, La Pampa y la República de San Luis. Asimismo, los partidos ‘neoprovinciales’ de Misiones y Santiago del Estero ampliaron la brecha. Cinco casos de oficialismos provinciales que hicieron sentir el peso de sus territorios (…) En los cinco casos mencionados, el eje de la campaña fue el provincianismo (...) El provincianismo pareciera haber sido la forma más eficaz de 2017 para resistir a la polarización nacionalizante. Massa y Lousteau siguieron perdiendo. Habría que destacar que no en todos los casos el discurso provincianista funcionó: los oficialismos de Córdoba y Santa Fe no pudieron recuperar posiciones, y tampoco los neuquinos, que vieron aumentar su derrota frente a la ola cambiemita. Sin embargo, los tres tienen algo en común: estuvieron atravesados internamente por una tensión por su relación con el gobierno nacional de Cambiemos. Sapagistas y gutierristas en Neuquén, y De la Sota y Schiaretti en Córdoba, están diferenciados por su relación con Macri. En Santa Fe, el Frente Progresista aún está pagando la ruptura con los radicales y la conformación del cambiemismo provincial. Evidentemente, la estrategia provincianista necesita ser creíble y estar unificada. Ese fue, al menos, el denominador común de los casos que resistieron localmente la ola nacional”.

Del mismo modo que la “resiliencia provinciana” aporta otra clave de lectura para entender por qué algunas figuras del espacio pan-justicialista resistieron el avance de la ola amarilla y otras no, la interpretación en clave geográfica hace otro tanto. Según José Natanson, el apoyo a Cambiemos “tiene un claro componente de clase, con un sesgo a los sectores de mayor poder adquisitivo, y etario, con un respaldo nítido entre los mayores. Pero el corte más claro es geográfico: el PRO es, en esencia, el ‘partido de la soja’, potente en la zona núcleo, que registró sus mejores marcas, además de la Ciudad, en Córdoba, el Norte de la provincia de Buenos Aires y el Sur de Santa Fe” (ver gráfico arriba; click para agrandar). Agrega Natanson: “Con una campaña astuta, la apuesta a candidatos propios y la decisión de explotar al máximo el rechazo que generaba el kirchnerismo en crecientes sectores de las capas medias, el PRO consagró el primer presidente de derecha elegido por los votos y el primero también que no pertenece ni al peronismo ni al radicalismo. Más allá del éxito o fracaso de su gestión, esto ya lo sitúa en un lugar novedoso, que expresa tanto la decisión de un sector de la sociedad de confiar en una fuerza nueva como la crisis de los partidos tradicionales abierta a partir del estallido de 2001”. Complementando esta lectura con la anterior, podríamos decir: el provincianismo pudo resistir el embate de la ola amarilla sólo en aquellos distritos por fuera del “corredor de la soja”. Esto, a su vez, marca un desafío para los gobernadores del PJ que este año sufrieron derrotas frente a Cambiemos en sus provincias, de cara al turno electoral del 2019: ¿es posible hacer un tránsito exitoso desde el opo-oficialismo hacia una postura más opositora más nítida para retener el poder en sus provincias y a la vez preservarse de la dinámica polarizadora nacional en la que Cambiemos y Unidad Ciudadana se insinúan como las referencias principales?

viernes, 17 de noviembre de 2017

Hacia el 2019: ¿un polo de centroderecha versus un polo de centroizquierda?

Los resultados electorales del 2017 también pueden ser leídos en clave de polarización asimétrica, con Cambiemos como primera minoría electoral nacional (43% de votos) con un sesgo de centroderecha y Unidad Ciudadana como segunda minoría electoral (25% del total nacional), con un sesgo de centroizquierda. Ambos polos, antitéticos entre sí, son dos sellos nuevos y con una pregnancia electoralmente más potente, a tenor de los resultados de este año, que sellos más tradicionales, como la UCR y el PJ, respectivamente. De cara al turno electoral del 2019, sin embargo, ambos dependen de mantener y de conquistar a parte de la “franja del medio” para tener chances de ganar. En esa franja participan el peronismo filo K (5% de los votos), el no K (alrededor del 8%) y el massismo (alrededor del 6%), más 3% de partidos provinciales. Por otro lado, a la izquierda de Unidad Ciudadana, existe un 5% de fuerzas de izquierda tradicional. Con esa foto, nuevamente, de cara al 2019 la competitividad electoral del espacio pan-justicialista como alternativa opositora depende de las chances de expansión hacia gran parte de la “avenida del medio” para formar una coalición del 44% capaz de disputar en una eventual segunda vuelta la presidencia con Cambiemos, en el caso de que la coalición oficialista pueda mantenerse con aproximadamente el mismo caudal que obtuvo en las legislativas de este año. 

¿Por qué pasamos de analizar las dinámicas de polarización del post anterior a una lectura en clave más ideológica en esta entrada? Retomamos la cita de la politóloga María Casullo, a quien abordamos ya en la entrada previa. Ella apunta que “estamos asistiendo a un cambio de época política en la Argentina, en tanto y en cuanto el país tiene hoy algo que no existió durante todo el siglo XX: un partido orgánico de derecha, con capacidad electoral. Cuando digo ‘derecha’ no lo digo desde el punto de vista de las políticas públicas implementadas, sino desde el punto de vista de la sociología política, de la conformación social de la coalición electoral del partido. Digo derecha como lo usaba Torcuato Di Tella: un partido que representa políticamente los intereses y la visión de mundo de las elites (económica, social y cultural) del país y cuyos dirigentes principales, empezando claro por el presidente, vienen de esas mismas elites”. Respecto al carácter de coalición electoral y partidaria de Cambiemos, Casullo apunta que si bien es cierto que la UCR tuvo un rol fundamental al expandir el alcance territorial del oficialismo y fiscalizar las elecciones en provincia de Buenos Aires y el interior, que esa fuerza tiene ministros en el gabinete y que luego de diciembre tendrá más diputados y senadores de los que tenía antes, “llaman la atención tres cosas. Primero, que la UCR no tiene al parecer un lugar en la mesa de decisión de Cambiemos, que es muy pequeña, muy centralizada, y muy PRO-pura. Segundo, en las Paso de este año el PRO recusó judicialmente a las listas internas que presentaron sectores de la UCR ‘orgánica’ en varias provincias y bloqueó la competencia interna o sólo la admitió (como en Neuquén) porque lo dijo la Justicia. Sin ir más lejos, no admitió internas en la ciudad de Buenos Aires, su distrito estrella, y expulsó al sector de Lousteau. Tercero, la UCR no ha planteado hasta ahora una agenda legislativa o de gobierno diferenciada, basada en su temas históricos, como puede ser la universidad pública o la salud pública. O la expansión de los derechos sociales universales”

Sintetizando, Cambiemos es una marca consolidada electoralmente, pero no una coalición de gobierno: el gobierno es del PRO. Además, la identidad partidaria radical fue diluida dentro de la coalición, y las chances de que se mantenga se hallan ante una paradoja: mientras más exitoso sea el gobierno de Macri en términos de perdurabilidad en el tiempo, más riesgo corre el radicalismo de perder fuerza como signo político; en sentido contrario, si Cambiemos fracasa, ese fracaso también arrastrará al radicalismo en gran parte, si no surge una corriente "disidente" sustantiva. En la misma línea, Danilo Degiustti apuntó: “Cambiemos no es la Alianza. De alguna forma esto ya lo sospechábamos desde un principio, sobre todo por el mayor nivel de autonomía del presidente Macri, que a diferencia de De la Rúa es también el presidente de su partido y si bien lidera una coalición, los demás partidos son socios con una participación menor a la que tenía el Frepaso en su momento (lo que le permitió a Macri colocar a una vicepresidenta de su propio partido y diseñar un gabinete a su medida). En su proceso de consolidación, Cambiemos nació como una coalición urbana de nivel socioeconómico medio y alto, muy anclada en la zona central del país, pero las elecciones de este año dejaron un mapa con mucho amarillo desde Santa Cruz hasta Salta y Jujuy. Se nacionalizó. Entonces, por un lado, tenemos una expansión geográfica desde las provincias centrales o metropolitanas hacia las periféricas (…) desde las generales de 2015 hasta las elecciones del domingo, Cambiemos creció en las provincias más grandes (16,5%; ver datos arriba, click para agrandar), las que lo llevaron al gobierno, pero creció más del doble en las provincias periféricas (37,4%), tradicionalmente peronistas (…). En síntesis, el Pro nació desde el centro del país, adoptando al electorado huérfano del radicalismo y llegó a la presidencia unificando al voto no peronista con la alianza Cambiemos”. En ese marco, haber captado al electorado huérfano del radicalismo y liderar desde el gobierno una coalición electoral exitosa le da al PRO una ventaja competitiva sobre la UCR, que pone en cuestión la supervivencia del sello más tradicional y hace crecer las chances de conformación de un polo de centroderecha más tradicional, como existe en otros países de la región. 

