jueves, 15 de noviembre de 2018

Repasando escenarios de cara al 2019 (3)

En el posteo anterior coincidíamos con Maxi Montenegro en que de cumplirse el escenario el escenario de una recesión en forma de 'L moderada', el camino a la reelección de Macri se haría todavía más cuesta arriba que hoy, pero discrepábamos con su afirmación de que aumentarían las chances de la oposición peronista en cualquiera de sus versiones. Tal como en su momento apuntó Poliarquía, el escenario de crisis en L beneficia claramente las chances de CFK, pues alimenta el escenario de polarización simétrica entre Cambiemos y el kirchnerismo/Unidad Ciudadana que ya se observa y deja afuera al peronismo antiK de la disputa por la primera minoría y del pase a segunda vuelta. La consultora Poliarquía también hace el seguimiento de otros tres indicadores clave para tratar de anticipar si, de cara al 2019, las chances de reelección del presidente Mauricio Macri se recuperan luego del quiebre de junio-julio o siguen en baja, ya que se correlacionan con ciclos políticos a favor o en contra de los oficialismos. Uno de ellos es la confianza del consumidor, que hoy se ubica en el nivel más deprimido desde la crisis del 2002. Como vimos en una entrada reciente, el ICC (Universidad Di Tella/ Poliarquía) cayó en octubre 3,6%, llegando a su nivel mínimo en 15 años. 

Respecto de octubre de 2017, cuando Cambiemos alcanzó el 42% de los votos a nivel país, la baja del ICC es del 36%. La última vez que la confianza del consumidor estuvo peor que ahora fue en la crisis de 2002. Apunta Montenegro: “El ciclo político está muy vinculado con la evolución de este indicador, que cuando está en niveles elevados redunda en altos niveles de aprobación del oficialismo, mientras que sucede lo contrario cuando cae fuertemente, como ocurrió en 2009, en 2014 y en esta crisis. El nivel actual está incluso bastante por debajo de la recesión de 2016, tras la salida del cepo y la disparada de la inflación junto con los tarifazos. En este índice tiene un peso relevante la evolución del mercado de bienes durables (autos, electrónica, electrodomésticos) e inmuebles: la posibilidad de mejorar o no el acceso a estos bienes se vincula en el corto plazo con la percepción favorable o negativa del consumidor” (ver gráfico arriba). El otro indicador clave es el "Barómetro de Opinión Pública", que combina 15 indicadores de opinión pública de diferentes áreas del gobierno, la economía y la sociedad. Según la medición de octubre, el Barómetro sigue en tendencia negativa (está 41% abajo respecto de octubre del 2017), pero aún se muestra en el área de "competencia", en niveles similares a abril 2014 y 2009. O sea, todavía no cayó hasta el área denominada de "Crisis", como sucedió durante el colapso de la convertibilidad en 2002. Se advierte que su dibujo es similar a la del índice de confianza del consumidor. El tercer indicador es el llamado "índice de optimismo ciudadano": según Poliarquía, volvió a caer en octubre y se ubica en el nivel más bajo de la última década (emulando el bajón del ICC). Respecto octubre de 2017 cae 50%. Ese índice agrupa y pondera la opinión pública respecto a la situación actual, la comparación con el pasado y las expectativas. En 2008-2009, en 2010 y 2014 y en 2016 estuvo claramente en rojo, pero nunca tan mal como hoy: vale decir, la actual crisis en ese indicador perceptivo supera los peores momentos de los dos mandatos de CFK y los peores del arranque de la gestión Cambiemos. "Si Macri pretende ganar su relección deberá modificar la tendencia de estos indicadores apuntando a que la recuperación económica en el año electoral venga de la mano de un aumento notorio del consumo, de la percepción de que la crisis quedó atrás y que se restablezcan las expectativas de que la situación en el futuro será todavía mejor", apunta el periodista. Esto coincide con una de nuestras premisas analíticas centrales: no hay un electorado y un mercado disociados, sino una comunidad que consume y que vota, y ambas dimensiones están interconectadas. 



