miércoles, 28 de diciembre de 2016

Un año de gobierno Cambiemos: correspondencias y regularidades estadísticas (3)


En los últimos días se agregaron dos estudios nacionales que actualizan la imagen del oficialismo y que es pertinente incorporar a nuestra serie de posts. El primero de ellos es el de la consultora Elypsis, que muestra que la imagen positiva del presidente Mauricio Macri cayó en diciembre al 41%, lo cual la ubica en su nivel más bajo de todo el año 2016. Asimismo, la negativa alcanza 40%, lo cual implica un empate técnico entre la evaluación favorable y la desfavorable, dado que la diferencia de un punto porcentual no es estadísticamente significativa (ver datos arriba; click para agrandar).

Respecto a la medición de noviembre pasado, la positiva cae 6 puntos porcentuales y la negativa sube 8 puntos porcentuales. Ambas variaciones tienen significatividad estadística, y como la regular cae del 21% al 19%, el movimiento en conjunto implica una transferencia mayoritaria de las variaciones hacia la imagen negativa. De este modo, la evaluación favorable del presidente está algo por encima del orden de magnitud de los votos que obtuvo Macri en la primera vuelta presidencial de 2015 (41% contra 34%), mientras que la desfavorable está en el orden de magnitud de los votos que obtuvo el candidato presidencial del FPV, Daniel Scioli, en esa misma instancia (40% contra 37%). El descenso de la imagen regular reinstala así un panorama que tiende a polarizarse más que nunca si se lo compara contra los meses anteriores del 2016. 

El segundo estudio a considerar es el del Centro de Opinión Pública y Estudios Sociales (Copes) dependiente de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA), titulado "Balance del año y perspectivas para el 2017 - Informe Final". Según este documento, la calificación del gobierno en el marco del primer año de gestión del presidente Mauricio Macri arroja que  "la evaluación modal" (es decir, la respuesta que más se repite), es "regular" (27%) aunque la consideración "muy malo" (19,7%) supera en 15 puntos a la de "muy bueno" (4,9%). Por otro lado, un 22,5% calificó al actual gobierno como bueno y un 23,1% como malo. Así, el acumulado de imagen positiva da 27,4%, contra un 42,8% de imagen negativa, lo que implica un saldo neto desfavorable de 15,4 puntos porcentuales, estadísticamente significativo. 

Con estos datos, la evaluación positiva del primer año de gobierno de Mauricio Macri en este estudio se ubica apenas por encima del orden de magnitud de los votos que él obtuvo como candidato presidencial en las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO) de agosto del 2015: 27% contra 24%. En cambio, la negativa acumulada está por encima del orden de magnitud de los votos que obtuvo en la misma instancia Daniel Scioli como candidato del FPV: casi 43%, contra 38%. En síntesis, de las últimas 6 mediciones nacionales analizadas, la del Copes es la más desfavorable al oficialismo junto con la de Management & Fit que vimos oportunamente y que cifraba la positiva en 25,9%, la regular en 31% y la negativa en 43,1%. 

lunes, 26 de diciembre de 2016

Un año de gobierno Cambiemos: correspondencias y regularidades estadísticas (2)


En el post anterior construíamos un promedio de la imagen del gobierno a partir de 4 mediciones, las de Synopsis OPSM, Elypsis y Management & Fit. De ahí resultaba una imagen positiva de 38%, una regular de 25,8% y una negativa de casi 36%, que evaluábamos como una distribución bastante representativa de las tendencias de la coyuntura. Sintomáticamente, podemos además entrever otra correspondencia a partir del estudio más reciente de los 4 (el de Synopsis): la que surge de la alineación entre la imagen positiva y la intención de voto al oficialismo de cara a las elecciones de medio término del 2017. Veamos:

Según ese estudio, al igual que en el mes anterior, en diciembre se insinúa una merma en la intención de voto al oficialismo, aunque al ser de sólo 0,7 puntos respecto del mes anterior no puede considerarse estadísticamente significativa. También cae la intención de voto a otra fuerza política y crecen levemente los indecisos que llegan a 19,9% de los consultados. El 37,8% votaría por el oficialismo, mientras que el 42,3% a otra fuerza política (ver datos arriba; click para agrandar). De acuerdo al informe, entre las principales motivaciones a la hora de definir el voto a Cambiemos, el votante permeable al oficialismo prioriza con el 44,7% a la respuesta “que se haga justicia con la corrupción”; un 19,6% “sentirme protegido de la inseguridad”, un 18,8% “que me alcance el sueldo para vivir”; un 13,0% “tener estabilidad laboral”; y un 3,9% “otros motivos”. En tanto, entre las razones que motivan la actitud favorable al voto a la oposición predominan las económicas: un 40,0% menciona “que me alcance el sueldo para vivir”; un 29,5% “tener estabilidad laboral”; un 10,4% “que se haga justicia con la corrupción”; un 7,0% “sentirme protegido de la inseguridad”; y un 13,1% “otros motivos”.

Un dato interesante: si se observa la serie de imagen positiva y se la compara con la intención de voto a Cambiemos, se puede apreciar que cuando la primera cae, la segunda también lo hace: en el trimestre octubre-noviembre-diciembre, la imagen favorable evolucionó así: 41%-40%-37,3%. ¿La intención de voto? 40,3%-38,5%-37,8%. Mes a mes, las variaciones son mínimas, pero se hacen más sensibles entre puntas. Por supuesto, si el oficialismo lograra fidelizar ese casi 38% contra una oposición dispersa (es decir, que el 42,3% se dividiera entre el FPV y otros sellos políticos, en lugar de encolumnarse detrás de una sola fuerza), conservaría las chances de ser primera minoría electoral a nivel nacional. Ese resultado, sin embargo, no sería del todo satisfactorio si Cambiemos perdiera en provincia de Buenos Aires (PBA) aunque conservara el primer lugar en el total nacional, dado que ese distrito impregna la decodificación general pos-electoral (como se vio en las elecciones de medio término del 2009 y el 2013, cuando el FPV cedió PBA, aunque ganó en la sumatoria general). 

Peor aún, si la tendencia descendente en el voto oficialista que se observa se profundizara, podría ser el propio resultado general el que entrara en zona de riesgo. Por otro lado, la encuesta de Synopsis nos permite a su vez calcular un nuevo promedio, en este caso de intención de voto. Tomamos para este caso el estudio de OPSM oportunamente citado y el de Synopsis y dividimos por 2 mediciones, de lo que obtenemos un 37,5% de intención de voto permeable al oficialismo y un 47,8% permeable a la oposición. 

viernes, 23 de diciembre de 2016

Nota publicada en suple Tendencias de La Voz

Diez regalos de Navidad que los chicos van a adorar

Como cada fin de año, diversas marcas y locales se anticipan a las fiestas ofreciendo promociones para obsequiar (y regalarse). Veamos alternativas :
 • Tendencias

Por Norman Berra (Especial)


http://www.lavoz.com.ar/listas/diez-regalos-de-navidad-que-los-chicos-van-adorar#!?item=1


Un año de gobierno Cambiemos: correspondencias y regularidades estadísticas (1)


El análisis de diversos datos nacionales de aprobación e imagen a fines de 2016 y transcurrido un año de gobierno de Cambiemos permite detectar ilustrativas correspondencias y regularidades estadísticas que resulta pertinente tener en cuenta. Recordemos, en ese marco, que la última encuesta nacional de Gustavo Córdoba y Asociados cifraba en 50% la aprobación de la gestión presidencial de Mauricio Macri, con un 49% de desaprobación. Esto es, un empate técnico (la diferencia de 1 punto porcentual no es estadísticamente significativa); vale decir, la mitad de los electores argentinos aprueba a Macri y la otra mitad no. Por su parte, la más reciente medición de la consultora Quiddity, realizada telefónicamente a nivel nacional con una muestra de 1.867 casos, arroja que el 48% aprueba la gestión de Macri y el 50% la desaprueba (ver datos arriba; click para agrandar). Esto confirma la proporción 50/50 en materia de aprobación/desaprobación, lo que se consolida como una regularidad estadística. 

Pasemos a la valoración de imagen: de acuerdo al más reciente informe de Synopsis Consultores, a partir de un estudio de alcance nacional realizado entre el 8 y 9 de diciembre con una muestra de 1.767 casos en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), el conurbano bonaerense y las principales ciudades del interior del país, la imagen negativa (38,8%) del gobierno nacional supera la positiva (37,3%). Comparada con la medición anterior, la imagen positiva cede 2,7 puntos porcentuales, mientras que la imagen negativa asciende 4,6 puntos porcentuales, con lo cual la valoración del desempeño de la actual gestión volvió a mostrar un diferencial negativo, tal como sucedió en agosto pasado en las mediciones de Synopsis (ver datos abajo; click para agrandar). 

