lunes, 16 de julio de 2018

Un malestar socioeconómico que no cede

Con el dólar oscilando en torno a los 28 pesos en los últimos días después de amagar con llegar a los 30, el gobierno nacional se aferra a la esperanza de que si esa moneda encuentra un techo más o menos estable su propia imagen puedan encontrar un piso (a partir del cual pueda rebotar o, al menos, mantenerse). En el posteo anterior citábamos una encuesta de la consultora Ricardo Rouvier realizada entre el 2 y 18 de junio sobre un total de 1.200 casos a lo largo de todo el país, del cual extraíamos el dato evolutivo de la imagen de CFK. Ese estudio, que también incluía una serie evolutiva de la imagen del presidente Mauricio Macri y de su gestión de gobierno, sugiere cierta correlación entre la variación del dólar y la variación de imagen del presidente. La negativa en junio se estabilizó en casi 59%, mientras que la positiva lo hizo en torno al 37% (ver datos arriba; click para agrandar). En ambos casos, las variaciones no son estadísticamente significativas respecto a la medición anterior, por lo cual si bien existe una cierta consistencia entre las oscilaciones de la imagen y del tipo de cambio, son demasiado tenues como para hablar de una correlación estadística estricta (ver datos abajo; click para agrandar). 




En el plano de la gestión, los resultados son aún más desfavorables para el oficialismo: casi 62% (61,8%) tiene una opinión negativa, mientras que sólo un 33,1% mantiene una opinión positiva, guarismo que está en el orden de magnitud de los votos obtenidos por los Macri en la primera vuelta del 2015: 34,12% (ver datos abajo; click para agrandar). En los extremos, quienes consideran que la gestión de Macri en la Rosada es "mala o muy mala" alcanza casi el 41% (40,7%) mientras que quienes toman como "buena o muy buena" la gestión logra sólo el 18,4% (es decir, por debajo del núcleo duro de Cambiemos constituido por los votantes de Macri en las PASO 2015: 24,5%). En este marco, insistimos en que creemos en una cadena multicausal más larga y a efectos más mediatos que inmediatos en el tiempo, que podemos simplificar así: incertidumbre-crisis cambiaria-suba del dólar-pass through (pase a precios de parte de la devaluación)-inflación-malestar socioeconómico-desgaste político. Es decir, en la medida en que el malestar socioeconómico no ceda, no se puede esperar una estabilización de las variables de imagen del oficialismo. 




Esto también tiene una explicación en términos de política económica. El cóctel de medidas implementado por el gobierno para aplacar la crisis cambiaria toma la forma de un paquete procrastinador: las soluciones de fondo se demoran y a cambio hay una fuga hacia adelante que genera elevados costos en la economía real. La suba de tasas es el ejemplo más claro de una medida que profundizará el malestar socioeconómico que las encuestas vienen detectando desde hace meses. El sociólogo Carlos de Angelis evaluó que “el terremoto cambiario ocurrido en mayo y la decisión de recurrir al FMI colocan al país en un túnel donde se desconoce cuándo aparecerá la luz final. El túnel es el enfriamiento de la economía, un camino que ya se transita según las nuevas proyecciones que indican que el país crecería en 2018 entre 0,8 y 1,5% del PBI. El freno es producto de combinar la reducción de poder de compra de los salarios con la falta de interés de los empresarios para realizar inversiones frente a una tasa de interés del 40%”. Si observamos el evolutivo de Rouvier (ver datos debajo; click para agrandar) se advierte el efecto acumulativo del malestar socioeconómico en la erosión de la imagen de gestión a mediano plazo (ya que las variaciones medición a medición no suelen ser estadísticamente significativas, pero sí adquieren significatividad en la serie más larga). 




Sumando datos perceptivos que dan cuenta del malestar socioeconómico, un estudio de la consultora Gustavo Córdoba & Asociados realizado en junio mostró un amplio rechazo al manejo de la situación económica por parte de la Casa Rosada, con efecto "halo" en la imagen del “superministro” Nicolás Dujovne. Según el sondeo nacional, realizado mediante IVR sobre una muestra de 1.200 casos con un margen de error muestral de +- 2,83%, el 58,3% de los electores argentinos se expresó en contra del plan económico del Gobierno y sólo el 37,5% se expresó a favor (ver datos abajo; click para agrandar), un guarismo que está en el orden de magnitud de los votos obtenidos por Mauricio Macri en la primera vuelta del 2015 (34,15%). 



