martes, 18 de septiembre de 2018

Un gobierno que tensa la grieta y se cierra sobre su núcleo duro

Cambiemos llegó al poder en el ballotage del 2015 ofreciendo un mix  marketinero a los electores que no habían elegido a Mauricio Macri en las primarias de agosto (en las que el frente alcanzó el 30%) ni en la primera vuelta de octubre (en la que Macri llegó al 34%): promesas emocionales (“no vas a perder nada de lo que tenés”, “vamos a unir a los argentinos”, “podemos vivir mejor”) más algunas propositivas (“pobreza cero”, “ningún trabajador pagará ganancias”, “será fácil derrotar la inflación”, “lluvia de inversiones”). Ese mix presuponía que el antikirchnerismo/antiperonismo tenía un techo en torno al 34% obtenido en la primera vuelta de ese año y que ganar la segunda vuelta requería sumar al menos unos 17 puntos porcentuales del 29% que en la primera vuelta no había votado ni por Cambiemos ni por el FPV (y que, por lo tanto, no eran K ni antiK). Sumando esos 17 pp, Macri llegó al 51,34% y se impuso por escaso margen a Scioli, que alcanzó el 48,66% (es decir, sumó casi 12 pp respecto a su caudal de la primera vuelta). 

En las legislativas de 2017, Cambiemos osciló alrededor del 42% de los votos, confirmando así su condición de primera minoría, de la mano de un cóctel que combinó reactualización de la grieta en la disputa con CFK con incentivos a la actividad que traccionaron una mejora relativa respecto al contractivo y ajustado 2016. Sin embargo, desde el diciembre poselectoral de 2017, algo se rompió: el cambio en la movilidad previsional fue percibido como ajuste, y en 2018 el gobierno se quedó sin la vía del financiamiento externo al que recurrió en exceso para financiar su “gradualismo”. Crisis cambiaria, tarifazo y FMI mediante, el oficialismo vio replegarse el apoyo hacia su núcleo duro, es decir, alejándose del orden de magnitud del 40% de imagen positiva hacia el orden de magnitud del 30% o incluso por debajo, como Synopsis detectó ya en junio pasado. La medición más reciente de esa consultora ubica la imagen positiva en apenas 27,1%, lo que confirma que el desgaste nunca se detuvo (ver datos arriba; click para agrandar) y que el apoyo reposa hoy en el voto netamente antik. 

Ese repliegue del apoyo hacia el núcleo duro implica que si hoy hubiera elecciones presidenciales Cambiemos no podría evitar una segunda vuelta de pronóstico abierto: es decir, tanto podría ganar un segundo mandato como perder contra el opositor que resultara más votado en la primera vuelta. En agosto pasado, Synopsis detectaba un 32,4% de preferencia electoral por Cambiemos, contra 30,2% de Unidad Ciudadana; un empate técnico que distribuye simétricamente las chances de ganar para ambos de cara a un ballotage. Llamativamente, la medición de esa consultora divulgada en septiembre no muestra la tendencia de primera vuelta, pero confirma que el ballotage se le puede hacer cuesta arriba al gobierno. Realizada a nivel nacional sobre una muestra de más de 1.143 casos, con proyección de indecisos el informe revela que en caso de un hipotético ballotage, el presidente Macri apenas superaría a la senadora Cristina Fernández de Kirchner por 5,8 puntos porcentuales, mientras que se encuentra en situación de empate técnico con el gobernador de San Juan Sergio Uñac (la diferencia a favor del sanjuanino es de 3,2 puntos porcentuales) y el de San Luis, Alberto Rodríguez Saá (la diferencia a favor del puntano es de 2,6 puntos porcentuales), en tanto que podría ser superado por el de Salta, Juan Manuel Urtubey, por 7,4 puntos porcentuales (ver datos abajo; click para agrandar). 