Existen otros indicadores que también están mostrando hoy la peor situación en mucho tiempo. Según la consultora económica Radar, la dinámica actual de destrucción de empleo registrado industrial, que ya lleva 3 años, se asemeja cada vez más a la de 1998-2002. "Con más de 100.000 empleos perdidos, es la peor crisis de los últimos 20 años (y todo indica que se profundizará)", apunta la entidad (ver datos arriba; click para agrandar). Según los últimos indicadores del Indec, la recesión en esta actividad aún no encuentra piso: el Estimador Mensual Industrial (EMI) marcó una baja del 11,5% interanual en octubre y un deterioro de las expectativas de los empresarios en lo que respecta al empleo y el volumen de ventas que esperan para los próximos meses. "Sector por sector, las perspectivas son negativas. Algunos sectores pueden ganar con mayores exportaciones como el automotriz, metálicas básicas o alguna actividad puntual de la siderurgia por Vaca Muerta, pero no compensan lo que se pierde con todo el resto que depende del mercado interno"advirtió el economista de Radar, Martín Alfie (ver datos abajo; click para agrandar). 




En cuanto a las perspectivas para el 2019, Alfie planteó: "no veo ninguna recuperación, en todo caso caerá menos"; la tracción podría provenir del agro o actividades vinculadas a las exportaciones a Brasil, pero no de las que están ligadas al mercado interno, duramente golpeado por el deterioro del poder adquisitivo. Según Radar, 9 de los 12 bloques relevados por el Indec muestran en 2018 niveles inferiores a 2015 (ver datos abajo: click para agrandar). El total de la industria manufacturera cayó 5,2% y las perspectivas para 2019 son negativas: así, todo indica que la industria caerá en 3 de los 4 años de la actual gestión. De todos modos, el problema es que la caída de la actividad es transversal, no sólo de la industria: si tomamos los 6 escenarios de crisis que vimos en los dos posteos anteriores y construimos un promedio a lo Nate Silver, la caída del PBI para 2019 es del 3,2%. Esa caída es peor que la del 2016 (-2,2% en su primera versión y -1,8% en la versión corregida por el Indec este año), peor que las estimaciones actuales del FMI para 2018 (-2,6%) y peor que las estimaciones del Fondo para 2019 en el documento del acuerdo recientemente firmado con el gobierno (-1,6%): vale decir, si se diera ese promedio (que está lejos del peor escenario de caída estimado, que oscila en torno al 6%) el año electoral 2019 sería el peor de los 4 de la gestión Macri; precisamente, el año donde se define la continuidad o no de Cambiemos en el poder. 


martes, 13 de noviembre de 2018

Repasando escenarios de cara al 2019 (2)

En el posteo anterior de este tema veíamos que, cruzando datos y actualizando escenarios, el panorama de hoy se perfila como el más complicado para el oficialismo: la inflación al final del año será superior a la del peor escenario previo, la tendencia electoral pasó de una polarización asimétrica en la que el oficialismo tenía buenas chances de ganar en primera vuelta a una polarización simétrica con CFK en primera vuelta (lo que abriría un ballotage riesgoso e inevitable) y la crisis económica parece comportarse más como una "L" que como una "V" (el escenario relativamente más favorable al oficialismo) o que una "U" (menos favorable, pero al menos tampoco el mejor para CFK). Para peor, un nuevo default parece inevitable, sino en 2019 (de hecho, el adelanto y ampliación de fondos del FMI están diseñados básicamente para que el presidente Macri no tenga que defaultear antes de diciembre del año que viene, pero a costo de dejar sin fondos y con todo el peso de la deuda a la próxima gestión), con una mayor probabilidad desde el 2020. Todo esto, en un marco en el cual la economía afrontaría una caída mínima del 0,5% en 2019 (con un desempleo llegando a casi el 11%) en el mejor escenario, una caída del 2,4% con un desempleo del 12% en el escenario intermedio y una caída del 4,6% con un desempleo de casi 14% en el peor escenario (ver datos arriba; click para agrandar). En cualquier caso, se trata de recesión y suba del desempleo en pleno año electoral, un desafío difícil de afrontar.  



