martes, 22 de mayo de 2018

El desgaste de la marca Cambiemos y de sus referentes: enfoques

Revisamos en el posteo anterior datos y análisis que mostraban la erosión de la marca Cambiemos y de sus referentes. Nuestra lectura interpretativa es que ese desgaste es resultado del malestar socioeconómico manifiesto generado por la gestión del oficialismo. Esto perfila un escenario con pesimismo socioeconómico y escepticismo político. ¿Por qué decimos escepticismo político? Porque el gobierno está en crisis, pero la misma no puede considerarse terminal: cayó la imagen, la aprobación y las expectativas en Cambiemos y sus referentes, pero aún no hay una crisis manifiesta de gobernabilidad, lo que es característico del pesimismo. Según Management & Fit, la gestión del presidente Mauricio Macri tiene una aprobación del 35,1% y una desaprobación del casi el 55% (ver datos arriba; click para agrandar). Entre quienes lo votaron en la primera vuelta del 2015 tiene un apoyo aún mayoritario (55%), pero entre los votantes de Sergio Massa, buena parte de los cuales se inclinaron en el ballotage por Cambiemos frente al FPV, la desaprobación roza el 59%. Por supuesto, entre los votantes de Daniel Scioli la desaprobación trepa al 86%. Es decir, el oficialismo se está desgastando al punto en que su consenso se repliega cada vez más sobre su núcleo duro, por debajo del 42% obtenido en 2017 e insuficiente de cara al turno electoral del 2019. 

En este marco, el Índice de Confianza en el Gobierno (ICG) del mes de mayo descendió 6% con respecto a abril, lo que implica la peor medición de la gestión de Mauricio Macri en la serie evolutiva desde que asumió el cargo a fines de 2015. Según el informe de la Escuela de Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT), el registro de mayo fue de 1,94 puntos, lo que significa una caída del 6% respecto de abril (2,07). "Se trata del menor nivel registrado durante la administración de Mauricio Macri. En términos interanuales la caída fue de 23%", agrega el estudio. Dato clave: el actual nivel de confianza en el gobierno de Macri supera apenas por 0,14 puntos al valor observado en el último mes de la gestión de Cristina Fernández de Kirchner. El ICG se mide en una escala de 0 a 5. La encuesta es realizada por Poliarquía Consultores, sobre el universo de población general mayor de 18 años residente en ciudades de más de 10 mil habitantes y una muestra de 1.202 casos en 40 localidades de todo el país. Este relevamiento telefónico en particular se efectuó entre el 4 y el 15 de mayo de 2018. 

"El ICG de mayo profundiza la tendencia negativa que predominó durante el último semestre y que llevó al ICG de 2,97 puntos en noviembre de 2017 a 1,94 en mayo de 2018. Un caída de 35%", agrega el informe. "Es importante notar que, más allá de los hechos notados en los meses previos que afectaron negativamente la confianza en el Gobierno (denuncias de corrupción y/o conflicto de intereses, reforma previsional y laboral, aumento de tarifas, escalada inflacionaria), la última medición se realizó en el contexto de la reciente crisis cambiaria que depreció la moneda nacional en un 20% respecto al dólar", apunta el documento. El descenso se replica en la mayoría de los subíndices que se utilizan para conformar el ICG. La mayor caída se verificó en "Evaluación general del gobierno" (con un valor de 1,39 puntos), que sufrió un descenso de 15%. Según el estudio, el valor más alto del ICG se da en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (2,18), bastión del PRO, pero aún allí muestra un descenso de 13% respecto del mes anterior. En el interior del país (2,08) sufrió una caída de 3% respecto a abril. "Por último, en el Gran Buenos Aires (1,58), región en que la confianza en el gobierno ha sido menor a lo largo de todo el gobierno de Macri, hubo un descenso de 10% respecto al mes anterior", cierra el informe.