Ya dijimos en el post anterior que Cambiemos y Unidad Ciudadana son dos polos antitéticos: el primero hace oposición al gobierno anterior desde el oficialismo (el antikirchnerismo es definitorio de su impronta), mientras que la segunda es,  sin dudas, la principal oposición al oficialismo y actual gobierno. Eso deja a todos los dirigentes de la franja del medio en un “no lugar” electoralmente no rentable, como se vio este año. Todos los “opo-oficialistas”, es decir, los gobernadores y las figuras que no tienen resuelto cuál es su posicionamiento frente a Cambiemos (¿son opositores "racionales"? ¿son más opositores al gobierno anterior que al actual?), como Juan Urtubey, Juan Schiaretti y Sergio Massa, corrieron mala suerte en las urnas este año. Al contrario, aquellas figuras del espacio pan-justicialista que tienen una definición más nítida como opositores a Cambiemos (Gildo Insfrán, Alberto Rodríguez Saá, Lucía Corpacci, Sergio Uñac, Jorge Manzur, el recientemente fallecido Mario Das Neves, Carlos Verna), salieron airosas. Esto abre una ventana de oportunidad para que el tránsito hacia el 2019 consolide un polo opositor con mayor competitividad electoral que el actual, con base en Unidad Ciudadana pero expandiéndose hacia las referencias opositoras del espacio pan-justicialista (o hacia los segmentos electorales que ellas interpelan). Como planteó Juan Rodil, “Cristina Fernández parece haber lanzado su campaña de cara a 2019 en su discurso del 22 por la noche, en el que aseguró ser la principal oposición al gobierno y sugirió que esa oposición será ejercida desde su nueva fuerza, Unidad Ciudadana y no desde el Partido Justicialista”. Así, es muy probable que la apuesta de CFK sea la simétrica (espejada) respecto a la de Cambiemos: fidelizar a los electores que acompañaron a Unidad Ciudadana, sumar a aquellos del espacio filo-K y desde allí interpelar a los electores justicialistas “del medio”, potencialmente huérfanos de referencias o de candidatos en 2019 (ver la hipótesis Casullo del post anterior). De hecho, ya este año la ex presidenta le regaló el sello del justicialismo a Florencio Randazzo en PBA y aun así capitalizó claramente al mayor caudal de electores, pues percibió que buscaban una oposición nítida a Cambiemos (y no una moderada ni “opo-oficialista”). Es decir, la apuesta de CFK sería crecer hacia el PJ y los sectores medios (así como el PRO creció hacia los huérfanos del radicalismo y los sectores medios) y, con un sesgo de centroizquierda, enfrentar al polo con sesgo de centroderecha. 

Si un sello nuevo (PRO/Cambiemos tiene chances de absorber a la UCR, ¿podría también un sello nuevo (Unidad Ciudadana) hacerlo con el PJ? Tratando de buscar pistas al respecto, volvemos a Casullo, que se asombra por la falta de presencia de una alternativa de centroizquierda, y apunta en eso una oportunidad para el peronismo. “El peronismo tiene muchos problemas pero una cuestión que lo favorece: no parece haber nadie por fuera de él que quiera encarnar una postura netamente opositora. Para mí la pregunta más interesante no es qué va a pasar con el peronismo, sino qué pasó o qué está pasando con los partidos ‘progresistas’. No se ve hoy que esté apareciendo una oposición a Cambiemos nucleada en alguno de los viejos partidos progresistas de clase media no peronistas, o de alguno nuevo. En el 2011 los políticos más votados luego de CFK fueron Binner y Ricardo Alfonsín, ambas figuras son irrelevantes hoy a nivel nacional. ¿Eso continuará así por siempre? ¿Será Unidad Ciudadana el germen de un nuevo Frepaso con una parte del peronismo y una parte de sectores de clase media y una dirigencia desperonizada? Como dijo Mao: es demasiado pronto para saberlo”.

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Hacia el 2019: polarización simétrica o asimétrica

Los resultados electorales del 2017 marcan una polarización asimétrica, con Cambiemos como primera minoría electoral nacional en torno al 43% y Unidad Ciudadana y aliados en torno al 25%. Por fuera de estos dos polos, antitéticos entre sí, flotan el peronismo filo K (en torno al 5%) y el no K (alrededor del 8%) y el massismo (alrededor del 6%); por fuera de eso, queda un 3% de partidos provinciales y un 5% de fuerzas de izquierda. Con esa foto, de cara al 2019 la competitividad electoral del espacio pan-justicialista depende de las chances de unificar la principal fuerza opositora sumando al casi 20% de la “avenida del medio”, único expediente con el cual un frente amplio podría reunir un 44% capaz de disputar en una eventual segunda vuelta la presidencia con Cambiemos. Hoy, desde la política, tal reunificación parece una quimera: si bien Unidad Ciudadana podría, en una dinámica polarizadora, captar 5 puntos de electorado filo K para alcanzar el 30% y así evitar la victoria de Cambiemos en primera vuelta, se le haría cuesta arriba sumar el 13% que acumulan el justicialismo no K y el massismo (nuevamente: una dinámica polarizadora le permitiría captar una proporción de ese caudal, pero necesita del 100% para tener chances de vencer en un ballotage). Además, son inciertas sus chances de sumar votos de la izquierda o de partidos provinciales. 

Desde un análisis fotográfico (y por tanto limitado) de la política, ese cuadro de situación derivaría en una polarización asimétrica favorable a Cambiemos de cara al turno electoral de 2019. Como matiz, se puede apuntar que lo que a veces no resuelve la política, lo resuelve la economía: el oficialismo pudo sortear las elecciones de este año con un buen trabajo sobre las expectativas y sobre la herencia recibida, pero para la elección de 2019 necesitará mostrar logros palpables en materia socioeconómica para revalidar sus pergaminos. Claramente, la apuesta de Unidad Ciudadana es que no podrá hacerlo, y que eso favorecerá una polarización más simétrica que haga competitiva las chances del polo opositor y de Unidad Ciudadana como base y principal articulador de ese frente. Traduciendo: CFK espera cosechar los votos de los electores del espacio pan-justicialista que aún no tiene de la mano de un fracaso oficialista, por más que los dirigentes justicialistas quieran jubilarla o bien no reconozcan su liderazgo como prenda de unificación opositora. 

Recientemente, varios especialistas plantearon algunos elementos de análisis que aportan a este debate. El primero que tomaremos para ese post es María Casullo, quien plantea lo siguiente: “El peronismo enfrenta ahora un verdadero nudo gordiano: tiene una dirigente (CFK) que es la que mayor peso electoral tiene, pero por un lado aparece la cuestión de su techo electoral en una elección general, y por otro lado no es querida por un conjunto de dirigentes peronistas. Ahora bien, por el otro lado ninguno de esos dirigentes peronistas ha mostrado, hasta ahora, capacidad electoral por sí mismos”. Es lo que se vio en los resultados electorales de este año: los gobernadores y figuras del espacio pan-justicialista que apostaban a la “jubilación” de CFK perdieron en sus distritos (Juan Urtubey en Salta, Juan Schiaretti en Córdoba, Florencio Randazzo en Buenos Aires). Otro tanto les sucedió a figuras que aspiraban a renovar la oferta de la política desde una “tercera vía”, como Sergio Massa en PBA. Es decir, la grieta no sólo no se diluyó, sino que se reforzó, y terminó absorbiendo (es decir, diluyendo como referencias opositoras) precisamente a aquellos dirigentes que pretendían eludirla. 

Eso dejó a la ex presidenta como la figura opositora más visible a nivel nacional y con el mayor caudal de votos en todo el país, pese a su derrota en octubre en PBA. En ese marco, Casullo plantea una hipótesis: “CFK podría decir públicamente ´no me presentaré en 2019´", pero es poco probable que lo haga. Si ella se presentara en el 2019, la pregunta es qué harán los demás. Es decir, ¿estará dispuesto el peronismo "no k" a ir a las elecciones del 2019 a sabiendas de que irá a perder? (…) Hoy la principal figura opositora nacional (guste ella o no guste ella) es Cristina, y con ella un sector del peronismo. ¿Podrá convocar a todo el peronismo? Probablemente no. He ahí el dilema. ¿Se llamará "peronismo" la oposición a Cambiemos? Tal vez no, pero deberá incluir al peronismo para ganar (como Cambiemos debió incluir para ganar a la UCR). Al mismo tiempo, el peronismo tiene muchos problemas pero una cuestión que lo favorece: no parece haber nadie por fuera de él que quiera encarnar una postura netamente opositora”En esa hipótesis, las chances de una polarización más simétrica (es decir, que haga más competitiva a la principal alternativa opositora frente al oficialismo) podría verse beneficiada si el peronismo no K no tuviera candidato. 

En el caso contrario, si lo tuviera, la situación volvería a ser de polarización asimétrica, y por lo tanto favorable a Cambiemos, como la actual: “hoy Macri es favorito para ser reelecto. En base a errores del contrario, méritos propios y a una cuestión estructural de la política argentina: que es que los oficialismos tienen mecanismos para cementar su coalición y fragmentar la de los demás (como hizo el kirchnerismo con éxito en 2007, 2011 y no pudo ya hacerlo en 2015)”, apunta Casullo. Es decir, en la medida en que Cambiemos pueda mantener una marca unificada en la mayoría de los distritos hasta el 2019 y un electorado alineado con esa marca frente a una oposición fragmentada y dispersa en sellos (ver cuadro arriba; click para agrandar) se refuerzan sus chances de victoria en el próximo turno electoral. 

martes, 7 de noviembre de 2017

Posicionamientos de cara al 2019

De nuestro análisis del Mito 3 en el post anterior se desprenden algunas claves que es preciso remarcar 1) los resultados del 22-O confirman que hay segmentos electorales que eligen votar al oficialismo, y que quienes eligen votar a la oposición tienden a decantarse por alternativas opositoras nítidas (como Unidad Ciudadana y sus aliados) y menos por opositores “blandos”. De ahí que a las posiciones del tipo “terceras vías” no les fue bien en las elecciones.