El economista Julián Zícari también elaboró otros 3 escenarios alternativos: 1) el optimista es el que proyecta el gobierno y algunos analistas ligados a las finanzas y al pensamiento económico ortodoxo. Según este diagnóstico, en 2019 la economía tendrá un recorrido en “V”, es decir, una primera parte bastante mala y en caída, pero una segunda a pura recuperación. Para la segunda mitad del 2019 se empezará a sentir ese rebote y la economía incluso podría crecer a tasas del 5 o 6% anual, traccionando todo por las exportaciones. Otra premisa es que la estabilidad de precios que irá proyectando el “doble cero” permitirá que los salarios le ganen a la inflación, recuperando también el consumo para el momento de los comicios, luego de un 2018 muy negativo en el cual la pérdida de los salarios contra la inflación rondaría los 20 puntos (ver datos arriba; click para agrandar). De darse esa mejoría relativa, la reelección de Macri podría ser accesible. "El debate entre quienes defienden este escenario son las velocidades que asumirá la economía, tanto la caída inicial como la recuperación posterior", afirma Zícari. Algunos suponen que la fase de crecimiento no podrá revertir íntegramente la caída inicial, por lo que el resultado agregado del año será caída de todos modos (-1,6%). Esa es la posición sostenida públicamente por el ministro Nicolás Dujovne y oficialmente por el gobierno, aunque también hay economistas muy optimistas (caso Orlando Ferreres) que creen que la cosecha y la recuperación serán tan buenas que 2019 cerrará con un crecimiento neto del 1,7%. Habida cuenta del yerro descomunal en que incurrieron los optimistas este año, nos quedamos con el pronóstico más conservador (y precavido) oficial: -1,6%. Vale decir que este escenario optimista es peor que el más optimista que vimos en el posteo anterior, que calculaba una caída del 0,5%: la diferencia son 1,1 puntos porcentuales negativos. 

En el escenario moderado, se asume que si la parte final de 2018 la actividad caerá entre un 4% y 5%, ese será el piso de arranque para 2019, pero las cosas se pondrán peor: con un ajuste fiscal del 2,5% del PBI como comprometió el gobierno con su programa “doble cero” y con tasas elevadas, las proyecciones se calculan, aun con una visión moderada, "en un escenario cercano a la ruina económica total e incluso a la catástrofe social", destaca Zícari. Según el FMI, sólo en un escenario “optimista” la economía podría caer un 1,7% durante 2019; en uno pesimista la caída podría llegar al 6,3%, con otro año con una inflación del 50% como el actual. En esta lógica, aún una gran cosecha no podrá revertir el ciclo económico; apenas moderará o desacelerará la caída. En un pronóstico alentador, el bajón, que podría ser de 5% o 6%, gracias a la cosecha sería “sólo” alrededor de 4%. En ese caso, ni el consumo ni los salarios ni la economía real reaccionarán. “Los debates dentro del grupo de los moderados son si la caída tendrá la forma de una ´L´, es decir, un derrumbe que luego se estabilizará, o bien que seguiremos descendiendo por el tobogán durante todo 2019, para encontrar el piso de la crisis recién en 2020”, dice Zícari. Como vemos, aquí el escenario moderado (caída de 4%) es similar al peor escenario del posteo anterior (contracción de 4,6%): moderado contra moderado, la diferencia son 1,6 puntos porcentuales negativos. 

El escenario pesimista surge de la siguiente crítica al planteo moderado: el ingenuo supuesto de que el gobierno podrá renovar la totalidad de los vencimientos de deuda, que no habrá corridas cambiarias y que la fuga de capitales será igual o menor a la de este año, justamente cuando en 2019 se elige presidente (factor que históricamente coincide con fuertes formaciones de activos externos), y además no contempla que la totalidad del mercado está descontando que el default será inevitable. Datos clave: Bloomberg calificó a Argentina como el segundo mercado emergente más peligroso después de Turquía, Fitch bajó su visión del país a “negativa” (“situación local “dramática” e “inestabilidad económica intensa”), el FMI asegura que el programa financiero del macrismo “no es cumplible en alto grado” (considera preocupante que la relación deuda/PBI sea superior al 70%, proyecta que supere el 80% a fin de este año y no descarta que se aproxime al 100% en 2019), con lo cual están asumiendo una cesación de pagos. Aquí ya no se ponen números a la magnitud de la caída (por supuesto, sería mayor que en el peor escenario del posteo anterior), sino que se la plantea en términos cualitativos (consecuencias posibles: hiperinflación, incautación masiva de depósitos como el Plan Bonex, default y nuevas corridas del dólar). En síntesis: en cualquiera de estos tres escenarios, ya sea que la caída de la economía sea de 1,6% en 2019, de 4% o mayor a 4%, el desafío electoral para Cambiemos se hará aún más cuesta arriba de lo que asoma hoy por hoy. 