El gobierno está en crisis, pero no está terminado en términos de opinión pública. Aún puede retomar la iniciativa y tratar al menos de paliar el malestar socioeconómico dominante hoy para frenar el desgaste, condición mínima a partir de la cual puede pensar en una recuperación. Pero si no lo logra, la crisis escalará: lo que estamos viendo se aproxima al enfoque gramsciano de crisis, entendida como el proceso histórico en la que “lo nuevo no acaba de nacer, y lo viejo no termina de morir”. Como apunta el consultor Carlos De Angelis, “la gran pregunta que surge tras este escenario económico complejo es hasta dónde llega el malestar de parte de la base electoral de Cambiemos sobre un gobierno que votaron en dos oportunidades, y cuyo líder pretende ir por la reelección. No hay una respuesta sencilla sobre esto, aunque es cierto que el apoyo al Gobierno se ha resentido de tal forma que si las elecciones fueran este domingo, Macri no estaría en condiciones de ganar en primera vuelta. Pero, para alivio del oficialismo, hoy por hoy los posibles votos fugados no encuentran candidatos de reemplazo”. En síntesis, hoy el oficialismo está desgastado, pero ese desgaste se traduce más como escepticismo que como pesimismo político. Es por eso que, hasta ahora, sólo marginalmente el desgaste oficialista es capitalizado por algunas figuras opositoras. Sin embargo, si la crisis prosigue, es probable que el escepticismo escale en pesimismo político: a partir de eso, en algún momento la expectativa comenzará a trasladarse a alguna figura de recambio político dentro de Cambiemos o de cambio en favor de una figura opositora. 

lunes, 21 de mayo de 2018

Pesimismo socioeconómico y escepticismo político: impacto en la marca y los referentes de Cambiemos

Cerrábamos el posteo anterior marcando que los datos de encuestas recientes muestran que la afectación de la crisis no sólo ha mellado la imagen del presidente Mauricio Macri sino que también ha llegado a otras figuras de Cambiemos, como Horacio Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal: es decir, el tridente para el que ya se había lanzado una prematura “triple reelección” de cara al 2019 (ver datos arriba; click para agrandar). Cada uno con sus matices distritales, el estudio de Management & Fit realizado entre fines de abril y principios de mayo que comenzamos a citar en la entrada previa arroja para Macri un diferencial negativo de casi 20 puntos porcentuales (19,8), para Vidal un empate técnico entre imagen positiva y negativa (el diferencial positivo de 0,8 pp no es estadísticamente significativo) y para el jefe de gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) un magro diferencial positivo de casi 7 puntos (6,9 pp). Como se puede apreciar, el deterioro coincide con datos negativos en la percepción de la situación económica, de la inflación futura esperada, de la pobreza y de las políticas para reducir el desempleo y la inflación. 




Ya el mes anterior, un estudio de Analogías había mostrado un descenso en la imagen de la gobernadora bonaerense, que pasó de un diferencial positivo de 12,4 puntos porcentuales en noviembre de 2017 a apenas 1,8 en abril de este año, lo que implica un empate técnico, dado que esa brecha no es estadísticamente significativa (ver datos arriba; click para agrandar). Otro estudio de la consultora Tendencias en abril ya había arrojado un resultado  desfavorable para Vidal en imagen (ver datos comparados de aprobación de M&F y de imagen de Tendencias abajo; click para agrandar): 44,3% de negativa y 36,4% de positiva, con un regular de casi 15 puntos (14,9%).Como era previsible, para el presidente Macri el saldo resultaba peor: 50% negativo y 25,6% de positiva, según la misma consultora. Otro dato destacado del informe de Tendencias es que el 64% consideró a los aumentos de tarifas como “excesivos e injustificables”, en tanto que el 31% opinó que “había que hacerlos”.