En ese marco, el consultor Gustavo Córdoba evaluó que “se ve un gran disenso con respecto a la política económica y financiera de Mauricio Macri”.  En cuanto a la valoración de la figura del ministro, los resultados son más desfavorables. Aunque su peso específico en el gabinete creció con la crisis de cambiaria y la salida de ministros y otros funcionarios, su imagen negativa alcanza el 53%, contra sólo el 24,8% de imagen positiva (ver datos abajo: click para agrandar). En este caso, el acompañamiento retrocede desde casi el 38% que vimos en la variable anterior a un guarismo que está en el orden de magnitud del resultado obtenido por Macri en las PASO del 2015: 24,50%, es decir, el núcleo más duro de la Alianza Cambiemos. 




Sin embargo, es peor el resultado en términos de confianza: el 78% destacó no ver que el presidente Mauricio Macri tenga la situación económica bajo control y apenas un 12% consideró que Macri tiene el asunto controlado. “El conjunto de todos estos datos muestra no sólo un rechazo generalizado a la política económica, sino también una profunda desconfianza en la capacidad de la Casa Rosada”, agregó Córdoba. 




A su turno, un estudio realizado por la consultora Ideia/Big Data también detectó un fuerte pesimismo respecto a los objetivos del acuerdo con el FMI. El 64% no cree en las declaraciones emitidas por el organismo, sólo 4% sí cree en ellas y un 32% dijo no saber qué opinar (ver datos abajo; click para agrandar). Respecto a la promesa del gobierno de que el acuerdo protegerá a la población más vulnerable, el 44% no cree en ella y apenas el 19% sí (es decir, por debajo del núcleo más duro de la Alianza Cambiemos, del orden del 25%) y un 37% dijo no saber (ver datos al final; click para agrandar). 




Estos datos se articulan de manera consistente con el planteo que oportunamente hizo De Angelis: “desde el oficialismo se deberían morigerar los festejos por el acuerdo con el FMI. En este sentido también causaron perplejidad las declaraciones de esta semana del nuevo hombre fuerte del Gobierno, Luis `Toto` Caputo, cuando expresó que la corrida cambiaria `es lo mejor que nos pudo haber pasado. Esto nos obligó a ir a pedir el crédito al Fondo Monetario, que nos da mucha mayor certidumbre, particularmente con el financiamiento`. La historia argentina muestra que los acuerdos con el Fondo si bien pueden traer un breve oasis de estabilidad cambiaria, tienen un alto costo social y requieren fuertes acuerdos políticos para ser posibles y viables. Ese es uno de los problemas con que se enfrenta el Gobierno, pues para llevar adelante los acuerdos con el organismo multilateral de crédito deben pasar por el Congreso algunas leyes, como la nueva Carta Orgánica del Banco Central, el nombramiento del propio Caputo al frente del BCRA y la autorización para desarmar el Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la Anses. Va a ser muy difícil que el peronismo “conversador” apruebe una serie de leyes que no solo condicionarán al gobierno siguiente, sino que dejará a esta rama peronista como socia del macrismo en fuertes decisiones sobre las que no ha sido consultada, y que expondrán a las huestes del Miguel Angel Pichetto a un cogobierno virtual sin los beneficios correspondientes”. A este análisis, le agregamos un punto ya planteado en posteos anteriores: el significante “FMI” agrava el envejecimiento marcario de Cambiemos (fenómeno visible desde hace unos meses antes del anuncio del acuerdo, pero agudizado desde mayo).   



lunes, 9 de julio de 2018

30-30-30: crisis cambiaria, inflación y desgaste político

Citábamos en el post anterior la encuesta de Dalessio Irol – Berenzstein, cuyos datos confirmaban que el malestar socioeconómico sigue construyendo tendencias estructurales en la opinión pública. Según el informe, “la crisis cambiaria activa el pesimismo y diluye el capital político de Macri. Los sucesos económicos recientes acentuaron la crítica del presente y el pesimismo hacia el futuro (…) inflación e inseguridad continúan siendo los temas preocupantes más recurrentes. Muestran interés por la corrupción, con foco en el pasado o el presente según posicionamiento político". En total, un 78% de los encuestados asume que está "peor o mucho peor" que hace un año y sólo un 20% señala estar "mejor o mucho mejor", lo que arroja un diferencial negativo de 58 puntos porcentuales. En cuanto a la expectativa, para el 57% son negativas y para un 39% son positivas, de lo que resulta un diferencial negativo de 18 puntos porcentuales (ver datos arriba; click para agrandar).

