miércoles, 20 de septiembre de 2017

Hacia el 22-O y de cara al 2019: minorías electorales a nivel país

En las PASO del 13-A, nuestro recálculo a partir del escrutinio definitivo nos permitió establecer que Cambiemos obtuvo 8.667.643 votos a nivel nacional, ubicándose como primera minoría electoral. Por su parte, CFK alcanzó 3.229.214 votos en provincia de Buenos Aires (PBA), más 2.684.229 que Unidad Ciudadana y frentes aliados recogieron en el resto del país. Eso suma 5.913.423 votos a nivel nacional, el segundo volumen electoral detrás de Cambiemos. Si pintáramos a Cambiemos con amarillo y a UC/FPV con celeste, el mapa de los territorios donde se impuso cada uno daría como resultante el que tenemos arriba (click para agrandar). Aunque a primera vista parece que PBA fuera oficialista, se debe a que Cambiemos sacó ventaja en el interior de esa provincia, mientras que UC/CFK hizo mayor diferencia en el tercer cordón del conurbano bonaerense, conglomerado que está pintado de celeste en el mapa (en torno a la CABA). En síntesis, tenemos 10 distritos favorables a Cambiemos y 5 donde ganó Unidad Ciudadana, la flamante fuerza de la ex presidenta. Estos nos da 15 distritos de 24 para los dos sellos e identidades políticas más nuevas y recíprocamente antagónicas.  

Por otro lado, hay 8 distritos donde se impuso el justicialismo (pintados de verde en el mapa), pero mientras algunos de ellos son cercanos a la figura de CFK (como San Juan, Catamarca, Chaco y Formosa) otros tienen vínculos problemáticos o antagónicos con la ex presidenta, y con matices también una relación con Cambiemos que varía entre la oposición neta a un vínculo institucional afincado en razones de gobernabilidad recíproca. Si revisamos el resultado de las PASO para analizar la estructura de ese electorado justicialista, encontramos 1.380.258 votos de referentes peronistas filo-K o cercanos al kirchnerismo y 2.022.197 del justicialismo no K o anti K. Dejamos afuera de esta división en tres del espacio pan-justicialista a 1País (liderado por Sergio Massa), dado su carácter híbrido. Así, ordenadas por volumen electoral, tenemos las siguientes minorías: 1) Cambiemos 2) Unidad Ciudadana 3) Justicialismo no K 4) Justicialismo filo-K o cercano al kirchnerismo. Esta aritmética electoral resultante de las primarias del 13 de agosto pasado ofrece, por supuesto, abundante material para la lectura y el análisis de cara a las elecciones del 22-0 y también hacia el 2019. 

Según la politóloga María Casullo, “estas PASO afirman tres datos centrales: que Cambiemos es hoy un partido nacional fuerte, que el espacio de `la ancha avenida del medio` se ha ido cerrando, y que, finalmente, el kirchnerismo sigue vivo como identidad política (…) A esto se le sigue que también sigue viva la figura de Cristina Fernández de Kirchner como una dirigente capaz de convocar a una parte importante de la población: las PASO demostraron que los que se sienten representados son un número importante y cohesionado (según encuestas, más del 90% de los que votaron a la ex mandataria hoy están decididos a hacerlo en octubre. Más cohesionado, por ejemplo, que los votantes de Sergio Massa). No sólo CFK salió primera en la provincia de Buenos Aires, sino que en las provincias varios candidatos y candidatas que o bien se referencian como kirchneristas, o bien, al menos, no cuestionaron públicamente la figura de la ex presidenta tuvieron buenos resultados: María Emilia Soria ganó en Río Negro, el camporista Martín Pérez lo hizo en Tierra del Fuego, y Agustín Rossi fue sin duda la figura de la noche al triunfar inesperadamente en Santa Fe”.