Esto confirma que la marca Cambiemos ha sufrido un desgaste transversal,  vinculado a lo que el consultor Jaime Durán Barba trató de evitar durante el primer tramo de mandato oficialista: que el cambio quedara asociado a ajuste, con la connotación de malestar que ese concepto trae a la memoria colectiva de los argentinos. Otra consecuencia es que el desgaste tiene un sesgo por nivel socioeconómico, según el informe de M&F: mientras en los niveles altos (ABC1 y C2) es mayor la aprobación que la desaprobación, en los NSE medio, bajo superior, bajo inferior y marginal sucede lo contrario (ver datos abajo; click para agrandar). Esto refuerza la percepción de que el gobierno favorece a los sectores más ricos, dato que, como venimos viendo, confirman diversas encuestas. Según Carlos De Angelis, coordinador del Observatorio de Opinión Pública de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA), “el dólar tiene un efecto muy fuerte sobre la psicología de la clase media. No sé si Macri no selló su suerte para el 2019 esta semana. Nadie tiene la bola de cristal. Pero las corridas cambiarias se suelen transformar en corridas políticas. El tema es que el traslado a la política es más lento. Lo que está pasando es que empezó a instalarse la sensación de que no conduce nadie, de que el barco quedó a la deriva". Profundizando en el análisis del malestar socioeconómico y su afectación a nivel de la clase media, el consultor apuntó que “el panorama económico es sombrío para gran parte de la clase media asalariada, núcleo vital del electorado de Cambiemos, pues no sólo aumentan las tarifas, los combustibles y el transporte, sino que arrastran a una cantidad de servicios adicionales como la medicina prepaga, los colegios privados y hasta aumentan los servicios online cono Netflix y Spotify que desde ahora pagan el IVA. Demás está decir que los salarios quedan lejos de una inflación anual que se resiste a bajar de los 20 puntos".




Por su parte, el politólogo Hilario Moreno, director de la consultora Dicen, hizo foco en los electores de la “avenida del medio” que en el ballotage se volcaron por Macri: "A esta franja no le quedan dudas. No volverían a votarlo. La pesada herencia ya no funciona. Muchos de ellos incluso comienzan a decir que vivían mejor con CFK, aunque tampoco la votarían ahora. El punto de quiebre fue la reforma previsional. Allí se empezaron a poner en duda las cosas que se decían sobre el gobierno anterior. Esos votantes ya no tienen un relato armónico del pasado y el presente. Perdieron mucho la esperanza de que las cosas van a mejorar, de que lo peor ya pasó". Asimismo, es clave remarcar que estos datos y análisis fueron simultáneos a la corrida cambiaria de mayo pero previos al anuncio de acuerdo con el FMI. Como veremos, varios estudios que indagaron específicamente ese “issue” mostraron una aceleración del desgaste del oficialismo. 

jueves, 17 de mayo de 2018

Pesimismo socioeconómico y escepticismo político: la amenaza de una tormenta perfecta

Si el pesimismo socioeconómico realimenta el escepticismo político y el gobierno no logra conjurar la crisis, se incuba la posibilidad de una tormenta perfecta, en la cual el pesimismo socioeconómico pasaría a convivir con pesimismo político. De cara al 2019 electoral, este sería un escenario de alto riesgo para el oficialismo. El pesimismo político implicaría que Cambiemos no logra revertir el deterioro o que se acelera la curva descendente en los indicadores. Ya a fines de abril, varios consultoras convergían en marcar la continuidad del desgaste. Por ejemplo, según la Universidad de San Andrés, en una tabla de 15 dirigentes, Macri se ubicaba como el tercero en imagen "muy mala" y en caída libre desde febrero; según M&R - Query Argentina, en dos años, la imagen positiva de Macri pasó del 53% al 35%, y la desaprobación del 43% al 55,6%; según Synopsis, la brecha entre imagen negativa y positiva de Macri se ampliaba desde diciembre y llegaba a 10 puntos. Al mismo tiempo, se acentuaba un sesgo desfavorable para el gobierno: de acuerdo a la consultora Quiddity, el 60 por ciento de los electores argentinos considera que Mauricio Macri "gobierna para la clase alta". Según el sociólogo Luis Costa, director de esa consultora, Cambiemos sufre el agotamiento del relato de la “pesada herencia”. “Ahora, el gobierno está expuesto a las consecuencias de su propia gestión. Aquí y ahora las tarifas aprietan, y no hay a quién echarle la culpa (…) Una de las herramientas que tenía era el contraste. Cambiemos nace como una fuerza que tiene su razón de ser en vencer al kirchnerismo. La agenda de gestión, comunicacional, económica, está anclada como negación del kirchnerismo. La economía que se interviene versus la economía que no se interviene. Las importaciones versus las exportaciones. El gobierno ya no tiene antídoto contra la economía”.