La clave de lectura de esas proyecciones es la siguiente: en un mano a mano con CFK, la grieta podría permitirle al gobierno de cara al ballotage una distribución reativamente más favorable que la que resultaría si fuera otro candidato el que pasara a la segunda vuelta. La razón es sencilla: si la ex presidenta no pasara la primera ronda, en la segunda y decisiva su caudal electoral se transferiría masivamente al opositor más votado, inclinando la balanza en contra del oficialismo. En cambio, si el 1-2 fuera Cambiemos y CFK (o viceversa), el caudal de los dirigentes de perfil opositor menos nítido que el de la ex presidenta podría distribuirse de una manera menos asimétrica. De ahí que una eventual salida de la ex presidenta de la contienda (por causas judiciales u otras) resulte riesgosa para las chances del oficialismo, sin desmedro de que un empeoramiento de la economía también podría generar que Cambiemos fuera derrotado por CFK (una de las hipótesis expuestas pos crisis cambiaria por los analistas). 

viernes, 14 de septiembre de 2018

Ajustados: el sinceramiento, del metro cuadrado de los electores a la imagen de Cambiemos

En el posteo anterior comparamos datos de la encuesta provincial de Delfos con la nacional de CEOP y planteamos el hallazgo de una regularidad estadística: actualmente, sólo 1 de cada 10 cordobeses/argentinos tiene capacidad de ahorro. El resto vive con lo justo (49% de los cordobeses y 41% de los argentinos) o no le alcanzan sus ingresos (41% de los cordobeses y casi 47% de los argentinos), con lo cual necesitan alguna “ayuda”, préstamo o financiación para afrontar los gastos de su economía doméstica. Ese ajuste, decíamos, es un efecto socioeconómico de gestión de Cambiemos que explica el actual malestar y el deterioro de todos los indicadores del gobierno en las diversas encuestas que venimos citando en este blog. Profundizando en el análisis, Delfos detectó que el 45% de los cordobeses tiene deudas actualmente, una proporción similar a la que se registraba en 2016 (ver datos arriba; click para agrandar). Si bien la variación de 3 puntos porcentuales desde entonces no es estadísticamente significativa, la suba es cualitativamente ilustrativa, habida cuenta de que 2016 fue el primer año de gestión neta de Cambiemos, con una economía que cayó 2,3% y una inflación en torno al 40%. Las actuales estimaciones para 2018 preven una inflación mayor y también mayor caída de la actividad.

Expectativas sobre la situación económica para lo que resta de 2018





En ese marco, el estudio realizado por CEOP entre el 31 de agosto y el 6 de septiembre de 2018 a más de 1.200 argentinos de manera telefónica detectó que las expectativas económicas siguen en terreno francamente negativo: casi 65%, contra apenas 31,2% de positivas, un guarismo que está en el orden de magnitud del voto duro de Cambiemos, el cual oscila en torno al 30% (ver datos arriba; click para agrandar). El director de la consultora, Roberto Bacman, apunta que “se vive un clima de época que requiere de hechos y conducción.  Por los resultados obtenidos en esta última encuesta, todo sugiere que los argentinos esperan un cambio de orientación del actual modelo económico”. En ese marco, se confirma que el malestar socioeconómico predominante arrastra a la imagen positiva del gobierno nacional sigue en el piso de la serie evolutiva (en torno al 31% desde julio pasado), mientras que la negativa llegó al pico, con 68,1% (ver datos abajo; click para agrandar).  



La imagen del presidente Mauricio Macri se mueve en torno a similares niveles, con apenas matices. El 60,9% de los argentinos lo evalúa negativamente, mientras que el 34,4% tiene una visión positiva del mandatario. El quiebre, tal como ya ha sido señalado, se dio en diciembre de 2017: la imagen negativa superó a la  positiva, y desde entonces ya no hubo vuelta atrás. La serie evolutiva muestra picos negativos del 64,8% y positivos del 34,4% (ver datos abajo; click para agrandar). El presidente aún obtiene diferenciales positivos de imagen entre electores oficialistas e independientes, pero está en franca zona negativa entre los electores que se definen como opositores. 