La diferencia entre la negativa y la positiva es de 1,5 puntos porcentuales, por lo cual no puede considerarse estadísticamente significativa; vale decir, al igual que sucede con aprobación/desaprobación, que hay un empate técnico entre quienes valoran positivamente la gestión de Cambiemos y quienes la califican de manera negativa. Asimismo, puede interpretarse que la calificación favorable (37%) está en el orden de magnitud de los votos obtenidos por Macri en la primera vuelta presidencial de octubre de 2015 (34,15%), mientras que la calificación desfavorable (casi 39%) está en el orden de magnitud de los votos obtenidos por Daniel Scioli, el candidato del Frente para la Victoria, en la misma instancia (37,1%). El regular (22,9%), por su parte, está en el orden de magnitud de los votos obtenidos por UNA/Frente Renovador en los mismos comicios generales (22,4%), distribución que también se ha repetido otras veces, como lo hemos visto en este blog, y que se insinúa como otra regularidad estadística.  

Finalmente, si sumamos los resultados que Synopsis reporta en la evaluación de imagen del gobierno Cambiemos a los de tres consultoras que citamos en recientes post (OPSM, Elypsis y Management & Fit), podemos calcular un nuevo promedio, ahora compuesto de 4 mediciones. De eso resulta que el gobierno del presidente Macri tiene una imagen positiva de 38% (idéntica al promedio anterior obtenido con 3 mediciones), una regular de 25,8% (algo menor al 27% obtenido antes) y una negativa de casi 36% (35,7%, es decir apenas por encima del 35% anterior). Así, podemos evaluar que esa distribución es bastante representativa de las tendencias de la coyuntura.  



miércoles, 21 de diciembre de 2016

Un año de gobierno Cambiemos: lecturas de cara al 2017 electoral (2)


Cerrábamos el post anterior citando la última encuesta del CEOP. Respecto a la estructuración de la postura frente al gobierno en tres segmentos a un año de gestión (un 30,1% de oficialistas, un 41% de opositores y un 28,9% de independientes pragmáticos); Roberto Bacman interpreta que “Macri se sostiene en los oficialistas, que obviamente son aquellos que lo apoyan contra viento y marea. Esto es lógico. Pero lo que sorprende y lo diferencia, es que alrededor de la mitad de los pertenecientes al segmento de los independientes aún no han perdido la esperanza. Casi seguro que son una parte de los que lo votaron en el ballottage y mantienen la esperanza. Si esto no funcionara así, el descenso hubiese sido más pronunciado. Pero los independientes son muy pragmáticos y el desafío de asegurarlos es sustancial. Si pierden definitivamente las esperanzas será una cuesta difícil de remontar”

En los conglomerados donde el sesgo opositor es más fuerte que el oficialista se ponen de manifiesto los riesgos que enfrenta Cambiemos de cara al 2017 electoral. Es el caso del Gran Buenos Aires (GBA) donde, según la última encuesta de Analogías, Cristina Fernández de Kirchner encabeza las preferencias electorales  con un 31,57%, seguida por Elisa Carrió, con un 25,8% de intención de voto, y Sergio Massa con un 23,7% de adhesiones. Los datos se desprenden de un sondeo efectuado por la consultora que dirige Analía del Franco, que relevó las opiniones de los vecinos de 28 distritos que conforman el primer, segundo y tercer cordón del conurbano bonaerense. La muestra, de una enorme robustez casuística (19.500 casos, distribuidos por variables de sexo, edad y nivel educativo de acuerdo a los parámetros resultantes del Censo 2010 correspondientes a cada distrito relevado) indagó la intención de voto de los encuestados ante un eventual escenario electoral en el que participaran la ex presidente, la titular y ex candidata presidencial de la Coalición Cívica Elisa Carrió (por el frente Cambiemos) y el líder y diputado del Frente Renovador y ex candidato presidencial como principales postulantes a senador nacional por la provincia de Buenos Aires. Es decir, tres pesos pesados en un escenario de alta competitividad.

La diferencia de 5,7 puntos porcentuales entre CFK y Carrió es estadísticamente significativa, mientras que la brecha entre esa precandidata y Sergio Massa (2,18 puntos porcentuales) implican un empate técnico (ver datos arriba; click para agrandar). Según el estudio realizado entre el 1 y el 10 de diciembre,  CFK alcanza registros especialmente altos entre los jóvenes, en los distritos de menor nivel socioeconómico y los sectores con nivel educativo hasta primario completo (es decir, los más expuestos a los efectos del programa político-económico de Cambiemos). Por contrapartida, Elisa Carrió se fortalece en los distritos más cercanos al interior de la provincia y alejados de la Capital y entre los sectores de edad más avanzada y de mayor nivel educativo (ver datos abajo: click para agrandar). Massa también mejora entre los encuestados de mayor edad; su intención de voto es mayor en el GBA y decrece a mayor nivel educativo. Por otro lado, un 4,85% de los encuestados afirmó que votaría a la izquierda (sin especificar una figura), en tanto que 5,67% optó por otro candidato no incluido entre estas opciones y un 8,33% afirmó no tener la decisión de voto tomada entre las alternativas propuestas.

Entre los 28 partidos del GBA relevados, CFK se impone en 17, en tanto que Massa resulta la opción más elegida en 5 distritos y Carrió en 6; esto implica que, si las elecciones fueran hoy, la disputa entre Cambiemos y el Frente Renovador quedaría abierta (vale decir que el oficialismo podría quedar tercero). Este dato es clave, por la gravitación electoral de este conglomerado a nivel nacional: recordemos que la provincia de Buenos Aires tiene un peso de casi 40 puntos en el total del electorado nacional, y 25 de esos puntos los toma el conurbano bonarense (GBA). Un revés oficialista en ese conglomerado comprometería las chances de Cambiemos en el total provincial y tendría repercusiones nacionales. 



lunes, 19 de diciembre de 2016

Un año de gobierno Cambiemos: lecturas de cara al 2017 electoral (1)


Decíamos en nuestra síntesis de las dos entradas previas que del análisis de las variables de aprobación y desaprobación y de imagen del gobierno nacional podía concluirse que, con matices mínimos, en el primer caso se reproduce la distribución polarizada del ballotage (51%) y 49%), mientras que el segundo replica la distribución fragmentada de la primera vuelta presidencial del año pasado (entre 35% y 37% de evaluación favorable al oficialismo, 27% de regulares y 35% de evaluación desfavorable). Este es el plexo de creencias y opiniones que subyace a las actitudes electorales que las encuestas también van midiendo de cara al 2017; vale decir que las tendencias de intención de voto hacia la elección de medio término son pertinentes, pero deben ser leídas con ese plexo como marco de referencia. Veamos: 

Según la consultora Elypsis, provincia de Buenos Aires (PBA) se confirma como “la madre de todas las batallas” de cara al 2017. En su encuesta realizada a fines de noviembre (antes del issue “Ganancias”), en ese distrito Sergio Massa subía 4 puntos porcentuales de intención de voto, hasta llegar al 21%; con eso, el tigrense quedaba a 8 puntos porcentuales en una hipotética competencia entre Mauricio Macri y Cristina Fernández por la presidencia (cada uno, con 29%). Está claro que este escenario es extemporáneo (no se vota presidente en 2017), pero sirve a los efectos de calibrar la fortaleza política del espacio oficialista (Cambiemos) y de los dos principales espacios opositores (Frente para la Victoria/FPV y Frente Renovador/FR), toda vez que están medidos los líderes de cada espacio político. Dato clave: según esta consultora, de una medición a otra el escenario se “despolarizó” (caen Macri y CFK, aunque más el primero), lo que favorece a Massa (ver datos arriba; click para agrandar). 

Un panorama más prometedor para el oficialismo es el que surge de la última encuesta nacional de OPSM. Ante la consulta sobre a cuál fuerza política está "más inclinado a votar", los resultados de la consultora dirigida por Enrique Zuleta Puceiro revelan que Cambiemos encabeza la predisposición electoral, con un 37,1%; le sigue el FPV, con 22,7%; luego se ubican el Peronismo Federal (no K) con 12,5%, y el Frente Renovador, con 11,8%. En este caso, el guarismo del oficialismo (37%) está en el mismo orden de magnitud que el promedio de opiniones positivas que vimos en el post anterior (38%), mientras que los de las demás fuerzas fragmentan las evaluaciones regulares y negativas de la gestión. Se podría interpretar que Cambiemos tiene fidelizado, con matices mínimos, el voto que logró en la primera vuelta presidencial del 2015 al cabo de su primer año de gestión, pero no logra avanzar sobre otros electores. Aun así, si lograra mantener alineado ese 37%, podría enfrentar con éxito la elección de medio término. 