Como venimos marcando, el problema es que el gobierno viene ensayando un discurso que puede ser convincente para su núcleo duro (el de la necesidad del ajuste), pero no para el segmento electoral al que persuadió de votar a Mauricio Macri en el ballotage del 22-N (y que no lo había elegido ni en las primarias del 2015 ni en la primera vuelta) con las promesas marcarias “podemos vivir mejor” y “no vas a perder nada de lo que ya tenés”, entre otras. En esa línea, Costa apunta que “en el núcleo duro del macrismo se dice que las cosas no están bien, pero hay decisiones que tomar, que todo es consecuencia del incendio kirchnerista. Lo que pasa es que eso se va reduciendo. Aparece la idea de que el gobierno nacional se pasó demasiado tiempo echando culpas a los kichneristas. Muchos ya dicen que en la gestión hacen las cosas que hacen porque Macri es rico y no tiene sensibilidad social”. Eso, a su vez, realimenta la impronta clasista de Cambiemos en favor de los ricos, que lo aleja de los sectores medios, medios bajos y bajos, parte de los cuales acompañaron a Cambiemos en las legislativas de medio término del 2017 y cruciales de cara al turno electoral del 2019, donde el oficialismo procurará mantener el poder. Para peor, el malestar socioeconómico ya visible en el primer cuatrimestre de este año se acentuó en mayo. A contrapelo del discurso presidencial de apertura de sesiones (“lo peor ya pasó”), la mayoría de los argentinos opina lo contrario en lo que a la economía se refiere, según datos de la consultora Management & Fit sobre una muestra nacional de 3.600 casos en todo el país realizada entre el 27 de abril y el 3 de mayo. Dato clave, el estudio se llevó a cabo durante la corrida del dólar y se cerró un día antes de la fuerte suba de tasas de referencia del Banco Central (que llegó a trepar al 40%) y, por supuesto, antes del anuncio (francamente impopular a tenor de los datos conocidos) de buscar un acuerdo con el FMI. El 63,6% consideró que la situación económica del país empeoró en comparación a 2017; sólo el 18,1% cree que mejoró y un 17,1% opina que la economía está igual (ver datos arriba; click para agrandar). 






Entre los pesimistas, son la primer minoría (el 36,4% del total) quienes consideran que la situación está mucho peor, mientras que el 27,2% considera que empeoró, a secas; como hemos visto en estudios anteriores, en esta materia la mayor proporción de electores tiende a ubicarse en el polo que trasluce el más intenso nivel de malestar. Es decir, vuelve a aparecer una brecha entre la comunicación oficial reciente (“lo peor ya pasó”) y la percepción de los electores (“estamos peor que antes”). Apenas un 5,4% considera que la situación económica mejoró mucho. Asimismo, el panorama no resulta alentador para el Gobierno de cara a los próximos meses: el 53,9% considera que no habrá “segundo semestre” y que la situación económica empeorará. Un 31,3% considera que la economía estará mucho peor. Hay una ligera suba (estadísticamente no significativa) entre los optimistas: el 25,3% piensa que la situación mejorará, pero sólo el 18,6% cree que cambiará mucho. En tanto, la proporción que opina que la situación seguirá igual se mantiene casi sin cambios: 17,4%.  En este marco, el pesimismo económico alcanzó valores similares a los de octubre de 2014 y decanta en el peor momento de la percepción económica de la administración Macri. En abril de 2017, los pesimistas eran cerca del 47%. Al mismo tiempo, el optimismo alcanzó el piso de la gestión de Cambiemos. En la misma línea, las expectativas económicas personales también se muestran a la baja: el 46,7% considera que su situación particular empeorará en los próximos meses; el 20,5% considera que estará mucho peor y el 26,2% cree que estará peor. Por contraste, el 24,5% supone que su realidad económica mejorará (guarismo que está en el orden de magnitud de los votos obtenidos por Macri en la PASO del 2015, y de hecho coincide exactamente en porcentaje; es decir, el optimismo queda acotado al núcleo más duro). La proporción de quienes consideran que su situación seguirá igual crece en relación a la tendencia general: 25,8%. 