A partir de esta lectura de los datos, Casullo remarca que “cualquier proyecto opositor de aquí a 2019 que pretenda tener una perspectiva de éxito deberá incluir dentro de sí al kirchnerismo. La pérdida de votos de Sergio Massa, que pasó de una clara victoria en la elección legislativa del 2013 a salir tercero en esta (casi perdió en su pago chico de Tigre con Cambiemos) y la cosecha poco impresionante de Florencio Randazzo (sobre todo a nivel de los municipios de sus intendentes aliados, donde sus listas de concejales llegaron a quedar cuartas), dejan en claro que apostar a heredar los votantes de CFK por default no será suficiente. Randazzo, Massa, Juan Manuel Urtubey: cualquiera que apunte a liderar el peronismo en 2019 deberá hacer algo que hasta ahora evitaron: sentarse a negociar con Cristina Fernández de Kirchner. Sin embargo, el inverso de esta proposición es igualmente verdadero. Así como el peronismo `con buenos modales´ deberá aceptar que sin el kirchnerismo no podrá llegar a ser gobierno, es evidente que el kirchnerismo deberá también aceptar que por sí sólo no puede transformarse en una alternativa electoralmente exitosa. Cristina Fernández de Kirchner deberá también hacer algo a lo que se ha negado hasta ahora: abrir caminos de negociación con figuras políticas que hasta 2015 fungían como subordinados (…) Esta negociación de cara al 2019 puede resolverse de dos maneras: mediante el consenso sobre reglas o mediante la aparición de un liderazgo que vuelva innecesarias a las reglas. Esto último parece difícil en esta situación, ya que, por un lado la ex presidenta concita un rechazo de importantes sectores sociales y por el otro ninguna de las figuras alternativas “renovadoras” del peronismo se cortó solo del pelotón expectante hasta ahora (Urtubey ganó en Salta, pero de manera más estrecha de lo que se pensaba)”. En síntesis, la politóloga plantea que las chances de una reunificación del espacio pan-justicialista pasan principalmente por la vía consensual, mientras que le asigna menos chances a la aparición de un liderazgo que vuelva innecesarias las reglas. En la próxima entrada del blog, analizaremos por qué CFK podría estar apostando a esta segunda alternativa en lugar de la primera. 

jueves, 14 de septiembre de 2017

Dinámica electoral de las PASO al 22-O y de cara al 2019

Con Cambiemos consolidado como primera minoría en las PASO y también de cara a octubre, la manera en la que el espacio pan-justicialista procese su reorganización y búsqueda de liderazgo hacia el próximo turno electoral del 2019 resulta clave para el análisis (ver arriba mapa de distribución de distritos en las PASO 2017, que distingue aquellos donde se impuso Cambiemos de aquellos donde se impuso el espacio pan-justicialista; click para agrandar). Según el politólogo Julio Burdman, "el peronismo rebotó en estas PASO y ahora empieza a subir. En primer lugar, porque no perdió votos. La suma de todas las listas en las que participó el PJ o los partidos kirchneristas da un 42%. Pero incluso si querés discutir la pertinencia de todo ese agregado y sacar algunos casos 'polémicos', está en alrededor del 40% a nivel nacional, que es el nivel histórico. Sin incluir al massismo, claro. Además, en más de la mitad de las provincias, peronismo y kirchnerismo fueron unificados", agregó.

Aún con el resultado de octubre pendiente, Cristina Fernández apuesta a hacer valer su caudal electoral en las PASO, casi 3.330.000 votos en provincia de Buenos Aires y casi 2.600.000 de Unidad Ciudadana y frentes aliados en el resto del país. Eso suma más de 5.900.000 votos a nivel nacional, el segundo volumen electoral detrás de los casi 8.700.000 de CambiemosEn ese marco, la ex presidenta considera que su caudal, más la mala performance de figuras emblemáticas de la liga de gobernadores del PJ contrarias a su figura, la perfilan como la dirigente con más chances de liderar la oposición a Cambiemos. La lectura de CFK es que de las PASO (y muy probablemente en octubre) saldrán reforzados dos modelos bien antagónicos: el de Cambiemos y el que ella propone. Según Jorge Fontevecchia, “Cristina Kirchner piensa que Macri, más tarde o más temprano, fracasará estrepitosamente porque el modelo económico que aplica es equivocado, en algún momento se va a quedar sin financiamiento externo por algún vaivén internacional que pueda suceder y cuando eso suceda habrá un colapso. Y quedará demostrado que este modelo económico tiene los mismos problemas que tuvieron otros modelos anteriores, similares a este. Entonces ella será candidata y será electa presidenta como representante de la oposición más extrema a este modelo”