El panorama cambia en la última encuesta del CEOP. Según la consultora que dirige Roberto Bacman, a un año de gestión se detectan los clásicos tres segmentos: un 30,1% de oficialistas, un 41% de opositores y un 28,9% de independientes pragmáticos, que son aquellos que se autodefinen como “ni oficialistas ni opositores”. Aquí, se puede interpretar que Cambiemos fideliza la sumatoria de los votos que lograron los tres precandidatos del frente en las primarias de agosto (Mauricio Macri+ Ernesto Sanz + Elisa Carrió=30,12%), mientras que el 41% de opositores está en el orden de magnitud de los votos logrados por el FPV en la primera vuelta (37%) y los independientes en el orden de magnitud de los votos acumulados obtenidos por las demás fuerzas también en octubre (FR/Sergio Massa+PTS/Nicolás del Caño+GEN/Margarita Stolbizer+Compromiso Federal/Adolfo Rodríguez Saá). “Hace un año, cuando Macri asumía la presidencia (…) los oficialistas lograban un 45,2%, los opositores un 38,7% y los independientes representaban tan sólo un 16,1% de la sociedad. ¿En qué se sustentaba esta fortaleza de arranque del oficialismo? La esperanza se había instalado con mucha mayor fortaleza tras el triunfo de Macri en la segunda vuelta (…) . Mientras que en diciembre de 2015 los oficialistas superaban a los opositores en casi siete puntos, en la actualidad los opositores superan a los oficialistas en 11 puntos, o sea que hubo un cambio de lado de 18 puntos", apunta Bacman. 

viernes, 16 de diciembre de 2016

Nota publicada en suple Tendencias de La Voz

Traductores: la comunicación universal al alcance de la mano


 

Por Norman Berra (Especial)

“Toda la Tierra tenía una misma lengua y usaba las mismas palabras. Los hombres, en su emigración hacia Oriente, hallaron una llanura en la región de Sena-ar, se establecieron allí y se dijeron: «Hagamos ladrillos y cozámoslos al fuego (…) Edifiquemos una ciudad y una torre cuya cúspide llegue hasta el cielo».

http://www.lavoz.com.ar/tecno/traductores-la-comunicacion-universal-al-alcance-de-la-mano#!/



miércoles, 14 de diciembre de 2016

Un año de gobierno Cambiemos (3): un panorama fragmentado en términos de imagen


En el post anterior tomábamos 4 mediciones sobre aprobación y desaprobación del gobierno de Cambiemos a 1 año de gestión (consultoras Taquión + Management & Fit + Gustavo Córdoba y Asociados + Poliarquía). Luego de revisar los datos de cada una, hacíamos un promedio de esos 4 estudios agregados: allí, veíamos que la aprobación de la presidencia de Mauricio Macri alcanza el 48,4% y la desaprobación el 47,6%, un panorama polarizado, bastante similar al arrojado por el ballotage del año pasado (2,9 puntos de aprobación menos que el 51,3% que Mauricio Macri obtuvo el 22-N y 1 punto porcentual menos que el 48,6% obtenido por Scioli, del FPV. En esta entrada, podemos hacer el mismo ejercicio con las mediciones de imagen. Veamos: 

Según la última encuesta nacional de Elypsis, la imagen presidencial tiene un 47% de positiva, un 30% de negativa y un 23% de regular (ver datos arriba; click para agrandar). En este caso, si bien la positiva no llega al umbral del 50% y se ubica en la “zona crítica” de Morris, sólo 3 puntos porcentuales separan al presidente de esa referencia. Esto ubica a la de Elypsis como la medición más favorable de las tres que analizaremos en este post (aunque se refiere a imagen presidencial más que a evaluación de gestión). Por contrapartida, el panorama más desfavorable es el que arroja la última encuesta de Management & Fit: aquí, el 43,1% de los argentinos cree que el primer año de gestión del presidente Mauricio Macri fue negativa o muy negativa, mientras que el 25,9% la encontró positiva o muy positiva.  En este caso, además, más de la mitad de los argentinos (el 51,6%) considera que el mandatario no está cumpliendo con sus promesas de campaña, contra un 34,4% que considera que lo hace pero de modo parcial. Sólo el 7,3% de los encuestados cree que Macri cumple sus promesas. Dentro de las razones, se baraja que el mandatario no tiene intención de cumplirlas (32%), no sabe cómo cumplirlas (27,4%), no tuvo tiempo para cumplirlas (24,25%&). 

La proporción de los críticos que creen que Macri no está cumpliendo sus promesas está en el orden de magnitud del voto del FPV en el ballotage de noviembre del 2015, mientras que la de los que creen que cumple en parte está en el orden de magnitud del voto de Cambiemos en la primera vuelta presidencial de octubre del año pasado. Por otro lado, según la más reciente encuesta nacional de OPSM (dirigida por el consultor Enrique Zuleta Puceiro), un 41,7% considera como "positivo" y "muy positivo" el desempeño de Macri; un 26,1% lo califica como regular y un 30,7% como “malo” o “muy malo”. En este caso, la evaluación está por arriba de la que vimos en el estudio de M&F, pero por debajo de la que arrojaba Elypsis. El panorama cambia cuando OPSM releva las opiniones acerca de cómo marchan las cosas en el país,  que se distribuyen en tres tercios: “un tercio de juicios positivos, un tercio de regulares y un tercio de negativos", revela el informe, mostrando entonces una fragmentación a la que ya hemos aludido en otras oportunidades en este blog. 

Haciendo un promedio de las 3 mediciones de imagen citadas, obtenemos un 38% de evaluaciones positivas, 27% de regulares y 35% de negativas. El 38% de favorables está en el orden de magnitud de los votos obtenidos por Cambiemos en la primera vuelta presidencial del año pasado (34%), en tanto que el 35% de desfavorables está en el orden de magnitud de los votos obtenidos por el Frente para la Victoria en esa misma instancia (37%). Por su parte, el 27% de regulares está en el orden de magnitud de los votos obtenidos por las otras fuerzas en primera vuelta (Frente Renovador/UNA (Sergio Massa)  + Frente de Izquierda/PTS (Nicolás del Caño) + GEN (Margarita Stolbizer) + Compromiso Federal (Adolfo Rodríguez Saá) = 30,34%). La diferencia de 3 puntos porcentuales entre la imagen positiva y la negativa no es estadísticamente significativa, por lo que implica un empate técnico: lo mismo que veíamos al analizar aprobación/desaprobación en la entrada anterior. En síntesis, del análisis de las variables de aprobación y desaprobación y de imagen puede concluirse que, con matices mínimos, en el primer caso se reproduce la distribución polarizada del ballotage, mientras que en la evaluación de imagen se reproduce la distribución fragmentada de la primera vuelta presidencial del año pasado.

lunes, 12 de diciembre de 2016

Un año de gobierno Cambiemos (2): un panorama polarizado entre aprobación y desaprobación


Poco antes de cumplirse el primer año de gobierno, varias consultoras actualizaron sus mediciones de aprobación y desaprobación del desempeño de la gestión de Mauricio Macri. Así, Management & Fit realizó entre el 26 de noviembre y el 1° de diciembre un sondeo a 2.000 personas (de 16 a 70 años),  haciendo foco en el balance del período. Ante la consulta sobre “la forma en que Mauricio Macri conduce el Gobierno”, el resultado fue parejo: un 43,6 % aprobó al presidente, contra un 42,4 %, que lo desaprobó. Dado que el estudio tiene un margen de error de +-2,2%, la diferencia de 1,2 puntos porcentuales no es estadísticamente significativa, por lo cual implica un empate técnico entre aprobación y desaprobación y devuelve un panorama polarizado en la opinión pública. 

En segundo término, en el análisis de decisiones políticas clave tomadas por la administración de Cambiemos, la reparación histórica a jubilados encabeza el podio de las consideradas "mejores medidas" tomadas, con un 22,4 % de apoyo. La ampliación de la Asignación Universal por Hijo (13,8 %) y la baja en los subsidios en servicios públicos (10,7 %) son las que le siguen. Sin embargo, un alto porcentaje (20,1 %) no supo o no quiso elegir cuál medida le parece mejor. De manera consistente con el panorama polarizado que se advierte, algunos de estos mismos temas se repiten en la selección de las elegidas como "peores medidas" económicas sociales tomadas por Cambiemos. La baja de los subsidios encabeza ese listado (20,2%), seguida por el acuerdo con los fondos buitre (15,8%) y la ampliación de la AUH (9,6%). Un 25,5 % respondió con: “no sabe o no contesta”. En comparación, el politólogo Andrés Daín apuntó que “las principales medidas del kirchnerismo (estatizaciones, AUH, Conectar igualdad, jubilaciones, etc.) superaban largamente el 60% de aprobación (llegando a pasar el 80% en muchos casos)”, lo cual implica un resultado magro para el presidente Macri en su primer año de gobierno.