En este marco, la inflación sigue estando al tope de las preocupaciones de los argentinos: 20,2%, en empate técnico con la inseguridad (20%) y la suba de tarifas (19,8%), que creció 7,4 puntos en relación a la medición anterior. Detrás se ubican la corrupción (14,2%), la desocupación (9,5%), que cede casi 7 puntos respecto a la última medicación y en favor de las primeras tres. Cierran las preocupaciones la pobreza (8,2%), las fallas en educación (4,7%) y el narcotráfico (2,6%). En conjunto, las preocupaciones económicas rozan el 58% (57,7%). Asimismo, el 52,7% considera que la pobreza aumentó durante la gestión de Cambiemos (ver datos arriba; click para agrandar). En el plano de las expectativas laborales, el 41,7% cree que en los próximos meses habrá menos oportunidades (ver datos arriba; click para agrandar). Este pesimismo socioeconómico se conjuga con un escepticismo político rampante, en el que la aprobación de la gestión de Macri está en su peor momento desde la asunción al poder en diciembre de 2015. Sólo el 35,1% lo aprueba, mientras que el 54,9% lo rechaza (un 10% se muestra indeciso). La tendencia es transversal por nivel socioeconómico, educativo y etario, y el malestar ha permeado en la base electoral del oficialismo: entre quienes votaron a Macri en 2015, el 55% aprueba la gestión, pero un 35,4% la desaprueba (ver datos abajo; click paraa agrandar). Esto alimenta la hipótesis de que se refuerzan los bucles de retroalimentación para una tormenta perfecta, ya que los datos muestran que la afectación llega también a otras figuras de Cambiemos, como Horacio Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal. 





martes, 15 de mayo de 2018

Pesimismo socioeconómico y escepticismo político: bucles de retroalimentación

El estadígrafo estadounidense Nate Silver apunta en su libro "La señal y el ruido": “como la confianza de los consumidores afecta al comportamiento de los consumidores, es más que posible que existan todo tipo de bucles de retroalimentación entre las expectativas sobre la economía y la realidad de la misma”. Además, el autor también remarca la existencia de bucles de retroalimentación entre predicciones económicas y políticas económicas:“los datos pasados en los que se basa todo modelo económico fueron en parte un resultado de las decisiones políticas de la época”. En el caso argentino, lo que hoy están mostrando las encuestas es una suerte de bucle de retroalimentación entre la caída de expectativas socioeconómicas y el malestar con la situación actual también en el plano político, atravesado por un escepticismo que cada vez corre mayor riesgo de manifestarse como pesimismo abierto. Y estas tendencias, preexistentes al anuncio de buscar un acuerdo con el FMI la semana pasada, pueden acentuarse. Repasemos algunos datos. 

