lunes, 23 de octubre de 2017

22-O: un resultado que insinúa la emergencia de dos polos de cara al 2019

Hace casi un mes, escribíamos en este blog: “CFK apuesta a que aun si en octubre fuera derrotada por Cambiemos, nacionalizar la elección la confirmará como la figura opositora más votada a nivel país, muy por encima de los demás referentes del espacio pan-justicialista. Sobre esa base, más la convicción de que Macri fracasará más tarde o más temprano, pero inexorablemente, la ex presidenta apuesta a que su liderazgo hará converger a los electores desencantados y dejará en off-side a los dirigentes que quieren jubilarla”. Con el escrutinio provisorio del 22-O, veamos qué sucedió ayer respecto a las PASO del 13-A.

Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA): victoria de Vamos Juntos (expresión local de Cambiemos), que alcanzó 50,93% de los votos para diputados nacionales. De las primarias a ayer, el oficialismo creció de 943.022 a 974.886 votos. Unidad Porteña, expresión local del Frente de Unidad Ciudadana, obtuvo 21,74%, creciendo de 394.380 votos a 416.225 votos, consolidándose así como la principal fuerza de oposición en el bastión del PRO. Tanto Evolución (12,33%) como 1País (4,88%) tuvieron magras performances, diluyéndose así como referencias opositoras. Se refuerza el oficialismo, que ya había ganado ese distrito aunque sin el sello Cambiemos, y también la principal fuerza opositora, Unidad Ciudadana. 

Provincia de Buenos Aires (PBA): victoria de Cambiemos, que alcanzó 41,38% de los votos para senadores nacionales. De las primarias a ayer, el oficialismo pasó de 3.208.870 a 3.878.250 votos. El Frente de Unidad Ciudadana, con CFK como candidata, alcanzó 37,25%, pasando de 3.229.194  a 3.491.136 votos, consolidándose así como la principal fuerza de oposición en el distrito más gravitante del país (que pesa 37% del total de votos nacionales). Tanto 1País, de Sergio Massa (pasó de 1.451.688 a 1.061.207 votos), como Cumplir, de Florencio Randazzo (pasó de 559.516 a 497.409 votos) sufrieron la polarización e hicieron una peor elección que en las PASO, debilitándose así como referencias opositoras y como alternativas “renovadoras” a la figura de la ex presidenta. Eso deja a CFK como líder de la fracción más fuerte dentro del espacio pan-justicialista tanto al interior del distrito como en volumen de votos a nivel nacional. Se refuerzan el oficialismo, que había perdido por poco ese distrito y ahora lo gana, y también la principal fuerza opositora, Unidad Ciudadana. 

Catamarca: se impuso el Frente Justicialista para la Victoria, expresión del justicialismo filo K, con 47,85% de los votos a diputados nacionales. De las PASO a ayer, pasó de 99.959 a 94.893 votos. Le siguió el Frente Cívico y Social Cambiemos, que pasó de 72.151 a 82.944 votos. El Frente de Unidad Ciudadana, kirchnerismo local, pasó de 7.936 a 11.886 votos y alcanzó el 5,98%, ubicándose como tercera fuerza. La relativa cercanía del gobierno provincial con el kirchnerismo podría abonar una reunificación de ambas expresiones dentro de un frente pan-justicialista filo K, y el distrito se consolida como bastión del justicialismo (que gobierna allí desde el 2011). 

Córdoba: victoria de Cambiemos, con 48,47% de los votos a diputados nacionales; pasó de 875.908 (PASO del 13-A) a 988.363 (22-O). Le sigue Unión por Córdoba, que alcanzó 30,52% (pasó de 563.622 a 622.321 votos). Tercero se ubicó el Frente Córdoba Ciudadana, que pasó de 195.077 a 198.206 votos. La derrota de la expresión local del justicialismo a manos de Cambiemos diluye la posibilidad de que emerja desde allí una figura alternativa a la de CFK para dar pelea por el liderazgo del espacio pan-justicialista. Cambiemos había ganado las PASO con claridad, y amplió la diferencia ayer, si bien UPC mejoró su cosecha respecto a las primarias. 

Corrientes: victoria de Cambiemos, con 55,33% de los votos a diputados nacionales; pasó de 269.041 a 316.004 votos del 13-A al 22-O. Juntos Podemos Más, expresión del justicialismo cercana al kirchnerismo, alcanzó 25,60% y pasó de 205.647 a 146.239 votos. El Frente Renovador-1País se ubicó tercero, con 14,91% de los votos (pasó de 67.981 a 85.147). Somos Corrientes, expresión local del kirchnerismo, alcanzó 4,16% de los votos y pasó de 35.893 a 23.776. Cambiemos ya había ganado ese distrito, al cual gobierna, y amplió la diferencia. 

Chaco: victoria de Cambiemos, con 41,76% de los votos a diputados nacionales. Creció de 226.956 a 269.616 entre las PASO del 13-A y la general del 22-O. El Frente Chaco Merece Más, expresión del justicialismo cercana al kirchnerismo, alcanzó 39,61% y pasó de 268.870 a 255.755 votos. Unidad Ciudadana, expresión local K, alcanzó 10,74% y pasó de 44.024 a 69.332 de las PASO a ayer. En tanto, 1País alcanzó 2,88% y pasó de 11.995 votos a 18.572. La relativa cercanía del gobierno provincial con el kirchnerismo podría abonar una reunificación de ambas expresiones dentro de un frente pan-justicialista filo K con vías de retener la gobernación en 2019 frente al avance de Cambiemos (que en las PASO había quedado detrás del PJ y ahora lo aventajó por 2,15 puntos porcentuales). 

Chubut: victoria del Frente Chubut para Todos, expresión local del justicialismo, con 33,21% de los votos a diputados nacionales. Pasó de 80.221 votos a 100.326 entre las PASO y el 22-O. Segundo Cambiemos, con 31,13%; pasó de 76.361 a 94.031 votos. Tercero el Frente para la Victoria, con 23,90% (pasó de 98.059 a 72.198 votos). Fue una de las provincias donde hubo un “efecto 17 de octubre”, ya que el justicialismo dio vuelta la elección primaria, donde había quedado por detrás del FPV y Cambiemos. El gobernador provincial es crítico del presidente Mauricio Macri pero también de CFK, lo cual obstaculiza las chances de reunificación del espacio pan-justicialista.

Entre Ríos: victoria de Cambiemos, con 52,97% de los votos a diputados nacionales; pasó de 375.301 a 436.133 votos de las PASO al 22-O. Segundo se ubicó el Frente Justicialista Somos Entre Ríos, con 37,98%; pasó de 331.466 a 312.738 votos. Cambiemos ya había ganado en las primarias, y repitió ayer. El kirchnerismo se encuentra integrado al frente justicialista, lo cual sugiere una cercanía a la figura de CFK.

Formosa: se impuso el Frente para la Victoria, con 62,11% de los votos a diputados nacionales. Pasó de 175.460 a 195.290 votos entre las PASO y el 22-O. Segundo Cambiemos, con 36,35%; pasó de 110.787 a 114.654 votos. El kirchnerismo se encuentra integrado al frente justicialista, lo cual sugiere una cercanía a la figura de CFK. La provincia se consolida como bastión del justicialismo. 

Jujuy: victoria de Cambiemos, con 51,67% de los votos a diputados nacionales; pasó de 141.575 a 167.543 votos entre las PASO y el 22-O. Segundo el Frente Justicialista, con 19,68%; pasó de 118.714 a 63.814 votos. Tercero se ubicó el FIT, con 18,30%, y cuarto el Frente Renovador-1País, con 9,01% (pasó de 51.148 a 29.225 votos). La relativa cercanía del justicialismo al kirchnerismo y la magra performance de la corriente “renovadora” podrían abonar una reunificación de cara al 2019 para recuperar la provincia, que Cambiemos ganó en 2015; también había sacado ventaja en las PASO, y ayer revalidó.

La Pampa: victoria del justicialismo, con 45,54% de los votos a diputados nacionales. Pasó de 76.941 a 96.097 votos de las PASO a ayer, segundo “efecto 17 de octubre”  de la lista, ya que revirtió el resultado de las primarias del 13-A. Segundo se ubicó Cambiemos, con 45,26%; pasó de 98.221 a 95.449 votos. Al igual que en Chubut, el anterior efecto 17-O, el gobernador provincial es crítico del presidente Mauricio Macri pero también de CFK, lo cual obstaculiza las chances de reunificación del espacio pan-justicialista.

La Rioja: victoria de Cambiemos en diputados nacionales, por 44,73%, apenas 0,61 puntos porcentuales de diferencia sobre el Frente Justicialista Riojano (44,12%) que le permitieron revertir el resultado de las PASO. Cambiemos pasó de 64.874 a 84.539 votos, y el justicialismo de 80.363 a 83.385 votos. Alternativa Popular Riojana, expresión local cercana al kirchnerismo, pasó de 4.183 a 4.377 votos. Aunque por una diferencia magra, Cambiemos avanza sobre un bastión justicialista, lo que hace difícil que pueda surgir desde allí una figura para disputar el liderazgo del espacio pan-PJ.  

Mendoza: victoria de Cambiemos en diputados nacionales, con 45,67%. Pasó de 438.531 a 487.742 votos. Segundo el Frente Somos Mendoza, justicialista, con 25,39%; pasó de 355.782 a 271.181 votos. El kirchnerismo se encuentra integrado al frente justicialista, pero la sintonía con la figura de CFK es relativa en este distrito.

Misiones: victoria del Frente Renovador en diputados nacionales, con 42,69%. Esa fuerza gobierna la provincia y repitió la victoria de las primarias: pasó de 263.647 a 266.148 votos. Segundo Cambiemos, con 33,67%; pasó de 183.113 a 209.906 votos. El Frente Agrario y Social, cercano al kirchnerismo, pasó de 63.359 a 78.872 votos. La sintonía con la figura de CFK es relativa en este distrito también por parte de la fuerza gobernante.

Neuquén: victoria de Cambiemos, con 28,11% de los votos en diputados nacionales. Pasó de 89.971 a 105.938 votos y confirmó el resultado que había adelantado en las PASO. Segundo el Movimiento Popular Neuquino, con 21,42%; pasó de 81.821 a 80.732 votos. Tercera, Unidad Ciudadana para la Victoria, con 19,31%; pasó de 64.817 a 72.777 votos. 1País-Frente Renovador alcanzó 1,82%; al caer de 9.250 a 6.862 votos, se diluye como alternativa al kirchnerismo, que, al contrario, creció en volumen electoral de las PASO al 22-O. 