Los estudios de Poliarquía también arrojan un panorama polarizado: el consultor Eduardo Fidanza confirma esa paridad y apunta un dato que tal vez esté en la base de la esperanza de una parte de la población: “Macri necesita tiempo, argumentan. Nuestra encuesta indica que el gobierno tiene la aprobación del 55 por ciento y el rechazo del 44. La desaprobación proviene básicamente del electorado que votó al FPV en el ballottage y el gobierno conserva un nivel relativamente alto de aprobación entre los votantes de Massa”. Por su parte, según una encuesta telefónica realizada por la consultora Taquion y difundida desde el Centro de Opinión Pública de la Universidad Abierta Interamericana (UIA), el 45% de los argentinos evalúa positivamente la gestión de este primer año de gobierno, mientras que el 55% lo evalúa negativamente.Este sondeo se llevó a cabo sobre 1.000 casos a nivel nacional, mediante cuestionario cerrado, entre el 1° y el 7 de diciembre último.

A su turno, la consultora Gustavo Córdoba y Asociados realizó una encuesta en todo el país analizando los primeros 12 meses de la administración Cambiemos. Allí, en un muestreo realizado sobre 1.280 casos entre el 3 y el 6 de diciembre, el principal resultado que arroja es que el 80% de los argentinos consideran que el primer mandatario gestiona “lento” o “muy lento”. En materia de aprobación, el estudio arroja que el 50% aprueba la gestión y el 49% la desaprueba; nuevamente, un empate técnico (ver cuadros arriba; click para agrandar). Un dato clave: uno de cada cuatro votantes propios de Cambiemos desaprueba lo realizado por la alianza gobernante. En síntesis, si tomamos estas 4 mediciones y hacemos un promedio, vemos que la aprobación es de 48,4% y la desaprobación de 47,6%, lo cual arroja un panorama polarizado, bastante similar al arrojado por el ballotage del año pasado: 2,9 puntos de aprobación menos que el 51,3% que Mauricio Macri obtuvo el 22-N y 1 punto porcentual menos que el 48,6% obtenido por Scioli (FPV).

viernes, 9 de diciembre de 2016

Un año de gobierno Cambiemos (1): en Córdoba, la imagen positiva de Macri perforó el 40%


Habiendo dedicado una serie de posts al análisis de coyuntura y tendencias socioeconómicas, la cercanía del primer aniversario de gobierno de Cambiemos (se cumple mañana) impone volver a las tendencias de opinión pública. El caso Córdoba, distrito en el que Cambiemos hizo en el ballotage la diferencia que consagró a Mauricio Macri presidente, es sintomático. El segundo semestre de mejoría que el gobierno de Cambiemos prometió y no se produjo impactó en la evaluación de gestión de la presidencia de Mauricio Macri: la imagen positiva de la gestión presidencial alcanza el 38 por ciento. Casi la misma proporción de cordobeses (36%) tiene una opinión regular de ella, mientras que un 25 por ciento tiene una opinión francamente negativa de la gestión Macri (ver datos arriba; click para agrandar).

El dato surge de la última encuesta realizada en noviembre por la consultora Delfos en Córdoba Capital y 13 ciudades del interior provincial, que componen una muestra representativa de toda la provincia con 1.800 casos y un error muestral de +-2,3%. El estudio también arroja que la imagen positiva es mayor en Córdoba Capital (42%) que en el interior (34%), mientras que las evaluaciones regulares y negativas presentan menos matices territoriales. Si se considera el promedio de imagen positiva en lo que va del segundo semestre de 2016, el resultado es 37 por ciento; esa proporción está en el orden de magnitud de los votos obtenidos por el presidente Macri en la provincia de Córdoba en las elecciones primarias (PASO) de agosto del 2015 (35,38%) y muy por debajo de sus resultados en la primera vuelta de octubre (53,24%) y el ballotaje de noviembre (71,51%). En rigor, comparando con los resultados del “22-N”, el acompañamiento a Macri descendió a la mitad (de casi el 72%, al 37%), mientras que el promedio de imagen negativa (25%) está en el orden de magnitud de los votos obtenidos por el candidato del Frente para la Victoria, Daniel Scioli, el 22 de noviembre (28,5%).

En enero de 2016, el presidente Macri tenía en Córdoba una imagen positiva del 59 por ciento, lo que implica que perdió 21 puntos porcentuales desde ese valor pico. En marzo pasado, perforó el umbral de los 50 puntos (obtuvo 46%, ubicándose ya en la zona que el consultor Dick Morris define como crítica, por implicar menos de la mitad de apoyo). A su turno, junio fue el último mes en el cual su imagen positiva estuvo por encima del umbral de los 40 puntos: obtuvo 42%. En julio, la imagen positiva cayó hasta 36%, proporción que se repitió en agosto y que supone el valor más bajo desde que es presidente. Luego, se estabilizó entre el 37% y el 38% con el que está cerrando el año (ver datos abajo; click para agrandar).

Finalmente, si se indaga cuál es la postura de los cordobeses frente a la gestión de Macri, se obtiene una distribución de actitudes similar a la que arroja la imagen: 4 de cada 10 cordobeses se sienten adherentes o más adherentes que opositores; un tercio se siente equidistante entre adherentes y opositores, y 1 de cada 4 se siente opositor o más opositor que adherente. Al igual que en imagen, la adhesión es mayor en Córdoba Capital (48 por ciento) que en el interior provincial (35 por ciento).



martes, 6 de diciembre de 2016

De los globos amarillos a la alerta roja (3)


Como venimos viendo, el relato de Cambiemos exagera el peso de la herencia recibida (habla de 5 años de estancamiento en la economía, lo cual según sus propias estadísticas oficiales no es cierto). Al mismo tiempo, exagera las propias bondades de su programa económico: prometió una inflación no mayor al 25% para este año (rondará el 40%) y recuperación de la actividad en el segundo semestre (tampoco cumplirá, y el PBI caerá entre el 2% y el 2,5%). Con esos fallidos, nos preguntábamos si la previsión de crecimiento de 3,5% para 2017 es de fiar: varios economistas vienen señalando que ese pronóstico puede ser también exagerado, estimando en cambio un rebote similar a la caída de este año (entre 2,2% y 2,8%), con lo cual la actividad económica, en rigor, tendrá el mismo “tamaño” que en el 2015.  

Un crecimiento en el orden del 3% anual o incluso por debajo para 2017 no es auspicioso de cara a ese año electoral; luego del malestar socioeconómico neto con el que cerrará este año, el gobierno necesita generar bienestar para mejorar sus chances electorales en un Congreso en el cual es minoría. En ese marco, la demora de las inversiones es tanto más preocupante en la medida en que cada vez más voces, en público o en privado, atan su llegada al resultado electoral del 2017: esto es, vendrían luego de que Cambiemos ganara las elecciones (y si es que gana). Ya se pronunciaron públicamente en ese sentido varios empresarios (Jaime Garbarsky de Ecipsa, Jorge Brito de Banco Macro, entre ellos), lo cual es un problema, pues el gobierno necesita que esas inversiones lleguen antes de las elecciones para tener mejores chances de ganar. Así, hay expectativas cruzadas y contradictorias entre los potenciales inversores y el gobierno. 

Una cita del politólogo Guillermo O´Donnell puede ilustrarnos respecto a por qué sucede esto: "El gran problema inicial no es sólo que los 'técnicos' liberales ganen el control de, al menos, el aparato económico del Estado. Tampoco lo es que tengan antecedentes irreprochables para sus interlocutores internos y externos, ni que se extremen en profesiones de ortodoxia; ni siquiera es suficiente que las medidas que adoptan sigan claramente la orientación codificada. (…). Para que la reaparición de aquellos ‘técnicos’ pueda cambiar las expectativas tienen que darse además otros requisitos, en los que descubrimos que el problema está lejos de ser puramente económico. Ellos son: 1) tiene que ser verosímil que los políticas de normalización se irán decidiendo e implementando, y se mantendrán, por todo el tiempo necesario para que rinda predecible. Hay un tránsito, que cubre un lapso más o menos prolongado, durante el cual es necesario que se prediga que se mantendrá la ortodoxia; de otra manera, las aprobaciones necesarias quedarían en suspenso y, sobre todo, las predicciones (y consiguientes comportamientos) seguirían siendo negativos -con lo que la normalización sería inviable por carencia de una de sus condiciones necesarias-; y 2) como la decisión de mantener la ortodoxia no flota en un vacío social, para revertir aquellas expectativas es necesario también que, en contraste con lo que enseña la fresca memoria del Estado pretoriano, exista capacidad y voluntad de prevenir, y llegado el caso derrotar, las alianzas y oposiciones que pueden surgir contra las políticas ortodoxas. Esto equivale a decir que tiene que haberse producido, efectiva y reconocidamente un cambio en el tipo de Estado (…) una radical modificación en las bases sociales de un Estado que ahora parece capaz de extender una garantía de recuperación de las condiciones generales de funcionamiento ‘normal’ de estos capitalismos y de garantía de su sistema de dominación"