Los ejemplos más claros de ese problema de posicionamiento lo ilustran las derrotas sufridas por el gobernador de Salta, Juan Urtubey (su lista perdió ante Cambiemos por casi 7 puntos porcentuales), el cordobés Juan Schiaretti (su lista perdió ante Cambiemos por casi 18 puntos porcentuales) y el entrerriano Gustavo Bordet (su lista perdió ante Cambiemos por casi 15 puntos porcentuales). Tampoco les fue bien a otras figuras que no se recortan claramente como nítidamente opositoras ni como nítidamente oficialistas: Martín Lousteau en CABA (tercero en CABA, detrás del oficialismo y del kirchnerismo) y Sergio Massa (tercero en provincia de Buenos Aires, también detrás del oficialismo y del kirchnerismo). Así, surge una paradoja: precisamente las figuras que trataron de eludir “la grieta” fueron “fagocitadas” por la misma. En sentido contrario, los gobernadores que se pararon como opositores a Cambiemos (algunos de ellos, además, aliados de CFK) salieron airosos: los Rodríguez Saá en San Luis (por casi 13 puntos porcentuales en senadores, dando vuelta el resultado de las PASO) y Gildo Insfrán en Formosa (casi 26 puntos porcentuales) Sergio Uñac en San Juan (por 22 puntos porcentuales), Carlos Verna en La Pampa (por apenas 0,3 puntos porcentuales, dando vuelta al resultado de las PASO), Juan Manzur en Tucumán (por 14 puntos porcentuales) y el recientemente fallecido Mario Das Neves en Chubut (por 2 puntos porcentuales, también dando vuelta el resultado de las PASO) y Lucía Corpacci en Catamarca (por 6 puntos porcentuales). Así, decíamos: a mayor funcionalidad y cercanía política con Cambiemos, más chances de perder las elecciones frente a Cambiemos. 

En ese marco, dentro del espacio pan-justicialista asoman diferentes polos de poder: a) por un lado, Unidad Ciudadana, que cuenta con el segundo mayor caudal de votos a nivel país por detrás de Cambiemos (36,6% contra 41,0% considerando el tramo de senadores nacionales; ver datos arriba, click para agrandar) y con el mayor nivel de implantación territorial dentro de la oposición b) el de los gobernadores cuyas listas salieron triunfantes de las elecciones de este año, donde conviven referentes aliados a CFK (como los Rodríguez Saá e Insfrán), otros cercanos a CFK (como Corpacci), otros equidistantes (Uñac, Manzur) y otros no K (Verna); c) el de los gobernadores anti-K, que apuestan claramente a retirar a CFK de la escena política, pero resultaron golpeados en estas elecciones (Urtubey y Schiaretti). Al análisis de esta segmentación también puede aportar la mirada del politólogo y consultor Julio Burdman. Según él, los gobernadores “no piensan en hacer una ´oposición firme´, como pidió Cristina en su discurso de la medianoche del domingo 22-O, y tampoco piensan en 2019. En todo caso, el rol que podrán tener en una renovación del peronismo a nivel nacional será después que terminen sus ciclos. Solo piensan en 2019 aquellos que ya cumplieron sus ciclos de gestión. Como Urtubey, que ya no tiene reelección, o Massa. O una Cristina Kirchner, aún joven, quien busca volver al llano para poder volver (…) Los gobernadores, mientras tanto, necesitan llevarse bien con el Presidente, que es quien firma sus cheques. Y quieren que al Presidente le vaya bien, porque sus ciclos están sincronizados. Estos gobernadores peronistas van a ayudar a Mauricio Macri a gobernar. Como los gobernadores radicales ayudaron a Kirchner. Como los gobernadores peronistas ayudaron a Menem”

Desde esta perspectiva, más allá de los vaivenes electorales que encontraron a algunos victoriosos y a otros perdedores, la gobernabilidad asoma como un contrato de beneficio mutuo entre esas figuras y la del presidente Macri, lo cual tiene implicancias de cara las inciertas chances de reunificación del espacio pan-justicialista como alternativa opositora de cara al 2019. Asimismo, en una línea similar a la de nuestro análisis del mito 3, Burdman apunta: “en las últimas semanas han circulado algunos discursos que le atribuyen, desde el peronismo, culpas a la ex Presidenta por esa falta de liderazgo unificador del peronismo. Discursos contradictorios, de diván. Porque el quiebre no está dentro del electorado peronista, sino entre las demandas de ese electorado y las responsabilidades de los peronistas que tienen que gobernar (…) Tras el 42% nacional que logró Cambiemos en las elecciones legislativas, la única forma de que surja un liderazgo peronista unificador sería el advenimiento de un líder revolucionario. Es decir, de alguien que se levante contra las reglas del régimen político. Y nadie está pensando en eso. Cristina no lo es: solo está construyendo una candidatura presidencial futura”. Desde esa perspectiva, habiendo ganado la PASO en PBA y aun perdiendo en la general de octubre, CFK logró claramente su objetivo: a poco más de una semana de las elecciones de medio término que confirmaron la victoria del oficialismo en su condición de principal fuerza y primera minoría electoral a nivel nacional, un estudio de opinión pública ubicó a Cristina Fernández de Kirchner y Unidad Ciudadana como la oposición más seria y fuerte de la provincia de Buenos Aires, el distrito electoral más gravitante del país. El relevamiento realizado por DAlessio IROL/Berensztein apenas concluidos los comicios legislativos arrojó que la mitad de los entrevistados cree que la senadora electa será la líder política de la oposición. Así, un 29% cree que será referente del arco opositor por fuera del Partido Justicialista, es decir por Unidad Ciudadana, mientras que un 16% estima que será la referente nacional del PJ; apenas un 5% le cierra las puertas de la provincia y señala que sólo será la referente del PJ bonaerense.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

Derribando mitos del proceso electoral 2017

Dedicaremos este post a analizar “mitos” de este proceso electoral y a derribarlos o, más modestamente, problematizarlos y plantear objeciones a ciertas afirmaciones que se han vertido sobre el resultado de las primarias y las generales de este año, basándonos en datos y análisis. Veamos:

Mito 1. "El ciclo de Cristina está terminado". Datos y análisis: la fuerza liderada por la ex presidenta, el kirchnerismo (ahora con nuevo sello) es la segunda minoría electoral a nivel nacional por detrás de Cambiemos (24,4%, contra 42,8%). Cuenta con 6.325.801 votos en todo el país y un amplio nivel de implantación territorial nacional, ya que presentó listas en Capital Federal (CABA), provincia de Buenos Aires (PBA), Catamarca, Chubut, Córdoba, Misiones, Neuquén, Río Negro, Salta, Santa Cruz, Santa Fe y Tierra del Fuego (ver cuadro arriba; click para agrandar). Así, en 12 de 25 distritos se presenta con sello propio, y en dos de ellos ganó las elecciones en esa condición: Río Negro y Tierra del Fuego. Asimismo, integra los frentes que resultaron vencedores en San Luis y Formosa. Para matizar nuestro argumento, podríamos conceder que el deseo de “jubilar” a CFK de la política sí es palpable en muchas de las figuras del PJ, pero se trata de un deseo difícil de respaldar en datos (lo que no quiere decir que no termine sucediendo dentro de los avatares de la política). 

Mito 2. "Cristina viene en debacle". Datos y análisis: la fuerza liderada por CFK mejoró el 22-O sus números en el conurbano bonaerense respecto a su performance en las primarias del 13-A y también mejoró los resultados en toda la provincia de Buenos Aires (3.491.136 votos) con respecto a sus registros del 2013 (2.900.494 votos) y el 2015 (3.419.041): En sentido contrario, el massismo, que se planteaba como la alternativa renovadora, no sólo fue superado ampliamente por CFK, sino que este año (1.061.207 votos) sufrió un franco declive respecto a sus resultados del 2013 (3.943.056 votos) y 2015 (2.062.610). La performance de la ex presidenta también fue muy superior a la de Florencio Randazzo, otra figura que se planteaba como alternativa: lo supera en una proporción 7/1 (Cumplir alcanzó 497.409 votos en provincia de Buenos Aires). Por otra parte, como adelantamos en el punto anterior, ni Massa ni Randazzo (y lo mismo podría decirse de los gobernadores anti-K) tienen un nivel de implantación territorial capaz de competir con la ex presidenta. Al contrario de lo que se dice, la fuerza de CFK no está conurbanizada o acotada a PBA (si bien es cierto que el 55% de sus votos los recogió en esa provincia). En cambio, sí está acotada al conurbano la del massismo, puesto que el 73% de sus votos salieron de la PBA, con una débil presencia en los demás distritos en los que se presentó: en CABA, Corrientes, Jujuy, Neuquén, San Juan, Santa Fe y Santiago del Estero obtuvo resultados muy magros. 