Otros estudios confirman la línea interpretativa por la cual la crisis explica un desgaste que atraviesa los vaivenes de la coyuntura (con "issues" como el Mundial y la despenalización del aborto, entre otros). Vale decir, si bien esos temas son fuertes, no llegan a desplazar la centralidad de la agenda económica que es la que está castigando al gobierno, habida cuenta de que problemas como la inflación impactan directamente en el metro cuadrado de los electores. En esa línea, un informe de la consultora CEIS apuntó que “la percepción sobre la situación económica y las políticas en la materia son el principal punto oscuro en la evaluación presidencial. Con relación a las respuestas de los entrevistados en cuanto a la comparación de la economía respecto del 2017, el 65% piensa que la economía ha 'empeorado'. Al observar las respuestas acerca de la situación económica del país en el presente, un 32% de los encuestados sostiene que es mala y el 31% piensa que es muy mala, mientras que el 35% tiene una evaluación positiva y considera que es buena o muy buena. En cuanto a las expectativas a futuro, un 16% de los encuestados sostiene que la economía 'seguirá igual', sin embargo las expectativas de 'mejora' económica alcanzan a un 25% de la población, mientras que casi 6 de cada 10 encuestados creen que la misma empeorará". Dentro de la agenda económica, el estudio también detecta que el tarifazo gravita fuertemente: con relación al aumento de tarifas de luz, gas y transporte, casi 2 de cada 3 encuestados respondieron estar "poco de acuerdo" o "nada de acuerdo" con el aumento de tarifas de los servicios, y el 60% los considera desmedidos. Respecto al aumento del dólar, el 71% de la población responde que lo afecta, mientras que un 20% cree que no lo afecta. En cuanto a la decisión del gobierno de volver al FMI, el 16% de la población está "muy de acuerdo" y el 22% está "algo de acuerdo", mientras que el 19% "está poco de acuerdo", llegando al 43% la proporción de quienes están "nada de acuerdo".

A su turno, el Monitoreo Nacional de Ricardo Rouvier & Asociados de junio detectó que casi el 62% (61,8%) desaprueba la gestión de gobierno, mientras que sólo 33,1% la aprueba. Estos datos confirman la tendencia según la cual el apoyo al oficialismo perfora el 40%, alejándose del orden de magnitud del resultado obtenido en las legislativas de 2017 (42%) y se repliegan a valores más cercanos al 30%, es decir, núcleo duro de Cambiemos (lo que obtuvieron Macri+Sanz+Carrió en las PASO del 2015: 30,12%). Al mismo tiempo, las expectativas económicas se encuentran en su peor momento: el 69,4% no cree que la inflación vaya a bajar. Asimismo, el estudio de Rouvier coincide con el de Dalessio Irol – Berenzstein en mostrar un “efecto de contraste” en virtud del cual la imagen de la principal dirigente opositora, Cristina Fernández de Kirchner, mejora relativamente, de la mano de una leve baja de la imagen negativa y un crecimiento también módico de la imagen positiva. Si se observa la serie evolutiva, de medición a medición las variaciones son estadísticamente no significativas: por ejemplo, entre mayo y junio la calificación positiva crece apenas 0,3 puntos porcentuales, mientras que la negativa cede 0,4 puntos porcentuales. Sin embargo, si la mirada se amplía hasta diciembre de 2017 y toma todo el primer semestre de 2018, la variación en la imagen positiva gana sustancia (4,7 puntos porcentuales), al igual que la baja en negativa (-4,1 puntos porcentuales) y la tendencia adquiere consistencia, ya que la favorable crece a lo largo de todos esos meses a costa de la desfavorable (ver datos abajo; click para agrandar). 