Río Negro: se impuso el Frente para la Victoria, con 49,37% de los votos en diputados nacionales. Pasó de 154.090 a 189.092 votos entre las PASO y el 22-O. Segundo Cambiemos, con 31,97%, pasó de 72.969 a 122.460 votos, beneficiado por el hecho de que el gobierno provincial bajó su lista, pero aun así no pudo revertir el resultado de las primarias. 

Salta: victoria de Cambiemos, con 30,83% de los votos en diputados nacionales. Pasó de 153.956 a 208.889 votos entre las PASO y el 22-O. Segundo el Frente Unidad y Renovación (expresión local del justicialismo), con 24,05%; pasó de 247.112 a 162.940 votos, con lo que se revirtió el resultado de las PASO. Se ubicó tercero el Frente Ciudadano para la Victoria, con 22,55%; pasó de 115.022 a 152.774 votos. El gobernador Juan Urtubey era uno de los que aspiraba a conducir la renovación del espacio-panjusticialista de cara al 2019; el revés en su provincia, derrotado por Cambiemos, junto al avance del kirchnerismo, debilita sus chances. 

San Juan: victoria del Frente Todos (justicialismo), con 53,65% de los votos en diputados nacionales. Pasó de 204.073 a 224.096 votos entre las PASO y el 22-O y confirmó el triunfo que había anticipado en las primarias del 13-A. Segundo Cambiemos, con 31,52%; pasó de 125.370 a 131.641 votos. Se ubicó tercero el Frente 1País Somos San Juan, con 4,84%; pasó de 26.508 a 20.201 votos. El justicialismo de esa provincia es cercano al kirchnerismo, y el retroceso de la alternativa “renovadora” massista en ese distrito (al igual que en Buenos Aires y otros, en San Juan la polarización erosionó su volumen electoral) beneficia relativamente a CFK. 

San Luis: victoria del Frente Justicialista, con 55,44% de los votos a senadores nacionales. El mayor ejemplo de “efecto 17 de octubre” de ayer: revirtió la derrota de las primarias del 13-A y pasó de 109.632 a 166.642. Segundo Cambiemos, con 42,99%; pasó de 165.674 a 129.082 votos. El kirchnerismo integra el frente y hoy existe alta sintonía entre el justicialismo local y CFK, ambos nítidos opositores a Macri. 

Santa Cruz: victoria de Cambiemos, 43,93% de los votos a diputados nacionales; ya había anticipado su triunfo en las PASO, y lo confirmó. De las primarias a ayer, pasó de 74.811 a 72.446 votos. Segundo el Frente para la Victoria, que mejoró el resultado de las primarias, pasando de 48.058 a 52.665 votos, pero aun así perdió la provincia en la que gobierna, alcanzando el 31,94% de los votos. 

Santa Fe: victoria de Cambiemos, 37,78% de los votos a diputados nacionales. De las primarias a ayer, pasó de 500.832 a 737.912 votos. Segundo el Frente Justicialista, que había ganado por escaso margen las primarias: 25,85%, pasó de 516.803 a 505.033 votos. 1Proyecto Santafesino, expresión del massismo, alcanzó el 4,49% y pasó de 78.172 a 87.700. El gobernante Frente Progresista Cívico y Social quedó tercero, con 14,63%, y pasó de 220.728 a 285.788 votos. El candidato del frente, Agustín Rossi, está alineado con CFK. 

Santiago del Estero: victoria del Frente Cívico por Santiago, 69,57% de los votos a diputados nacionales. De las primarias a ayer, pasó de 359.110 a 372.323 votos. Segundo el Frente Cambiemos: 17,58%, pasó de 87.280 a 94.088 votos. El Frente Renovador 1País, expresión del massismo, alcanzó el 9,37% y pasó de 58.653 a 50.150. El oficialismo de esa provincia es cercano al kirchnerismo, y el retroceso de la alternativa “renovadora” massista en ese distrito beneficia relativamente a CFK. 

Tucumán: victoria del Frente Justicialista, 46,86% de los votos a diputados nacionales; había ganado las PASO, y revalidó ayer. De las primarias al 22-O, pasó de 494.543 a 459.257 votos. Segundo el Frente Cambiemos: 32,57%, pasó de 294.389 a 319.221 votos. Hay relativa sintonía con CFK y el retroceso de la alternativa “renovadora” massista como referencia política nacional beneficia relativamente a la ex presidenta de cara al 2019. 

Tierra del Fuego: victoria del Frente Ciudadano y Social, 29,99% de los votos a diputados nacionales. De las primarias (que había ganado) a ayer, pasó de 19.281 a 27.771 votos. Segundo el Frente Cambiemos: 29,73%, pasó de 17.720 a 27.530 votos. 

Puestos a hacer una dificultosa sumatoria nacional, Cambiemos ronda entre el 42% y el 43% de los votos. Se impuso en 13 distritos (ver arriba mapa síntesis publicado por Infonegocios; click para agrandar). De las PASO a ayer, creció alrededor de 6 puntos porcentuales y de 8.667.643 a 11.072.697 votos. Por su parte, Unidad Ciudadana y aliados, la flamante fuerza que vertebra el kirchnerismo, pasó de 5.913.423 votos (21,1%) a 6.325.081 votos (un 23,5%), es decir, un avance de 2,4 puntos porcentuales. Se impuso en tres distritos con sello propio o frentes abiertamente alineados, y en otros 4 como integrante de frentes más amplios. El massismo retrocedió de 8,8% a 5,9% (de 1.830.108  a 1.452.502 votos) y no pudo imponerse en ningún distrito. El PJ no K también cedió: pasó de 2.102.418 a 2.021.735 votos (10,1% a 9,5%), y sólo pudo imponerse en Chubut y La Pampa. En tanto, el PJ filo K también retrocedió: de 6,6% a 4,8%, y se impuso en Catamarca. En síntesis: una victoria clara de Cambiemos, similar a la del alfonsinismo en la elección de medio término de 1985, que se impone en la sumatoria nacional y en los cinco distritos más grandes. Al mismo tiempo, el resultado tiende a reforzar a CFK como a principal opositora a nivel nacional, con más del doble de votos en el país que los gobernadores anti-K, casi todos derrotados en sus distritos a manos de Cambiemos; con cuatro veces más votos que el massismo, y con vasos comunicantes hacia casi un 5% de votos de justicialismos filo K que son gobierno y que consolidarían su posición de segunda minoría a nivel nacional, un volumen indispensable para cualquier alternativa competitiva frente a Cambiemos de cara al 2019. 

viernes, 13 de octubre de 2017

Últimas mediciones antes del 22-O

Decíamos al cierre del post anterior que una serie de 14 mediciones en provincia de Buenos Aires permitía obtener un promedio de 38% para Esteban Bullrich (Cambiemos), 34,9% para CFK (Unidad Ciudadana), 11,2% para Sergio Massa (1País) y 4,2% para Florencio Randazzo (PJ). Esa diferencia de 3,1 puntos porcentuales entre Cambiemos y Unidad Ciudadana es un “too close to call” muy cercano a la diferencia de 2,6 puntos porcentuales que veíamos en la serie final de encuestas pre-PASO. Como sabemos, el escrutinio confirmó lo apretado del comicio, con CFK imponiéndose por apenas 0,21 puntos porcentuales. En este marco, se puede decir que el escenario sigue abierto en PBA. 

Ese panorama no se modifica si se incorporan otros nueve estudios recientes. El primero es de Opinaia, una de las consultoras que mide de manera online. Sobre la base de una muestra de 1.652 casos y un margen de error de 3%, con proyección de indecisos le asigna a Bullrich 42,2% y a CFK 37,5%. Esa ventaja de 4,7 puntos porcentuales no es estadísticamente significativa, dado que el error muestral es de +-3% (ver datos arriba; click para agrandar). Por otra parte, Synopsis difundió una encuesta de 1.114 casos relevados los días 6, 7 y 8 de octubre, también con un margen de error de +/- 3% (ver datos al medio; click para agrandar). Con proyección de indecisos, el resultado es 40,6% para Cambiemos y 36,5% para CFK, una brecha de 4,1 puntos que nuevamente resulta estadísticamente no significativa (si se atiende el error muestral y covarianza mediante). El tercer estudio es de Circuitos, realizado entre los días 9 y 12 de octubre, sobre una muestra de 852 casos tomados entre electores de 37 distritos de la Provincia de Buenos Aires que se reparten entre la Primera, la Tercera sección y el Interior provincial, con un margen de error de +/- 3,5. Arroja 39% para Bullrich, 35,9% para CFK, 10,4% para Massa, 4,7% para Randazzo y 3,6% para Pitrola. En tanto, según la consultora González y Valladares, Bullrich llega al 40,5%, CFK a 35,9%, Massa a 12,9%, Randazzo a 4,9% y Pitrola 4,3%. En tanto, según la consultora Opolit Communis, Bullrich alcanza 38,9%, CFK 35,6%, Massa 13%, Randazzo 4,2% y Pitrola 3,5%. De acuerdo a M&R/Query, Bullrich alcanza 40,6%, CFK 36%, Massa 11,1%, Randazzo 3,6% y Pitrola 3,5%. Según el consultor Raúl Aragón, Cambiemos alcanza 40,7% y CFK 36,8%. Les siguen Sergio Massa con 12,5% y un empate técnico entre Florencio Randazzo y Néstor Pitrola, 4,8% para Randazzo y 4,1% para el del Frente de Izquierda. CEIS, la consultora de Fernando Larrosa, es una de las que ve un escenario más ajustado: 39% para Cambiemos y 37% para la ex presidenta, con casi 10% entre indecisos y quienes no responden. En tanto, Massa llega a 10%, Randazzo a 4% y Pitrola a 3%. Finalmente, según el sondeo de Analytica, la lista de Cambiemos tiene una intención de voto de 38,4% y la de Unidad Ciudadana de 38,3%.