Así, el capítulo de imagen de dirigentes arroja que sólo el ex ministro Roberto Lavagna tiene un diferencial positivo estadísticamente significativo: 14,5 puntos porcentuales. El de la gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, ya es negativo (4,3 pp) y el de los demás referentes de la oposición y el espacio panjusticialista medidos también es negativo en todos los casos  (ver datos abajo; click para agrandar). 



El análisis de la imagen de Lavagna por perfiles de electores (oficialistas, independientes y opositores) no muestra matices estadísticamente significativos  (ver datos abajo; click para agrandar). 



En cambio, en la imagen de Vidal sí se advierte que es muy negativa entre los electores opositores (ver datos abajo; click para agrandar). 



En el caso de CFK, su imagen positiva se asienta netamente en los electores opositores (ver datos más abajo; click para agrandar). 



En resumen, según Bacman, “la imagen de Mauricio Macri viene cayendo sistemáticamente. Lo mismo ocurre con la imagen de María Eugenia Vidal. El Presidente tenía un superávit de imagen positiva (las opiniones positivas menos las negativas) de 21 puntos en diciembre de 2015. Hoy tiene un déficit de 26,5 puntos (la resta de 60,9% de opiniones malas o muy malas, menos 34,4% de opiniones buenas o muy buenas). Sólo el 31,6% aprueba su gestión y finalmente la percepción de que el país marcha por un rumbo correcto apenas alcanza un 26%. Estos bajos valores, especialmente la confianza en la gestión, se convierten en la demostración de una percepción mayoritaria: la crisis es más profunda y ha trascendido lo estrictamente económico. En conclusión, la asociación existente entre desconfianza y desaprobación de gestión decanta en la expresión del mal humor de una sociedad en tensión. A menos de un año de la realización de las primarias para elegir, entre otros cargos, nada más ni nada menos que el candidato a próximo presidente, el oficialismo ha perdido la ventaja competitiva que le permitió imponerse en las elecciones legislativas de medio término, incluyendo la crucial provincia de Buenos Aires”. Esto confirma que, pese a que el relato de Cambiemos trata de eludir los significantes de “ajuste” y “crisis” apelando a metáforas metereológicas como "tormentas", ambos conceptos ya están en el centro del malestar ciudadano.  

lunes, 10 de septiembre de 2018

Ajustados: un eje que atraviesa la imagen de Cambiemos y el metro cuadrado de los electores

En el post anterior citábamos datos de Udesa que ponían de manifiesto que las imágenes de los dirigentes del oficialismo venían ajustándose a la baja como corolario del ajuste en la situación de los electores. Así, dentro de las principales figuras de Cambiemos, ninguna cuenta con un diferencial positivo de imagen estadísticamente significativo. María Eugenia Vidal ya no encabeza la lista de los dirigentes con mejor calificación positiva: tiene un 47% de imagen favorable contra un 45% de negativa, con lo cual obtiene un diferencial positivo de apenas 2 puntos porcentuales. El líder del espacio, el presidente Mauricio Macri, sigue perdiendo imagen: apenas 38% de positiva y un diferencial negativo de 10 puntos porcentuales como resultante. Sufren el mismo efecto contagio o halo otros referentes de Cambiemos, como Elisa Carrió y Horacio Rodríguez Larreta.  Por contrapartida, Ricardo Alfonsín, radical crítico de la Alianza Cambiemos, viene mejorando desde hace unos meses y alcanza en la medición de Udesa un 47% de valoraciones positivas con sólo un 31% de opiniones negativas, lo que lo ubica con un diferencial positivo de 16 puntos porcentuales. A su turno, Roberto Lavagna aparece con un 33% de imagen positiva y un 29% de imagen negativa, lo cual lo ubica con un magro diferencial positivo de 4 puntos porcentuales (estadísticamente no significativo).