En ese marco, CFK apuesta a que los votos de otros opositores menos nítidos irán convergiendo hacia ella en la medida en que los efectos políticos y socioeconómicos netos del modelo Cambiemos vayan dejando atrás a muchas de las expectativas de mejoría que auparon a Mauricio Macri a la presidencia en 2015 y que le permitieron lograr en las PASO una diferencia mínima por debajo de ella en provincia de Buenos Aires. Respecto a este punto, el consultor Ricardo Rouvier evaluó que “tomando zonas pobres del GBA y del interior del país, se ha registrado un rechazo a Cambiemos menor que lo que la simple lógica económica y sociológica señalaban. Esta afirmación está a contramano de lo que muchos suponían; que en esta oportunidad, y por ese motivo se castigaría al gobierno. Bueno, no es tan así, y las encuestas que señalan generalizada disconformidad con el estado socioeconómico, cosa que es cierta, al desmenuzar la orientación electoral, vemos que intervienen otros factores como neutralizadores o la esperanza al renovar el crédito al gobierno. Pero, la esperanza no es eterna y requiere contar con realidades tangibles a corto o mediano plazo. Es verdad que la mayoría votó preocupada o disconforme con el estado de su economía personal, y espera que la recuperación se produzca”. CFK cree que eso no sucederá, sino al contrario: que habrá expectativas defraudadas y un consiguiente malestar que un opositor nítido como ella (no moderado, ni una figura nueva o de la “tercera vía”) estará en condiciones de capitalizar política y electoralmente.  

Cristina Fernández también tiene en mente su seguro ingreso al Senado nacional: aun si fuera derrotada por Esteban Bullrich en octubre, entraría a ese cuerpo por la minoría. Al mismo tiempo, Sergio Massa quedará fuera de la disputa por el Senado y terminará su mandato en la Cámara de Diputados, lo que mermaría sus chances de pelear por el liderazgo opositor. Se descuenta que el ingreso de la ex presidenta daría otro tono a los debates y a la disputa por la gobernabilidad, agregando peso a su ya fuerte centralidad política en la agenda, pese al embate judicial que enfrenta desde hace tiempo y que se agudizaría. Con referentes alternativos del espacio pan-justicialista debilitados y con otros más propensos a negociar con Cambiemos que a ser opositores netos, más la magra performance de  “terceras vías” como el socialismo en Santa Fe (con el ex presidenciable Hermes Binner) y Evolución en Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la tesis de CFK es que la pelea hacia 2019 se perfila hacia una nueva polarización. Si bien será el centro el que definirá la balanza (como en 2015), la convergencia se realizará en torno a dos posiciones antagónicas: Cambiemos como la síntesis del antikirchnerismo y el kirchnerismo/FPV o bien Unidad Ciudadana como la posición más nítidamente opositora al oficialismo.  Así, CFK cree (y también apuesta a) que los matices, los grises y las posturas del “peronismo republicano” no podrán contrapesar el volumen de los dos polos más nítidos: Cambiemos obtuvo en las PASO del 13 de agosto casi 36% del total de votos nacionales, mientras que el polo K/PV/UC y aliados alcanzó 24,5%, ambos muy por encima de todas las demás expresiones políticas. En ese marco, la hipótesis (y la voluntad de poder) de CFK estriban en que el proceso sociopolítico y socioeconómico que lleva adelante el gobierno de Cambiemos, articulados con la “física” de la fortaleza relativa y la correlación de fuerzas de los respectivos espacios político-electorales desembarcarán, “durkheimianamente”, en una nueva polarización de cara al 2019. 

jueves, 7 de septiembre de 2017

Pos-PASO: del 22-N al 22-O (2)