Un promedio considerando estas nueve mediciones da 40% a Bullrich y 36,6% a CFK, una diferencia de 3,4 puntos porcentuales. Sigue siendo “too close to call”, es decir, un resultado técnicamente abierto, aunque está claro que al final la elección se gana por un voto o bien puede que se gane por esa brecha de 3 puntos. Así como la serie anterior a la PASO era favorable a CFK con empate técnico y la ex presidenta terminó imponiéndose por 0,21 puntos porcentuales (ratificando así que era correcto hablar de “too close to call”), ahora la tendencia aparece favorable a Cambiemos, pero sin que la estadística puede afirmar categóricamente que ganará. En cambio, en otro de los distritos clave, Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), el último sondeo de Ricardo Rouvier y Asociados marca una ventaja categórica de 32 puntos porcentuales para Elisa Carrió (52,4%) sobre Daniel Filmus (20,4%); tercero se ubica Martín Lousteau (11,2%), y luego aparecen varios candidatos con guarismos en torno al 3% (ver datos abajo; click para agrandar). Esto ratificaría a CABA como bastión del oficialismo, aunque Cambiemos no se presenta como tal en ese distrito. En las PASO, Carrió obtuvo 49,56%, el kirchnerismo 20,73%, Lousteau 13,04%, Tombolini 3,93% y Ramal 3,79%. La mayor variación se da entonces en Carrió (+2,84).  




Para tratar de sumar referencias a la tendencia de pronóstico abierto en PBA, es pertinente tener en cuenta el antecedente del 2013 (cuando aún gobernaba el FPV en Nación y esa provincia). En las PASO de ese año, Sergio Massa, del Frente Renovador, se impuso con más de 5 puntos porcentuales sobre el candidato del FPV, Martín Insaurralde: 35,05% a 29,65%; Margarita Stolbizer, entonces candidata del Frente Progresista y hoy aliada de Massa, alcanzó el 11,13%, en tanto que el PRO colgó algunos candidatos de la lista de Massa, sin presentar lista propia. En la legislativa de octubre, el resultado fue de 43,95% para Massa y 32,33% para Insaurralde y 11,71% para Stolbizer. Como puede apreciarse, entre la PASO y la elección general, la diferencia a favor del primero se amplió de 5,4 a 11,62 puntos porcentuales (más del doble). Mientras Massa creció casi 9 puntos porcentuales (8,9), el candidato del FPV creció casi 2,7 (2,68), lo que sugiere que hubo un “efecto del carro ganador” que favoreció al por entonces principal opositor al oficialismo en ese distrito. 

A tenor de las encuestas conocidas hasta ahora, los movimientos en PBA son más débiles, con variaciones que entran dentro de los errores muestrales (menores a 3%) o que están algo por arriba (no siendo, por lo tanto, del todo sustantivas, covarianza mediante). Con una PASO donde el ganador (CFK) apenas obtuvo 0,21 puntos porcentuales de diferencia sobre el segundo, no hay “efecto de carro ganador” a favor de CFK, pero tampoco se advierte un movimiento sustantivo en contra de su figura. De ahí surge un panorama donde se incrementa la polarización, perfilando una leve tendencia favorable a Cambiemos, que de todos modos no haría una elección tan buena como la de Massa en 2013 (casi 44%). En tanto, CFK mejoraría la elección del FPV en ese año, un resultado que la consolidaría como principal opositora a nivel país en función de un caudal por arriba de 3,3 millones de votos en el distrito más gravitante del país y cerca de 2,7 millones de su sello y aliados en las demás provincias. A diferencia de lo que sucedió antes de las PASO, se han dado a conocer pocos datos del resto del país, pero en general no sería raro que se verifique un mix: inercia de los resultados obtenidos en las primarias con variaciones estadísticamente no significativas en algunos distritos, junto con otros donde se refuerce la polarización. Es el caso de Chaco, según las estimaciones del analista conocido como Adán De Ucea: en las PASO, el resultado fue 43,93% para el Frente Justicialista Chaco Merece Más, 37,08% para Cambiemos, 7,19% para Unidad Ciudadana, 4,75% para el Frente del Obrero y 1,96% para Nuevo País. La última proyección del analista marca 44,25% para el justicialismo (+0,32 puntos porcentuales respecto a las primarias del 13-A), 38,59% para Cambiemos (+1,51), 10,06% para Unidad Ciudadana (+2,87), 5,08% para el Frente del Obrero (+0,33) y 2,02% para 1País (+0,06). Como se ve, en este distrito las variaciones son mínimas en estas proyecciones. Chaco es un distrito gobernado por el justicialismo, en el cual esa fuerza se impuso a Cambiemos; en otros distritos gobernados por el PJ donde, al contrario, Cambiemos sacó ventaja en las PASO, ahora se insinúa un achicamiento de la brecha: ¿efecto 17 de octubre?  Es el caso de la provincia de Córdoba: en las primarias del 13-A, Cambiemos obtuvo 44,39%, UPC 28,56% y el Frente Córdoba Ciudadana (kirchnerismo) 9,89%; según las más reciente encuesta de Gustavo Córdoba y Asociados, proyectando indecisos Cambiemos alcanza 42,80%, UPC 31,70% y el FCC 9,50%, con lo cual la diferencia entre las dos listas más votadas se achicaría de 15,83 a 11,1 puntos porcentuales (ver datos abajo; click para agrandar). En Santa Fe, Cambiemos apuesta a dar vuelta el resultado de la PASO, que dejó el frente justicialista-kirchnerista arriba por menos de un punto de diferencia; sin datos disponibles de toda la provincia, Rosario, el principal distrito, aún muestra ventaja para el mismo espacio: 25,64% para Agustín Rossi, 21,75% para Albord Cantard (Cambiemos), 13,55% para Luis Contigiani (Frente Progresista), 7,20% en blanco o anula el voto y 6,65% de indecisos; el radical disidente Jorge Boasso alcanza 6,81%, Diego Giulano 7,05% y otros candidatos varios se ubican con guarismos menores al 5%. 






lunes, 9 de octubre de 2017

Recta final hacia el 22-O: CFK vs Cambiemos en PBA

En el análisis del plexo político y socioeconómico que subyace a la contienda electoral encontrábamos un mix de datos y percepciones en el que se repartían los favorables a la hipótesis de “saudade” de CFK con los favorables a Cambiemos. Si pasamos de ese análisis al repaso de las tendencias electorales en el distrito más estratégico en el que se juega la elección, provincia de Buenos Aires (PBA, 37% del padrón nacional), encontramos que hasta el momento se han divulgado unas 18 encuestas realizadas allí. Resulta ilustrativo comparar esas mediciones con los resultados de las PASO del 13 de agosto, instancia en la cual CFK (Frente de Unidad Ciudadana) obtuvo 33,95% de los votos, Esteban Bullrich (Cambiemos) 33,74%, Sergio Massa (1País) 15,26% y Florencio Randazzo (Cumplir) 5,88%. Veamos:

Los valores más altos para los principales contendientes se dan en un estudio de Opinaia, que estima 38,3% para CFK y 41,3% para Bullrich. La diferencia de 3 puntos porcentuales entre ellos es estadísticamente no significativa e implica un empate técnico o un escenario del tipo “too close to call”, es decir, demasiado ajustado como para arriesgar un ganador. En ese estudio, la suma de los estos dos frentes roza los 80 puntos (79,6%), implicando un escenario de máxima polarización donde CFK crece 4,4 puntos porcentuales respecto de las PASO y Bullrich 7,5. Esto lleva a Massa a descender hasta 12%, es decir, 3,2 puntos porcentuales por debajo de los votos que obtuvo en las primarias del 13-A, mientras que Randazzo desciende de 5,88 a 4,2%, es decir casi 1,7 puntos porcentuales. En el extremo contrario, los valores más bajos para ambos contendientes se dan en el estudio de Management & Fit publicado ayer en Clarín, con 29,6% para CFK, 33,9% para Bullrich, 11,7% para Massa y 5,6% para Randazzo. En este caso, la diferencia es de 4,3 puntos porcentuales, estadísticamente no significativa (ver datos abajo; click para agrandar) y la suma entre los dos principales frentes alcanza 63,5%, perfilando un escenario  16,1 puntos porcentuales menos polarizado que el que veíamos en el estudio de Opinaia citado antes. 

La mayor diferencia entre ambos contendientes aparece en el estudio realizado por Ricardo Rouvier y Asociados: 38,5% para Bullrich y 32,5% para CFK, una brecha de 6 puntos porcentuales que resulta significativa, aunque covarianza mediante no puede considerarse categórica. Por contrapartida, la menor brecha se da en una encuesta de OPSM: 37,4% para Bullrich y 36,3% para CFK, apenas 1,1 puntos porcentuales que perfilan un panorama “too close to call”. Algo similar se ve en la última encuesta del CEOP: 37,9% para Bullrich y 36% para CFK, una diferencia de 1,9 puntos porcentuales que también implica, por supuesto, un empate técnico. Muy cerca de ellas aparecen dos mediciones, la de CEIS (36% a 34%) y la más reciente de Poliarquía publicada también ayer: 37,7% a 35,2%, una brecha de 2,5 puntos porcentuales. La proyección de indecisos estiraría al candidato de Cambiemos a un intervalo entre 39% y 42% y a la ex presidenta entre 36% y 48% (ver datos arriba; click para agrandar), lo que no rompe el escenario de empate técnico.