Mito 3. "Cristina es funcional a Cambiemos". Datos y análisis: esa afirmación es moneda común entre los referentes del PJ anti K y no K. Por el contrario, los resultados del 22-O confirman que hay segmentos electorales que eligen votar al oficialismo, y que quienes eligen votar a la oposición tienden a decantarse por alternativas opositoras nítidas (como Unidad Ciudadana y sus aliados) y menos por opositores “blandos”. De hecho, el gobernador de Salta, Juan Urtubey, uno de los referentes del espacio pan-justicialista que se autopostulaba como presidenciable para el 2019 y apostaba sus fichas a una “jubilación temprana” de CFK, lo admitió esta semana: “muchos pagamos el costo político de acompañar al Gobierno". Todos los gobernadores y referentes del espacio pan-justicialista “amigables” con el gobierno nacional perdieron las elecciones 2017 de manera abultada: el ya mencionado Juan Urtubey (por 6,78 puntos porcentuales), el cordobés Juan Schiaretti (17,95 puntos porcentuales), el entrerriano Gustavo Bordet (por 14,99 puntos porcentuales). Por el contrario, aquellos gobernadores que son nítidos opositores a Cambiemos y aliados de CFK ganaron: los Rodríguez Saá en San Luis (por 12,45 puntos porcentuales en senadores, dando vuelta el resultado de las PASO) y Gildo Insfrán en Formosa (por 25,76 puntos porcentuales). También ganaron aquellos que tienen al kirchnerismo integrado dentro de sus frentes, sin ser abiertamente aliados de CFK, como Sergio Uñac en San Juan (por 22,13 puntos porcentuales). Asimismo, resultaron ganadores los gobernadores que son tanto anti-Macri como anti-CFK: es el caso de Carlos Verna en La Pampa (que ganó por apenas 0,28 puntos porcentuales, dando vuelta al resultado de las PASO) y el recientemente fallecido Mario Das Neves en Chubut (por 2,08 puntos porcentuales, también dando vuelta el resultado de las PASO). Por su parte, también se impuso por 6,03 puntos porcentuales la lista del gobierno de Catamarca, políticamente más cercana al kirchnerismo (aunque este presentó lista propia) que a Cambiemos. En síntesis, si hubiera una regla, es esta: a mayor funcionalidad y cercanía política con Cambiemos dentro del espacio opositor, más chances de perder las elecciones frente al oficialismo, y por lo tanto diluirse como alternativa opositora. Esta regla también aplica a Sergio Massa, opositor moderado que fue superado ampliamente por CFK, opositora nítida, en PBA. 

Mito 4. "Cambiemos se impuso a Cristina porque tiene un discurso más joven que ella". Datos y análisis: aunque es cierto que la estrategia comunicacional de Cambiemos tiene ese perfil, no hay una correspondencia de ella con el voto. De hecho, todas las encuestas previas al 22-O mostraban con claridad que en provincia de Buenos Aires la intención de voto a Cambiemos era más alta en los segmentos etarios de adultos y adultos mayores, y la de CFK era más alta en los segmentos de jóvenes y adultos jóvenes (ver datos de Synopsis debajo; click para agrandar). De paso, esta fue la consultora que más se acercó al resultado del 22-O: dijo que la diferencia iba a ser de 4,2%, con 42% para el oficialismo y 37,8% para Unidad Ciudadana (fue 41,38% a 37,25%). Esto también sugiere que la carrera política de CFK tiene una vitalidad que contradice los intentos de “jubilarla” que exteriorizan los referentes del PJ anti-K y no K. Por otro lado, esta tendencia también se detecta a nivel nacional: como apuntó correctamente José Natanson, el voto a Cambiemos “tiene un claro componente de clase, con un sesgo a los sectores de mayor poder adquisitivo, y etario, con un respaldo nítido entre los mayores”





viernes, 27 de octubre de 2017

Pronóstico y resultados del 22-O

En nuestro último post previo al 22-O apuntábamos: “Un promedio considerando nueve mediciones da 40% a Bullrich y 36,6% a CFK, una diferencia de 3,4 puntos porcentuales. Sigue siendo ´too close to call´, es decir, un resultado técnicamente abierto, aunque está claro que al final la elección se gana por un voto o bien puede que se gane por esa brecha de 3 puntos”. El resultado fue 41,38% a 37,25%, una diferencia de 4,13 puntos porcentuales que confirma lo que decíamos en el sentido de una elección reñida y difícil de anticipar en encuestas (pues la brecha es muy similar al error muestral promedio). 

También escribíamos en aquel post: “…surge un panorama donde se incrementa la polarización, perfilando una leve tendencia favorable a Cambiemos, que de todos modos no haría una elección tan buena como la de Massa en 2013 (casi 44%). En tanto, CFK mejoraría la elección del FPV en ese año, un resultado que la consolidaría como principal opositora a nivel país en función de un caudal por arriba de 3,3 millones de votos en el distrito más gravitante del país y cerca de 2,7 millones de su sello y aliados en las demás provincias”. Ese escenario también se confirmó: efectivamente, CFK mejoró el resultado respecto al que obtuvo el FPV en 2013, y Cambiemos hizo una buena elección, pero no tan buena como la de Sergio Massa en ese año. La ex presidenta sumó más de 3,3 millones de votos en provincia de Buenos Aires (3.491.136) y más de 2,7 millones en el resto del país (en rigor, 2.834.665). Así, podemos decir que nuestro pronóstico fue ajustado a la realidad. 

Por otro lado, apuntábamos lo siguiente. “A diferencia de lo que sucedió antes de las PASO, se han dado a conocer pocos datos del resto del país, pero en general no sería raro que se verifique un mix: inercia de los resultados obtenidos en las primarias con variaciones estadísticamente no significativas en algunos distritos, junto con otros donde se refuerce la polarización (…) en distritos gobernados por el PJ donde Cambiemos sacó ventaja en las PASO, ahora se insinúa un achicamiento de la brecha: ¿efecto 17 de octubre?”. Concretamente, hubo “efecto 17 de octubre” en tres provincias gobernadas por frentes liderados por el PJ, donde el oficialismo pudo revertir en la elección del 22-O la derrota que había sufrido en las PASO del 13-A frente a Cambiemos: Chubut (33,21% a 31,13%), La Pampa (45,54% a 45,26%) y San Luis (55,00% a 43,06%). Mientras en los dos primeros casos la victoria fue magra (2,08 puntos porcentuales y 0,28 puntos porcentuales), en el caso de San Luis fue por más de un dígito (11,94 puntos porcentuales). En el caso de Córdoba, si bien UPC hizo una mejor elección que en las primarias (llegó a 30,52%), no logró achicar la diferencia con Cambiemos (48,47%).

El resultado en San Luis sugiere que el oficialismo acertó en su estrategia de formar un frente amplio contra Cambiemos, integrado por varias fuerzas, entre ellas el kirchnerismo. En Chubut, si bien el oficialismo pudo imponerse, la existencia de una lista “K” (salió tercera, con 23,9% de los votos) dio lugar a un resultado apretado. En La Pampa no hubo lista K. En Córdoba sí, y salió tercera, con 9,72% de los votos. Lo mismo en Chaco, donde salió tercera, con 10,74%, mientras que la lista del oficialismo gobernante (Frente Chaco Merece Más) alcanzó 39,61% y Cambiemos 41,76%. Es decir, los peronismos gobernantes tienen más chances de ganar cuando el kirchnerismo está integrado a sus frentes que cuando juega por fuera. Además de las provincias que citamos, esto también se verificó en Formosa, donde el Frente de la Victoria alcanzó 62,11% contra 36,35% de Cambiemos; San Juan, donde el Frente Todos superó a Cambiemos por 53,65% a 31,72% (pese a que el massismo presentó lista propia, la que alcanzó 4,84%). Excepciones a esta tendencia: Catamarca, donde el Frente Justicialista para la Victoria se impuso a Cambiemos por 47,85% a 41,82%, aun habiendo una lista “K” que alcanzó 5,98% de los votos. Otra: Entre Ríos, donde pese a ir con un frente unificado, la lista del frente justicialista gobernante (alcanzó 37,98%) fue derrotada por Cambiemos (52,97%). 

Esto tiene claras implicancias de cara a una potencial reunificación del espacio pan-justicialista hacia el 2019. Contra el discurso que circula pos 22-O (periodístico y desprovisto de un análisis científico de datos), el resultado, lejos de mermar las acciones de CFK, hace que coticen más. En rigor, el kirchnerismo (ahora con nuevo sello) no sólo es la segunda minoría electoral a nivel nacional por detrás de Cambiemos (24,4%, contra 42,8%), sino que mejoró sus números en el conurbano bonaerense respecto a su performance en las primarias y en toda la provincia de Buenos Aires con respecto a sus registros del 2013 y el 2015 (ver cuadro arriba; click para agrandar. Fuentes: Página/12 y Andy Tow). En sentido contrario, el massismo, que se planteaba como la alternativa renovadora, no sólo fue superado ampliamente por CFK, sino que sufrió un franco declive respecto a sus resultados del 2013 y 2015 (ver cuadro abajo; click para agrandar).



lunes, 23 de octubre de 2017

22-O: un resultado que insinúa la emergencia de dos polos de cara al 2019

Hace casi un mes, escribíamos en este blog: “CFK apuesta a que aun si en octubre fuera derrotada por Cambiemos, nacionalizar la elección la confirmará como la figura opositora más votada a nivel país, muy por encima de los demás referentes del espacio pan-justicialista. Sobre esa base, más la convicción de que Macri fracasará más tarde o más temprano, pero inexorablemente, la ex presidenta apuesta a que su liderazgo hará converger a los electores desencantados y dejará en off-side a los dirigentes que quieren jubilarla”. Con el escrutinio provisorio del 22-O, veamos qué sucedió ayer respecto a las PASO del 13-A.

Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA): victoria de Vamos Juntos (expresión local de Cambiemos), que alcanzó 50,93% de los votos para diputados nacionales. De las primarias a ayer, el oficialismo creció de 943.022 a 974.886 votos. Unidad Porteña, expresión local del Frente de Unidad Ciudadana, obtuvo 21,74%, creciendo de 394.380 votos a 416.225 votos, consolidándose así como la principal fuerza de oposición en el bastión del PRO. Tanto Evolución (12,33%) como 1País (4,88%) tuvieron magras performances, diluyéndose así como referencias opositoras. Se refuerza el oficialismo, que ya había ganado ese distrito aunque sin el sello Cambiemos, y también la principal fuerza opositora, Unidad Ciudadana. 