Así, el escenario que se va perfilando es el de una recesión más larga de lo estimado y una recuperación demorada. A las manifestaciones públicas que nos referimos se suman los datos y las opiniones sotto voce: recientemente, en una nota publicada en Ámbito, Guillermo Laborda citaba al CEO de una de las mayores multinacionales que operan en el país: “en un almuerzo con periodistas, destacó que no hay ningún brote verde. Sus ventas son de productos de consumo masivo, por lo que tiene un termómetro instantáneo de la marcha de la actividad. La incertidumbre sobre tarifas se traslada al consumo. Si no se sabe cuánto vendrá de factura de electricidad o gas, el gasto se retrae por las dudas. Pese a las proyecciones oficiales, el CEO contempla un alza de precios del 25% para 2017. Deja al desnudo la falta de credibilidad en la plaza local de las estimaciones del BCRA que contemplan un 17% máximo de suba de los precios”. Como puede apreciarse, así como falló la previsión oficial de inflación de 2016, tampoco hay certeza respecto a la del año próximo. Por su parte, en una nota escrita a mediados de noviembre, Luis Majul citaba (sin identificarlo) a un secretario de una de las áreas más importantes de la economía: "La tendencia firme de crecimiento de la economía se producirá un par de meses antes de las legislativas, antes no". Es poco probable que una recuperación así de demorada tenga un impacto electoral positivo para las chances del oficialismo.  Para peor, muchas de las previsiones optimistas para 2017 fueron hechas antes de la victoria de Donald Trump en Estados Unidos, hecho político que altera sustantivamente el escenario previsto por el gobierno nacional, pero que en rigor pone de manifiesto tendencias internacionales proteccionistas que ya se venían identificando hace meses (y que el gobierno de Cambiemos subestimó o no atendió). Según Bloomberg, en los últimos meses creció en los países la tendencia a cuidar los mercados internos. Es decir, mientras el presidente Mauricio Macri promueve las bondades de abrirse al mundo, a contrapelo, este viene haciéndose más proteccionista y menos librecambista (ver datos arriba; click para agrandar). 

lunes, 5 de diciembre de 2016

De los globos amarillos a la alerta roja (2)


El relato de Cambiemos habla de una economía heredada con 5 años de estancamiento, lo cual a tenor de los propios números del Indec dirigido por Jorge Todesca no es cierto: entre 2011 y 2015, el PBI revisado creció 7,1%, esto es, un promedio de 1,8 puntos por año, donde se mezclan años de buen crecimiento (6,1% en 2010) con otros de caída (-2,6% en 2014). Pero, en promedio, el segundo mandato de Cristina Fernández de Kirchner cierra con un crecimiento promedio magro (1,8%), no estancamiento. Es decir que la herencia en ese plano no fue tan pesada como la que el actual gobierno plantea ni tampoco tan crítica como la que muchos economistas postulan (ver datos arriba; click para agrandar).

En sentido contrario, tanto el actual gobierno como la mayoría de los economistas subestimaron la caída del PBI para este año: hacia el cierre del primer trimestre el promedio de las estimaciones rondaba entre el -0,7 y el -1% (¡y hasta había economistas que esperaban una suba del Producto!). En la transición del primer al segundo semestre las estimaciones ya oscilaban entre 1 y 1,5% y al cierre del tercer trimestre se empezó a hablar de un -2%. En este blog, recientemente apuntamos que no nos sorprendería una caída similar a la del 2014, esto, es, en el orden del 2,5%-2,6%. Ayer, Jorge Vasconcelos, del Ieral-Fundación Mediterránea, estimó que la contracción puede ser del 2,5%, lo cual confirma la predicción relativa a la “kicillofización” (esto es, caída del PBI con alta inflación) como efecto de la política económica del primer año de gobierno de Mauricio Macri. Algo en esa línea ya podía intuirse en diversas estimaciones (ver datos abajo; click para agrandar).

Esto supone varios problemas para el gobierno: el primero, que la recuperación prometida para el segundo semestre de 2016 no sucederá. Las posibilidades de salir de la recesión antes de fin de año se redujeron de 73% en septiembre a 40% en octubre, según resultados de un índice elaborado por el Centro de Investigación en Finanzas de la Escuela de Negocios de la Universidad Torcuato Di Tella. La semana pasada, todos los indicadores de octubre dieron como resultado un rojo intenso (caída de la actividad general, de la industria y de la construcción). El segundo, que relativiza las expectativas de crecimiento para el 2017. Recientemente, el economista jefe para América del Sur del banco HSBC, Javier Finkman, advirtió ayer que la recesión en la Argentina es "más fuerte y profunda de lo anticipado", lo cual demorará la llegada de inversiones y la reactivación. Por su parte, el economista Eduardo Levy Yeyati consideró que “la recuperación de la economía se está demorando más de la cuenta” y que si en 2017 empezamos a crecer, sólo se va a estar recuperando lo perdido de este año.

Esto implica un riesgo mayúsculo para el gobierno, porque implicaría que así como 2016 “imita” al 2014, 2017 podría imitar al 2015. Como en los 2 últimos años de gobierno de CFK, a una caída del PBI del orden de 2,6% le seguiría un año de crecimiento magro (fue de 2,4% en 2015). En esa línea, recientemente, el economista Miguel Ángel Broda estimó que el repunte de 2017 será levemente inferior al 2,5%. Antes de eso, tomando nota de que el presupuesto del gobierno prevé un crecimiento de 3,5% del PBI para 2017, Vasconcelos apuntó que esa estimación estaría sobreestimada al menos en 0,7 puntos porcentuales, por lo cual el crecimiento del año que viene no sería mayor al 2,8%. Poco de cara a un año electoral en el cual el gobierno necesita ganar las elecciones y sumar legisladores nacionales para bajar el costo fiscal que lograr gobernabilidad le ha supuesto este año. 



jueves, 1 de diciembre de 2016

Nota publicada en suple Tendencias de La Voz

Los últimos avances en espejos inteligentes

Por Norman Berra (Especial)

"Smart mirrors", desarrollos en tecnología aplicada al hogar y a la conducción.
En los últimos años, el desarrollo de espejos inteligentes viene siendo impulsado por Intel junto a otras firmas tecnológicas como IBM, Panasonic, Sony y Samsung. Veamos algunos avances recientes en esta materia.
http://www.lavoz.com.ar/tecno/los-ultimos-avances-en-espejos-inteligentes

"Smart mirrors", desarrollos http://www.lavoz.com.ar/tecno/los-ultimos-avances-en-espejos-inteligentesen tecnología aplicada al hogar y a la conducción.os inteligentes

martes, 29 de noviembre de 2016

De los globos amarillos a la alerta roja (1)


En el pasado mes de julio, escribíamos en este blog: “la coexistencia de una caída de la actividad con una caída del salario real podría hacer eclosionar (es decir, poner de manifiesto) el malestar latente que vemos hoy. Contra la promesa de un segundo semestre positivo, 2016 se clausuraría con un franco escenario de estanflación (estancamiento con inflación, o incluso depresión con inflación). Si nos remontamos a los 12 años de la era K, encontraremos sólo un año en el que hubo caída en ambos indicadores. Fue 2014, con -4,2% en el salario real y -2,6% en el PBI. Los primeros 6 meses de 2016 arrojan -12% en el primer indicador e insinúan -1,3% en el segundo; esto perfila un panorama de malestar aún peor que el riesgo de relativa ‘kicillofización’ para el actual gobierno que algunos analistas marcaron oportunamente”.  En septiembre pasado, actualizábamos: “no habría que sorprenderse si la caída de la actividad de 2016 supera el 1,5%, en la medida en que el riesgo de ´kicillofización´ oportunamente planteado para la economía nacional se está confirmando”. Luego, el Relevamiento de Expectativas del Mercado (REM) de ese mes arrojó -1,7%, lo cual ratificó que nuestros análisis estaban bien encaminados.

Esta auto-referencialidad resulta necesaria para recobrar una perspectiva de contexto general: el 2015, año que se cerró con el cambio de gobierno, también cerró con una economía que, si bien colisionaba con la cíclica restricción externa, había podido apuntalar un crecimiento (2,4% según el actual Indec, magro si se considera que 2014 había cerrado con una contracción de -2,6%), con empleo estable, con sostenimiento del poder adquisitivo promedio del salario y las jubilaciones y amortiguando los efectos de la crisis internacional. Hoy, el panorama del 2016 es peor que el de hace un año (más inflación, más desempleo, mucha más deuda, menor actividad, más déficit, menos consumo, menor poder adquisitivo, menos inversión), y este año también pierde en la comparación con el 2014, puesto que arroja una redistribución del ingreso más regresiva. El segundo semestre prometido se cierra con penas y sin gloria y con la generalidad de las variables macro y socioeconómicas pasando del color amarillo de los globos al rojo de las alertas. 