Respecto a las distintas áreas de gestión, la evaluación de los electores también es magra. Obras públicas sigue siendo la política con la cual la población está más satisfecha (39%), seguida por el transporte y la modernización del Estado, pero ninguna política pública logra que la proporción de los satisfechos supere a la de los insatisfechos; la de peor performance es la satisfacción con el desempeño de la política económica, de sólo 10%. En cuanto a las preocupaciones de los electores, la lista la encabeza inseguridad (65%), seguida por la inflación (43%), mientras que el “issue” con mayor cobertura mediática (corrupción) se ubica en tercer lugar. Luego de la difusión de la existencia de aportantes “truchos” en la campaña de Cambiemos en la provincia de Buenos Aires y de los “cuadernos” que implican al gobierno de CFK, los datos muestran que entre quienes escucharon hablar del tema de los “falsos aportantes”, el 44% responde que la noticia hizo cambiar su opinión de la gobernadora de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, mientras que el 53% dijo que la noticia de los cuadernos afectó la imagen que tenía del kirchnerismo. Sin embargo, como vimos, en el capítulo imagen, Vidal pierde puntos, mientras que CFK insinúa una suba de 4 puntos: pese al contexto mediático desfavorable, la crisis del oficialismo confirma su posicionamiento como principal alternativa opositora y neutraliza la afectación de imagen que los cuadernos podrían generarle. 





Como marcan diversos analistas, esto confirma que “bolsillo” mata a “corrupción” en la agenda y que el ajuste en las economías domésticas hace que temas como la inflación, el dólar y el desempleo generen tendencias a mediano y largo plazo de mayor consistencia que las reacciones epidérmicas a vaivenes más coyunturales. En el marco de una situación de ajuste, se advierte incluso consistencia entre datos de mediciones en distritos clave y otras nacionales: según la encuesta realizada por la consultora Delfos en provincia de Córdoba en el mes de agosto, al 41% de los cordobeses no le alcanzan los ingresos de su grupo familiar; al 49% le alcanzan con lo justo sus ingresos para vivir y sólo un 9% responde que le alcanzan bien y puede ahorrar (ver datos arriba; click para agrandar). El dato coincide con lo que arroja a nivel nacional el estudio más reciente de CEOP: casi 9 de cada 10 argentinos afirman que cada vez les resulta más difícil llegar a fin de mes. A casi el 47% el dinero no le alcanza y el 41% llega con lo justo, motivo por el cual recorta su consumo; casi un 13% conserva capacidad de ahorro. "Es evidente que además de la recesión económica, que se expresa en indicadores objetivos (PBI, ventas, desocupación) en estos tiempos se detecta una recesión actitudinal, que inexorablemente complica el panorama”, apunta Roberto Bacman, director del CEOP (ver datos arriba; click para agrandar).


En la línea que ya vienen marcando varios estudios que citamos en este blog, la medición de CEOP confirma también el agotamiento del discurso de la “pesada herencia”: el 56% le asigna la responsabilidad de lo que pasa al gobierno de Mauricio Macri, contra 34,6% sigue considerando que la culpa de la crisis de hoy la tiene el kirchnerismo (ver datos arriba; click para agrandar). Otro dato que reafirma que la opinión pública pone al oficialismo como principal responsable es que casi dos tercios (64,2%) creen que la mejor forma de revertir la situación es cambiando el rumbo económico. Sólo un 24,5% cree en alternativas como reducir la cantidad de ministros (ver datos abajo; click para agrandar), un guarismo que está en el orden de magnitud del voto duro de Cambiemos: recordemos que Mauricio Macri obtuvo exactamente 24,5% de los votos en la PASO de agosto de 2015.



viernes, 7 de septiembre de 2018

De la crisis en “U” a la crisis en “L”: malestar socioeconómico e impacto en imágenes