Decíamos en la entrada anterior que el dilema del espacio pan-justicialista es la falta de un liderazgo unificador como el que tiene Cambiemos. En el ballotage del 22-N, el espacio panjusticialista, unificado, sumó 48,66% de los votos, contra 51,34% de Cambiemos. En las PASO del 13-A, Cambiemos alcanzó 35,09%, un leve avance contra el 34,15% obtenido en la primera vuelta presidencial del 2015, pero el espacio panjusticialista se presentó fragmentado: por un lado, el Frente de Unidad Ciudadana/kirchnerismo (21,08% del total nacional como sello puro) y el peronismo no K (15,25%), lo cual suma un 36,33% del total nacional, apenas por debajo del 37,08% obtenido por el FPV en la primera vuelta del 2015. Si bien la victoria de CFK en provincia de Buenos Aires sobre Cambiemos fue magra (apenas 20.324 votos, un 0,21%), el Frente de Unidad Ciudadana tiene un volumen electoral suficiente para gravitar políticamente, aun si la ex presidenta perdiera en octubre frente a Esteban Bullrich: sólo en PBA, contó con 3.229.194 votos en las PASO. 

A ese volumen se le podrían sumar los obtenidos por las listas del FPV y Unidad Ciudadana en distritos donde concurrió con sello propio o con aliados: Chubut (98.059, con lo cual ganó las primarias), Formosa (dentro del frente oficialista ganador de las PASO, 175.460 votos), Río Negro (ganó las primarias, con 154.090 votos), San Juan (dentro del frente ganador de las PASO, 204.073 votos), Santa Fe (ganó las primarias, con 516.803 votos), Santiago del Estero (dentro del frente ganador, 359.110 votos), San Luis (integró el frente derrotado por Cambiemos, 109.632 votos) y Tierra del Fuego (ganó las PASO, con 19.281 votos). Así, obtenemos un acumulado de 5.913.423 votos a nivel país. Esa sumatoria implica un 24,5% del total nacional, 11,4 puntos porcentuales por debajo de lo obtenido por Cambiemos, 9,25 puntos porcentuales por encima de lo que sumó el peronismo no K a nivel país (15,25%) y 17,12 puntos porcentuales por encima de los votos de 1País (massismo y aliados) a nivel nacional (7,38%). Es decir, en términos de volumen electoral específico, las PASO demostraron no sólo que CFK y el kirchnerismo están vivos políticamente, sino que su caudal electoral está muy por encima de sus rivales y competidores dentro del espacio pan-justicialista. 

Si en la disputa interna por el liderazgo en el espacio pan-justicialista CFK volcara a su favor a los referentes peronistas filo-K de Catamarca (donde el frente PJ ganó las primarias con 99.959 votos), Chaco (también ganador de las PASO, 268.870 votos), Corrientes (205.467), Entre Ríos (331.466 votos), Jujuy (118.714 votos) y Mendoza (355.782 votos), sumaría un caudal adicional de 1.380.258 votos, que llevaría al espacio a un total de 30,2% a nivel país, esto es, a apenas 5,7 puntos porcentuales de Cambiemos. Contra eso, el justicialismo no K sólo podría oponer un volumen de 2.022.197 votos, sumatoria de lo obtenidos en Córdoba (UPC), PBA (Cumplir), La Pampa, La Rioja, Salta y Tucumán, un 8,37% del total nacional. Por supuesto, las chances de una potencial unidad del espacio (e incluso de que se produzca una sumatoria como la que planteamos recién) no pueden superar por ahora el terreno de las hipótesis. Es probable que ni siquiera las elecciones de octubre permitan despejar las incógnitas al respecto, y que las mismas permanezcan hasta las PASO o las generales de 2019. 