El 2014 fue un año de malestar socioeconómico (medible en datos reales duros); el 2015, en tanto, combinó dosis de malestar inercial (por efecto arrastre del anterior) con malhumor social (más situado en el terreno de la percepción, que es lo que miden las encuestas), también agitado por una larga campaña electoral. El 2016 está cerrando con malestar socioeconómico neto, similar al del 2014 (o incluso peor en datos reales, aunque, en lo perceptivo está amortiguado por expectativas a futuro, que siguen siendo altas en función del cambio de gobierno). El riesgo que asoma en el horizonte del año electoral para la gestión Cambiemos es que el combustible de las expectativas y el pensamiento desiderativo se está agotando sin que las variables socioeconómicas mejoren: en las últimas semanas, los consultores fueron corrigiendo sus estimaciones apuntando a una caída del PBI para 2016 superior al 2%. Cuanto más se acerque esa caída al -2,6% del 2014, más se confirma la “kicillofización” del primer año de Mauricio Macri en la presidencia, lo cual supone un punto de partida de alto riesgo de cara a las elecciones de medio término del 2017. Repetir un 2,6% de caída no es un número descabellado, como podemos apreciar observando los guarismos del EMAE y del Índice de Actividad General de la consultora de Orlando Ferreres (ver datos arriba; click para agrandar). 

Así, el más reciente Informe de Coyuntura del Centro de Investigación y Formación de la República Argentina de Cifra-CTA apunta que “en el marco del nuevo régimen económico la economía real experimentó una significativa contracción en el nivel de actividad. En los primeros tres trimestres del año la caída en el nivel de actividad económica persiste sin advertirse el punto de inflexión. Pese a una leve recuperación en el mes de agosto en términos mensuales y desestacionalizados, las caídas interanuales siguen siendo significativas en agosto y septiembre. Las perspectivas no son alentadoras, dado que el consumo privado está negativamente condicionado por la caída en el poder adquisitivo de los salarios y la caída de la ocupación. A su vez, no se evidencia una mejora en las oportunidades de inversión en un mercado local en recesión, con apertura externa, apreciación cambiaria y pocas o nulas políticas productivas. En este contexto, el aumento del gasto público ante el escenario electoral del año que viene sólo podrá mitigar dichas tendencias en forma insuficiente”

viernes, 25 de noviembre de 2016

Malestar socioeconómico (5): dominancia de efectos contractivos


Un error común en los análisis económicos de coyuntura es plantear que la economía argentina no reacciona, aludiendo a la actual recesión. Por el contrario, sí que reacciona: lo que estamos viendo en estos meses es la reacción previsible a un programa económico que castigó el poder adquisitivo y afectó el consumo (2/3 de la actividad dependen de él), lo que se pone en evidencia en indicadores como las ventas minoristas (ver datos arriba; click para agrandar). En esencia, transfirió recursos hacia sectores concentrados de la economía o bien favoreció la rentabilidad de rubros importantes pero de bajo efecto contagio al resto (por ello, no hay brotes verdes a nivel macro, sino bolsones de bienestar). Además, no logró dinamizar la inversión a un punto que pueda compensar el efecto contractivo dominante. 

Lo que el gobierno nacional presenta como gradualismo, el tejido social lo percibe como ajuste o shock, que paradójicamente convive con un déficit aún mayor que el del último año de la gestión de Cristina Fernández (por varios factores combinados: en lugar de achicar el gasto para bajar el déficit, lo que se cambió fue el destino del gasto, y además hubo desfinanciamiento relativo, al resignar el gobierno determinados recursos, como el caso de la baja de retenciones a sectores específicos). Así, contra lo que hubiera pedido pensarse, el resultado fiscal primario a nivel nacional viene empeorando (ver datos abajo; click para agrandar). En este marco, un punto crítico es la fragilidad sistémica del programa económico. En lugar de desendeudamiento externo y endeudamiento interno + emisión (la alternativa elegida por el gobierno anterior), Cambiemos ha optado por la vía de un endeudamiento externo rampante, lo cual enfrenta riesgos palpables. Argentina debería crecer a tasas entre 7% y 8% anual para hacer frente a los compromisos que se están tomando a ese nivel de tasas, algo inviable no sólo por la crisis autoinfligida en la que la actual política económica metió al país, sino impensable en un mundo que transita una fase de baja actividad que, de cara al futuro, tiene más chances de profundizarse que de revertirse (efecto Trump mediante). 

Por ello, no es extraño que el peligro de colapso señalado por el ex ministro Roberto Lavagna haya calado hondo en la agenda de estos días. El stock de deuda en dólares de las provincias aumentó un 22% en los primeros 8 meses del año y el de la Nación lo hizo casi el 2%. Así, el ratio deuda/PBI ronda el 60% (era del 45% en 2013). Las tasas que pagó la Nación rondan el 7% a plazos de hasta 30 años y las provincias un promedio de 8,5% a 8 años de plazo: después de Trump, lo más probable es que seguir endeudándose se encarezca más. Para un crecimiento sostenible, la industria y los servicios deberían sumarse al incipiente despegue del campo, pero nada en los datos duros actuales sugiere que eso esté cerca de suceder, más bien al contrario. El escenario general oscila entre la estanflación y una recesión abierta; como vimos en el post anterior, la inflación no está domada a tenor de los datos reales ni tampoco a nivel perceptivo (el rebrote inflacionario de octubre disparó la expectativa de inflación a futuro). José Simonella, presidente del Consejo Profesional de Ciencias Económicas (CPCE), planteó oportunamente que “la inflación no está controlada, porque el déficit fiscal no está controlado, y porque en las expectativas de la gente no está que la inflación va a bajar (… ) El nivel de deuda en relación con el PIB (Producto Interno Bruto) no es alarmante, comparado con otros países. Lo preocupante es que sólo se usa sólo para gastos corrientes y no para inversión, que es lo que mejora la competitividad de la economía”

Para peor, contra la prédica del gobierno de privilegiar la inversión al consumo, la primera tampoco repunta. A principios de este mes, el Centro de Estudios Económicos Orlando Ferreres informó que la inversión bruta interna cayó en septiembre, en términos de volumen físico, un 5,7% en relación a igual mes del año anterior, y acumuló en nueve meses un descenso de 2% interanual. Según la consultora, "con este registro, la inversión se posicionó en el 19,8% del Producto Bruto Interno (PBI) medido a precios constantes", precisando que el volumen invertido en setiembre fue de 7.721 millones de dólares y sumó en nueve meses un monto de 63.505 millones. Así, la inversión "volvió a mostrarse negativa luego de una aparente pero no consolidada recuperación en agosto. Algunos factores que se comportaron positivamente el mes pasado como la inversión en equipos durables de producción de origen importado no lograron sostenerse y cayeron fuertemente (…) el proceso de salida de un período recesivo como el que enfrenta Argentina en los últimos años aún genera incertidumbre, mostrando marcados rasgos de volatilidad", y sostuvo que "ello impacta en la previsibilidad de largo y mediano plazo, afectando los niveles de inversión". En ese marco, frustradas las expectativas de recuperación económica y lluvia de inversiones en el segundo semestre, el concepto sustituto al que apeló el gobierno (el de los “brotes verdes”) se choca contra datos duros contractivos generalizados, lo que instala un horizonte de alto riesgo para los próximos meses y de cara a un año electoral como será el 2017. El 2016 cerrará con caída del PBI, inversión, el consumo y el poder adquisitivo, y una inflación en torno al 40%: un panorama todavía peor al riesgo de “kicillofización” que algunos analistas plantearon oportunamente.



miércoles, 23 de noviembre de 2016

Malestar socioeconómico (4): la expectativa de inflación se aceleró en octubre


Otro síntoma del malestar socioeconómico es la inflación, tanto la real (datos oficiales) como la percibida (captada a través de encuestas y otros estudios privados), así como el modo en que esa percepción construye una expectativa de inflación esperada. En ese marco, el rebrote inflacionario del mes pasado volvió a disparar la inflación esperada por los cordobeses. En octubre de 2016, la media de inflación esperada por los cordobeses para los próximos 12 meses trepó al 37 por ciento, el registro más alto en lo que va del segundo semestre del año. El dato surge de la última encuesta realizada por la consultora Delfos en Córdoba Capital y 13 ciudades del interior provincial, una muestra representativa de toda la provincia con 1.800 casos y un error muestral de +-2,3% (ver datos arriba; click para agrandar).

Ese registro de 37 por ciento se produjo en el mes en el que la inflación oficial (según la Dirección General de Estadística y Censos de la Provincia) alcanzó un 40,5% interanual (es decir, respecto a octubre de 2015); un 30,46% acumulado desde diciembre de 2015, y un 2,25% en octubre propiamente dicho. Así, puede advertirse que el rebrote inflacionario de ese mes aceleró la expectativa de inflación futura, acercándola a los valores de la interanual: en octubre se registró el valor más alto de inflación mensual en lo que va del segundo semestre del año (2,25%). En septiembre de 2016, con una inflación mensual de 1,76% y una interanual de 39,13%, la inflación esperada había sido de 26%; en agosto, la inflación mensual había sido de 0,28% (el valor más bajo de todo el año) y la interanual de 39,15%, mientras que, en julio pasado, una inflación mensual de 1,66% coincidió con una interanual de 41,07%. Como se advierte, en los meses en que la inflación mensual se ubicó en torno al 1,7% (julio y septiembre), la expectativa se ubicó entre 26% y 27%; cuando la inflación mensual bajó cerca del 0% (agosto), la expectativa se acercó al 20%. Por contrapartida, cuando la inflación mensual superó el 2% (octubre), la expectativa se aceleró, acercándose al 40% (ver datos abajo; click para agrandar).

