miércoles, 7 de febrero de 2018

Los efectos socioeconómicos de la gestión Cambiemos de 2015 a 2017

Como hemos planteado varias veces en este blog, el gobierno necesita comenzar a mostrar resultados palpables en el metro cuadrado de los electores para aspirar a un segundo mandato sin mayores sobresaltos en 2019. Esto, a la luz de una premisa central de análisis (explicitada oportunamente por el consultor Carlos Fara): a mediano y largo plazo, los efectos socioeconómicos son los que construyen las tendencias de opinión pública, más allá de los vaivenes de la coyuntura. En ese marco, a un gobierno que busque la continuidad en el poder ya no le alcanza sólo con el consenso negativo respecto al anterior (factor que lo aupó a la presidencia en el ballotage del 2015). Es decir, el presidente Mauricio Macri necesita generar argumentos positivos en torno suyo, no sólo contraste con CFK. 

Una buena manera de medir el efecto socioeconómico de la gestión Cambiemos en lo que va del gobierno es seguir la evolución del nivel socioeconómico (NSE) en el país. Esa foto muestra un resultado "no positivo" (parafraseando a Julio Cobos): cinco pasos atrás en dos años. Es decir, en comparación con el año 2015, el último de la gestión CFK, la clase media (C3 en la nomenclatura de la Asociación Argentina de Marketing, AAM) se redujo del 30% al 25% a fines del 2017 (cierre del segundo año de gestión Cambiemos). Esos cinco puntos porcentuales hicieron crecer a la clase media baja o baja superior (D1) del 31%  que tenía en 2015 hasta un 36% al cierre del año pasado. En tanto, la clase alta (ABC1) se mantuvo en 5% y la media alta repitió el 15% que mostraba hace dos años. En ese marco, la sumatoria de las clases baja inferior y marginal (D2+E) pasó del 50% por ciento al 55%. Los datos surgen de dos amplias encuestas nacionales realizadas por la consultora Delfos de manera domiciliaria sobre muestras de 8.510 casos en 2015 y 2016 (20 ciudades) y 5.990 casos (16 ciudades) en 2017, con un error muestral de +-1,6% y +- 2,1%, respectivamente.  La robustez casuística de las muestras confiere significatividad estadística a la variación de 5 puntos porcentuales en sentido descendente respecto al 2015 (ver datos arriba; click para agrandar). 

Así, la principal conclusión que se desprende de los relevamientos es que en estos dos años de gestión Cambiemos se quebró la tendencia a la movilidad social ascendente visible hasta el 2015. Recordemos que la comparación entre el año 2006 (cuando la Asociación Argentina de Marketing renovó el índice de nivel socioeconómico, NSE) y el año 2015 arrojaba un neto crecimiento de la clase media y un descenso de la clase baja: ese evolutivo mostraba a la media típica (C3) creciendo del 24% que registraba en 2006 hasta el 30% a fines de 2015, mientras que la sumatoria de las clases baja y marginal (D2 + E) pasó del 24% en 2006 al 19% en 2015. Observando cómo evolucionó la clase alta top (ABC1), se aprecia que apenas varió en el mismo lapso (pasó del 6% en 2006 al 5% en 2015, y el año pasado se mantuvo en el mismo valor). A su turno, la media alta pasó del 14% en 2006 al 15% en 2015, guarismo que se mantuvo en 2017, mientras que la clase media típica creció del 24% que registraba en 2006 hasta el 30% a fines de 2015, pero en 2017 retrocedió hasta el 25%. En ese marco, la media baja pasó del 32% en 2006 al 31% en 2015, pero en 2017 avanzó hasta el 36%. Esto implica que, luego de un período de nueve años en que la pirámide del NSE a nivel nacional mostró un proceso de movilidad social ascendente (con crecimiento de la clase media y reducción de la pobreza, es decir, menor polarización social relativa) el 2017 arroja  un descenso de los niveles medios típicos hacia la clase baja superior. Eso implica un deterioro relativo de la situación: aunque a tenor de estos datos todavía aún no se traduce en un crecimiento de los segmentos bajo inferior y marginal (que siguen en 19%, idéntico guarismo que en 2015), la gestión Cambiemos claramente no está reduciendo la pobreza en lo que lleva de gobierno hasta ahora. Peor todavía, mientras las gestiones K mostraron una mejoría del NSE en términos de movilidad social ascendente y crecimiento de la clase media, la de Macri viene mostrando lo contrario. 