Si armamos una serie con un total de 14 mediciones para incluir, además de las siete mencionadas, otros seis estudios, eliminando aquellas mediciones anteriores hechas por consultoras ya incluidas en el análisis, el repaso incluiría a las siguientes: Taquión-UAI (Bullrich 35,2%/CFK 32,5%) Synopsis (39,1%/34,3%), MR&Query (39,6%/36,4%), Circuitos (39,3%/36,3%), Gustavo Córdoba y Asociados (38,6%/36,4%), Opina (40%/36%). Así, obtenemos un promedio de 38% para Bullrich, 34,9% para CFK, 11,2% para Massa y 4,2% para Randazzo. Nuevamente, la diferencia de 3,1 puntos porcentuales entre Cambiemos y Unidad Ciudadana es un “too close to call” muy cercano a la brecha de 2,6 puntos porcentuales que veíamos en la serie final de encuestas pre-PASO a favor de la ex presidenta. El escrutinio del 13-A confirmó lo apretado del comicio, con CFK imponiéndose por apenas 0,21 puntos porcentuales a Cambiemos. En este marco y con ese antecedente, se puede decir que el escenario sigue abierto en PBA. 



viernes, 6 de octubre de 2017

Hacia el 22-O y de cara al 2019: la apuesta de CFK vs la apuesta de Cambiemos

Según el sociólogo Hugo Haime, si bien el oficialismo tiene la ventaja de que después de las PASO crecieron las expectativas a futuro y que se evalúa positivamente la obra pública, la lucha contra la corrupción y contra el narcotráfico, “eso es tan cierto como que todas las políticas sociales y económicas son evaluadas negativamente". Es decir, el consultor confirma que hay una puja entre las expectativas y la evaluación positiva de determinadas áreas del gobierno versus el impacto social de la política económica que lleva adelante la administración Cambiemos. Para revisar datos recientes al respecto, según el más reciente estudio de la Universidad de San Andrés (se trata de una encuesta mensual en la que se consulta sobre diferentes aspectos de satisfacción y opinión pública), la insatisfacción de los encuestados con el desempeño de la “política económica” es elevada: un 60%. Este indicador podría ser favorable a la hipótesis que subyace a la estrategia de CFK (resumiendo: que, más tarde o más temprano, el fracaso socioeconómico de Cambiemos generará “saudade” de su figura). Sin embargo, la economía no es el área peor evaluada de la gestión Cambiemos: otras políticas públicas que alcanzan niveles preocupantes de insatisfacción son “Justicia” (el 77% está insatisfecho con el desempeño del gobierno en esa materia), Seguridad (un 69% insatisfecho) y “Educación” (un 61% insatisfecho). 

En cambio, el 63% manifiesta estar satisfecho con el desempeño oficial en materia de “obras públicas e infraestructura”, que se constituye la política pública mejor evaluada por los entrevistados. Asimismo, un 52% dice estar satisfecho con “transporte” y un 51% tanto con las políticas de “modernización del Estado” como con la “política exterior”. Asimismo, la satisfacción con la marcha general de las cosas es del 47%, mientras que la insatisfacción es del 51% (un gap negativo de 4 puntos porcentuales, que puede considerarse estadísticamente no significativo). Sin embargo, esa satisfacción está socialmente fragmentada: cae al 33% entre los más pobres y llega al 60% en el segmento ABC1 (clase alta top y alta). Según Diego Reynoso (director del estudio), “el predominio de insatisfacción no se traduce en un retiro del apoyo al Gobierno. Algunos que no manifiestan satisfacción con la marcha general de las cosas, le dan un bono de confianza al Gobierno. De hecho, los resultados indican que el Gobierno recuperó el apoyo de la opinión pública, que a principio de año se lo había comenzado a retirar. La aprobación del gobierno hoy se encuentra en niveles similares a marzo de 2016, en 64% de aprobación, cuando apenas este comenzaba su gestión”. A tenor de estos indicadores, se podría fortalecer la hipótesis favorable al oficialismo de cara al 22-O. No obstante, en este plano el estudio también detectó matices por niveles socioeconómicos (entre otras variables): “La aprobación en los sectores de nivel socioeconómico más baja es de 58% mientras que la misma sube a 72% en el nivel ABC1. A nivel etario, la aprobación sube a medida que aumenta la edad. No obstante, las diferencias entre los segmentos, en general el Gobierno ha recuperado el visto bueno de la ciudadanía. En parte, el resultado electoral de agosto pudo haber ejercido cierto tipo de wagon effect endógeno en los niveles de aprobación que observamos en septiembre, pero el mismo resultado electoral y la aprobación son producto de algunas virtudes propias y algunos defectos de las alternativas rivales”, apuntó Reynoso.

A su turno, según una reciente encuesta de Gustavo Córdoba y Asociados, la aprobación del gobierno nacional es de 48,8%, apenas dos puntos arriba de la desaprobación, que se ubica en 46,8%: es decir, un empate técnico (ver imagen arriba; click para agrandar). En este sondeo también se observa un incremento de 2,2 puntos porcentuales de la aprobación en las últimas dos mediciones, tras las PASO; esto es, una variación estadísticamente no significativa, donde no se aprecia un “efecto del carro ganador” pos primarias (a diferencia del que apunta Reynoso en el estudio de la Universidad de San Andrés). En tanto, si revisamos la última encuesta de D’Alessio IROL/Berensztein, el nivel de aprobación es más alto que en el estudio de Gustavo Córdoba (54%, contra 44% de desaprobación), pero la variación entre mediciones resulta nuevamente no estadísticamente significativa: dos puntos porcentuales. Es decir, en las valoración de variables políticas no asoma una tendencia nítida y homogénea que apuntale la hipótesis de que Cambiemos se encamina hacia una elección plebiscitaria de cara al 22-O, o al menos no todavía con claridad. Si de las cifras "blandas" de percepción política pasamos a las "cifras duras" de la estadística económica, la mejoría tampoco es tan clara como la que se instala en la agenda mediática si se hace una lectura atenta: como apuntó Jorge Velázquez en Ámbito, si bien los datos de las cuentas nacionales al segundo trimestre muestran que la economía creció 2,7%, aún sigue debajo del 2015. Según el documento publicado el 21 de septiembre, la recuperación muestra tres trimestres consecutivos de crecimiento del PBI y el primer semestre acumula una mejora de 1,6%, pero tampoco compensa la caída de 2,2% que se registró en 2016 (ver datos abajo; click para agrandar). “El Gobierno celebra los llamados ´brotes verdes´, y las estadísticas respaldan el optimismo de los funcionarios, pero es inevitable hacer una salvedad: las cifras indican que está mejorando aquello que esta misma gestión deterioró durante el año pasado. En este contexto hay que interpretar los datos sobre el comportamiento de las cuentas nacionales que el Indec dio a conocer: informó que en el segundo trimestre el PBI creció 2,7% contra el mismo período del año pasado. En la versión desestacionalizada el organismo también tuvo buenas noticias para dar: el incremento fue de 0,7% con relación al trimestre inmediato anterior. Y con ese resultado puede exhibir tres trimestres consecutivos de crecimiento (1,2% y 1,0% habían crecido el primer trimestre de este año y el último de 2016, respectivamente). Esto marca una tendencia positiva, pero el dato conocido también refleja una fuerte desaceleración en la misma curva. Por otro lado, el incremento de 2,7% interanual es auspicioso porque representa el segundo trimestre de crecimiento interanual, luego del 0,4% del primer trimestre. Pero se apoya en un punto de comparación muy bajo, ya que en el segundo trimestre de 2016 el PBI había registrado una caída de 3,7% contra el período similar de 2015. Más aún, a pesar del repunte, la economía todavía está por debajo del pico alcanzado en la primera mitad de 2015. A partir de entonces, la economía ingresó en una pendiente que acompañó el final de la gestión de Cristina Kirchner y que se tradujo en indicadores de signo negativo a partir del segundo trimestre del gobierno de Mauricio Macri. El signo positivo se recobró recién en el primer trimestre de este año, aunque todavía no compensa el terreno perdido”. 

En la misma línea, el economista jefe de la consultora Orlando Ferreres y Asociados, Fausto Spotorno, advirtió que "recién ahora estamos en los niveles del 2015", y pronosticó que el aumento de la actividad "se mantendrá el próximo año (…) Hay una real recuperación tras la crisis del año pasado y recién ahora estamos llegando a los niveles del 2015, pero también hay un crecimiento real y el año que viene se va a mantener (…) "hay mucho de rebote, porque lo comparamos con una situación muy baja del año pasado, pero también es real que hay más actividad y va a mejorar el año que viene (…)  Es cierto que estamos creciendo al 4 o 5 por ciento anual, como se señala desde el Ministerio de Hacienda, pero lo estamos comparando contra meses muy malos, aunque la recuperación se siente", insistió el economista. Profundizando en su explicación, apuntó que "hay fuertes inversiones en el sector energético, en la construcción hay una fuerte recuperación, tanto en el sector estatal por la obra pública, pero también hay crecimiento en el sector privado (...) al sector industrial le está costando más la recuperación, porque todavía hay una parte afectada por la situación de Brasil y otra por el consumo, pero la que está ligada a la construcción y al agro está mejor, o sea que el crecimiento no es tan homogéneo". En ese marco, destacó que esa consultora está "proyectando un 2,1% de crecimiento para el próximo año", bien por debajo de la pauta de la ley de presupuesto del 3,5% que fijó el Gobierno.


lunes, 2 de octubre de 2017

Pos- PASO, hacia el 22-O y de cara al 2019: “la heladera” vs “el televisor”

Para usar una metáfora cara a la estrategia de CFK, la ex presidenta apuesta a que en algún momento la “heladera” (esto es, el estado del consumo) gravitará más que la “televisión” (esto es, la agenda mediática). Al respecto, en materia de consumo, las ventas minoristas retrocedieron 0,1% en el mes de septiembre en la medición a precios constantes. Así, acumularon en los primeros nueve meses del año una baja anual de 2,3%, según la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (Came). 

El sondeo de la entidad arrojó que en la comparación con agosto, el descenso fue de 1,9%, respecto a lo cual aclaró que, "generalmente, septiembre siempre está algo por debajo, ya que tiene un día menos". En tanto, si miramos las cifras oficiales hasta julio (última actualización), se detecta que las ventas en supermercados y shoppings cayeron 2,1% en ese mes, según el Indec, tomando la medición a precios constantes y sin factores estacionales. En la misma línea, y a pesar de que los números macro de la economía local están mostrando un rebote respecto al bajón del 2016, “el 61% de los argentinos ve peor la situación económica del país en comparación al año pasado”, según el estudio regional Consumer Watch de Kantar Worldpanel.  En ese marco, Federico Filipponi, director comercial de Kantar Worldpanel Argentina, planteó: “Este año predomina un escenario de pesimismo o de ajuste de cinturones para la mayoría de los hogares. Para hacer rendir su dinero el comprador se ha vuelto un consumidor malabarista”. Asimismo, ese trabajo arroja que en la Argentina, además de la inflación (que ocupa el segundo lugar entre los problemas que se perciben), subió un ítem que no tenía tanta importancia desde hace cinco años. “Creció la opción de una crisis económica y aparece en el top cinco de preocupaciones la opción: disturbios políticos/sociales, que además gana relevancia en comparación al 2012”, apunta el paper. Respecto a si la crisis económica afecta directamente a su hogar, el 58% respondió de forma afirmativa. 