En lo que va del segundo semestre, sólo en agosto pasado se registró una expectativa de inflación descendente (21%). Ese mes, por el efecto del fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación que anuló el aumento de tarifas a nivel residencial, el índice de precios a nivel nacional tocó su valor más bajo en todo el año 2016 (0,2% a nivel país y 0,28% en Córdoba). En septiembre, con una inflación de 1,76% a nivel provincia, la expectativa inflacionaria a 12 meses volvió a subir hasta 26%, mientras que en octubre se disparó hasta alcanzar un pico del 37% (la más alta en lo que va del segundo semestre). Esto complica la estrategia del gobierno nacional, que apuntaba a generar expectativas descendentes respecto al aumento de precios para disminuir la conflictividad social de cara al fin de año y contrarrestar la inercia inflacionaria hacia 2017.

En ese marco, una expectativa inflacionaria de 37% para los próximos 12 meses está muy por encima del objetivo oficial de 17% previsto por el presupuesto del gobierno nacional, y pone de manifiesto que, en la percepción de la opinión pública, la administración Cambiemos está lejos de “domar” la inflación. Eso permite entender por qué si bien la creencia a largo plazo en que el presidente Mauricio Macri logrará reducir la inflación se mantiene alta (53% en octubre), el escepticismo al respecto también se ubicó en un valor pico en lo que va del segundo semestre: 36 por ciento.





lunes, 21 de noviembre de 2016

Malestar socioeconómico (3) : caída de la actividad


En el post anterior veíamos datos oficiales generales que arrojaban una caída del empleo a nivel nacional, junto con datos privados confirmando el impacto de esa caída por regiones. Concluíamos que esos indicadores confirman un  creciente malestar socioeconómico como impronta del primer año de gestión de Mauricio Macri en la presidencia. El bajón generalizado ya había surgido en los guarismos del Indicador Sintético de Actividad de las Provincias (ISAP), según el cual todas las provincias del país sufrieron el impacto de las políticas económicas que tomó el gobierno de Macri; sólo Córdoba y Santa Fe lograron amortiguar el golpe. Las 23 provincias y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires  (CABA) no pudieron escapar a la tendencia nacional y sus economías cayeron en recesión técnica, de acuerdo al ISAP que elaboró Federico Muñoz & Asociados para el segundo trimestre del año. 

En el análisis fino de los números del informe que midió las variaciones interanuales de la actividad en todos los distritos del país entre abril y junio, surge que sólo Córdoba y Santa Fe lograron aminorar el impacto de la caída que se advirtió a nivel nacional. Ambos territorios registraron crecimientos en las comparaciones contra 2015, aunque ya habían ingresado en recesión técnica (dos trimestres seguidos de baja en la medición desestacionalizada). San Juan, en tanto, acumuló cuatro trimestres de retracción, mientras que los demás distritos tuvieron números rojos durante tres trimestres consecutivos. Córdoba y Santa Fe son casos especiales, pues ambas provincias en 2016 vieron crecer sus ingresos por la aplicación del fallo de la Corte Suprema de noviembre de 2015 que le ordenó al Estado Nacional devolver fondos de coparticipación que se habían retenido desde 2006. Sin embargo, San Luis, también fue beneficiada por la sentencia, no evitó una caída de 3% en relación al mismo período del año pasado. La tendencia coincide con los números del Indec, que midió a nivel nacional una caída del PBI de 3,4% por impacto de una sucesión de medidas adoptadas por el gobierno de Cambiemos, entre ellas la salida del cepo, la reducción de las retenciones y la suspensión transitoria de los pagos de la obra pública. Santa Cruz lideró la caída: -9% en el segundo trimestre. Catamarca y La Rioja también mostraron desempeños muy negativos, con retracciones superiores al 6% interanual. Detrás siguieron Neuquén, Jujuy, Mendoza y Misiones (ver datos arriba; click para agrandar).

Contra la expectativa creada por el gobierno nacional, la recesión se mantuvo en lo que va del segundo semestre: un reciente informe de la consultora Economía & Regiones confirma que la actividad sigue contraída por un cóctel de motivos donde convergen la inflación, costos elevados, presión impositiva, caída de los mercados externos y, en algunos caso, el factor climático. Cuyo (-4,7%) y la Patagonia (-3,2%), están en el top tres de las que mayores mermas interanuales presentaron. Como podemos apreciar, coinciden con las dos regiones más afectadas por la pérdida del empleo según el estudio de la consultora E&M Patagonia que citamos en el post anterior, lo cual sugiere una razonable correlación entre la contracción de la actividad y la caída del empleo. En este marco, las dos medidas oficiales que Cambiemos “vendió” (salida del cepo y consecuente devaluación) para mejorar la competitividad de las economías regionales no surtieron efecto: si bien el primer semestre del año amagó con un repunte, la segunda parte de 2016 está cerca de cerrar con un marcado balance negativo. De acuerdo con el indicador de Economía & Regiones (E&R), en el segundo trimestre de 2016 las distintas zonas geográficas del país presentan variaciones en su nivel de actividad, en promedio, del -3,5%, siendo las zonas de Cuyo (-4,7%) y Patagonia (-3,2%) dos de las tres regiones más afectadas, registrando el centro del país los índices más bajos. 

Según Pablo Vernengo, director ejecutivo de Economías Regionales de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) "mientras que las empresas frutícolas y vitivinícolas chilenas registran un dinamismo extraordinario en el mercado internacional, en las zonas argentinas de Cuyo y la Patagonia abundan las noticias de cierres de compañías, suspensiones de personal y conflictos sociales". En este marco, las posibilidades de salir de la recesión antes de fin de año se redujeron de 73% en septiembre a 40% en octubre, según el índice elaborado por el Centro de Investigación en Finanzas de la Escuela de Negocios de la Universidad Torcuato Di Tella. “El Índice Líder evidencia una caída de 1,39% con respecto a la medición del mes anterior”, señaló oportunamente Martín González Rozada, investigador del Centro de Investigación en Finanzas. Dicho indicador “cae 12,12% en términos interanuales con respecto a octubre de 2015. Así, la probabilidad de salir de la recesión, que comenzó en junio de 2015, es de 40%”, sostuvo el analista. El informe determinó que los rubros que presentaron descensos más importantes y que conforman la medición sobre el nivel de actividad son el Índice Construya (-3,9%), el Índice de Confianza del Consumidor (-2,66%), la Superficie a Construir en metros cuadrados (-1,4%) y la serie de Ventas en Centros de Compras (-0,98%). “De las 10 series que componen el Índice Líder, siete de ellas mostraron caídas intermensuales; la única serie con un incremento significativo es la Industria de Metales Básicos”, agregó el académico, al explicar las principales variables. Para peor, un trabajo del Ieral de la Fundación Mediterránea que analiza el impacto del triunfo de Donald Trump en las economías regionales argentinas evaluó que ese hecho agrega una dosis adicional de incertidumbre a diversos sectores que ya venían teniendo dificultades para sostener sus envíos al exterior. 

viernes, 18 de noviembre de 2016

Malestar socioeconómico (2) : desempleo


Más todavía que la erosión del poder adquisitivo por la inflación, el principal cambio en la agenda social a partir de la gestión Cambiemos es el regreso del desempleo al podio de problemas no sólo percibidos en las encuestas (con la gestión de Cristina Fernández, el mismo había quedado desplazado del foco) sino también validado por los datos duros: de enero a septiembre de 2016 se perdieron más de 127.595 empleos, según los registros del sistema de Seguridad Social. Así, el empleo registrado cayó 1,5%. El sistema releva declaraciones juradas de compañías sobre el número de empleados, y los datos que arroja reflejan el impacto de una  recesión que no cede sobre la actividad laboral y la magnitud del ajuste en distintas esferas de la actividad económica tanto pública como privada.