Provincia de Buenos Aires (PBA): victoria de Cambiemos, que alcanzó 41,38% de los votos para senadores nacionales. De las primarias a ayer, el oficialismo pasó de 3.208.870 a 3.878.250 votos. El Frente de Unidad Ciudadana, con CFK como candidata, alcanzó 37,25%, pasando de 3.229.194  a 3.491.136 votos, consolidándose así como la principal fuerza de oposición en el distrito más gravitante del país (que pesa 37% del total de votos nacionales). Tanto 1País, de Sergio Massa (pasó de 1.451.688 a 1.061.207 votos), como Cumplir, de Florencio Randazzo (pasó de 559.516 a 497.409 votos) sufrieron la polarización e hicieron una peor elección que en las PASO, debilitándose así como referencias opositoras y como alternativas “renovadoras” a la figura de la ex presidenta. Eso deja a CFK como líder de la fracción más fuerte dentro del espacio pan-justicialista tanto al interior del distrito como en volumen de votos a nivel nacional. Se refuerzan el oficialismo, que había perdido por poco ese distrito y ahora lo gana, y también la principal fuerza opositora, Unidad Ciudadana. 

Catamarca: se impuso el Frente Justicialista para la Victoria, expresión del justicialismo filo K, con 47,85% de los votos a diputados nacionales. De las PASO a ayer, pasó de 99.959 a 94.893 votos. Le siguió el Frente Cívico y Social Cambiemos, que pasó de 72.151 a 82.944 votos. El Frente de Unidad Ciudadana, kirchnerismo local, pasó de 7.936 a 11.886 votos y alcanzó el 5,98%, ubicándose como tercera fuerza. La relativa cercanía del gobierno provincial con el kirchnerismo podría abonar una reunificación de ambas expresiones dentro de un frente pan-justicialista filo K, y el distrito se consolida como bastión del justicialismo (que gobierna allí desde el 2011). 

Córdoba: victoria de Cambiemos, con 48,47% de los votos a diputados nacionales; pasó de 875.908 (PASO del 13-A) a 988.363 (22-O). Le sigue Unión por Córdoba, que alcanzó 30,52% (pasó de 563.622 a 622.321 votos). Tercero se ubicó el Frente Córdoba Ciudadana, que pasó de 195.077 a 198.206 votos. La derrota de la expresión local del justicialismo a manos de Cambiemos diluye la posibilidad de que emerja desde allí una figura alternativa a la de CFK para dar pelea por el liderazgo del espacio pan-justicialista. Cambiemos había ganado las PASO con claridad, y amplió la diferencia ayer, si bien UPC mejoró su cosecha respecto a las primarias. 

Corrientes: victoria de Cambiemos, con 55,33% de los votos a diputados nacionales; pasó de 269.041 a 316.004 votos del 13-A al 22-O. Juntos Podemos Más, expresión del justicialismo cercana al kirchnerismo, alcanzó 25,60% y pasó de 205.647 a 146.239 votos. El Frente Renovador-1País se ubicó tercero, con 14,91% de los votos (pasó de 67.981 a 85.147). Somos Corrientes, expresión local del kirchnerismo, alcanzó 4,16% de los votos y pasó de 35.893 a 23.776. Cambiemos ya había ganado ese distrito, al cual gobierna, y amplió la diferencia. 

Chaco: victoria de Cambiemos, con 41,76% de los votos a diputados nacionales. Creció de 226.956 a 269.616 entre las PASO del 13-A y la general del 22-O. El Frente Chaco Merece Más, expresión del justicialismo cercana al kirchnerismo, alcanzó 39,61% y pasó de 268.870 a 255.755 votos. Unidad Ciudadana, expresión local K, alcanzó 10,74% y pasó de 44.024 a 69.332 de las PASO a ayer. En tanto, 1País alcanzó 2,88% y pasó de 11.995 votos a 18.572. La relativa cercanía del gobierno provincial con el kirchnerismo podría abonar una reunificación de ambas expresiones dentro de un frente pan-justicialista filo K con vías de retener la gobernación en 2019 frente al avance de Cambiemos (que en las PASO había quedado detrás del PJ y ahora lo aventajó por 2,15 puntos porcentuales). 

Chubut: victoria del Frente Chubut para Todos, expresión local del justicialismo, con 33,21% de los votos a diputados nacionales. Pasó de 80.221 votos a 100.326 entre las PASO y el 22-O. Segundo Cambiemos, con 31,13%; pasó de 76.361 a 94.031 votos. Tercero el Frente para la Victoria, con 23,90% (pasó de 98.059 a 72.198 votos). Fue una de las provincias donde hubo un “efecto 17 de octubre”, ya que el justicialismo dio vuelta la elección primaria, donde había quedado por detrás del FPV y Cambiemos. El gobernador provincial es crítico del presidente Mauricio Macri pero también de CFK, lo cual obstaculiza las chances de reunificación del espacio pan-justicialista.

Entre Ríos: victoria de Cambiemos, con 52,97% de los votos a diputados nacionales; pasó de 375.301 a 436.133 votos de las PASO al 22-O. Segundo se ubicó el Frente Justicialista Somos Entre Ríos, con 37,98%; pasó de 331.466 a 312.738 votos. Cambiemos ya había ganado en las primarias, y repitió ayer. El kirchnerismo se encuentra integrado al frente justicialista, lo cual sugiere una cercanía a la figura de CFK.

Formosa: se impuso el Frente para la Victoria, con 62,11% de los votos a diputados nacionales. Pasó de 175.460 a 195.290 votos entre las PASO y el 22-O. Segundo Cambiemos, con 36,35%; pasó de 110.787 a 114.654 votos. El kirchnerismo se encuentra integrado al frente justicialista, lo cual sugiere una cercanía a la figura de CFK. La provincia se consolida como bastión del justicialismo. 

Jujuy: victoria de Cambiemos, con 51,67% de los votos a diputados nacionales; pasó de 141.575 a 167.543 votos entre las PASO y el 22-O. Segundo el Frente Justicialista, con 19,68%; pasó de 118.714 a 63.814 votos. Tercero se ubicó el FIT, con 18,30%, y cuarto el Frente Renovador-1País, con 9,01% (pasó de 51.148 a 29.225 votos). La relativa cercanía del justicialismo al kirchnerismo y la magra performance de la corriente “renovadora” podrían abonar una reunificación de cara al 2019 para recuperar la provincia, que Cambiemos ganó en 2015; también había sacado ventaja en las PASO, y ayer revalidó.

La Pampa: victoria del justicialismo, con 45,54% de los votos a diputados nacionales. Pasó de 76.941 a 96.097 votos de las PASO a ayer, segundo “efecto 17 de octubre”  de la lista, ya que revirtió el resultado de las primarias del 13-A. Segundo se ubicó Cambiemos, con 45,26%; pasó de 98.221 a 95.449 votos. Al igual que en Chubut, el anterior efecto 17-O, el gobernador provincial es crítico del presidente Mauricio Macri pero también de CFK, lo cual obstaculiza las chances de reunificación del espacio pan-justicialista.

La Rioja: victoria de Cambiemos en diputados nacionales, por 44,73%, apenas 0,61 puntos porcentuales de diferencia sobre el Frente Justicialista Riojano (44,12%) que le permitieron revertir el resultado de las PASO. Cambiemos pasó de 64.874 a 84.539 votos, y el justicialismo de 80.363 a 83.385 votos. Alternativa Popular Riojana, expresión local cercana al kirchnerismo, pasó de 4.183 a 4.377 votos. Aunque por una diferencia magra, Cambiemos avanza sobre un bastión justicialista, lo que hace difícil que pueda surgir desde allí una figura para disputar el liderazgo del espacio pan-PJ.  

Mendoza: victoria de Cambiemos en diputados nacionales, con 45,67%. Pasó de 438.531 a 487.742 votos. Segundo el Frente Somos Mendoza, justicialista, con 25,39%; pasó de 355.782 a 271.181 votos. El kirchnerismo se encuentra integrado al frente justicialista, pero la sintonía con la figura de CFK es relativa en este distrito.

Misiones: victoria del Frente Renovador en diputados nacionales, con 42,69%. Esa fuerza gobierna la provincia y repitió la victoria de las primarias: pasó de 263.647 a 266.148 votos. Segundo Cambiemos, con 33,67%; pasó de 183.113 a 209.906 votos. El Frente Agrario y Social, cercano al kirchnerismo, pasó de 63.359 a 78.872 votos. La sintonía con la figura de CFK es relativa en este distrito también por parte de la fuerza gobernante.

Neuquén: victoria de Cambiemos, con 28,11% de los votos en diputados nacionales. Pasó de 89.971 a 105.938 votos y confirmó el resultado que había adelantado en las PASO. Segundo el Movimiento Popular Neuquino, con 21,42%; pasó de 81.821 a 80.732 votos. Tercera, Unidad Ciudadana para la Victoria, con 19,31%; pasó de 64.817 a 72.777 votos. 1País-Frente Renovador alcanzó 1,82%; al caer de 9.250 a 6.862 votos, se diluye como alternativa al kirchnerismo, que, al contrario, creció en volumen electoral de las PASO al 22-O. 