En este marco, es clave establecer con claridad los parámetros de referencia que se toman para cualquier análisis contextual de la coyuntura: por ejemplo, el oficialismo celebra que los salarios subieron más que la inflación en 2017, ya que según el Indec, en los primeros siete meses del año (de acuerdo al Índice General de Salarios) los ingresos aumentaron un 17,8%, mientras que la inflación a julio pasado era del 13,8%. Esto significa que al mes de julio pasado los salarios registraron una suba del 4%, lo que implica el registro más alto del año; uno de los motivos de esta mejoría es que comenzaron a regir en ese mes los más importantes acuerdos de paritarias de la actividad privada. En contrapartida, según el IET (Instituto Estadístico de los Trabajadores), en agosto del 2017 el salario real formal era 4,8% inferior al de noviembre de 2015, últimos días de la gestión de Cristina Fernández (ver gráfico arriba; click para agrandar). De ese modo, mientras el primer dato sirve a la estrategia oficial, el segundo permite alimentar la hipótesis contraria (“saudade” de CFK). 

Esa merma relativa medida por el IET permite entender por qué el consumo sigue sin repuntar de manera significativa. En agosto, pleno mes electoral, la venta en las grandes cadenas y en los autoservicios cayó en promedio 2,8%, según datos de la consultora Skanntech. Si bien agosto y julio (-2,5%) fueron los meses de menor caída en el año, había expectativas de números mejores. Los indicadores del canal minorista (almacenes y supermercados de barrio y chinos) señalan que la caída del volumen fue del 5,3%, frente a una suba de precios promedio del 22,3% y una merma del 5,5% en cantidad de tickets. Según la consultora, en lo que va del 2017, en los negocios de cercanía los alimentos cayeron 5,5%, las bebidas 2,9%, los productos de cuidado personal 3,1% y los de limpieza 2,8%. De acuerdo al informe de Skanntech, los datos se dan en un "contexto de indicadores macro positivos, como los de la industria automotriz y la construcción", pero "también frente a una mayor presión en el bolsillo de los consumidores por gastos que superan a la inflación, como las tarifas de los servicios, turismo de compras, medicamentos, prepagas y alquileres, entre otros".

martes, 26 de septiembre de 2017

Pos- PASO, hacia el 22-O y de cara al 2019: la apuesta de CFK


En el planteo de María Casullo, la reunificación del espacio pan-justicialista puede resolverse por la vía consensual o por la aparición de un liderazgo que vuelva innecesarias las reglas. Según la politóloga, los resultados de las PASO hacen que esto último resulte más difícil que lo primero. Nuestra hipótesis, en cambio, apunta que CFK podría estar apostando a la segunda alternativa, atendiendo no solamente a la “foto” que mostraron las PASO, sino a la “película”, es decir, el desarrollo del proceso político y socioeconómico de aquí en más. 

Veamos: a partir de la foto de las PASO, el liderazgo de CFK dentro de su frente Unidad Ciudadana, al igual que la condición de segunda minoría electoral nacional (5.913.423 votos) son indiscutibles. Sin embargo, resultan insuficientes para contender con chances de éxito frente a los 8.667.643 votos de Cambiemos. Entonces, CFK necesita crecer hacia otros segmentos de electores para tener chances de reunificar el espacio pan-justicialista detrás de su liderazgo. Está claro que el electorado más relativamente permeable a CFK es el de los referentes filo- K o cercanos a su figura: es decir, la “película” debería permitirle crecer desde los casi 6 millones de votos de las PASO para captar 1.380.258 de votos de los referentes filo K o cercanos al kirchnerismo. Sin embargo, sumando “sólo” esos electores, llegaría a 7.293.681 votos y aun estaría 1.373.962 votos por debajo de Cambiemos. Para liderar un justicialismo con chances de ganar, el "espacio JK" debería sumar al menos el 70% de los 2.022.197 votos del justicialismo no K. Sólo así estaría en condiciones de construir una “coalición ganadora mínima” de 8.709.219 votos, que superaría a la oficialista. Esto implica que el mayor desafío para CFK es hacer que su liderazgo impregne hacia los segmentos electorales “impermeables” o al menos refractarios que componen el electorado el peronismo no K. 

En esta línea, como adelantábamos en el post anterior, CFK apuesta a que los votos de otros opositores menos nítidos irán convergiendo hacia ella en la medida en que los efectos políticos y socioeconómicos netos del modelo Cambiemos vayan dejando atrás a muchas de las expectativas de mejoría que auparon a Mauricio Macri a la presidencia y que le permitieron a la lista de Cambiemos lograr en las PASO una diferencia mínima por debajo de ella en provincia  de Buenos Aires. En ese marco, la ex presidenta cree que no habrá recuperación sino expectativas defraudadas, lo que generará un malestar que sólo un opositor nítido (no moderado, ni una figura nueva o de la “tercera vía”) estará en condiciones de capitalizar. Conciente del panorama de división del espacio pan-justicialista y de cara a cimentar las chances de revalidar su liderazgo como principal opositora, en la actual coyuntura CFK está haciendo jugar su invicto electoral: con la victoria que le dio el escrutinio definitivo en la provincia de Buenos Aires, desde que debutó electoralmente en 1989 jamás perdió. Y, hacia adelante, aun si en octubre fuera derrotada por Cambiemos, nacionalizar la elección la confirmará como la figura opositora más votada a nivel país, muy por encima de los demás referentes del espacio pan-justicialista. Sobre esa base, más la convicción de que Macri fracasará más tarde o más temprano, pero inexorablemente, CFK apuesta a que su liderazgo hará converger a los electores desencantados y dejará en off-side a los dirigentes que quieren jubilarla. 

En ese marco hay que leer la carta abierta de la ex presidenta del lunes 11 de septiembre, convocando a todas las “sensibilidades opositoras” a acompañarla para “frenar el ajuste”. Según esa misiva, luego de las elecciones vendrá la flexibilización laboral, recorte a las provincias y un tarifazo a la luz, el gas, el agua y el transporte, lo que denominó como la "segunda etapa del ajuste": "Este Gobierno no escucha. Este Gobierno no rectifica", señaló la expresidenta, quien llamó a frenar una "deuda infernal" que terminará hipotecando el futuro de los argentinos. Mutatis mutandis, CFK apuesta a que en Argentina suceda algo parecido a lo que sucede con el Lula Da Silva en Brasil: en las encuestas realizadas en ese país, el ex presidente es revalorizado en una categoría de respuestas que los analistas de opinión pública han agrupado bajo la etiqueta “saudade do Lula”. Según Emir Sader, echar de menos a Lula tiene que ver con que “el período de Lula en la presidencia del país fue el más importante de los últimos treinta años en términos económicos. Pero el tema no es solo económico (…) se trata de un período que ha logrado combinar desarrollo económico con distribución de renta (…) Los especialistas corrieron a hacer encuestas cualitativas, donde hacen preguntas directas a grupos seleccionados de personas buscando aclarar de que sienten ´saudade´, cuanto lo manifiestan respecto a Lula. De que sienten falta, en qué resienten la ausencia de Lula, en qué medida prefieren volver a los tiempos del gobierno de Lula. Los temas tienen origen en la situación económica, pero sobre todo se proyectan hacia lo social, que es lo que alimenta la memoria del legado de Lula”. ¿Existen en el plexo socioeconómico elementos que permitan avizorar posibilidades de una “nostalgia” de CFK? Repasando las últimas encuestas y tendencias socioeconómicas, surgen algunos datos que avalan una hipótesis en esa línea. Según el último monitor de tendencias económicas y sociales que elabora mensualmente Enrique Zuleta Puceiro (realizado a 1.200 personas a nivel país, entre el 11 y el 16 de septiembre de 2017), cuando se pregunta ¿En cuál de los dos gobiernos su calidad de vida fue mejor?, un 26,4% dijo que con el de Macri, mientras que 43,4% se inclinó por la gestión de CFK (ver datos arriba; click para agrandar). Se trata del valor más alto que alcanzó esa alternativa de respuesta en la serie evolutiva desde marzo pasado, y un dato no menor es que se da después de conocido el resultado de las PASO. 

miércoles, 20 de septiembre de 2017

Hacia el 22-O y de cara al 2019: minorías electorales a nivel país

En las PASO del 13-A, nuestro recálculo a partir del escrutinio definitivo nos permitió establecer que Cambiemos obtuvo 8.667.643 votos a nivel nacional, ubicándose como primera minoría electoral. Por su parte, CFK alcanzó 3.229.214 votos en provincia de Buenos Aires (PBA), más 2.684.229 que Unidad Ciudadana y frentes aliados recogieron en el resto del país. Eso suma 5.913.423 votos a nivel nacional, el segundo volumen electoral detrás de Cambiemos. Si pintáramos a Cambiemos con amarillo y a UC/FPV con celeste, el mapa de los territorios donde se impuso cada uno daría como resultante el que tenemos arriba (click para agrandar). Aunque a primera vista parece que PBA fuera oficialista, se debe a que Cambiemos sacó ventaja en el interior de esa provincia, mientras que UC/CFK hizo mayor diferencia en el tercer cordón del conurbano bonaerense, conglomerado que está pintado de celeste en el mapa (en torno a la CABA). En síntesis, tenemos 10 distritos favorables a Cambiemos y 5 donde ganó Unidad Ciudadana, la flamante fuerza de la ex presidenta. Estos nos da 15 distritos de 24 para los dos sellos e identidades políticas más nuevas y recíprocamente antagónicas.  

Por otro lado, hay 8 distritos donde se impuso el justicialismo (pintados de verde en el mapa), pero mientras algunos de ellos son cercanos a la figura de CFK (como San Juan, Catamarca, Chaco y Formosa) otros tienen vínculos problemáticos o antagónicos con la ex presidenta, y con matices también una relación con Cambiemos que varía entre la oposición neta a un vínculo institucional afincado en razones de gobernabilidad recíproca. Si revisamos el resultado de las PASO para analizar la estructura de ese electorado justicialista, encontramos 1.380.258 votos de referentes peronistas filo-K o cercanos al kirchnerismo y 2.022.197 del justicialismo no K o anti K. Dejamos afuera de esta división en tres del espacio pan-justicialista a 1País (liderado por Sergio Massa), dado su carácter híbrido. Así, ordenadas por volumen electoral, tenemos las siguientes minorías: 1) Cambiemos 2) Unidad Ciudadana 3) Justicialismo no K 4) Justicialismo filo-K o cercano al kirchnerismo. Esta aritmética electoral resultante de las primarias del 13 de agosto pasado ofrece, por supuesto, abundante material para la lectura y el análisis de cara a las elecciones del 22-0 y también hacia el 2019. 