Sin embargo, el 22-O sí podría resolver dos cuestiones: del caudal electoral que conserven Florencio Randazzo y Sergio Massa depende que se refuerce el kirchnerismo o “el ala renovadora” dentro del espacio pan-justicialista. Si tanto Cambiemos como el Frente de Unidad Ciudadana crecen a costa de drenar los votos de Cumplir y de 1País en PBA (aunque sea en proporciones diferentes), será más probable que se refuerce la tendencia polarizadora y que la “avenida del medio” del massismo y el “peronismo republicano” se debiliten, lo cual beneficiaría tanto a Cambiemos como a su contraparte negativa, el kirchnerismo, de cara al próximo turno electoral del 2019. Como planteó el consultor Ricardo Rouvier, “el panperonismo, con cada uno de sus fragmentos, participó de las PASO buscando oxígeno para sus pulmones y para poder mantener su vigencia; algunos con el deseo de reunir al peronismo del interior y otros con el deseo de que CFK vuelva a liderar el matrimonio peronismo/kichnerismo. Ambos deseos tienen sus obstáculos para concretarse, y esos obstáculos no solo provienen de los movimientos del adversario sino de la propia interioridad. Frente al esquema tradicional bipartidario, hoy desaparecido, va emergiendo un nuevo escenario político nacional. Así como el kirchnerismo funcionó como vanguardia del peronismo, incluyendo propuestas que superaban al peronismo conservador, el PRO es hoy la vanguardia ideológica de la UCR, que no crece por sí misma, y de la pequeña fuerza Coalición Cívica (...) No se puede negar que en este crecimiento de Cambiemos ha incidido (como ocurre siempre en la política) contar con un adversario suficientemente amenazante como para generar sentido y energía en la construcción de una alternativa. Sobre la negatividad del kirchnerismo se construyeron las bases de Cambiemos. Ahora, al revés, el kirchnerismo hace lo mismo”. Esa motivación del voto (votar a CFK para que no gane el gobierno de Macri, y al revés, votar a Cambiemos para que no gane el kirchnerismo) fue central en provincia de Buenos Aires y el conurbano bonaerense (GBA), donde se dio la elección más voluminosa y polarizada (ver gráfico arriba; click para agrandar), pero también atravesó como eje a gran parte de los demás distritos. 

domingo, 3 de septiembre de 2017

Pos-PASO: del 22-N al 22-O (1)

En la entrada anterior insistíamos en que el resultado de las PASO era mucho fue más fragmentario de lo aparente, pese a que hubo un efecto polarización que reforzó a las dos identidades políticas más nítidas (Cambiemos vs kirchnerismo) en detrimento de las demás posiciones. Planteábamos asimismo que existía un solo cálculo posible a hacer para forzar una polarización nítida: contraponer a los votos de Cambiemos una sumatoria de los votos del FPV (reciclado en FUC) y los del PJ, que nos daría una mínima diferencia a favor del oficialismo. Así, tomábamos una estimación realizada sobre el escrutinio provisorio que arrojaba 8.352.869 votos para el frente Cambiemos y 8.088.960 para el espacio pan-justicialista, lo que porcentualmente implica 50,8% para el oficialismo y 49,1% para el FPJ/FUC-PJ. Como puede advertirse, es una distribución bastante similar a la del ballotage presidencial de 22 de noviembre de 2015, que arrojó 51,34% para Mauricio Macri y 48,66% para Daniel Scioli.

Por supuesto, esta lectura resulta forzada en la medida en que hoy el espacio pan-justicialista se encuentra dividido en tres (sin contar al massismo). Por un lado, el Frente de Unidad Ciudadana/FPV, que es la segunda minoría electoral a nivel nacional y, al igual que Cambiemos con Macri, posee un liderazgo claro: el de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, referente de un espacio que cuenta con 5.851.013 votos en todo el país. Por otro, existe una vertiente “filo K” o cercana al kirchnerismo (es decir, donde el FPV integra las alianzas electorales que lidera el justicialismo o está cercano a su conducción), como sucede en Catamarca, Chaco, Corrientes, Entre Ríos, Jujuy y Mendoza. Este conjunto sumó 1.332.571 votos, pero no tiene un liderazgo unificado, ni siquiera un “primus  inter pares”. Por volumen y antecedentes políticos, dos figuras que podrían ser consideradas como referentes claros de esta vertiente son Jorge Capitanich (ex gobernador del Chaco, ex jefe de gabinete de CFK y ahora intendente de Resistencia) y Lucía Corpacci, gobernadora reelecta en Catamarca, que están además dentro de los frentes ganadores en las PASO; en cambio, en Entre Ríos, Jujuy y Mendoza se impuso Cambiemos, lo que le resta chances a los dirigentes de esos distritos para pelear por el liderazgo de esta vertiente.