En esa misma línea, el periodista Maxi Montenegro apuntó: “la forma de la recesión que transita la economía será clave para definir el escenario electoral 2019. La apuesta del Gobierno es un recesión profunda, pero con una salida rápida ya a partir del segundo trimestre del año próximo. Una recesión en forma de "V" “(ver gráfico arriba a la izquierda; click para agrandar). Sin embargo, Montenegro plantea que “los consultores privados descreen de ese pronósticos y hablan del peligro que la recesión tome  la forma de "L", es decir que tras una caída abrupta como la de estos meses -con caídas del 5/6% en el nivel de actividad- la economía se estacione en un piso, la recesión se prolongue y la salida sea más lenta de lo esperado"(ver gráfico arriba a la derecha; click para agrandar). "Lo cierto es que el propio FMI en su 'escenario base' prevé una recesión en forma de 'L moderada'. Es el escenario más optimista del Fondo. La clave en este escenario base del Fondo es que hacia octubre del año próximo la economía no habría recuperado los niveles de actividad previos a la crisis -todavía estaría lejos de hacerlo, en un contexto de recuperación muy lenta motorizada por el campo, pero con el resto de los sectores no agrícolas transitando todavía la recesión. De cumplirse el escenario de una recesión en forma de 'L moderada' el camino a la reelección de Macri se haría todavía más cuesta arriba y aumentarían las chances de la oposición peronista en cualquiera de sus versiones”, concluye Montenegro. El único matiz que haríamos respecto a esta interpretación del periodista es que el escenario de polarización simétrica actual le da más chances a Cambiemos y al kirchnerismo/Unidad Ciudadana de disputar la primera minoría y deja afuera al peronismo antiK, cuyas chances dependen básicamente de que CFK decida no jugar. 

domingo, 11 de noviembre de 2018

Repasando escenarios de cara al 2019 (1)

Uno de los tips metódicos que hemos extraído de nuestras lecturas de La Señal y el ruido, de Nate Silver, se resume así (la redacción es nuestra): pensar en términos probabilísticos y recopilar información variada. Mientras el erizo (el "tirapostas": pensemos, por ejemplo, en Jorge Asís) tiende a jugarse todo a un pleno, el zorro piensa en términos de escenarios con grados de probabilidad. “Casi todas las predicciones que publico, sean sobre política o sobre otro campo, son probabilísticas. En lugar de escupir un número y fingir que sé exactamente qué va a suceder, presento diversos resultados posibles (…) Los pronósticos de FiveThirtyEight, por ejemplo, combinan a menudo datos de sondeos con información económica y demografía de cada estado”. Silver remarca que los modelos que adoptan un enfoque que combina datos económicos, datos de sondeos y otro tipo de información (un enfoque más propio de un zorro) han obtenido resultados muchos más fiables que otros. Un buen tip es presentar un abanico de no menos de tres escenarios: el mejor posible, el peor posible y el más probable, es decir, un abanico de posibilidades, más sensato que plantear un “pleno” (la "posta"). 