Según la politóloga María Casullo, “estas PASO afirman tres datos centrales: que Cambiemos es hoy un partido nacional fuerte, que el espacio de `la ancha avenida del medio` se ha ido cerrando, y que, finalmente, el kirchnerismo sigue vivo como identidad política (…) A esto se le sigue que también sigue viva la figura de Cristina Fernández de Kirchner como una dirigente capaz de convocar a una parte importante de la población: las PASO demostraron que los que se sienten representados son un número importante y cohesionado (según encuestas, más del 90% de los que votaron a la ex mandataria hoy están decididos a hacerlo en octubre. Más cohesionado, por ejemplo, que los votantes de Sergio Massa). No sólo CFK salió primera en la provincia de Buenos Aires, sino que en las provincias varios candidatos y candidatas que o bien se referencian como kirchneristas, o bien, al menos, no cuestionaron públicamente la figura de la ex presidenta tuvieron buenos resultados: María Emilia Soria ganó en Río Negro, el camporista Martín Pérez lo hizo en Tierra del Fuego, y Agustín Rossi fue sin duda la figura de la noche al triunfar inesperadamente en Santa Fe”.

A partir de esta lectura de los datos, Casullo remarca que “cualquier proyecto opositor de aquí a 2019 que pretenda tener una perspectiva de éxito deberá incluir dentro de sí al kirchnerismo. La pérdida de votos de Sergio Massa, que pasó de una clara victoria en la elección legislativa del 2013 a salir tercero en esta (casi perdió en su pago chico de Tigre con Cambiemos) y la cosecha poco impresionante de Florencio Randazzo (sobre todo a nivel de los municipios de sus intendentes aliados, donde sus listas de concejales llegaron a quedar cuartas), dejan en claro que apostar a heredar los votantes de CFK por default no será suficiente. Randazzo, Massa, Juan Manuel Urtubey: cualquiera que apunte a liderar el peronismo en 2019 deberá hacer algo que hasta ahora evitaron: sentarse a negociar con Cristina Fernández de Kirchner. Sin embargo, el inverso de esta proposición es igualmente verdadero. Así como el peronismo `con buenos modales´ deberá aceptar que sin el kirchnerismo no podrá llegar a ser gobierno, es evidente que el kirchnerismo deberá también aceptar que por sí sólo no puede transformarse en una alternativa electoralmente exitosa. Cristina Fernández de Kirchner deberá también hacer algo a lo que se ha negado hasta ahora: abrir caminos de negociación con figuras políticas que hasta 2015 fungían como subordinados (…) Esta negociación de cara al 2019 puede resolverse de dos maneras: mediante el consenso sobre reglas o mediante la aparición de un liderazgo que vuelva innecesarias a las reglas. Esto último parece difícil en esta situación, ya que, por un lado la ex presidenta concita un rechazo de importantes sectores sociales y por el otro ninguna de las figuras alternativas “renovadoras” del peronismo se cortó solo del pelotón expectante hasta ahora (Urtubey ganó en Salta, pero de manera más estrecha de lo que se pensaba)”. En síntesis, la politóloga plantea que las chances de una reunificación del espacio pan-justicialista pasan principalmente por la vía consensual, mientras que le asigna menos chances a la aparición de un liderazgo que vuelva innecesarias las reglas. En la próxima entrada del blog, analizaremos por qué CFK podría estar apostando a esta segunda alternativa en lugar de la primera. 

jueves, 14 de septiembre de 2017

Dinámica electoral de las PASO al 22-O y de cara al 2019

Con Cambiemos consolidado como primera minoría en las PASO y también de cara a octubre, la manera en la que el espacio pan-justicialista procese su reorganización y búsqueda de liderazgo hacia el próximo turno electoral del 2019 resulta clave para el análisis (ver arriba mapa de distribución de distritos en las PASO 2017, que distingue aquellos donde se impuso Cambiemos de aquellos donde se impuso el espacio pan-justicialista; click para agrandar). Según el politólogo Julio Burdman, "el peronismo rebotó en estas PASO y ahora empieza a subir. En primer lugar, porque no perdió votos. La suma de todas las listas en las que participó el PJ o los partidos kirchneristas da un 42%. Pero incluso si querés discutir la pertinencia de todo ese agregado y sacar algunos casos 'polémicos', está en alrededor del 40% a nivel nacional, que es el nivel histórico. Sin incluir al massismo, claro. Además, en más de la mitad de las provincias, peronismo y kirchnerismo fueron unificados", agregó.

Aún con el resultado de octubre pendiente, Cristina Fernández apuesta a hacer valer su caudal electoral en las PASO, casi 3.330.000 votos en provincia de Buenos Aires y casi 2.600.000 de Unidad Ciudadana y frentes aliados en el resto del país. Eso suma más de 5.900.000 votos a nivel nacional, el segundo volumen electoral detrás de los casi 8.700.000 de CambiemosEn ese marco, la ex presidenta considera que su caudal, más la mala performance de figuras emblemáticas de la liga de gobernadores del PJ contrarias a su figura, la perfilan como la dirigente con más chances de liderar la oposición a Cambiemos. La lectura de CFK es que de las PASO (y muy probablemente en octubre) saldrán reforzados dos modelos bien antagónicos: el de Cambiemos y el que ella propone. Según Jorge Fontevecchia, “Cristina Kirchner piensa que Macri, más tarde o más temprano, fracasará estrepitosamente porque el modelo económico que aplica es equivocado, en algún momento se va a quedar sin financiamiento externo por algún vaivén internacional que pueda suceder y cuando eso suceda habrá un colapso. Y quedará demostrado que este modelo económico tiene los mismos problemas que tuvieron otros modelos anteriores, similares a este. Entonces ella será candidata y será electa presidenta como representante de la oposición más extrema a este modelo”

En ese marco, CFK apuesta a que los votos de otros opositores menos nítidos irán convergiendo hacia ella en la medida en que los efectos políticos y socioeconómicos netos del modelo Cambiemos vayan dejando atrás a muchas de las expectativas de mejoría que auparon a Mauricio Macri a la presidencia en 2015 y que le permitieron lograr en las PASO una diferencia mínima por debajo de ella en provincia de Buenos Aires. Respecto a este punto, el consultor Ricardo Rouvier evaluó que “tomando zonas pobres del GBA y del interior del país, se ha registrado un rechazo a Cambiemos menor que lo que la simple lógica económica y sociológica señalaban. Esta afirmación está a contramano de lo que muchos suponían; que en esta oportunidad, y por ese motivo se castigaría al gobierno. Bueno, no es tan así, y las encuestas que señalan generalizada disconformidad con el estado socioeconómico, cosa que es cierta, al desmenuzar la orientación electoral, vemos que intervienen otros factores como neutralizadores o la esperanza al renovar el crédito al gobierno. Pero, la esperanza no es eterna y requiere contar con realidades tangibles a corto o mediano plazo. Es verdad que la mayoría votó preocupada o disconforme con el estado de su economía personal, y espera que la recuperación se produzca”. CFK cree que eso no sucederá, sino al contrario: que habrá expectativas defraudadas y un consiguiente malestar que un opositor nítido como ella (no moderado, ni una figura nueva o de la “tercera vía”) estará en condiciones de capitalizar política y electoralmente.  

Cristina Fernández también tiene en mente su seguro ingreso al Senado nacional: aun si fuera derrotada por Esteban Bullrich en octubre, entraría a ese cuerpo por la minoría. Al mismo tiempo, Sergio Massa quedará fuera de la disputa por el Senado y terminará su mandato en la Cámara de Diputados, lo que mermaría sus chances de pelear por el liderazgo opositor. Se descuenta que el ingreso de la ex presidenta daría otro tono a los debates y a la disputa por la gobernabilidad, agregando peso a su ya fuerte centralidad política en la agenda, pese al embate judicial que enfrenta desde hace tiempo y que se agudizaría. Con referentes alternativos del espacio pan-justicialista debilitados y con otros más propensos a negociar con Cambiemos que a ser opositores netos, más la magra performance de  “terceras vías” como el socialismo en Santa Fe (con el ex presidenciable Hermes Binner) y Evolución en Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la tesis de CFK es que la pelea hacia 2019 se perfila hacia una nueva polarización. Si bien será el centro el que definirá la balanza (como en 2015), la convergencia se realizará en torno a dos posiciones antagónicas: Cambiemos como la síntesis del antikirchnerismo y el kirchnerismo/FPV o bien Unidad Ciudadana como la posición más nítidamente opositora al oficialismo.  Así, CFK cree (y también apuesta a) que los matices, los grises y las posturas del “peronismo republicano” no podrán contrapesar el volumen de los dos polos más nítidos: Cambiemos obtuvo en las PASO del 13 de agosto casi 36% del total de votos nacionales, mientras que el polo K/PV/UC y aliados alcanzó 24,5%, ambos muy por encima de todas las demás expresiones políticas. En ese marco, la hipótesis (y la voluntad de poder) de CFK estriban en que el proceso sociopolítico y socioeconómico que lleva adelante el gobierno de Cambiemos, articulados con la “física” de la fortaleza relativa y la correlación de fuerzas de los respectivos espacios político-electorales desembarcarán, “durkheimianamente”, en una nueva polarización de cara al 2019. 

jueves, 7 de septiembre de 2017

Pos-PASO: del 22-N al 22-O (2)

Decíamos en la entrada anterior que el dilema del espacio pan-justicialista es la falta de un liderazgo unificador como el que tiene Cambiemos. En el ballotage del 22-N, el espacio panjusticialista, unificado, sumó 48,66% de los votos, contra 51,34% de Cambiemos. En las PASO del 13-A, Cambiemos alcanzó 35,09%, un leve avance contra el 34,15% obtenido en la primera vuelta presidencial del 2015, pero el espacio panjusticialista se presentó fragmentado: por un lado, el Frente de Unidad Ciudadana/kirchnerismo (21,08% del total nacional como sello puro) y el peronismo no K (15,25%), lo cual suma un 36,33% del total nacional, apenas por debajo del 37,08% obtenido por el FPV en la primera vuelta del 2015. Si bien la victoria de CFK en provincia de Buenos Aires sobre Cambiemos fue magra (apenas 20.324 votos, un 0,21%), el Frente de Unidad Ciudadana tiene un volumen electoral suficiente para gravitar políticamente, aun si la ex presidenta perdiera en octubre frente a Esteban Bullrich: sólo en PBA, contó con 3.229.194 votos en las PASO. 