Según las cifras de la Administración Federal de Ingresos Públicos (Afip) había 8.096.281 puestos de trabajo declarados en diciembre de 2015; en septiembre pasado, esa cifra bajó a 7.968.686, lo que marca una caída del empleo registrado. En tanto, en diciembre del 2015 año pasado había 568.737 empresas registradas en la Afip, mientras que en septiembre último llegaban a 566.592, lo que marca una caída del 0,3% y 2.145 empresas cerradas. Sobre 20 sectores productivos desagregados por Afip, 14 registran bajas y 6 incrementos del número de trabajadores. La mayor caída del empleo se verificó en empresas medianas y grandes, que emplean a más de 100 trabajadores. De las 127.595 bajas en los puestos de trabajo 7.719 pertenecen al sector público y 119.876 al sector privado. Por rama de actividad, entre enero y septiembre los sectores que perdieron más puestos de trabajo fueron la construcción (46.163), actividades administrativas (36.578), la industria manufacturera (36.257), servicios de transporte y almacenamiento (11.634), profesionales (7.154) y servicios de alojamiento y comidas (6.389). Los sectores que aumentaron su dotación de personal fueron comercio (4.176), intermediación financiera (9.420), enseñanza (9.114) y Salud (3.747).

La perspectiva que aportan estos datos oficiales a nivel del total nacional puede ser complementada con datos privados que analizan impactos regionales. Según un informe de la consultora E&M Patagonia, las provincias de la Patagonia, en primer lugar, y las de Cuyo, en el siguiente, fueron las más afectadas por la pérdida del empleo registrado en el último año. Pese a la baja densidad poblacional y a que las provincias sureñas aportan apenas un 6,6% del empleo activo, uno de cada cinco despedidos en el país entre agosto de 2015 y el último agosto se hizo efectivo en esa región. Sobre una contracción superior a 97 mil trabajadores formales en todo el país (hasta agosto), la pérdida acumulada de puestos de trabajo en Tierra del Fuego, Santa Cruz, Chubut, Río Negro y Neuquén es de 19.165 empleos.  Así, la Patagonia encabeza el listado en cuanto al impacto porcentual en la caída del empleo, con un descenso del 4,7% sobre sus 407 mil trabajadores. Esta cifra representa el triple de la media nacional, que registra un 1,6% de caída total en el mismo período. La situación en Cuyo es apenas menos desfavorable: la retracción del trabajo en blanco fue del 3,7%, más del doble del guarismo nacional. Además, incluye a la provincia que tuvo el descenso más abrupto: San Luis, con el 9,6% de caída (ver datos arriba; click para agrandar).

Las regiones del Nordeste y el Noroeste también presentan, proporcionalmente, retrocesos más agudos que los nacionales. Sólo la región Centro muestra mejores indicadores, con una baja del 0,9%, si bien carga con el mayor volumen nominal de pérdidas de puestos laborales. Las únicas provincias que escapan al contexto y sumaron empleos formales respecto de agosto del año pasado son Córdoba (+738), La Pampa (+772) y Tucumán (+3.394). En conjunto, los datos son sumamente desfavorables para un balance parcial de la gestión Cambiemos en el gobierno, y auguran un creciente malestar socioeconómico. Según el economista y consultor Gastón Utrera (Economic Trends), la línea que muestra el índice de malestar económico (sumatorio de desempleo e inflación, con un peso del desempleo 4 veces mayor que el peso de la inflación) ha evolucionado de manera prácticamente idéntica al modo en que evolucionó la pobreza en las últimas décadas (ver datos abajo; click para agrandar). “El gráfico refuerza la percepción de que la evolución del desempleo y la inflación explica la evolución de la pobreza durante las últimas décadas”, apunta Utrera. Así, el primer año de gobierno de Mauricio Macri cerrará con una generación neta de malestar, de la mano del crecimiento del desempleo (si en el registrado la pérdida rondará el 1,5%, en el no registrado se estima mayor) y con una inflación en torno al 40% en el índice general y alrededor del 60% en alimentos, el rubro que más impacta en los sectores menos favorecidos. 



miércoles, 16 de noviembre de 2016

Malestar socioeconómico (1): caída del salario real


El informe del Centro de Estudios Políticos Económicos y Sociales-Observatorio de Precios, Ingresos y Empleo del Instituto de Industria de la Universidad Nacional de General Sarmiento que citamos en el post anterior arroja otros datos relevantes. Utilizando la base de microdatos que difundía el INDEC para la utilización pública de la EPH, la entidad elaboró cálculos que distinguen quiénes son los trabajadores que ocupan los distintos estratos de ingresos en las distintas regiones en las que miden precios. En ese marco, las actividades que más se repiten para el 30% de menores ingresos de la población para los tres aglomerados urbanos analizados (CABA, GBA y Córdoba) son el empleo doméstico y la construcción. En Córdoba, entre ambos explican alrededor del 35% del universo de ocupados y en el Conurbano Bonaerense casi el 29%. Sobre esa base, partiendo de los acuerdos paritarios (en los casos en que los hubo) para la imputación de la evolución del salario nominal entre febrero y agosto calculan la evolución del poder adquisitivo de los ingresos (la evolución de su ingreso real ajustada por la evolución del índice de precios que le corresponde según el estrato de ingreso al que pertenece y el lugar geográfico en el que vive) de los distintos trabajadores.

Ese análisis sugiere que el ajuste sufrido en los ingresos de los estratos más bajos fue sustantivamente mayor. “En ninguno de los casos analizados para los estratos de menores ingresos, el ajuste a los ingresos fue menor al 5%, mientras que en ninguno de los casos en los estratos de mayores ingresos el ajuste fue mayor al 5% (…) hemos visto que la inflación golpea especialmente a los sectores de menores ingresos de la población, en virtud del mayor peso que tienen en sus canastas de consumo los productos alimenticios. Vimos también que este impacto diferencial no es menor. En promedio, incluyendo las distintas zonas en las que hemos realizado mediciones, la inflación del 10% más pobre de la población es un 12% mayor a la del 10% más rico, en los pocos 6 meses en los que hemos realizado mediciones. Ahora bien, como tampoco es homogénea la evolución de los ingresos nominales, podemos decir que los sectores de menores ingresos viven una especie de ajuste doble en relación a los sectores más pudientes de la sociedad: no sólo sus ingresos suben menos, sino que los precios de los productos que consumen suben más en términos relativos”, apunta Germán Pinazo, presidente del Centro de Estudios Políticos Económicos y Sociales (ver datos arriba; click para agrandar). Esto contribuye a explicar por qué va sedimentando la percepción de que el actual gobierno beneficia más a los sectores más acomodados y perjudica relativamente a los menos favorecidos.

Por su parte, el Centro de Estudios para el Desarrollo Nacional Atenea analizó la evolución mensual e interanual de los precios y el salario real de los trabajadores, brecha que se traduce en una pérdida del poder adquisitivo (ver datos abajo: click para agrandar). Según Atenea, los precios en septiembre de 2016 mostraron un ajuste positivo considerable, dado que todavía persiste el impacto de la corrección de las tarifas en los índices de precios. Las distintas fuentes consideradas en el informe arrojaron valores para septiembre que varían entre 0,8% y 1,7%.  De esta forma, el año acumula una inflación de entre 26,1% (San Luis) y 32,7% (CABA) y la variación interanual (sep/2015 – sep/2016) asciende a 43,0% según IPC CABA, 42,2% IPC Congreso y 40,0% IPC San Luis. Para el mes de agosto, la remuneración promedio del sector privado fue de $ 19.575 (bruto), dato que refleja una suba del 36% en el año (ago/15 – ago/16). Sin embargo tomando la variación interanual, los precios aumentaron un 42% promedio. Por ello, la entidad concluye que en términos reales, el incremento promedio de los salarios sigue estando por debajo del aumento de los precios. Con respecto al poder adquisitivo de los salarios -deflactados por los distintos índices de precios disponibles- este acumula en los primeros ocho meses del año una caída promedio de 6,3% (-8,0% IPC Congreso e IPC CABA, y -2,8% IPC San Luis), mientras que la variación interanual de los salarios en términos reales mostró en agosto una baja promedio de 7,6% (8,3% IPC Congreso, 8,1% IPC CABA, 6,5% IPC San Luis). 

Recordemos que en septiembre la inflación fue de 1,1%, pero en octubre trepó al 2,4%, con lo cual los efectos erosivos del proceso inflacionario en el salario real actualizados a ese mes serán todavía mayores. En ese marco, descartada una reapertura de la negociación salarial para lo que queda del año, se estima que a lo largo del 2016 los trabajadores formales habrán perdido entre 8 y 12 puntos porcentuales de su poder adquisitivo. Ningún trabajador cubierto por convenio de paritarias logró aumentos superiores al 40%, cifra que la inflación anual superará. Los gremios que más incrementos obtuvieron fueron aceiteros (38%) y camioneros (37%); en el otro extremo, el sector que cerró la paritaria más baja fue la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires (UTBA): un magro 27% en tres cuotas y por 13 meses. Los alimentos siguen con alzas en torno del 1,5%, lo que agrava la situación de los más carenciados. En síntesis, este es el cóctel del actual malestar: salarios (que tradicionalmente mueven dos tercios del mercado interno) erosionados, una inflación lejos de ser domada, un déficit igual o incluso mayor al del 2015, inversiones demoradas y, de yapa, el “efecto Trump” (que suma otra dosis de incertidumbre y, por lo tanto, de procastrinación para los agentes económicos).