A lo largo del año, hemos abordado y analizado varios escenarios político-electorales y socieconómicos, que es oportuno repasar este 11/11. Luego de la  corrida cambiaria, la consultora Poliarquía planteó en julio pasado tres escenarios alternativos respecto a la crisis económica: 1) el primero es caída de la economía sin recuperación visible (en “L”); el segundo es caída con rebote lento (en “U”) y el tercero caída con rebote rápido (en “V”). El escenario en L es el que le da más chances de ganar en 2019 a CFK, el escenario en U es relativamente favorable a Macri pero también abre una oportunidad al peronismo antiK y el escenario en V es francamente favorable a Macri. El vuelco en las tendencias después poscorrida se ponía en evidencia en que el escenario más optimista de Poliarquía para Macri (victoria cómoda en primera vuelta) había bajado de una probabilidad del 40% a una probabilidad de sólo el 15% después de junio (mes del primer acuerdo con el FMI). Aunque no disponemos del modelo de cálculo que utilizó Poliarquía para llegar a ese número, sí sabemos que el promedio de 11 encuestas nacionales recientes nos dio 31,6% para CFK/UC, 29,9% para Macri/Cambiemos y 12,5% para la sumatoria del massismo y el peronismo antiK, con lo cual la elección es hoy más competitiva; así, la probabilidad de que Macri se imponga en primera vuelta debe ubicarse más cerca del 10% que del 15%. 



A su turno, en agosto pasado, el estudio Singerman y Makón definió tres escenarios posibles para la inflación de este año. El relativamente más positivo para el gobierno era que se ubicara por debajo del 30%, pero ese escenario sólo tenía una probabilidad del 5%. El intermedio era que se situara entre el 30% y el 32%, justo en el umbral superior del margen establecido en el acuerdo con el FMI; este escenario tenía una probabilidad del 25%. El escenario más probable (70%) era el de una inflación mayor al 32% (ver datos al medio del posteo; click para agrandar). Aquí el incumplimiento respecto a las metas establecidas por el gobierno, las expectativas de los analistas y los márgenes establecidos en el documento con el FMI eran evidentes. Hoy, ya sabemos que la inflación estará por arriba del 40%, es decir que estamos en el peor de los escenarios planteados por SyM. 



En el mismo posteo en el que repasábamos los escenarios inflacionarios apuntábamos otra fuente de incertidumbre a la fragilidad sistémica del programa de Cambiemos: la cesación de pagos. Podemos sumar otro aporte de escenarios en esa materia. Luego de la ampliación del acuerdo con el FMI, el economista liberal Diego Giacomini planteó 3 escenarios para la deuda: 1) en el escenario positivo, el próximo gobierno (el que asuma en dic-2019) necesitará financiamiento por 46 mil millones de dólares pero no tendrá acceso a los mercados, con lo cual requeriría otro acuerdo por U$S 50 mil millones con el FMI. A juicio del economista eso resulta imposible, con lo cual la reestructuración de deuda (con default blando o duro) sería inevitable 2) sin poder acceder a financiamiento externo, el próximo gobierno estaría forzado a hacer un ajuste fiscal de 3 puntos del PBI (mayor al propuesto por Cambiemos) para tratar de bajar las necesidades de financiamiento y poner el superávit primario en línea con la sustentabilidad de la deuda; eso podría reabrir el mercado voluntario y le daría chances al gobierno de buscar financiamiento externo por fuera del FMI. Pero, si eso no fuera posible, se pasaría al tercer escenario 3) el tercero desemboca en una nueva reestructuración de deuda (ver datos arriba; click para agrandar). Básicamente, en 2 de 3 escenarios un nuevo default asoma como inevitable. 



A principios de este mes, la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo (Umet), presentó un informe económico que monitorea la generación y caída del empleo registrado en el sector industrial y alertó que el desempleo alcanzaría en el 2019 el nivel más alto de los últimos 15 años. Los datos fueron recabados por el Observatorio de Comercio Exterior, Producción y Empleo (Cepe), organismo dependiente de esa casa de estudios, y plantean tres escenarios posibles (ver datos al inicio del posteo; click para agrandar). 1) Aun en el más optimista, las perspectivas económicas para el 2019 son francamente negativas. Esa eventual coyuntura coincide con la que evalúa el gobierno a través del Presupuesto 2019 y del acuerdo con el FMI. Pronostica una caída en el PBI del 0,5% en 2019 y un desempleo del 10,9%, sumando así 230 mil nuevos desempleados (ver datos arriba; click para agrandar).




2) El segundo es un escenario intermedio o neutro, y evidencia que aun con una recuperación económica moderada durante el 2019 de todos modos el salario real caería, la baja del PBI sería del 2,4% y la tasa de desempleo llegaría al 12,1% y superaría el nivel de 2005, con 510 mil nuevos desempleados. 3) El escenario pesimista plantea el fracaso del programa de gobierno; la recesión se mantendría durante el 2019, el salario real seguiría contrayéndose, el PBI caería hasta niveles de 2010 (-4,6%) y el desempleo sería superior al registro de 2004 (tasa del 13,8%), sumando así 890.000 nuevos desempleados (ver datos abajo; click para agrandar).