Por otro lado, está la vertiente justicialista no K, donde sus referentes compiten o disputan con el kirchnerismo, o bien prefieren una renovación antes que reconocer el liderazgo de CFK. En esta corriente están Cumplir (de Florencio Randazzo) en PBA, UPC de Córdoba, el oficialismo pampeano, el de La Rioja, el de Salta y el de Tucumán. Este conjunto sumó 1.977.886 votos en todo el país, pero aquí tampoco hay un liderazgo reconocido ni un “primus inter pares”. Por volumen y antecedentes políticos, la figura que podría ser considerada una referencia de este espacio es el reelecto gobernador de Salta, Juan Urtubey, uno de los ganadores de las PASO y declarado aspirante a la presidencia. El tucumano Juan Manzur (otro gobernador PJ cuya lista le ganó a Cambiemos  en su distrito) fue ministro de CFK, pero hoy aparece más cerca de Sergio Massa que de competir por un liderazgo nacional. En el caso de La Rioja, la figura más visible a nivel nacional es la del ex presidente Carlos Menem, quien sigue siendo vencedor en su distrito pero ya está desgastado y sin chances de disputar un liderazgo nacional. Por cantidad de votos, las dos referencias más fuertes de este espacio son Cumplir (559.516 votos en PBA) y UPC (546.197), pero ambos fueron derrotados; Randazzo se ubicó cuarto en PBA, mientras que UPC quedó casi 16 puntos detrás del frente Cambiemos en Córdoba, al igual que la lista del gobernador de La Pampa. Esas derrotas le restan chances de pelear por el liderazgo de este espacio. 

Así, el dilema del espacio pan-justicialista es la falta de un liderazgo unificador como el que sí tiene el oficialismo. Tal como anticipamos aquí, el escrutinio definitivo en PBA confirmó la victoria de CFK sobre Cambiemos por 20.324 votos, un 0,21%, lo que también hizo realidad nuestro pronóstico acerca del discurso oficialista, casi un calco del “perdimos por poquito" de Néstor Kirchner en 2009 (ver imagen arriba; click para agrandar). Eso la transforma en la dirigente del espacio con más votos en todo el país, con sólo contabilizar los de PBA: 3.229.194. Ese caudal y la contundente diferencia que obtuvo sobre su desairado aspirante a contrincante interno (Randazzo) obturan las aspiraciones de renovación de sus competidores y detractores. “¿Qué triunfo, en cualquier provincia, vale más en votos que, incluso, una derrota apretada (de CFK) en octubre?, razonan cerca de ella”, planteó acertadamente el columnista Marcelo Falak. 

martes, 29 de agosto de 2017

Pos-PASO: del 13-A al 22-O

Decíamos en el post anterior que el resultado de las PASO fue más fragmentario de lo que parece, pese a que la polarización reforzó a las dos identidades políticas más nítidas (Cambiemos vs kirchnerismo) en detrimento de las demás posiciones. Sin embargo, no puede hablarse de una polarización nítida, puesto que la sumatoria de las dos fuerzas más votadas no llega al 60%, lo cual es una distribución propia de una elección legislativa o de su antesala, las primarias. Con el resultado de las PASO puesto (más allá de los matices que puede arrojar el escrutinio definitivo), existe un solo cálculo posible a hacer para forzar una polarización nítida: contraponer a los votos de Cambiemos una sumatoria de los votos del FPV (reciclado en FUC) y los del PJ, que nos daría una mínima diferencia a favor del oficialismo; ver cuadro arriba; click para agrandar (*). 