A ese volumen se le podrían sumar los obtenidos por las listas del FPV y Unidad Ciudadana en distritos donde concurrió con sello propio o con aliados: Chubut (98.059, con lo cual ganó las primarias), Formosa (dentro del frente oficialista ganador de las PASO, 175.460 votos), Río Negro (ganó las primarias, con 154.090 votos), San Juan (dentro del frente ganador de las PASO, 204.073 votos), Santa Fe (ganó las primarias, con 516.803 votos), Santiago del Estero (dentro del frente ganador, 359.110 votos), San Luis (integró el frente derrotado por Cambiemos, 109.632 votos) y Tierra del Fuego (ganó las PASO, con 19.281 votos). Así, obtenemos un acumulado de 5.913.423 votos a nivel país. Esa sumatoria implica un 24,5% del total nacional, 11,4 puntos porcentuales por debajo de lo obtenido por Cambiemos, 9,25 puntos porcentuales por encima de lo que sumó el peronismo no K a nivel país (15,25%) y 17,12 puntos porcentuales por encima de los votos de 1País (massismo y aliados) a nivel nacional (7,38%). Es decir, en términos de volumen electoral específico, las PASO demostraron no sólo que CFK y el kirchnerismo están vivos políticamente, sino que su caudal electoral está muy por encima de sus rivales y competidores dentro del espacio pan-justicialista. 

Si en la disputa interna por el liderazgo en el espacio pan-justicialista CFK volcara a su favor a los referentes peronistas filo-K de Catamarca (donde el frente PJ ganó las primarias con 99.959 votos), Chaco (también ganador de las PASO, 268.870 votos), Corrientes (205.467), Entre Ríos (331.466 votos), Jujuy (118.714 votos) y Mendoza (355.782 votos), sumaría un caudal adicional de 1.380.258 votos, que llevaría al espacio a un total de 30,2% a nivel país, esto es, a apenas 5,7 puntos porcentuales de Cambiemos. Contra eso, el justicialismo no K sólo podría oponer un volumen de 2.022.197 votos, sumatoria de lo obtenidos en Córdoba (UPC), PBA (Cumplir), La Pampa, La Rioja, Salta y Tucumán, un 8,37% del total nacional. Por supuesto, las chances de una potencial unidad del espacio (e incluso de que se produzca una sumatoria como la que planteamos recién) no pueden superar por ahora el terreno de las hipótesis. Es probable que ni siquiera las elecciones de octubre permitan despejar las incógnitas al respecto, y que las mismas permanezcan hasta las PASO o las generales de 2019. 

Sin embargo, el 22-O sí podría resolver dos cuestiones: del caudal electoral que conserven Florencio Randazzo y Sergio Massa depende que se refuerce el kirchnerismo o “el ala renovadora” dentro del espacio pan-justicialista. Si tanto Cambiemos como el Frente de Unidad Ciudadana crecen a costa de drenar los votos de Cumplir y de 1País en PBA (aunque sea en proporciones diferentes), será más probable que se refuerce la tendencia polarizadora y que la “avenida del medio” del massismo y el “peronismo republicano” se debiliten, lo cual beneficiaría tanto a Cambiemos como a su contraparte negativa, el kirchnerismo, de cara al próximo turno electoral del 2019. Como planteó el consultor Ricardo Rouvier, “el panperonismo, con cada uno de sus fragmentos, participó de las PASO buscando oxígeno para sus pulmones y para poder mantener su vigencia; algunos con el deseo de reunir al peronismo del interior y otros con el deseo de que CFK vuelva a liderar el matrimonio peronismo/kichnerismo. Ambos deseos tienen sus obstáculos para concretarse, y esos obstáculos no solo provienen de los movimientos del adversario sino de la propia interioridad. Frente al esquema tradicional bipartidario, hoy desaparecido, va emergiendo un nuevo escenario político nacional. Así como el kirchnerismo funcionó como vanguardia del peronismo, incluyendo propuestas que superaban al peronismo conservador, el PRO es hoy la vanguardia ideológica de la UCR, que no crece por sí misma, y de la pequeña fuerza Coalición Cívica (...) No se puede negar que en este crecimiento de Cambiemos ha incidido (como ocurre siempre en la política) contar con un adversario suficientemente amenazante como para generar sentido y energía en la construcción de una alternativa. Sobre la negatividad del kirchnerismo se construyeron las bases de Cambiemos. Ahora, al revés, el kirchnerismo hace lo mismo”. Esa motivación del voto (votar a CFK para que no gane el gobierno de Macri, y al revés, votar a Cambiemos para que no gane el kirchnerismo) fue central en provincia de Buenos Aires y el conurbano bonaerense (GBA), donde se dio la elección más voluminosa y polarizada (ver gráfico arriba; click para agrandar), pero también atravesó como eje a gran parte de los demás distritos. 

domingo, 3 de septiembre de 2017

Pos-PASO: del 22-N al 22-O (1)

En la entrada anterior insistíamos en que el resultado de las PASO era mucho fue más fragmentario de lo aparente, pese a que hubo un efecto polarización que reforzó a las dos identidades políticas más nítidas (Cambiemos vs kirchnerismo) en detrimento de las demás posiciones. Planteábamos asimismo que existía un solo cálculo posible a hacer para forzar una polarización nítida: contraponer a los votos de Cambiemos una sumatoria de los votos del FPV (reciclado en FUC) y los del PJ, que nos daría una mínima diferencia a favor del oficialismo. Así, tomábamos una estimación realizada sobre el escrutinio provisorio que arrojaba 8.352.869 votos para el frente Cambiemos y 8.088.960 para el espacio pan-justicialista, lo que porcentualmente implica 50,8% para el oficialismo y 49,1% para el FPJ/FUC-PJ. Como puede advertirse, es una distribución bastante similar a la del ballotage presidencial de 22 de noviembre de 2015, que arrojó 51,34% para Mauricio Macri y 48,66% para Daniel Scioli.

Por supuesto, esta lectura resulta forzada en la medida en que hoy el espacio pan-justicialista se encuentra dividido en tres (sin contar al massismo). Por un lado, el Frente de Unidad Ciudadana/FPV, que es la segunda minoría electoral a nivel nacional y, al igual que Cambiemos con Macri, posee un liderazgo claro: el de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, referente de un espacio que cuenta con 5.851.013 votos en todo el país. Por otro, existe una vertiente “filo K” o cercana al kirchnerismo (es decir, donde el FPV integra las alianzas electorales que lidera el justicialismo o está cercano a su conducción), como sucede en Catamarca, Chaco, Corrientes, Entre Ríos, Jujuy y Mendoza. Este conjunto sumó 1.332.571 votos, pero no tiene un liderazgo unificado, ni siquiera un “primus  inter pares”. Por volumen y antecedentes políticos, dos figuras que podrían ser consideradas como referentes claros de esta vertiente son Jorge Capitanich (ex gobernador del Chaco, ex jefe de gabinete de CFK y ahora intendente de Resistencia) y Lucía Corpacci, gobernadora reelecta en Catamarca, que están además dentro de los frentes ganadores en las PASO; en cambio, en Entre Ríos, Jujuy y Mendoza se impuso Cambiemos, lo que le resta chances a los dirigentes de esos distritos para pelear por el liderazgo de esta vertiente.

Por otro lado, está la vertiente justicialista no K, donde sus referentes compiten o disputan con el kirchnerismo, o bien prefieren una renovación antes que reconocer el liderazgo de CFK. En esta corriente están Cumplir (de Florencio Randazzo) en PBA, UPC de Córdoba, el oficialismo pampeano, el de La Rioja, el de Salta y el de Tucumán. Este conjunto sumó 1.977.886 votos en todo el país, pero aquí tampoco hay un liderazgo reconocido ni un “primus inter pares”. Por volumen y antecedentes políticos, la figura que podría ser considerada una referencia de este espacio es el reelecto gobernador de Salta, Juan Urtubey, uno de los ganadores de las PASO y declarado aspirante a la presidencia. El tucumano Juan Manzur (otro gobernador PJ cuya lista le ganó a Cambiemos  en su distrito) fue ministro de CFK, pero hoy aparece más cerca de Sergio Massa que de competir por un liderazgo nacional. En el caso de La Rioja, la figura más visible a nivel nacional es la del ex presidente Carlos Menem, quien sigue siendo vencedor en su distrito pero ya está desgastado y sin chances de disputar un liderazgo nacional. Por cantidad de votos, las dos referencias más fuertes de este espacio son Cumplir (559.516 votos en PBA) y UPC (546.197), pero ambos fueron derrotados; Randazzo se ubicó cuarto en PBA, mientras que UPC quedó casi 16 puntos detrás del frente Cambiemos en Córdoba, al igual que la lista del gobernador de La Pampa. Esas derrotas le restan chances de pelear por el liderazgo de este espacio. 

Así, el dilema del espacio pan-justicialista es la falta de un liderazgo unificador como el que sí tiene el oficialismo. Tal como anticipamos aquí, el escrutinio definitivo en PBA confirmó la victoria de CFK sobre Cambiemos por 20.324 votos, un 0,21%, lo que también hizo realidad nuestro pronóstico acerca del discurso oficialista, casi un calco del “perdimos por poquito" de Néstor Kirchner en 2009 (ver imagen arriba; click para agrandar). Eso la transforma en la dirigente del espacio con más votos en todo el país, con sólo contabilizar los de PBA: 3.229.194. Ese caudal y la contundente diferencia que obtuvo sobre su desairado aspirante a contrincante interno (Randazzo) obturan las aspiraciones de renovación de sus competidores y detractores. “¿Qué triunfo, en cualquier provincia, vale más en votos que, incluso, una derrota apretada (de CFK) en octubre?, razonan cerca de ella”, planteó acertadamente el columnista Marcelo Falak. 

martes, 29 de agosto de 2017

Pos-PASO: del 13-A al 22-O

Decíamos en el post anterior que el resultado de las PASO fue más fragmentario de lo que parece, pese a que la polarización reforzó a las dos identidades políticas más nítidas (Cambiemos vs kirchnerismo) en detrimento de las demás posiciones. Sin embargo, no puede hablarse de una polarización nítida, puesto que la sumatoria de las dos fuerzas más votadas no llega al 60%, lo cual es una distribución propia de una elección legislativa o de su antesala, las primarias. Con el resultado de las PASO puesto (más allá de los matices que puede arrojar el escrutinio definitivo), existe un solo cálculo posible a hacer para forzar una polarización nítida: contraponer a los votos de Cambiemos una sumatoria de los votos del FPV (reciclado en FUC) y los del PJ, que nos daría una mínima diferencia a favor del oficialismo; ver cuadro arriba; click para agrandar (*). 