En una entrada reciente, citábamos encuestas de Taquion/3puntozero y D`Alessio IROL/Berensztein que abonaban el argumento de que la “pesada herencia” agotó su fuerza narrativa. Con matices, lo mismo se advierte en la más reciente encuesta provincial realizada en la provincia de Córdoba: el 44% de los cordobeses considera que tanto el gobierno anterior como el actual son responsables de la actual situación económica, contra 29% que la adjudica a la gestión anterior y 24% a la actual (la diferencia de 5 puntos porcentuales no es estadísticamente significativa; ver datos arriba, click para agrandar). Es un dato no menor, considerando que Córdoba viene comportándose hasta 2017 como el distrito más anti-K de todo el país. Asimismo, confirmando el diagnóstico de crisis en “L”, a las cifras expuestas por el Ministerio de Hacienda el pasado lunes (caída de -2,4% del PBI e inflación del 42% en 2018; 0% de crecimiento del PBI en 2019 e inflación del 25%) se agregaron en estos días dos estimaciones en la misma línea: la rama de investigación del banco de inversión Morgan Stanley espera en 2018 "una recesión de 2,3% y una inflación de 41,4% para final de año", mientras que para 2019 estima una suba de 0,1% en la economía y una inflación que rondaría el 24%. O sea, misma caída de la actividad e inflación que en 2016 y nula tracción de la economía de cara a las elecciones de 2019 (dado el panorama de estanflación). Para más datos, las estimaciones del Banco Central (REM) para 2018 también arrojaron una inflación de 40,3% para 2018 (en septiembre se espera de 4% y 3,5% en octubre), tasa de interés de referencia en 60% hasta fin de año, caída del PBI de -1,9% y dólar estará a $ 41,9 a fin de año (ver datos abajo; click para agrandar).  




Como apuntamos, la suba del dólar sumada al malestar socioeconómico manifiesto barrió con los demás temas de la agenda, desplazando a la inseguridad y a la corrupción al tercer y cuarto problemas en las preocupaciones de los argentinos: inflación y desempleo encabezan los problemas. La crisis en “L” era, según Poliarquía, el escenario más desfavorable para la continuidad de Cambiemos en el poder y la más favorable a un regreso de CFK, porque instala en el centro de las preocupaciones al deterioro económico, tema más pregnante que el issue corrupción. Eso se advierte en resultados clave de la última encuesta de la Universidad de San Andrés (Udesa): aun en medio del caso de los cuadernos, la imagen de Cristina Fernández de Kirchner subió 4 puntos porcentuales, pasando del 23% al 27% (ver datos al final del posteo; click para agrandar). Aunque esa variación es estadísticamente no significativa y la ex presidenta sigue teniendo la mayor imagen negativa (70%) y el mayor rechazo (54%), que su imagen insinúe una mejora en medio de la amplia cobertura mediática del caso confirma que “billetera mata corrupción” en las tendencias, dado que el oficialismo sí sufre un efecto castigo en la medición. Veamos: 




El relevamiento se efectuó entre 1.001 personas durante agosto, mes de los cuadernos y del recrudecimiento de la corrida cambiaria. Los resultados marcan los peores valores históricos de la administración Macri en la serie evolutiva de Udesa. Sólo un 19% se muestra satisfecho con la marcha general del país, esto es, menos que el núcleo duro de Cambiemos (en torno al 30%). La mala evaluación de los consultados arrastra, por primera vez, a María Eugenia Vidal: tiene un 47%, contra un 45% de imagen negativa, con lo cual obtiene un diferencial positivo de apenas 2 puntos porcentuales, estadísticamente no significativo (ver datos al final del posteo; click para agrandar). La aprobación de la gestión de Mauricio Macri se desplomó al peor nivel desde su asunción: bajó al 34%, tres puntos porcentuales menos que en la encuesta de julio (ver datos arriba y abajo; click para agrandar). Si bien la variación intermensual resulta estadísticamente no significativa, el deterioro es bien visible respecto al inicio de 2018, cuando la aprobación al Gobierno era del 56% (de lo que resulta una caída de 18 puntos porcentuales). El pico había sido en octubre, el mes de las elecciones en que Cambiemos se impuso con 42% del total de votos nacionales: llegó al 66% de aprobación. En contraposición, la desaprobación trepó al 64%, el pico histórico en la serie evolutiva, con un 43% que respondió con un “desaprueba mucho” (núcleo desfavorable de mayor intensidad) y un 21% de “Desaprueba algo”. 