Como venimos planteando, estas tendencias (desgaste oficialista y reposicionamiento de la principal opositora) van recreando las condiciones de una polarización de cara al 2019. Se sabe que ese recurso le sirvió al gobierno en los recientes turnos electorales; sin embargo, hoy una nueva apuesta a la polarización encierra diversos riesgos. Por caso, cuando el presidente Mauricio Macri ensayó esa movida en el debate por el proyecto antitarifazo (que luego vetó), diversos analistas consideraron un error estratégico de Macri el haber intentado forzar un cambio del peronismo moderado por la vía de agitar el "fantasma" de Cristina Kirchner. "Puede tener sus ventajas tácticas a corto plazo, pero estratégicamente es muy peligroso, sobre todo en momentos de tensión económica. Al usar a Cristina como la otra opción frente al actual Gobierno, si alguien tiene dudas sobre la economía argentina, esas dudas van a aumentar. Al Macri polarizar y decir si a mí me va mal lo que viene es Cristina, el que tiene que decidir una inversión lo que va a hacer es frenar todo y esperar a que aclare. De modo que una estrategia de este tipo puede complicar aún más la crisis, en lugar de ir resolviéndola", evaluó Rosendo Fraga, director de la consultora Nueva Mayoría.

domingo, 8 de julio de 2018

30-30-30: dólar, inflación e imagen positiva del gobierno convergiendo en torno al mismo guarismo

Mientras el dólar busque su techo, el presidente Mauricio Macri buscará su piso, escribimos en junio. No se trata de una correlación lineal entre variables socioeconómicas y políticas, sino de una cadena multicausal más larga, que podemos simplificar así: incertidumbre-crisis cambiaria-suba del dólar-pass through (pase a precios de parte de la devaluación)-inflación-malestar socioeconómico-desgaste político. Ya en junio pasado, la consultora Synopsis hizo punta, al detectar que la imagen positiva de la gestión de gobierno perforaba al 30%: 29,1%. Sobre el cierre de junio y principios de julio, incluso las muy optimistas consultoras económicas que inicialmente habían comprado el relato del gobierno nacional corrigieron sus estimaciones hacia una inflación en torno al 30% para este año y el dólar en alrededor de 30 pesos: tres datos clave alineados alrededor del 30. 

La más reciente medición de D'Alessio Irol/Berensztein tiende a converger con la de Synopsis, aunque el resultado es menos crítico. Se trata de una encuesta realizada en forma online durante junio de 2018 sobre una muestra de 1.477 casos mayores de 18 años de todo el país. De acuerdo a los datos, la imagen positiva de la gestión cayó hasta el 36%, al mismo tiempo que la negativa llegó a 61% (registro pico desde que ocupa el cargo, con una suba de 6 puntos porcentuales desde la medición anterior; ver datos arriba, click para agrandar). Así, el estudio confirma que el apoyo al oficialismo retrocede desde el 42% logrado en las legislativas de medio término de octubre pasado a guarismos que están el orden de magnitud del voto obtenido por Macri en la primera vuelta del 2015: 34,15%. La imagen del presidente también se deterioró, aunque en este caso sigue por encima de la evaluación de gestión: la positiva pasó de 45% a 41% (piso en la serie evolutiva), mientras que la negativa trepó al 54% (pico en la serie evolutiva). Se trata de la brecha más grande entre las curvas desde que comenzó el ciclo Macri: 13 puntos porcentuales (ver datos abajo; click para agrandar). 





La clave del deterioro oficialista sigue pasando centralmente por el malestar socioeconómico: ante la consulta por la situación actual, 8 de cada 10 responden que es "peor o mucho peor" que el año pasado y el 57% no ve mejoras para 2019. Más de la mitad no cree que el acuerdo con el FMI mejore la situación y un 72% considera que la inflación será mayor a la esperada. Esto confirma que el motor de las expectativas, que en otros momentos de crisis seguía acompañando al oficialismo y lograba traccionar su recuperación, sigue apagado. El análisis por segmentos de electores del estudio arroja un dato crucial: muchos de los seguidores de Cambiemos o quienes en octubre pasado eligieron al oficialismo como alternativa electoral le están retaceando el apoyo a la gestión Macri. Desde noviembre de 2016, el presidente cosecha casi 30 puntos de caída en la gestión en ese sector social. Esto refuerza la idea de que el malestar atraviesa la “grieta” política, permeando en la propia base electoral del oficialismo. En el otro polo, los votantes del Frente para la Victoria refuerzan su rechazo a la gestión Macri en niveles similares a los de octubre pasado, agudizando los niveles de rechazo en casi 20 puntos porcentuales y alcanzando el 91% de percepción negativa. 