Río Negro: se impuso el Frente para la Victoria, con 49,37% de los votos en diputados nacionales. Pasó de 154.090 a 189.092 votos entre las PASO y el 22-O. Segundo Cambiemos, con 31,97%, pasó de 72.969 a 122.460 votos, beneficiado por el hecho de que el gobierno provincial bajó su lista, pero aun así no pudo revertir el resultado de las primarias. 

Salta: victoria de Cambiemos, con 30,83% de los votos en diputados nacionales. Pasó de 153.956 a 208.889 votos entre las PASO y el 22-O. Segundo el Frente Unidad y Renovación (expresión local del justicialismo), con 24,05%; pasó de 247.112 a 162.940 votos, con lo que se revirtió el resultado de las PASO. Se ubicó tercero el Frente Ciudadano para la Victoria, con 22,55%; pasó de 115.022 a 152.774 votos. El gobernador Juan Urtubey era uno de los que aspiraba a conducir la renovación del espacio-panjusticialista de cara al 2019; el revés en su provincia, derrotado por Cambiemos, junto al avance del kirchnerismo, debilita sus chances. 

San Juan: victoria del Frente Todos (justicialismo), con 53,65% de los votos en diputados nacionales. Pasó de 204.073 a 224.096 votos entre las PASO y el 22-O y confirmó el triunfo que había anticipado en las primarias del 13-A. Segundo Cambiemos, con 31,52%; pasó de 125.370 a 131.641 votos. Se ubicó tercero el Frente 1País Somos San Juan, con 4,84%; pasó de 26.508 a 20.201 votos. El justicialismo de esa provincia es cercano al kirchnerismo, y el retroceso de la alternativa “renovadora” massista en ese distrito (al igual que en Buenos Aires y otros, en San Juan la polarización erosionó su volumen electoral) beneficia relativamente a CFK. 

San Luis: victoria del Frente Justicialista, con 55,44% de los votos a senadores nacionales. El mayor ejemplo de “efecto 17 de octubre” de ayer: revirtió la derrota de las primarias del 13-A y pasó de 109.632 a 166.642. Segundo Cambiemos, con 42,99%; pasó de 165.674 a 129.082 votos. El kirchnerismo integra el frente y hoy existe alta sintonía entre el justicialismo local y CFK, ambos nítidos opositores a Macri. 

Santa Cruz: victoria de Cambiemos, 43,93% de los votos a diputados nacionales; ya había anticipado su triunfo en las PASO, y lo confirmó. De las primarias a ayer, pasó de 74.811 a 72.446 votos. Segundo el Frente para la Victoria, que mejoró el resultado de las primarias, pasando de 48.058 a 52.665 votos, pero aun así perdió la provincia en la que gobierna, alcanzando el 31,94% de los votos. 

Santa Fe: victoria de Cambiemos, 37,78% de los votos a diputados nacionales. De las primarias a ayer, pasó de 500.832 a 737.912 votos. Segundo el Frente Justicialista, que había ganado por escaso margen las primarias: 25,85%, pasó de 516.803 a 505.033 votos. 1Proyecto Santafesino, expresión del massismo, alcanzó el 4,49% y pasó de 78.172 a 87.700. El gobernante Frente Progresista Cívico y Social quedó tercero, con 14,63%, y pasó de 220.728 a 285.788 votos. El candidato del frente, Agustín Rossi, está alineado con CFK. 

Santiago del Estero: victoria del Frente Cívico por Santiago, 69,57% de los votos a diputados nacionales. De las primarias a ayer, pasó de 359.110 a 372.323 votos. Segundo el Frente Cambiemos: 17,58%, pasó de 87.280 a 94.088 votos. El Frente Renovador 1País, expresión del massismo, alcanzó el 9,37% y pasó de 58.653 a 50.150. El oficialismo de esa provincia es cercano al kirchnerismo, y el retroceso de la alternativa “renovadora” massista en ese distrito beneficia relativamente a CFK. 

Tucumán: victoria del Frente Justicialista, 46,86% de los votos a diputados nacionales; había ganado las PASO, y revalidó ayer. De las primarias al 22-O, pasó de 494.543 a 459.257 votos. Segundo el Frente Cambiemos: 32,57%, pasó de 294.389 a 319.221 votos. Hay relativa sintonía con CFK y el retroceso de la alternativa “renovadora” massista como referencia política nacional beneficia relativamente a la ex presidenta de cara al 2019. 

Tierra del Fuego: victoria del Frente Ciudadano y Social, 29,99% de los votos a diputados nacionales. De las primarias (que había ganado) a ayer, pasó de 19.281 a 27.771 votos. Segundo el Frente Cambiemos: 29,73%, pasó de 17.720 a 27.530 votos. 

Puestos a hacer una dificultosa sumatoria nacional, Cambiemos alcanzó el 42,8% de los votos. Se impuso en 13 distritos (ver arriba mapa síntesis publicado por Infonegocios; click para agrandar). De las PASO a ayer, pasó de  8.667.643 a 11.072.697 votos. Por su parte, Unidad Ciudadana y aliados, la flamante fuerza que vertebra el kirchnerismo, pasó de 5.913.423 votos a 6.325.081 votos (un 24,4%). Se impuso en tres distritos con sello propio o frentes abiertamente alineados, y en otros 4 como integrante de frentes más amplios. El massismo retrocedió de 1.830.108 a 1.452.502 votos (5,9%) y no pudo imponerse en ningún distrito. El PJ no K también cedió: pasó de 2.102.418 a 2.021.735 votos (9,5%), y sólo pudo imponerse en Chubut y La Pampa. En tanto, el PJ filo K también retrocedió de 1.380.258 a 1.144.350 votos (4,4%) y sólo pudo imponerse en Catamarca. En síntesis: una victoria clara de Cambiemos, similar a la del alfonsinismo en la elección de medio término de 1985, que se impone en la sumatoria nacional y en los cinco distritos más grandes. Al mismo tiempo, el resultado tiende a reforzar a CFK como a principal opositora a nivel nacional, con más del doble de votos en el país que los gobernadores del PJ anti-K, casi todos derrotados en sus distritos a manos de Cambiemos; con cuatro veces más votos que el massismo, y con vasos comunicantes hacia casi un 5% de votos de justicialismos filo K que son gobierno y que consolidarían su posición de segunda minoría a nivel nacional, un volumen indispensable para cualquier alternativa competitiva frente a Cambiemos de cara al 2019. 

viernes, 13 de octubre de 2017

Últimas mediciones antes del 22-O

Decíamos al cierre del post anterior que una serie de 14 mediciones en provincia de Buenos Aires permitía obtener un promedio de 38% para Esteban Bullrich (Cambiemos), 34,9% para CFK (Unidad Ciudadana), 11,2% para Sergio Massa (1País) y 4,2% para Florencio Randazzo (PJ). Esa diferencia de 3,1 puntos porcentuales entre Cambiemos y Unidad Ciudadana es un “too close to call” muy cercano a la diferencia de 2,6 puntos porcentuales que veíamos en la serie final de encuestas pre-PASO. Como sabemos, el escrutinio confirmó lo apretado del comicio, con CFK imponiéndose por apenas 0,21 puntos porcentuales. En este marco, se puede decir que el escenario sigue abierto en PBA. 

Ese panorama no se modifica si se incorporan otros nueve estudios recientes. El primero es de Opinaia, una de las consultoras que mide de manera online. Sobre la base de una muestra de 1.652 casos y un margen de error de 3%, con proyección de indecisos le asigna a Bullrich 42,2% y a CFK 37,5%. Esa ventaja de 4,7 puntos porcentuales no es estadísticamente significativa, dado que el error muestral es de +-3% (ver datos arriba; click para agrandar). Por otra parte, Synopsis difundió una encuesta de 1.114 casos relevados los días 6, 7 y 8 de octubre, también con un margen de error de +/- 3% (ver datos al medio; click para agrandar). Con proyección de indecisos, el resultado es 40,6% para Cambiemos y 36,5% para CFK, una brecha de 4,1 puntos que nuevamente resulta estadísticamente no significativa (si se atiende el error muestral y covarianza mediante). El tercer estudio es de Circuitos, realizado entre los días 9 y 12 de octubre, sobre una muestra de 852 casos tomados entre electores de 37 distritos de la Provincia de Buenos Aires que se reparten entre la Primera, la Tercera sección y el Interior provincial, con un margen de error de +/- 3,5. Arroja 39% para Bullrich, 35,9% para CFK, 10,4% para Massa, 4,7% para Randazzo y 3,6% para Pitrola. En tanto, según la consultora González y Valladares, Bullrich llega al 40,5%, CFK a 35,9%, Massa a 12,9%, Randazzo a 4,9% y Pitrola 4,3%. En tanto, según la consultora Opolit Communis, Bullrich alcanza 38,9%, CFK 35,6%, Massa 13%, Randazzo 4,2% y Pitrola 3,5%. De acuerdo a M&R/Query, Bullrich alcanza 40,6%, CFK 36%, Massa 11,1%, Randazzo 3,6% y Pitrola 3,5%. Según el consultor Raúl Aragón, Cambiemos alcanza 40,7% y CFK 36,8%. Les siguen Sergio Massa con 12,5% y un empate técnico entre Florencio Randazzo y Néstor Pitrola, 4,8% para Randazzo y 4,1% para el del Frente de Izquierda. CEIS, la consultora de Fernando Larrosa, es una de las que ve un escenario más ajustado: 39% para Cambiemos y 37% para la ex presidenta, con casi 10% entre indecisos y quienes no responden. En tanto, Massa llega a 10%, Randazzo a 4% y Pitrola a 3%. Finalmente, según el sondeo de Analytica, la lista de Cambiemos tiene una intención de voto de 38,4% y la de Unidad Ciudadana de 38,3%.