La peor perfomance del gobierno se da en el nivel socioeconómicamente bajo (apenas un 30% de aprobación); en el nivel medio, la aprobación sube un poco (al 37%, diferencia estadísticamente no significativa al nivel de cruce por NSE); sólo en el nivel socioeconómico alto el gobierno es aprobado mayoritariamente, con un 55% del total, lo que confirma el sesgo clasista que marca a Cambiemos como hemos visto varias veces en este blog (ver datos abajo; click para agrandar).




También confirmando el deterioro socioeconómico, el 68% de los electores argentinos respondió que, en comparación con el inicio de la gestión de Macri, la situación actual está “peor”. Comparando con octubre pasado (durante las elecciones de 2017), para entonces apenas el 27% evaluaba que el país había empeorado con Cambiemos. Nuevamente, se confirma que las expectativas están apagadas: los encuestados se mantienen pesimistas sobre el futuro. El 46% señaló que la situación empeorará y sólo el 26% que será mejor (guarismo que está en el orden de magnitud del núcleo duro de Cambiemos). Un 15% apuntó que la cosa se mantendrá sin cambios. En octubre de 2017, apenas el 13% pensaba que la situación empeoraría. El quiebre en las tendencias se dio a principios de año, después de la reforma en la modalidad previsional ycon el primer salto del tipo de cambio, y se profundizaron con la corrida cambiaria que se intensificó en abril pasado. Aun así, como venimos señalando, el oficialismo mantiene un “núcleo duro”: el 27% piensa votar a ese espacio oficialista en las próximas elecciones, contra un 30% que lo haría por candidatos del espacio opositor; otro 30% aún no se definió.





miércoles, 5 de septiembre de 2018

De la crisis en “U” a la crisis en “L”: implicancias

En una entrada publicada el 10 de agosto de 2018 descartábamos el escenario de crisis en “V” (rápida caída e igual velocidad de recuperación) al que el gobierno le jugaba todas las fichas de cara al 2019 electoral. Planteábamos que la duda era si la crisis era en “U” (caída no tan brusca y recuperación más lenta) o en “L” (caída brusca sin recuperación visible a mediano plazo) y citábamos cifras de la consultora Eco Go, según las cuales la caída acumulada de la serie desestacionalizada daba 4,3% comparando el tercer trimestre del 2017 frente al primero del 2018, “aún mayor a la recesión del segundo trimestre del 2016 que terminó en el 3,4% comparado con el mismo período del año anterior", apuntaba Federico Furiase, director de Eco Go. Decíamos por entonces que en 2016 la economía cayó 2,3%, pero que hasta ese momento las estimaciones marcan que 2018 podría cerrar en torno al 0% en el mejor de los casos y en una caída de 1 punto en el peor. Sin embargo, dejamos planteada en esa entrada la siguiente pregunta: ” ¿Y si se quedan cortas esas previsiones y la caída es mayor, es decir similar a la del 2016?”