Asimismo, el informe detecta un contagio del desgaste en otros referentes de la Alianza Cambiemos, como la gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, quien alcanzó su tope de imagen negativa en junio en la serie evolutiva de esta consultora: 42%, contra una percepción positiva que cedió 4 puntos porcentuales respecto de mayo a mayo pasado y se ubicó en 53% (ver datos arriba; click para agrandar). Aun así, seguía siendo la dirigente con mejor imagen dentro del oficialismo. En el caso de la diputada nacional Elisa Carrió, su imagen negativa superó ampliamente a la positiva (51% contra 44%), arrojando un diferencial desfavorable de 7 puntos porcentuales. En sentido contrario, al igual que ya hemos visto en otros estudios citados en este blog, la principal figura opositora capitaliza la crisis oficialista recortando imagen negativa y creciendo en positiva: Cristina Fernández de Kirchner logró una suba de 10 puntos en su imagen positiva en relación al mes pasado, situando su percepción positiva en torno al 30%, al tiempo que la imagen negativa baja 9 puntos porcentuales, ubicándose en 64% (ver datos abajo; click para agrandar). Esto confirma que las tendencias van recreando las condiciones de una polarización de cara al 2019 electoral, con una crisis que desgasta al oficialismo y reposiciona a la opositora más nítida. 




jueves, 5 de julio de 2018

Envejecimiento prematuro de la marca Cambiemos: miradas desde la comunicación política

Cerrábamos el posteo anterior remarcando que los adultos mayores, los menos participativos en el mundo digital, siguen siendo los que acompañan en mayor medida a Cambiemos, y planteábamos que eso sugiere otra hipótesis de cara al 2019 electoral: si la marca oficialista sufre de envejecimiento prematuro y se va recreando una dinámica polarizadora que mejora el reposicionamiento de CFK y Unidad Ciudadana a costa de las alternativas “opo-oficialistas” del espacio pan-justicialista, entonces la “novedad” dejará de ser un valor en la disputa electoral del año próximo. Como toda hipótesis planteada a partir de datos empíricos, se sostiene en la medida en que los datos la validen. Precisamente, en estos días se conoció otro estudio que refuerza nuestra línea interpretativa. Según una encuesta realizada por la consultora Analogías durante los días 1 y 2 de julio, el 51,4% de los porteños calificó como negativa la gestión del líder del Cambiemos al frente de la Casa Rosada, mientras que sólo el 46,9% evaluó como positivo su desempeño. Es decir, hay un diferencial negativo de 4,5 puntos porcentuales y, por primera vez en Capital Federal (o Ciudad Autónoma de Buenos Aires, CABA), la imagen negativa del mandatario le gana a la positiva, la que toca su piso en la serie evolutiva (ver datos arriba; click para agrandar). 

Es un dato clave, toda vez que CABA es un bastión del oficialismo desde que en 2007 Macri ganó la jefatura de gobierno, y sugiere que la turbulencia cambiaria que puso en jaque a la economía tiene efectos fuertes en la opinión pública. Para ponerlo en contexto, la valoración positiva del presidente entre los porteños registra un deterioro sostenido desde el pico alcanzado tras la victoria electoral en ese distrito en octubre del 2017, cediendo desde entonces casi 13 puntos porcentuales positivos e incrementando en 13,6 pp la imagen negativa. El estudio, estudio realizado sobre una muestra de 3.600 casos, detectó que Macri registra una distribución desfavorable en la intensidad de las respuestas. Las valoraciones positivas aparecen sesgadas hacia la opción de apoyo menos intensa, "imagen regular positiva", mientras que la imagen negativa está conformada en buena medida por un núcleo de rechazo intenso agrupado en la opción de mayor rechazo, "imagen muy mala". Asimismo, el relevamiento confirma un dato consistente entre la mayoría de las mediciones que hemos revisado: la valoración del presidente en CABA registra un patrón etario similar al del resto del país, "con un rechazo muy marcado en los jóvenes y adultos de hasta 45 años y un apoyo predominante en los segmentos de mayor edad", especialmente en los de más de 60 años. Asimismo, el apoyo al mandatario crece en el público femenino y, a diferencia del Conurbano bonaerense, decrece a mayor nivel educativo. Así, el enjevecimiento de la marca Cambiemos deviene doble: por desgaste a nivel general y por repliegue del apoyo hacia los segmentos etarios de mayor edad (que no es nuevo, pero se hace más gravitante en la medida en que el deterioro general parece afirmarse como tendencia de mediano plazo). 