Según la consultora Delfos, la percepción de problemas nacionales aparece hegemonizada por la agenda económica (ver datos arriba; click para agrandar). El 60% de las menciones se asocia a esa dimensión, con la inflación en primer lugar (casi 4 de cada 10 respuestas, 37%), la falta de trabajo (16%) en empate técnico con la inseguridad (18%), luego la pobreza y miseria (4%), que a su vez está en empate técnico con la nueva ley de jubilaciones (3%). Como venimos analizando en este blog, este tema en diciembre fue el punto de quiebre a partir del cual detonó el malestar que hoy se advierte en todos los estudios. Para peor, el 60% de los cordobeses cree que Macri no resolverá el problema de la inflación, precisamente hoy el principal reclamo en la provincia. Los datos surgen de una muestra domiciliaria de 1.800 casos en 14 ciudades de la provincia de Córdoba, con un error muestral de +- 2,3% cerrada a fines de abril. Otro dato clave, como apuntó el director de la consultora Luis Dall´Aglio, es que en Córdoba, distrito que le permitió a Mauricio Macri consagrarse presidente en el ballotage del 2015, hoy la preferencia electoral del presidente es de apenas el 29%. Asimismo, el 52% de los cordobeses califica como mala la gestión de Cambiemos (29% la califica de mala y el 23% la cataloga como muy mala), mientras que sólo un 14% la aprueba (1% muy buena y 13% buena); y el 34% la define como regular.  En la misma línea, un 51% de los cordobeses considera que desde que Macri gobierna “las cosas están cambiando para peor” y el 55% desaprueba la gestión de Macri.



En otro distrito de gran gravitación electoral, provincia de Buenos Aires, el pesimismo también era visible antes de que el FMI se sumara a la agenda coyuntural. Según la consultora Analogías, casi un 35% de los electores bonaerenses cree que habrá estancamiento en la economía, mientras que un 32,1% espera una recesión; apenas 20,8% cree en la posibilidad de crecimiento y un 12,2% no sabe (ver datos arriba; click para agrandar). Asimismo, la imagen del presidente, Mauricio Macri tiene un diferencial negativo de 5,4 %: el 46,6% tiene valoración positiva de su desempeño al frente del Gobierno, contra un 52% que la valora de manera negativa (ver datos abajo; click para agrandar). Como hemos visto en otros estudios, lo que más gravita es el nivel de malestar de mayor intensidad: la imagen negativa de Macri está sesgada hacia la opción de rechazo más intenso, ya que el 22,5% tiene imagen “muy mala” del desempeño presidencial, mientras que sólo el 10,9%, tiene una imagen "muy positiva”. Pasando de su imagen como dirigente a la de su gestión, el 39,6% evalúa de manera positiva su gestión (con sólo 9,6% de imagen "Muy Buena") y un 59,4% la califica de manera desfavorable, nuevamente con la primera minoría de opiniones concentrada en el mayor nivel de malestar (un 33,5% que califica a la gestión como "Muy Mala"). Según la consultora, "el gobierno afronta un escenario bastante complicado a raíz de las tarifas", apuntó el economista Sebastián Senlle. "Los aumentos están afectando bastante los ingresos familiares, mientras la oposición toma iniciativas como el congelamiento o la reducción de los aumentos tarifarios. Esto no sólo afecta la imagen del gobierno nacional, sino que empieza a afectar la imagen de la Gobernadora María Eugenia Vidal, achicando los márgenes en los últimos meses y los bonaerenses la toman como corresponsable de los aumentos de tarifas".



Por otro lado, el pesimismo socioeconómico que se percibe en el clima de opinión a nivel del electorado en general también ha permeado en el microclima  de los empresarios: el optimismo empresarial en Argentina cayó de forma drástica en el primer trimestre del año según una reciente investigación global, alcanzando un 16% neto, con una caída de 32 puntos porcentuales en relación al año pasado (ver datos abajo; click para agrandar). Las expectativas de aumento de las exportaciones en nuestro país disminuyeron en 6 puntos porcentuales hasta alcanzar el 12% neto, mientras que las expectativas de un mayor empleo han caído en 22 puntos hasta un 20% neto, un mínimo en casi dos años. Al mismo tiempo, el 10% neto de las empresas espera mayores ganancias durante el próximo año.  Esta línea de pesimismo tiende a coincidir con los datos regionales, ya que el optimismo en América latina cayó 10 puntos porcentuales hasta el 25% en el primer trimestre de 2018, de acuerdo al informe del International Business Report (IBR), elaborado por la firma Grant Thornton. Ese dato regional se contrapone a una tendencia global en la que el panorama económico está en su punto más alto. Sin embargo, en el caso argentino el optimismo es apenas un tercio del registrado el año pasado (de 48% a 16%), lo que sugiere que a los factores regionales se agregan otros endógenos.