Ya podemos decir que esa hipótesis tuvo valor anticipatorio: un pie de página en el PPT que presentó esta semana el ministro de Hacienda Nicolás Dujovne con las medidas propuestas para cerrar el déficit fiscal y un nuevo acuerdo con el FMI reveló el escenario base que ahora espera el gobierno nacional. Para 2018 se prevé una inflación de 42% en diciembre y caída del PBI de 2,4%: es decir, una performance casi calcada a la del 2016, que hasta ahora era el más duro de la gestión Cambiemos. Peor todavía, para el 2019 se prevé un crecimiento de 0% e inflación del 25%, es decir, estanflación. Esto ya no es una crisis en “U”, sino en “L”: caída fuerte de la actividad sin recuperación a la vista. En los escenarios trazados por la consultora Poliarquía en su informe de julio posterior a la primera corrida cambiaria, se trata del más desfavorable para la continuidad de Cambiemos en el poder y el más favorable para un potencial regreso de CFK a la presidencia. Incluso antes de la presentación del ministro, las últimas estimaciones del BCRA (el Relevamiento de Expectativas de Mercado, REM) para ya perfilaban ese escenario 2018: inflación de 40,3% (en septiembre de 4% y 3,5% en octubre), tasa de interés de referencia en 60% hasta fin de año, caída del PBI de -1,9% y dólar a $ 41,9 a fin de año. El mes pasado arroja una caída de la actividad, del consumo, de la industria y un estancamiento de la construcción (ver datos arriba; click para agrandar). En tanto, según CAME, las ventas minoristas de los comercios minoristas cayeron 8% en ese mismo mes frente a agosto del 2017, medidas a precios constantes, y acumulan una baja anual de 3,7 % en los primeros ocho meses del 2018 (ver datos abajo; click para agrandar).




En cualquier caso, el cóctel es de alto riesgo para Cambiemos: 42% de inflación para 2018 supone que el dólar se estabiliza en los rangos actuales y que acompaña la inflación hasta fin de año (con una coincidencia numérica significativa, que ya marcaron algunos economistas: dólar alrededor de los $ 40 e inflación en torno al 40%). Con la inflación en niveles del 40% y paritarias salariales con techo en torno al 25%, el derrumbe de poder adquisitivo salarial y del consumo dejan un panorama mucho peor al que enfrentó el FPV en la antesala del 2015 electoral: si nos remontamos a los 12 años de la era K, hubo sólo un año en el que hubo caída en ambos indicadores, PBI y salario real. Fue 2014, con -4,2% en el salario real y -2,6% en el PBI. En la misma línea, como apuntó el periodista Maximiliano Montenegro, “el cero de crecimiento para 2019, un año electoral, sería todo un desafío para el Gobierno: el primer año electoral desde 2009 en el que la economía no crece. Pero además, como se espera una cosecha mucho mayor del campo para el año próximo, ese número implica que la recuperación esperada en el resto de los sectores sería muy lenta o incluso nula. En particular por el lado del consumo. El 25% de inflación para el año próximo –en el acuerdo con el FMI se había fijado como meta 17%- también será difícil de alcanzar y le fijaría en todo caso un techo a la reactivación del poder adquisitivo salarial y del consumo”




Básicamente, el gobierno no tendría logros socioeconómicos para mostrar al momento de las elecciones de 2019, ya que la actividad a lo largo de su gestión mostraría una caída, al igual que el consumo. Si hoy hiciéramos un semáforo con 10 indicadores, habría sólo 3 verdes contra 7 rojos (ver datos arriba; click para agrandar) y la previsión para 2019, año electoral, podría incluso empeorar. En ese marco, el único recurso que podría quedarle al oficialismo es “la grieta”, esto es, polarizar con CFK y apelar nuevamente al discurso de “pasado vs cambio”. Sin embargo, ya se ha dicho, polarizar con CFK en el escenario de crisis en “L”, el más favorable a la ex presidenta, no dejaría de ser una apuesta riesgosa, puesto que el malestar, principal efecto socioeconómico de la gestión Cambiemos y constructor de tendencias a mediano y largo plazo (por encima de los vaivenes de la coyuntura) está gestando un consenso negativo “anti-Macri”. Como apuntó el politólogo Mario Riorda, “Si apuesta a la grieta, Mauricio Macri debe saber que ya no está en 50 y 50; hoy es 70 y 30”.  Sin ya en agosto hubo encuestas que mostraron un empate técnico entre CFK y Macri en un eventual ballotage, como vimos en el informe de M&R (ver datos abajo; click para agrandar), esa tendencia podría profundizarse conforme la crisis confirme el escenario en "L".