El envejecimiento marcario de Cambiemos también ha sido objeto de análisis por parte de especialistas en comunicación política y consultores. Mario Riorda lo examina en varios niveles: “El Gobierno tiene discursividades pero carece de un mito. El pack zen no funciona en situaciones de déficit de consenso y con carencia de grandes políticas legitimadas. Estudios cualitativos demuestran que, por cada valor positivo del Gobierno, le cabe uno negativo: a firmeza, insensibilidad; a sinceridad, aislamiento; a decisionismo, elitismo; a equipo, confusión (…) un mito de gobierno no entra en el campo del marketing político. Este se compone de técnicas que no sacian expectativas a largo plazo, porque estas requieren de políticas palpables. Lo dicen los informes de la encuesta de Satisfacción Política y Opinión Pública de la Universidad de San Andrés, la satisfacción con la marcha del país tiene un descenso constante desde septiembre pasado en todos los niveles socioeconómicos, pero más especialmente en la clase baja. Alerta roja”. Este es un dato clave, porque refuerza otra de las improntas que vienen lastrando al gobierno desde su llegada al poder: la de una gestión que beneficia más a las clases altas que a las demás. Seguidamente, Riorda parafrasea a Damián Fernández Pedemonte, quien “señalaba características del discurso macrista en su inicio: pluralismo de ideas, más fluidez con el periodismo, transparencia y convocatoria a otros sectores. Casi nada de eso se mantiene. La disidencia es un bien escaso. Solo hay disidencia focalizada en pocos socios de la coalición. Con la oposición hay cada vez más distancia y estigmatización mutua, aun con sectores que fueron parte de la necesitada gobernabilidad. Cambiemos ha dejado de ser el cambio. Y menos, el cambio pragmático”.

Por su parte, el sociólogo Carlos de Angelis examina el contraste entre la comunicación política del kirchnerismo y la de Cambiemos, apuntando a la progresiva pérdida de ventaja relativa de esta última desde que la crisis se hizo manifiesta. “El kirchnerismo sostenía la idea de que tras el 2001 la sociedad estaba muy politizada, y que había que transmitir mensajes `ideologizados`, a fin de convencer y generar un cambio cultural, a punto tal que hacia el final del gobierno la impresión fue que Cristina les hablaba sólo a los propios. Cambiemos abordó esta cuestión desde una óptica totalmente opuesta, considerando que gran parte del electorado está despolitizado: no quieren escuchar políticos, quieren resultados. De esta hipótesis surge el discurso cambiemista, planteando consignas sencillas, (“lo que estamos logrando juntos”); predicciones poco complejas de los problemas económicos (“los brotes verdes”; “la lluvia de inversiones”); convocatorias que apelan al sentido común (“tenemos que salir adelante sin atajos”; “les voy a hablar con la verdad”), y el uso de eufemismos para referirse a situaciones adversas (“desplazamiento” por devaluación, “convergencia” por ajuste, y la más reciente “turbulencia” por corrida cambiaria). A pesar de todo, algunos sostienen que la comunicación del oficialismo es insuficiente, bajo la noción de que el macrismo no informó a la sociedad el inventario de la “pesada herencia”, y que por ese motivo no pudo realizar un ajuste a fondo al inicio de la gestión. Pero no observan que a falta de datos concretos para explicar la herencia, se privilegió la veta de la corrupción y la prisión preventiva de muchos ex funcionarios. El caso emblemático fue el de José López con sus bolsos en el convento. Esta narrativa impactaría en forma plena en propios y ajenos”. Coincidimos: de hecho, el relato “M” se sostuvo hasta la victoria electoral de 2017 en 2 pilares, la exitosa gestión del pasado (“pesada herencia”, con frecuencia un eje "tercerizado" en la medida en que era sostenido por los medios privados afines al oficialismo a la par, y a veces por encima, respecto a la comunicación gubernamental) y la del futuro (las expectativas). Cuando estas últimas cayeron y la primera fue perdiendo centralidad por el paso del tiempo y los yerros propios de Cambiemos, la debilidad del oficialismo quedó expuesta como se ve ahora.