Según Nicolás Trotta, rector de la UMET, "las proyecciones de los posibles escenarios nos permiten repensar el modelo económico del país, modelo que da cuenta de la continua y sostenida caída que se proyecta durante lo que resta de 2018 (...) "la sequía y la corrida cambiaria provocaron una caída fuerte en el segundo trimestre, mientras que la caída del consumo por la aceleración de precios impacta negativamente en la segunda mitad del año"Por su parte, Paula Español, coordinadora del Cepe, apuntó que "más allá de los pronósticos posibles para el 2019, el estudio detalla que el cierre del 2018 está marcado por una consolidación de la recesión actual y el crecimiento del desempleo, con un PBI en continua caída (-2,4%) y una tasa de desempleo del 9,8%". En síntesis, cruzando datos y actualizando escenarios, el panorama de hoy se perfila como el más complicado para el oficialismo: inflación por arriba de los peores pronósticos previos, una crisis que parece comportarse más como una "L" que como una "U" o una "V", polarización simétrica con CFK en primera vuelta y ballotage riesgoso e inevitable. 

viernes, 9 de noviembre de 2018

A 35 años del regreso de la democracia: satisfacción con el sistema e imagen del gobierno

En la entrada anterior sobre este tema planteábamos una diferencia clave entre el Brasil que dio espacio al surgimiento de Jair Bolsonaro y Argentina: mientras según el Latinobarómetro 2017 sólo 13% de los brasileños decía estar muy satisfecho o más bien satisfecho con la democracia, en Argentina esa proporción era casi 3 veces más grande: 38%. Como este viernes 9/11 se presentó el Latinobarómetro 2018, es pertinente un repaso y actualización de datos, importantes de cara a dilucidar las chances que puede tener un “outsider” (no necesariamente con el perfil de Bolsonaro) en las elecciones presidenciales del 2019. Podemos considerar aquí dos niveles de análisis: el regional, por un lado, y por otro las tendencias en Argentina. Veamos:

El estudio se basa en 20.204 entrevistas cara a cara en 18 países entre el 15 de junio y 2 de agosto 2018, con muestras representativas de la población nacional de cada país de entre 1.000 y 1.200 casos, con un margen de error de alrededor de +- 3% por país. A nivel regional, la alarma se enciende con este dato: "2018 es el peor año para la región desde que Latinobarómetro empezara a medirla. No hay ningún indicador que tenga una evolución positiva y muchos llegan a un mínimo histórico. La percepción de retroceso es la más alta en 23 años", apunta el informe. Así, el apoyo a la democracia en la región sigue bajando de manera sistemática año a año: el indicador descendió 5 puntos porcentuales respecto a 2017 ubicándose en 48%, vale decir 15 pp menos que en 1997 (ver datos arriba; click para agrandar). Según Marta Lagos, directora ejecutiva del estudio, el 2018 ha sido un “annus horribilis” para la región en materia de democracia. “En esta nueva América Latina no son necesarios los golpes de Estado, se llega al autoritarismo por la vía de las elecciones”, alertó. 