Un promedio considerando estas nueve mediciones da 40% a Bullrich y 36,6% a CFK, una diferencia de 3,4 puntos porcentuales. Sigue siendo “too close to call”, es decir, un resultado técnicamente abierto, aunque está claro que al final la elección se gana por un voto o bien puede que se gane por esa brecha de 3 puntos. Así como la serie anterior a la PASO era favorable a CFK con empate técnico y la ex presidenta terminó imponiéndose por 0,21 puntos porcentuales (ratificando así que era correcto hablar de “too close to call”), ahora la tendencia aparece favorable a Cambiemos, pero sin que la estadística puede afirmar categóricamente que ganará. En cambio, en otro de los distritos clave, Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), el último sondeo de Ricardo Rouvier y Asociados marca una ventaja categórica de 32 puntos porcentuales para Elisa Carrió (52,4%) sobre Daniel Filmus (20,4%); tercero se ubica Martín Lousteau (11,2%), y luego aparecen varios candidatos con guarismos en torno al 3% (ver datos abajo; click para agrandar). Esto ratificaría a CABA como bastión del oficialismo, aunque Cambiemos no se presenta como tal en ese distrito. En las PASO, Carrió obtuvo 49,56%, el kirchnerismo 20,73%, Lousteau 13,04%, Tombolini 3,93% y Ramal 3,79%. La mayor variación se da entonces en Carrió (+2,84).  




Para tratar de sumar referencias a la tendencia de pronóstico abierto en PBA, es pertinente tener en cuenta el antecedente del 2013 (cuando aún gobernaba el FPV en Nación y esa provincia). En las PASO de ese año, Sergio Massa, del Frente Renovador, se impuso con más de 5 puntos porcentuales sobre el candidato del FPV, Martín Insaurralde: 35,05% a 29,65%; Margarita Stolbizer, entonces candidata del Frente Progresista y hoy aliada de Massa, alcanzó el 11,13%, en tanto que el PRO colgó algunos candidatos de la lista de Massa, sin presentar lista propia. En la legislativa de octubre, el resultado fue de 43,95% para Massa y 32,33% para Insaurralde y 11,71% para Stolbizer. Como puede apreciarse, entre la PASO y la elección general, la diferencia a favor del primero se amplió de 5,4 a 11,62 puntos porcentuales (más del doble). Mientras Massa creció casi 9 puntos porcentuales (8,9), el candidato del FPV creció casi 2,7 (2,68), lo que sugiere que hubo un “efecto del carro ganador” que favoreció al por entonces principal opositor al oficialismo en ese distrito. 

A tenor de las encuestas conocidas hasta ahora, los movimientos en PBA son más débiles, con variaciones que entran dentro de los errores muestrales (menores a 3%) o que están algo por arriba (no siendo, por lo tanto, del todo sustantivas, covarianza mediante). Con una PASO donde el ganador (CFK) apenas obtuvo 0,21 puntos porcentuales de diferencia sobre el segundo, no hay “efecto de carro ganador” a favor de CFK, pero tampoco se advierte un movimiento sustantivo en contra de su figura. De ahí surge un panorama donde se incrementa la polarización, perfilando una leve tendencia favorable a Cambiemos, que de todos modos no haría una elección tan buena como la de Massa en 2013 (casi 44%). En tanto, CFK mejoraría la elección del FPV en ese año, un resultado que la consolidaría como principal opositora a nivel país en función de un caudal por arriba de 3,3 millones de votos en el distrito más gravitante del país y cerca de 2,7 millones de su sello y aliados en las demás provincias. A diferencia de lo que sucedió antes de las PASO, se han dado a conocer pocos datos del resto del país, pero en general no sería raro que se verifique un mix: inercia de los resultados obtenidos en las primarias con variaciones estadísticamente no significativas en algunos distritos, junto con otros donde se refuerce la polarización. Es el caso de Chaco, según las estimaciones del analista conocido como Adán De Ucea: en las PASO, el resultado fue 43,93% para el Frente Justicialista Chaco Merece Más, 37,08% para Cambiemos, 7,19% para Unidad Ciudadana, 4,75% para el Frente del Obrero y 1,96% para Nuevo País. La última proyección del analista marca 44,25% para el justicialismo (+0,32 puntos porcentuales respecto a las primarias del 13-A), 38,59% para Cambiemos (+1,51), 10,06% para Unidad Ciudadana (+2,87), 5,08% para el Frente del Obrero (+0,33) y 2,02% para 1País (+0,06). Como se ve, en este distrito las variaciones son mínimas en estas proyecciones. Chaco es un distrito gobernado por el justicialismo, en el cual esa fuerza se impuso a Cambiemos; en otros distritos gobernados por el PJ donde, al contrario, Cambiemos sacó ventaja en las PASO, ahora se insinúa un achicamiento de la brecha: ¿efecto 17 de octubre?  Es el caso de la provincia de Córdoba: en las primarias del 13-A, Cambiemos obtuvo 44,39%, UPC 28,56% y el Frente Córdoba Ciudadana (kirchnerismo) 9,89%; según las más reciente encuesta de Gustavo Córdoba y Asociados, proyectando indecisos Cambiemos alcanza 42,80%, UPC 31,70% y el FCC 9,50%, con lo cual la diferencia entre las dos listas más votadas se achicaría de 15,83 a 11,1 puntos porcentuales (ver datos abajo; click para agrandar). En Santa Fe, Cambiemos apuesta a dar vuelta el resultado de la PASO, que dejó el frente justicialista-kirchnerista arriba por menos de un punto de diferencia; sin datos disponibles de toda la provincia, Rosario, el principal distrito, aún muestra ventaja para el mismo espacio: 25,64% para Agustín Rossi, 21,75% para Albord Cantard (Cambiemos), 13,55% para Luis Contigiani (Frente Progresista), 7,20% en blanco o anula el voto y 6,65% de indecisos; el radical disidente Jorge Boasso alcanza 6,81%, Diego Giulano 7,05% y otros candidatos varios se ubican con guarismos menores al 5%. 






lunes, 9 de octubre de 2017

Recta final hacia el 22-O: CFK vs Cambiemos en PBA

En el análisis del plexo político y socioeconómico que subyace a la contienda electoral encontrábamos un mix de datos y percepciones en el que se repartían los favorables a la hipótesis de “saudade” de CFK con los favorables a Cambiemos. Si pasamos de ese análisis al repaso de las tendencias electorales en el distrito más estratégico en el que se juega la elección, provincia de Buenos Aires (PBA, 37% del padrón nacional), encontramos que hasta el momento se han divulgado unas 18 encuestas realizadas allí. Resulta ilustrativo comparar esas mediciones con los resultados de las PASO del 13 de agosto, instancia en la cual CFK (Frente de Unidad Ciudadana) obtuvo 33,95% de los votos, Esteban Bullrich (Cambiemos) 33,74%, Sergio Massa (1País) 15,26% y Florencio Randazzo (Cumplir) 5,88%. Veamos:

Los valores más altos para los principales contendientes se dan en un estudio de Opinaia, que estima 38,3% para CFK y 41,3% para Bullrich. La diferencia de 3 puntos porcentuales entre ellos es estadísticamente no significativa e implica un empate técnico o un escenario del tipo “too close to call”, es decir, demasiado ajustado como para arriesgar un ganador. En ese estudio, la suma de los estos dos frentes roza los 80 puntos (79,6%), implicando un escenario de máxima polarización donde CFK crece 4,4 puntos porcentuales respecto de las PASO y Bullrich 7,5. Esto lleva a Massa a descender hasta 12%, es decir, 3,2 puntos porcentuales por debajo de los votos que obtuvo en las primarias del 13-A, mientras que Randazzo desciende de 5,88 a 4,2%, es decir casi 1,7 puntos porcentuales. En el extremo contrario, los valores más bajos para ambos contendientes se dan en el estudio de Management & Fit publicado ayer en Clarín, con 29,6% para CFK, 33,9% para Bullrich, 11,7% para Massa y 5,6% para Randazzo. En este caso, la diferencia es de 4,3 puntos porcentuales, estadísticamente no significativa (ver datos abajo; click para agrandar) y la suma entre los dos principales frentes alcanza 63,5%, perfilando un escenario  16,1 puntos porcentuales menos polarizado que el que veíamos en el estudio de Opinaia citado antes. 

La mayor diferencia entre ambos contendientes aparece en el estudio realizado por Ricardo Rouvier y Asociados: 38,5% para Bullrich y 32,5% para CFK, una brecha de 6 puntos porcentuales que resulta significativa, aunque covarianza mediante no puede considerarse categórica. Por contrapartida, la menor brecha se da en una encuesta de OPSM: 37,4% para Bullrich y 36,3% para CFK, apenas 1,1 puntos porcentuales que perfilan un panorama “too close to call”. Algo similar se ve en la última encuesta del CEOP: 37,9% para Bullrich y 36% para CFK, una diferencia de 1,9 puntos porcentuales que también implica, por supuesto, un empate técnico. Muy cerca de ellas aparecen dos mediciones, la de CEIS (36% a 34%) y la más reciente de Poliarquía publicada también ayer: 37,7% a 35,2%, una brecha de 2,5 puntos porcentuales. La proyección de indecisos estiraría al candidato de Cambiemos a un intervalo entre 39% y 42% y a la ex presidenta entre 36% y 48% (ver datos arriba; click para agrandar), lo que no rompe el escenario de empate técnico.