Adicionalmente, De Angelis introduce el concepto de “ajuste discursivo”: “Frente a la necesidad de pasar del gradualismo al shock, también se debe crear un segundo ajuste, pero en la estructura narrativa, para legitimar las nuevas medidas después de más de dos años explicando el gradualismo. El regreso al FMI llevó a una crisis del modelo comunicacional, porque resulta difícil para sus comunicadores acompañar allí al Gobierno. Por esto el Presidente tuvo que gestionar personalmente el nuevo discurso en la conferencia de prensa del 16 de mayo, expresando, entre otras cosas, que su autocrítica estribaba en su temperamento positivo y las metas rigurosas que impuso; también caracterizó al FMI como una herramienta adicional para alejarse de los vaivenes del mercado, sin dejar de remarcar que `además podemos ir al Fondo porque no tenemos nada que ocultar… acá no hay gente que se lleva bolsos a conventos`". De esa forma, el relato M y la marca Cambiemos agudizan su envejecimiento, porque quedan asociados a un significante viejo y desfavorable (el FMI), además de recurrir a un “issue” que ya perdió la funcionalidad política que tuvo entre 2016 y 2017 (López). 

miércoles, 4 de julio de 2018

Cierre del 1er semestre y perspectivas para el 2do: consistencia de mediciones e hipótesis hacia 2019

En el posteo anterior explicitábamos un criterio según el cual los análisis que realizamos en este blog consideran la consistencia de datos, en un doble sentido: 1) en ocasiones, aparecen mediciones de opinión pública muy desviadas de las demás 2) si además esas mediciones del tipo "mirlo blanco" no son consistentes con el marco de datos (duros y blandos) provenientes ya no de encuestas de opinión pública sino de estudios socioeconómicos, indicadores de actividad (sectoriales o a nivel general) y estudios de consumo, entonces los tomamos con los matices y prevenciones pertinentes. En la entrada precedente, era el caso de una medición de Isonomía que marcaba una relativa mejora para el oficialismo en el mismo mes en que todos los demás estudios mostraban desgaste en la opinión pública y deterioro en otros indicadores. En este post, idéntica consideración nos merece una encuesta de Poliarquía citada recientemente en Perfil, según la cual la imagen de la gestión de Mauricio Macri recuperó en junio 6 puntos porcentuales de los 9 que había perdido en mayo y volvió a superar la barrera del 40%, para cerrar en 42% de imagen positiva. De acuerdo a ese estudio, la desaprobación cayó 8 puntos porcentuales y quedó en 55%. Esa misma nota citaba también el Informe de Confianza (ICG) en el Gobierno realizado por la Universidad Di Tella (UTD), que mostró una leve alza: del 1,94 (sobre 5) de mayo al 2,04 de junio. “Lo único que se me ocurre es que parte de los argentinos necesitan, aun con desconfianza, confiar en algo. En algunas variables, como las de la economía, los números son malos”, conjeturó un analista, de acuerdo a lo publicado. No podemos sino coincidir con esa prudente evaluación, y apuntar que la variación del ICG no es estadísticamente significativa, por lo cual no implica una mejora sustantiva. 

Fuera de esa publicación, el análisis de los informes más recientes sigue mostrando el desgaste del oficialismo, con apenas matices. Por caso, los resultados de la encuesta mensual de la Universidad de San Andrés sobre la satisfacción política y opinión pública (ESPOP) de junio revela que el gobierno aún se mantiene en baja en los niveles de satisfacción y aprobación: si bien en relación al mes pasado la aprobación insinúa una recuperación (de nuevo, estadísticamente no significativa), al mismo tiempo se mantiene baja la satisfacción. El estudio se basa en una muestra de 1.004 casos a lo largo del país durante el 7 y 18 de junio, con mayores de 18 años conectados a internet. Según la medición, el presidente Mauricio Macri registra un 53% de desaprobación sobre su gestión, apenas por debajo del pico de mayo pasado, mientras que la aprobación insinuó una leve suba de 3 puntos porcentuales (nuevamente, estadísticamente no significativa), llegando al 45% (ver datos arriba; click para agrandar). En cuanto a la variable geográfico-territorial, la gestión presidencial tiene mayor apoyo en Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA, bastión de Cambiemos desde el 2007): allí, el 56% aprueba la gestión de Macri. En cambio, Provincia de Buenos Aires (PBA) y el Noroeste Argentino (NOA) son las regiones donde la desaprobación supera holgadamente a la aceptación. En PBA, el rechazo llega a un 62%, mientras que en el NOA la desaprobación de la gestión Cambiemos trepa al 60%. Asimismo, como ya vimos en otros estudios, la aprobación de la gestión oficialista y de Macri mejora entre los adultos mayores (segmento denominado "Baby Boomers"), es decir los mayores de 65 años. En ese segmento etario, Macri alcanza el 58% de aprobación de gestión. Por contrapartida, los "milennians" la desaprueban de manera contundente: en los más jóvenes, el rechazo a la gestión Macri alcanza el 67% (ver datos abajo; click para agrandar). 