El debilitamiento del sistema democrático se refleja en algunos datos de la última encuesta, como la caída del apoyo a la idea de que la democracia es el mejor sistema de gobierno: esa idea disminuye 5 pp entre 2017 y 2018 (pasa de 70% a 65%), acumulando así una caída de 14 pp desde 2013. En conjunto, el apoyo a la democracia en Latinoamérica se encuentra en su nivel más bajo desde el 2001, al tiempo que se advierte un avance de la indiferencia (o tolerancia) ante regímenes autoritarios. Se ve una caída del porcentaje de ciudadanos que considera que una “democracia es preferible”, situado en 2018 en un 48% (pendiente que comenzó luego del techo del 61% que se alcanzó en 2010) y en el aumento del grupo de personas “indiferentes” a si hay un gobierno autoritario o democrático (que pasó de 16% a 28% en el mismo período). Vale decir, la transferencia es lineal entre posiciones: caída de 13 pp y suba de 12 pp entre puntas. Parte de esta crisis podría ser atribuida al deterioro en la percepción que tiene la población latinoamericana sobre el progreso en los países de la región: valorada en -8, es la peor registrada en los 23 años de existencia de la organización Latinobarómetro. Tres notables excepciones: Bolivia (donde un 44 % percibe progreso), Chile y República Dominicana (ambos con 33%). Según Lagos, directora de la organización no gubernamental radicada en Chile, la percepción sobre la “situación económica personal futura” se mantiene en un 45% (3 pp más que en 2016, pero 2 pp por debajo de 2017). Aludiendo a la “diabetes democrática” que vive la región desde hace años, la ejecutiva resaltó que “hay demasiadas alertas de que aquí hay algo que efectivamente (…) está cada día peor”. 

Pasando a la lectura de las tendencias en Argentina, hay algunas luces amarillas: la confianza en la democracia y en el presidente en Argentina están actualmente en niveles similares a los de la megacrisis de 2001. En el caso del apoyo a la democracia en nuestro país, en un año cayó 10 puntos porcentuales. La caída de Brasil es similar: 9 pp, de 43% a 34%, dato que también ayuda a entender el fenómeno Bolsonaro. Con todo, Argentina sigue entre los países con niveles de apoyo más alto: con 58%, es superada por Costa Rica (63%) Uruguay (61%) y empata con Chile (ver datos abajo; click para agrandar). 



La caída en la aprobación del gobierno argentino es un poco mayor: 13 pp, de 36% a 23%. En este caso, se invierte la tendencia y Argentina está más cerca de las posiciones inferiores del ránking que de las superiores. Lideran Costa Rica y República Dominicana (53%) y disputan la posición de escoltas Bolivia (47%) Ecuador (46%) y  Chile (45%). Previsiblemente, el peor resultado lo tiene el Brasil de Temer (6%), otro registro que ayuda a entender el fenómeno Bolsonaro (ver datos abajo; click para agrandar). Finalmente, en cuanto a la situación económica personal futura, el país con peores expectativas es Argentina (33%) seguida por Nicaragua (36%), que este año se sumió en una profunda crisis.


miércoles, 7 de noviembre de 2018

“Ajustados”: Presupuesto e impacto de cara al 2019 (II)

El ajuste por venir también puede empeorar el ya alicaído humor de los consumidores argentinos. El Índice de Confianza del Consumidor (ICC) cayó 3,1% en octubre con respecto a septiembre, según el Centro de Investigación en Finanzas de la Escuela de Negocios de la Universidad Torcuato Di Tella; en términos interanuales, el indicador muestra una baja de 36,1% respecto a octubre de 2017 (ver datos arriba; click para agrandar). El indicador se basa en encuestas realizadas entre el 28 de septiembre y el 11 de octubre. Según Juan Cruces, director del Centro de Investigación en Finanzas, en términos de distribución territorial, la confianza del consumidor cae 6,7% en el interior del país, baja 1,7% en el Gran Buenos Aires y desciende 0,5% en Capital Federal. Vale decir, aunque hay matices, el bajón es generalizado y transversal a toda la geografía del país.




Para ponderar la profundidad del bajón, pensemos que esto implica que el humor de los consumidores argentinos se encuentra hoy en su punto más bajo de los últimos 14 años y que en el estratégico conurbano bonaerense ya está en niveles de crisis del 2002. Como apuntó oportunamente el economista Sergio Chouza, “el indicador que realiza el centro de investigación del actual presidente del BCRA muestra que la confianza de los consumidores en la economía ya registra los niveles más bajos desde la crisis de 2001/02, con un deterioro acumulado de 27,3% desde 2015” (ver datos arriba; click para agrandar). En rigor, esta tendencia fue anticipada ya hace tiempo: en agosto pasado, un informe de la consultora Ecolatina adelantaba lo que se venía: “el salto cambiario aceleró la inflación, hizo volar la tasa de interés y provocó desconfianza, lo que frenó bruscamente al consumo. El gasto en bienes durables y turismo emisivo, que trepaba a tasas chinas, pasó a caer fuertemente, y el consumo masivo volvió a descender (…) Las expectativas para el segundo semestre no son alentadoras. La pérdida de ingreso real de las familias (salarios, prestaciones sociales y empleo) más la elevada tasa de interés, generarán una contracción del consumo privado en la segunda mitad del año (…) se espera una significativa reducción del consumo público (que sólo representa 15% del consumo agregado) para cumplir con las restrictivas metas fiscales acordadas con el FMI". De ese modo, la consultora pronosticaba que el principal componente de la demanda interna presentaría una caída ‘significativa’.