Sin embargo, como dijimos, esa lectura es forzada, ya que, como planteó el consultor Ricardo Rouvier, “la tentación de hacer una sumatoria del peronismo se ve imposibilitada por las dificultades de formalizar una unidad. No hay suma, hay división”Por lo tanto, la unidad del espacio pan-justicialista es, en todo caso, algo a construir de cara al 2019 y del todo prematura de cara a las elecciones de octubre. Sin embargo, lo que sí podría producirse en octubre es una polarización mayor, por tres vías principales: 1) que electores que se quedaron sin candidatos o listas por haber elegido algunos que no alcanzaron el mínimo del 1,5% definido en las PASO se decanten por los candidatos o fuerzas principales en la elección general de octubre 2) que algunos electores que, aun habiendo elegido candidatos o fuerzas que pasaron el filtro de las PASO, decidan cambiar su voto en favor de candidatos o fuerzas principales en la elección general de octubre -este punto es clave en provincia de Buenos Aires (PBA) en el tramo de senador nacional, dado que parte de los electores de Florencio Randazzo y Sergio Massa podrían migrar a Cambiemos o a CFK en la elección general, dado que en esos comicios sólo ingresan dos senadores por la fuerza más votada y uno por la segunda fuerza- y 3) que se incremente la participación electoral, es decir, que en octubre concurran votantes que no asistieron en las PASO.  

Respecto a la reorientación del voto a la que se refieren los puntos 1 y 2, ya existen algunos estudios relativos a qué puede suceder en distritos clave, como PBA y Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), que revisaremos pronto. En cuanto al tercer punto, más allá de los datos “blandos” de las encuestas que circulan y las que se vienen, dentro de los “datos duros” de la estadística electoral hay que tener en cuenta que, en términos de participación, la PASO del domingo 13 de agosto fueron las de menor afluencia desde que se estrenaron las primarias. En 2011 (presidenciales) concurrió el 78,67% del padrón, en 2013 (antesala de legislativas de medio término) el 75,01%, en 2015 (presidenciales) el 74,91%, y este año asistió alrededor del 74% (hasta que el escrutinio definitivo confirme el guarismo exacto). Teniendo en cuenta la concurrencia en las elecciones generales, en 2011 asistió el 79,38% (0,71 punto porcentual más que en las PASO del mismo año), en 2013 el 77,17% (2,16 puntos porcentuales más que en las primarias) y en 2015 el 81,07% (6,16 puntos porcentuales más que en las PASO). 

Como puede apreciarse, mientras que en cada primaria asistió un porcentaje menor del padrón total, la participación siempre fue creciente en la general respecto a la PASO y, previsiblemente, mayor en aquellos comicios en los que se votaron cargos ejecutivos (presidente en 2011 y 2015) que en las legislativas de medio término puras o sus antesalas, como en el 2013. En 2011, el principal efecto de las generales fue que la ola ganadora oficialista amplió la ya contundente victoria que había obtenido CFK en las PASO, con lo cual la ex presidenta creció del 50,24% al 54,11%. En 2015 sucedió lo inverso: el hecho de que el oficialismo tuviera chances de ganar en primera vuelta (obtuvo 38,67% en las PASO, contra 24% del segundo candidato más votado y 30,12% de la sumatoria del principal frente opositor) actuó como revulsivo y el incremento de participación electoral benefició relativamente más a Mauricio Macri que a Daniel Scioli del FPV, con lo cual el primero forzó un ballotage que terminó ganando. Mientras Cambiemos sumó alrededor de 1.590.000 votos (23% más que los obtenidos en agosto), el candidato del FPV incrementó su caudal en alrededor de 280.000 votos (un aumento de sólo el 3%). Simplificando, se podría decir que en 2011 los electores que se sumaron en las generales votaron privilegiando lo que querían que pase (la continuidad del oficialismo liderado por CFK), mientras que en 2015 los electores que se sumaron en las generales votaron por lo que no querían que pase (es decir, en contra de la continuidad del FPV en el poder). 

 (*) el cálculo fue elaborado por un analista y retwiteado. No hemos podido rastrear la fuente original y por ello no lo citamos aquí.