jueves, 10 de mayo de 2018

Del pesimismo socioeconómico al escepticismo político: implicancias

En la serie de posteos recientes planteamos que la ruptura de la promesa marcaria con la que Cambiemos ganó el ballotage del 2015 (compuesta por dos conceptos centrales: “podemos vivir mejor” y “no vas a perder nada de lo que tenés”) está en el núcleo del desgaste que llevó a las actuales crisis política y de opinión pública (que, para peor, se acompasaron con crisis financiera y corrida cambiaria). La promesa ligada a un bienestar socioeconómico que sobrevendría con la gestión de Mauricio Macri y que convenció a una porción de electores que no lo había votado en las PASO ni en la primera vuelta logró mantener elevadas expectativas hasta fines de 2017, cuando el paquete poselectoral de "reformismo permanente" lanzado por el gobierno se corporizó en la modificación de la fórmula de cálculo de la movilidad jubilatoria y tradujo el cambio en un nuevo y concreto significado (que el gobierno había tratado de evitar durante los primeros dos años): ajuste. A partir de ahí se puso de manifiesto un malestar que antes fue latente y que desde entonces nunca remitió. 

Lo que estamos viendo en estas semanas es una doble crisis de confianza, tanto externa como interna, que cada vez se parece más a una tormenta perfecta. En el plano interno, se observa una combinación de pesimismo socioeconómico con pesimismo político. El primero se traduce en caída del Índice de Confianza del Consumidor (ICC), descenso de las expectativas económicas futuras (tanto a nivel de la situación del país como de la personal, familiar o doméstica), consumo masivo estancado o retraído y pérdida de confianza en el plan económico del gobierno (con especial foco en el manejo de la inflación), entre otros indicadores. El segundo se pone en evidencia en la caída de la imagen y la aprobación del gobierno y de sus figuras y en la baja del Índice de Confianza en el Gobierno, entre otros índices. Pero, aun siendo desfavorable, la situación puede empeorar: pasar del escepticismo político al pesimismo político. Si el gobierno no logra conjurar esta doble crisis, entonces se hará manifiesto un doble pesimismo, socioeconómico y político. Comenzaríamos a transitar una etapa en la cual una mayoría del electorado le bajaría el pulgar de manera definitiva al presidente Macri e iría trasladando sus expectativas hacia figuras alternativas al oficialismo. Algún dirigente opositor iría capitalizando la crisis y tomaría forma un consenso negativo respecto a la actual gestión, con el potencial de germinar una semilla de cambio de gobierno de cara al 2019. 

Una situación de ese tipo vuelve a instalar como clave la cuestión de la representación electoral opositora hacia el 2019, tema que ya hemos abordado en este blog y sobre el que volveremos reiteradas veces con seguridad. El primer desgaste del gobierno, como venimos planteando, se da a nivel de aquellos electores que no eligieron a Mauricio Macri ni a Daniel Scioli en las PASO y en la primera vuelta del 2015, pero que en el ballotage creyeron en las promesas de mejora de Cambiemos y hoy están entre desencantados y enojados. Ese voto, hoy Macri ya no lo tendría si hubiera elecciones: como apuntó recientemente el consultor Gustavo Córdoba, “todo lo que perdió Macri del voto de la segunda vuelta es un espacio que busca representación. Estamos viendo conjeturas en el peronismo de quien puede salir segundo, no se sabe con qué candidato, pero está claro que el PJ no K no va a votar a Macri. Y lo mismo piensa el kirchnerismo, que si con Cristina -que puede aspirar a una elección de 25 / 30 puntos- sale segundo puede recibir el voto peronista no K en una segunda vuelta. Sin embargo, con las imágenes actuales de los principales dirigentes nadie tiene garantizado el escenario de las elecciones. La economía marca un rumbo y una obligación, pero la clave es que tanto el oficialismo como la oposición deben analizar cómo construir el partido del ballotage, cómo lograr consensos y construir frente político para ganar en una segunda vuelta”. Por eso planteamos que hoy es visible un escepticismo político, ya que la situación aún no ha decantado en un pesimismo que permitiera vislumbrar a quién los electores (al menos una primera minoría) perciben como alternativa a Cambiemos (ya sea para reemplazarlo en el gobierno o al menos para expresar un voto castigo). Con todo, sí tenemos una referencia reciente para ver quién tiene ventajas comparativas al respecto: si tomamos en cuenta el resultado electoral del 2017, vemos que Cambiemos alcanzó 42% de los votos nacionales y CFK y sus aliados 24%, contra apenas 9,5% del peronismo no K: ese resultado pone a la ex presidenta en la "pole position" para disputar la representación opositora de cara al 2019. 