En un posteo reciente citábamos una hipótesis explicativa sobre este apoyo al oficialismo entre los adultos mayores aportada por el periodista Sebastián Lacunza: “La pendiente política y financiera para el gobierno empezó en diciembre, con el recorte a jubilados. Pero los mayores de 60 siguen siendo los que mejor valoran a Macri. Hasta el doble de aprobación que los menores de 30. Nada es monocausal, pero arriesgo una causa. El segmento +60 es el más apegado a consumos periodísticos tradicionales. Radio AM, diarios, tele abierta. Espacios muy valorados por el macrismo a la hora de tejer nexos. La tele monodireccional del domingo a la noche pesa. Los espacios sub 30 circulan por soportes, contenidos y espacios físicos (calle, música, universidad, trabajo, fútbol) más variados, intrínsecamente menos uniformes”. En esta hipótesis, el sesgo editorial pro-Cambiemos del consumo de medios del segmento se ofrece como explicación de la inclinación electoral de los adultos mayores. Resulta oportuno retomar este tema, como anticipamos en esa entrada, puesto que ha sido materia de análisis de varios especialistas. Luego de las elecciones del 2017, Martín Schuster & Agustín Cesio apuntaban lo siguiente. “Leemos: el peronismo es un partido del siglo XX y el PRO es del siglo XXI. La frase tiene punch. Resuena, tiene eco. ¿Es cierta? Por fecha de nacimiento, sí. Pero la oración apunta a otra cosa. Quiere decirnos que el PRO se mueve en el mundo millennial como pez en el agua, mientras el peronismo es un gigante avejentado y anacrónico, que entre el vértigo de los algoritmos sigue cantando la nostalgia de la vieja sociedad salarial. Cuando miramos votos, sin embargo, vemos otra cosa: el PRO crece en apoyos entre las viejas generaciones y el peronismo es más fuerte entre los jóvenes. Un partido para millennials con electorado senior y un partido tradicional que gana entre los millennials”

Efectivamente: en 2015 y 2017, el voto de los mayores de 65 hacia Cambiemos resultó decisivo en el agregado nacional, y lo mismo se observó en PBA en la competencia entre CFK y Esteban Bullrich, que en la general se saldó a favor del candidato de Cambiemos luego de que la ex presidenta se impusiera por poco en las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO) de agosto de 2017. Esto entra en contradicción con la idea de Cambiemos como “novedad”: en todo caso, sería un ropaje nuevo para el anti-peronismo y anti-kirchnerismo de parte del segmento de adultos mayores (arriesgamos: un nuevo significante para un significado viejo). Schuster y Cesio agregaban lo siguiente. “Quizá haya que distinguir dos dimensiones de análisis: una cosa es el electorado y otra la práctica política para interpelarlo. Target y acción sobre ese target son dos cosas distintas. El PRO tiene su núcleo de apoyo en seniorsy en NSE altos; el peronismo (al menos el bonaerense versión 2017) en jóvenes y NSE bajos. Pero la distinción siglo XX/siglo XXI quizá sea más correcto aplicarla al modo en que ambos buscan interpelar a los sectores intermedios, aquellos no claramente volcados por una opción y que finalmente son los que definen el resultado de la competencia entre estas dos primeras minorías. Mientras que el PRO hace diez años viene apostando a nuevas comunicaciones políticas (que por entonces eran minoritarias y extrañas y hoy son casi hegemónicas), el peronismo se debate entre la huida hacia el tradicionalismo partidario y la réplica de las prácticas ajenas que lo derrotaron en 2015". Esto resulta más provocativo; sin embargo, en este “semestre negro” del oficialismo esta parte del planteo perdió vigencia. De hecho, mediciones recientes en redes sociales muestran que el pesimismo ya se instaló fuertemente y que la comunicación oficial se muestra impotente para revertir el contagio del malestar socioeconómico hacia el mundo digital en el que antes parecía salir airosa. En tanto, los adultos mayores, los menos participativos en el mundo digital, siguen siendo los que relativamente más acompañan a Cambiemos. Esto sugiere otra hipótesis de cara al 2019 electoral: si la marca oficialista sufre de envejecimiento prematuro y se va recreando una dinámica polarizadora que mejora el reposicionamiento de CFK y Unidad Ciudadana a costa de las alternativas “opo-oficialistas” del espacio pan-justicialista, entonces la “novedad” podría dejar de ser un valor central en la disputa electoral del año próximo.