El reporte más reciente de la misma consultora no permite abrigar ningún optimismo a futuro. Ecolatina estimó que habrá "una fuerte contracción en el volumen de ventas y un mayor consumo a plazo". Según esa entidad, la aceleración de la inflación a partir de septiembre, producto del salto del dólar a fines de agosto (esperan un aumento del nivel de precios cercana al 20% en los últimos cuatro meses del año), "continuará deteriorando el poder adquisitivo de los trabajadores, ya que las recomposiciones salariales que se vienen logrando en las últimas semanas -de manera aislada y solo afectando al sector privado formal- apenas atenuarán la caída del salario real, que en promedio caerá más de 11% interanual en el último cuatrimestre del año". En ese marco, Ecolatina pronostica que entre septiembre y diciembre el ingreso disponible de las familias tras el pago de servicios públicos se contraerá en mayor magnitud producto de que en los últimos cuatro meses del año tendrá lugar un aumento superior al 20% de los bienes y servicios Regulados, incrementando los gastos fijos (gas, electricidad, Transporte y combustibles) de los hogares, reduciendo aún más la cantidad de dinero disponible para volcar en el consumo de otros bienes. "Por este motivo, para los próximos meses es de esperar que los comportamientos identificados en agosto (caída del consumo, avance del canal mayorista, aumento de compras bajo promoción e incremento del uso de tarjetas de crédito) se intensifiquen en el último tramo del año (…)  Asimismo, pasado el mundial y con un dólar más caro, esperamos un desplome de las compras de electrodomésticos (y demás bienes durables)", destaca la consultora. A octubre de 2018, las ventas en locales físicos descienden entre 9% y 10%, lo que confirma la contracción del consumo (ver datos abajo; click para agrandar).



Veamos ahora el impacto en datos reales dentro de plazas clave:  las ventas minoristas de los comercios Pyme de la provincia de Córdoba cerraron octubre con una caída de 8,6% respecto a igual mes del 2017, lo que es la mayor contracción registrada en lo que va de 2018.  Este ajuste está generando cambios en el hábito de consumo: según un  monitoreo del Centro de Estudios Metropolitanos (CEM), el 73% de las personas que viven en Capital Federal y el conurbano confesó haber cambiado sus hábitos de consumo por razones económicas. Eso incluyó cambios en las marcas de los productos de consumo  habitual para ahorrar. Asimismo, el porcentaje de personas que reconoce que alguien de su hogar sufrió hambre por razones económicas subió al 35% (una suba de 14 puntos porcentuales contra el 21% registrado a principios del 2018). En ese marco, un 62% de las personas en ese conglomerado respondieron que no les alcanza el sueldo o el ingreso familiar, mientras existe un 61% que asegura que su situación económica es peor o mucho peor en relación hace un año. En el caso de Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), esas tendencias deben leerse en el marco del deterioro socioeconómico que vive el distrito: según las estadísticas de la ciudad, la pobreza en CABA es de 17,2%, 6 pp más alta que la que midió el Indec (11,2%). Hasta el primer semestre de este año, 21 mil personas pasaron de pobres a indigentes, 76  mil personas se “cayeron” de la clase media (ver datos abajo; click para agrandar). En conjunto, todo esto confirma un proceso de movilidad social descendente, efecto socioeconómico de la gestión Cambiemos que en la consultora Delfos detectamos a nivel nacional a fines de 2017, con una caída de 5% de la clase media en dos años de gobierno de Mauricio Macri. Asimismo, se estima que el poder adquisitivo de los argentinos cayó un 17% desde la llegada de Macri a la Casa Rosada.