Sin embargo, como dijimos, esa lectura es forzada, ya que, como planteó el consultor Ricardo Rouvier, “la tentación de hacer una sumatoria del peronismo se ve imposibilitada por las dificultades de formalizar una unidad. No hay suma, hay división”Por lo tanto, la unidad del espacio pan-justicialista es, en todo caso, algo a construir de cara al 2019 y del todo prematura de cara a las elecciones de octubre. Sin embargo, lo que sí podría producirse en octubre es una polarización mayor, por tres vías principales: 1) que electores que se quedaron sin candidatos o listas por haber elegido algunos que no alcanzaron el mínimo del 1,5% definido en las PASO se decanten por los candidatos o fuerzas principales en la elección general de octubre 2) que algunos electores que, aun habiendo elegido candidatos o fuerzas que pasaron el filtro de las PASO, decidan cambiar su voto en favor de candidatos o fuerzas principales en la elección general de octubre -este punto es clave en provincia de Buenos Aires (PBA) en el tramo de senador nacional, dado que parte de los electores de Florencio Randazzo y Sergio Massa podrían migrar a Cambiemos o a CFK en la elección general, dado que en esos comicios sólo ingresan dos senadores por la fuerza más votada y uno por la segunda fuerza- y 3) que se incremente la participación electoral, es decir, que en octubre concurran votantes que no asistieron en las PASO.  

Respecto a la reorientación del voto a la que se refieren los puntos 1 y 2, ya existen algunos estudios relativos a qué puede suceder en distritos clave, como PBA y Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), que revisaremos pronto. En cuanto al tercer punto, más allá de los datos “blandos” de las encuestas que circulan y las que se vienen, dentro de los “datos duros” de la estadística electoral hay que tener en cuenta que, en términos de participación, la PASO del domingo 13 de agosto fueron las de menor afluencia desde que se estrenaron las primarias. En 2011 (presidenciales) concurrió el 78,67% del padrón, en 2013 (antesala de legislativas de medio término) el 75,01%, en 2015 (presidenciales) el 74,91%, y este año asistió alrededor del 74% (hasta que el escrutinio definitivo confirme el guarismo exacto). Teniendo en cuenta la concurrencia en las elecciones generales, en 2011 asistió el 79,38% (0,71 punto porcentual más que en las PASO del mismo año), en 2013 el 77,17% (2,16 puntos porcentuales más que en las primarias) y en 2015 el 81,07% (6,16 puntos porcentuales más que en las PASO). 

Como puede apreciarse, mientras que en cada primaria asistió un porcentaje menor del padrón total, la participación siempre fue creciente en la general respecto a la PASO y, previsiblemente, mayor en aquellos comicios en los que se votaron cargos ejecutivos (presidente en 2011 y 2015) que en las legislativas de medio término puras o sus antesalas, como en el 2013. En 2011, el principal efecto de las generales fue que la ola ganadora oficialista amplió la ya contundente victoria que había obtenido CFK en las PASO, con lo cual la ex presidenta creció del 50,24% al 54,11%. En 2015 sucedió lo inverso: el hecho de que el oficialismo tuviera chances de ganar en primera vuelta (obtuvo 38,67% en las PASO, contra 24% del segundo candidato más votado y 30,12% de la sumatoria del principal frente opositor) actuó como revulsivo y el incremento de participación electoral benefició relativamente más a Mauricio Macri que a Daniel Scioli del FPV, con lo cual el primero forzó un ballotage que terminó ganando. Mientras Cambiemos sumó alrededor de 1.590.000 votos (23% más que los obtenidos en agosto), el candidato del FPV incrementó su caudal en alrededor de 280.000 votos (un aumento de sólo el 3%). Simplificando, se podría decir que en 2011 los electores que se sumaron en las generales votaron privilegiando lo que querían que pase (la continuidad del oficialismo liderado por CFK), mientras que en 2015 los electores que se sumaron en las generales votaron por lo que no querían que pase (es decir, en contra de la continuidad del FPV en el poder). 

 (*) el cálculo fue elaborado por un analista y retwiteado. No hemos podido rastrear la fuente original y por ello no lo citamos aquí. 

miércoles, 23 de agosto de 2017

Pos-PASO: fragmentación sí, polarización también

Decodificar el resultado electoral de las PASO del 13 de agosto no es sencillo, puesto que existe un solo antecedente reciente de primarias como antesala a una elección de medio término: las del 2013. En esas PASO, el FPV fue primera minoría, con 26,3% del total de votos a nivel nacional, seguido por el Frente Renovador, que sobre la base de un gran resultado en provincia de Buenos Aires alcanzó 13,5%, en tanto que el Frente Progresista Cívico y Social llegó a 8,2% y la UCR al 5,7%. Contra esa primaria, sin dudas el resultado de Cambiemos el pasado 13 de agosto, en torno al 36% en el tramo de diputados nacionales, fue muy bueno. 

En cambio, si el resultado del 13-A se repitiera en las generales del 22 de octubre, no lo sería tanto, pues estaría por debajo de las elecciones de medio término de Raúl Alfonsín en 1985 (43,5%, contra 34,3% del justicialismo), de Carlos Menem en 1991 (40,2%, contra 29% de la UCR), de Néstor Kirchner en 2005 (41,6%, contra 15,3% del radicalismo y aliados). Sí sería mejor que las de elecciones de medio término de Fernando de la Rúa en 2001 (23,3%, contra 36,7% del justicialismo) y de Cristina Fernández de Kirchner en 2009 (30,3%, contra 28,8% del Acuerdo Cívico y Social) y 2013 (33,6%, contra 24,8% del Frente Progresista Cívico y Social). Sin duda, Cambiemos se posiciona como primera minoría de cara al 22 de octubre, pero para hablar de una gran elección de medio término debería superar el 40% a efectos de acercarse a un guarismo “plebiscitario” (como sucedió con Raúl Alfonsín en 1985, Carlos Menem en 1991 y Néstor Kirchner en 2005). El 36% no está muy lejos de esa referencia, pero para rebasar el 40% Cambiemos debería capitalizar el envío de las PASO con una ola ganadora y esperar que no se produzca el efecto contrario que se dio en 2015, cuando las primarias presidenciales dejaron al FPV cerca de ganar la presidencia en primera vuelta, lo cual hizo que en esa instancia se sumaran muchos electores adversos a esa posibilidad. El incremento de la participación electoral del 74,91% al 81,07% benefició relativamente más a Mauricio Macri que a Daniel Scioli y forzó el ballotage, que finalmente ganó el candidato de Cambiemos.

Otro dato clave para la interpretación pasa por la correlación de fuerzas, más importante en términos perceptivos que en aritmética parlamentaria, la cual a priori no cambiaría demasiado en octubre (aunque sí podría modificarse en su dinámica). La condición de primera minoría electoral se produce por la “disciplina” de los votantes respecto al frente donde confluyen sellos como el PRO, la UCR y la Coalición Cívica, principalmente (con matices en los distritos donde el radicalismo apoyó a figuras que compitieron por otros sellos, como Martín Lousteau en Ciudad Autónoma de Buenos Aires). Así, Cambiemos se confirma como una nueva “criatura”, pero aún no puede hablarse de un nuevo partido, sino de una coalición electoral reforzada (más que de gobierno), una amalgama exitosa en las urnas que, con alrededor de 8,3 millones de votos, aventaja a una oposición dispersa en la cual también se destaca una “criatura nueva”: el Frente de Unidad Ciudadana, que en su debut electoral alcanzó alrededor de 5,6 millones de sufragios, aventajando al sello “tradicional” del PJ. Desde este punto de vista, la invención de CFK fue exitosa, pues tiene chances de quedar primera en el escrutinio definitivo de PBA ante Cambiemos y superó claramente a las figuras que esperaban capitalizar un traspié suyo, Sergio Massa y Florencio Randazzo. La pregunta de si CFK hubiera debido aceptar dirimir en primarias el liderazgo con su ex ministro devino abstracta: está claro que apostó (y acertó) a que su figura era más fuerte que el sello del PJ y que una candidatura “renovadora” como la de Randazzo. En eso, el kirchnerismo y Cambiemos se parecen, dado que en CABA también el oficialismo prefirió ir con un sello distinto antes que darle la “interna” a Lousteau (y también ganó lña puja). 

En la misma línea, las derrotas de la listas apadrinadas por figuras de la “liga de gobernadores” del PJ contrarias a CFK, como Juan Schiaretti en Córdoba, Carlos Verna en La Pampa (ambos frente a Cambiemos) y Mario Das Neves en Chubut y Rosana Bertone en Tierra del Fuego (ambos frente al kirchnerismo), dejó a CFK casi en soledad por la pelea del liderazgo en el espacio pan-justicialista, con excepción del gobernador salteño Juan Urtubey, nuevamente victorioso en su provincia pero con un caudal de votos incomparable con la cosecha del FUC a nivel nacional. Asimismo, el kirchnerismo también se impuso en dos provincias gobernadas por otras fuerzas, como la estratégica Santa Fe (aventajó a Cambiemos y al socialismo gobernante) y Río Negro (donde superó a Cambiemos y a la lista del gobernador Alberto Weretilneck). En esta línea, un mapa político distrital alternativo al que vimos en el post anterior mostraría un país fragmentado en 4 fuerzas: 10 distritos favorables a Cambiemos, 1 para Unidad Ciudadana en soledad (PBA), 8 para frentes justicialistas con el kirchnerismo integrado y 3 para frentes justicialistas sin el kirchnerismo integrado (ver arriba mapa elaborado por Adán de Ucea). Esto refuerza nuestra lectura de que el resultado fue más fragmentario de lo que parece, pese a que la polarización reforzó a las dos identidades políticas más nítidas (Cambiemos vs kirchnerismo) en detrimento de las demás posiciones.