Si esos números de 2017 se mantuvieran en 2019, Cambiemos vencería en primera vuelta. Pero el punto clave es que las encuestas recientes (que no miden intención de voto, sino opinión electoral) muestran que ese panorama cambió en estos meses. Según el estudio nacional del consultor Hugo Haime que repasamos en este blog en abril, Cambiemos rondaba el 35,4% (por debajo del 42% logrado en 2017 y en el mismo orden de magnitud del voto de Macri en la primera vuelta del 2015), CFK el 28,2% (por encima del 24% obtenido en 2017) y un frente entre el massismo y el PJ antiK 12,2%; para más datos, Alberto Rodríguez Saá, aliado de CFK, alcanzaba en ese estudio un 3,8%, caudal que probablemente se sumaría (sino todo, al menos en parte) al de la ex presidenta. Esa “foto” mantiene a CFK como la opositora con más chances de contender con Cambiemos y forzar un ballotage. Una encuesta nacional posterior (abril) realizada por la Consultora de Imagen y Gestión Política (CIGP) ubicó a Macri con 34,53% contra el 24,32% de Cristina Kirchner y a Massa con 5,41% (como figura alternativa de Cambiemos, María Eugenia Vidal alcanzaba en ese estudio 11,41%). Aun con matices, ese estudio confirmaba al oficialismo con prácticamente el mismo caudal que en primera vuelta del 2015 y a CFK y a Massa con el mismo caudal que en las legislativas de medio término de 2017; con esa foto, nuevamente sólo CFK podría forzar un ballotage (Massa quedaría muy lejos) y la representación opositora se mantendría en los mismos términos del año pasado. Sin embargo, estas dos mediciones fueron antes de la “semana negra” que vivió el gobierno entre fines de abril y principios de mayo (y que, en rigor, no se sabe si ha terminado). Un estudio nacional posterior, realizado entre el 4 y el 7 de mayo por la consultora Gustavo Córdoba y Asociados sobre una muestra de 1.200 casos recolectados vía IVR, situó el acuerdo con una reelección de Macri en 2019 en apenas 23,4% (ver datos arriba; click para agrandar), es decir en el mismo orden de magnitud del voto obtenido por el actual presidente en las PASO de 2015 (24,5%). Esto pone al desgaste del oficialismo en otra dimensión, ya que el acompañamiento a una reelección del presidente se ubica 10 puntos porcentuales debajo de la aprobación de su gobierno (34,2%), la cual a su vez está casi 30 puntos porcentuales por debajo de la desaprobación, que trepa a casi el 64% (63,5%), con un núcleo duro de desaprobación total de casi 48% (47,9%; ver datos abajo, click para agrandar). Como apunta el informe de la consultora, si la elección presidencial fuera hoy, “estos números garantizan una segunda vuelta”. Dato clave: el estudio fue realizado antes del anuncio de que el gobierno busca un acuerdo con el FMI, suceso que podría suponer un desgaste adicional, en función de algunos estudios al respecto que serán materia de análisis en las próximas entradas.