Si armamos una serie con un total de 14 mediciones para incluir, además de las siete mencionadas, otros seis estudios, eliminando aquellas mediciones anteriores hechas por consultoras ya incluidas en el análisis, el repaso incluiría a las siguientes: Taquión-UAI (Bullrich 35,2%/CFK 32,5%) Synopsis (39,1%/34,3%), MR&Query (39,6%/36,4%), Circuitos (39,3%/36,3%), Gustavo Córdoba y Asociados (38,6%/36,4%), Opina (40%/36%). Así, obtenemos un promedio de 38% para Bullrich, 34,9% para CFK, 11,2% para Massa y 4,2% para Randazzo. Nuevamente, la diferencia de 3,1 puntos porcentuales entre Cambiemos y Unidad Ciudadana es un “too close to call” muy cercano a la brecha de 2,6 puntos porcentuales que veíamos en la serie final de encuestas pre-PASO a favor de la ex presidenta. El escrutinio del 13-A confirmó lo apretado del comicio, con CFK imponiéndose por apenas 0,21 puntos porcentuales a Cambiemos. En este marco y con ese antecedente, se puede decir que el escenario sigue abierto en PBA. 



viernes, 6 de octubre de 2017

Hacia el 22-O y de cara al 2019: la apuesta de CFK vs la apuesta de Cambiemos

Según el sociólogo Hugo Haime, si bien el oficialismo tiene la ventaja de que después de las PASO crecieron las expectativas a futuro y que se evalúa positivamente la obra pública, la lucha contra la corrupción y contra el narcotráfico, “eso es tan cierto como que todas las políticas sociales y económicas son evaluadas negativamente". Es decir, el consultor confirma que hay una puja entre las expectativas y la evaluación positiva de determinadas áreas del gobierno versus el impacto social de la política económica que lleva adelante la administración Cambiemos. Para revisar datos recientes al respecto, según el más reciente estudio de la Universidad de San Andrés (se trata de una encuesta mensual en la que se consulta sobre diferentes aspectos de satisfacción y opinión pública), la insatisfacción de los encuestados con el desempeño de la “política económica” es elevada: un 60%. Este indicador podría ser favorable a la hipótesis que subyace a la estrategia de CFK (resumiendo: que, más tarde o más temprano, el fracaso socioeconómico de Cambiemos generará “saudade” de su figura). Sin embargo, la economía no es el área peor evaluada de la gestión Cambiemos: otras políticas públicas que alcanzan niveles preocupantes de insatisfacción son “Justicia” (el 77% está insatisfecho con el desempeño del gobierno en esa materia), Seguridad (un 69% insatisfecho) y “Educación” (un 61% insatisfecho). 

En cambio, el 63% manifiesta estar satisfecho con el desempeño oficial en materia de “obras públicas e infraestructura”, que se constituye la política pública mejor evaluada por los entrevistados. Asimismo, un 52% dice estar satisfecho con “transporte” y un 51% tanto con las políticas de “modernización del Estado” como con la “política exterior”. Asimismo, la satisfacción con la marcha general de las cosas es del 47%, mientras que la insatisfacción es del 51% (un gap negativo de 4 puntos porcentuales, que puede considerarse estadísticamente no significativo). Sin embargo, esa satisfacción está socialmente fragmentada: cae al 33% entre los más pobres y llega al 60% en el segmento ABC1 (clase alta top y alta). Según Diego Reynoso (director del estudio), “el predominio de insatisfacción no se traduce en un retiro del apoyo al Gobierno. Algunos que no manifiestan satisfacción con la marcha general de las cosas, le dan un bono de confianza al Gobierno. De hecho, los resultados indican que el Gobierno recuperó el apoyo de la opinión pública, que a principio de año se lo había comenzado a retirar. La aprobación del gobierno hoy se encuentra en niveles similares a marzo de 2016, en 64% de aprobación, cuando apenas este comenzaba su gestión”. A tenor de estos indicadores, se podría fortalecer la hipótesis favorable al oficialismo de cara al 22-O. No obstante, en este plano el estudio también detectó matices por niveles socioeconómicos (entre otras variables): “La aprobación en los sectores de nivel socioeconómico más baja es de 58% mientras que la misma sube a 72% en el nivel ABC1. A nivel etario, la aprobación sube a medida que aumenta la edad. No obstante, las diferencias entre los segmentos, en general el Gobierno ha recuperado el visto bueno de la ciudadanía. En parte, el resultado electoral de agosto pudo haber ejercido cierto tipo de wagon effect endógeno en los niveles de aprobación que observamos en septiembre, pero el mismo resultado electoral y la aprobación son producto de algunas virtudes propias y algunos defectos de las alternativas rivales”, apuntó Reynoso.

A su turno, según una reciente encuesta de Gustavo Córdoba y Asociados, la aprobación del gobierno nacional es de 48,8%, apenas dos puntos arriba de la desaprobación, que se ubica en 46,8%: es decir, un empate técnico (ver imagen arriba; click para agrandar). En este sondeo también se observa un incremento de 2,2 puntos porcentuales de la aprobación en las últimas dos mediciones, tras las PASO; esto es, una variación estadísticamente no significativa, donde no se aprecia un “efecto del carro ganador” pos primarias (a diferencia del que apunta Reynoso en el estudio de la Universidad de San Andrés). En tanto, si revisamos la última encuesta de D’Alessio IROL/Berensztein, el nivel de aprobación es más alto que en el estudio de Gustavo Córdoba (54%, contra 44% de desaprobación), pero la variación entre mediciones resulta nuevamente no estadísticamente significativa: dos puntos porcentuales. Es decir, en las valoración de variables políticas no asoma una tendencia nítida y homogénea que apuntale la hipótesis de que Cambiemos se encamina hacia una elección plebiscitaria de cara al 22-O, o al menos no todavía con claridad. Si de las cifras "blandas" de percepción política pasamos a las "cifras duras" de la estadística económica, la mejoría tampoco es tan clara como la que se instala en la agenda mediática si se hace una lectura atenta: como apuntó Jorge Velázquez en Ámbito, si bien los datos de las cuentas nacionales al segundo trimestre muestran que la economía creció 2,7%, aún sigue debajo del 2015. Según el documento publicado el 21 de septiembre, la recuperación muestra tres trimestres consecutivos de crecimiento del PBI y el primer semestre acumula una mejora de 1,6%, pero tampoco compensa la caída de 2,2% que se registró en 2016 (ver datos abajo; click para agrandar). “El Gobierno celebra los llamados ´brotes verdes´, y las estadísticas respaldan el optimismo de los funcionarios, pero es inevitable hacer una salvedad: las cifras indican que está mejorando aquello que esta misma gestión deterioró durante el año pasado. En este contexto hay que interpretar los datos sobre el comportamiento de las cuentas nacionales que el Indec dio a conocer: informó que en el segundo trimestre el PBI creció 2,7% contra el mismo período del año pasado. En la versión desestacionalizada el organismo también tuvo buenas noticias para dar: el incremento fue de 0,7% con relación al trimestre inmediato anterior. Y con ese resultado puede exhibir tres trimestres consecutivos de crecimiento (1,2% y 1,0% habían crecido el primer trimestre de este año y el último de 2016, respectivamente). Esto marca una tendencia positiva, pero el dato conocido también refleja una fuerte desaceleración en la misma curva. Por otro lado, el incremento de 2,7% interanual es auspicioso porque representa el segundo trimestre de crecimiento interanual, luego del 0,4% del primer trimestre. Pero se apoya en un punto de comparación muy bajo, ya que en el segundo trimestre de 2016 el PBI había registrado una caída de 3,7% contra el período similar de 2015. Más aún, a pesar del repunte, la economía todavía está por debajo del pico alcanzado en la primera mitad de 2015. A partir de entonces, la economía ingresó en una pendiente que acompañó el final de la gestión de Cristina Kirchner y que se tradujo en indicadores de signo negativo a partir del segundo trimestre del gobierno de Mauricio Macri. El signo positivo se recobró recién en el primer trimestre de este año, aunque todavía no compensa el terreno perdido”. 

En la misma línea, el economista jefe de la consultora Orlando Ferreres y Asociados, Fausto Spotorno, advirtió que "recién ahora estamos en los niveles del 2015", y pronosticó que el aumento de la actividad "se mantendrá el próximo año (…) Hay una real recuperación tras la crisis del año pasado y recién ahora estamos llegando a los niveles del 2015, pero también hay un crecimiento real y el año que viene se va a mantener (…) "hay mucho de rebote, porque lo comparamos con una situación muy baja del año pasado, pero también es real que hay más actividad y va a mejorar el año que viene (…)  Es cierto que estamos creciendo al 4 o 5 por ciento anual, como se señala desde el Ministerio de Hacienda, pero lo estamos comparando contra meses muy malos, aunque la recuperación se siente", insistió el economista. Profundizando en su explicación, apuntó que "hay fuertes inversiones en el sector energético, en la construcción hay una fuerte recuperación, tanto en el sector estatal por la obra pública, pero también hay crecimiento en el sector privado (...) al sector industrial le está costando más la recuperación, porque todavía hay una parte afectada por la situación de Brasil y otra por el consumo, pero la que está ligada a la construcción y al agro está mejor, o sea que el crecimiento no es tan homogéneo". En ese marco, destacó que esa consultora está "proyectando un 2,1% de crecimiento para el próximo año", bien por debajo de la pauta de la ley de presupuesto del 3,5% que fijó el Gobierno.