Considerando los datos de segmentación económica, la clase media estricta se corresponde con el segmento C3; así, hoy menos de tres de cada 10 argentinos (2,5) pertenecen a la clase media típica. Si se contemplan criterios sociológicos, la referencia se amplía: aunque el segmento C2 está por encima de la media típica por variables económicas y poder de consumo, tiene comportamientos similares a esa clase en términos sociales, educativos y socioculturales. Visto con ese matiz, la “clase media” abarcaría al 40% del total (alcanzaba al 45% hasta el año 2015). Finalmente, si se considera también a la clase media baja, que sin ser clase media típica tiende a identificarse con ella (en rigor, la tiene como “aspiracional”), resultaría un conglomerado del 76%, guarismo que casi coincide con el 80% de argentinos que se definen y sienten como de clase media (una autopercepción que excede las definiciones estrictas de estadística aplicada). 

lunes, 5 de febrero de 2018

El giro económico como bisagra de las tendencias en la opinión pública

Como veíamos en posts anteriores, uno de los puntos de inflexión de la coyuntura pasa por el viraje de un enfoque político (que le había permitido al gobierno sortear exitosamente las elecciones de medio término del 2017) hacia una mirada más atenta a los efectos socioeconómicos del programa de Cambiemos, lo que genera desgaste para el oficialismo. Así, un estudio del CEOP (Centro de Estudios de Opinión Pública) arrojó, a partir de una muestra nacional de 1.828 adultos, que el 56,8 % considera que los salarios e ingresos empeorarán este año, contra un 36,1 % que piensa que va a mejorar. También hay resultados pesimistas en cuanto a la inflación y al desempleo. Asimismo, el 64,1 % se muestra escéptico respecto a la llegada de las inversiones, uno de los elementos centrales del relato oficial. En tanto, según Aresco, al cierre de 2017, 7 de cada 10 argentinos evaluó de manera negativa la situación económica del país (el mes anterior, 6 de cada 10 respondían que la economía marchaba “mal” o “muy mal”). “El Gobierno mismo, para justificar el ajuste, habló de un país que está mal”, analizó Federico Aurelio, titular de Aresco. Esa visión negativa de la situación económica del país, no obstante, es un patrón durante el gobierno de Macri, a tenor de los números de esa consultora: el momento en que “mejor” le dio ese indicador fue con un 60% de imagen negativa de la economía. El dato nuevo es el de las expectativas, donde (tal como vimos en otros estudios) hasta ahora eran más los que pensaban que el país iba a mejorar que los pesimistas al respecto. En este aspecto también hubo un giro: sólo el 39% de los argentinos terminó el año con optimismo, mientras que un 53% no confió en que la situación económica pueda mejorar.




Otro de los indicadores que trasunta el malestar con el “reformismo permanente” del gobierno es el Índice de Confianza del Inversor, un trabajo  realizado por D´Alessio IROL para la Cámara de Agentes de Bolsa a fin de conocer la situación y percepción de los argentinos bancarizados, de clase media, en relación a sus inversiones personales y el escenario nacional. Tras la aprobación del paquete fiscal se reafirmó la tendencia y retrocedió por segundo mes consecutivo. Los datos corresponden a la sexta medición, realizada en diciembre, de forma online, a 500 encuestados mayores de 18 años, bancarizados, de todo el país. El estudio concluyó que se acentuó la baja de la confianza por parte de los inversores y retrocedió tanto la percepción del escenario actual como las expectativas. "Se profundiza el proceso de incertidumbre y volatilidad económica post-electoral, a partir de la aprobación de las primeras medidas del paquete fiscal que ingresaron al Congreso", apuntó el informe. Asimismo, una medición de humor social general de la misma consultora también puso de manifiesto que la puesta en marcha del plan de reformas, en especial los cambios en materia previsional, erosionaron el vínculo con la sociedad en magnitudes suficientes para torcer la tendencia favorable que se veía en los meses anteriores. Por primera vez desde que se realiza la medición mensual a casi 1.300 adultos en todo el país (julio de 2016), la percepción sobre el futuro económico nacional resultó negativa: 1 cada dos 2 consideró que dentro de un año la situación será peor, contra un 46% que espera ver mejoras. El dato refleja una situación diametralmente opuesta a la observada en noviembre del 2017 (ver gráfico abajo: click para agrandar) y acompañó el deterioro de la mirada sobre la actualidad: un 53% evaluó que la actividad en 2017 fue peor que la del 2016, frente a un 45% que la calificó como mejor. Sólo 30 días antes, 51% ofrecía una respuesta favorable para el gobierno nacional. 

"La primavera post electoral se evaporó muy rápidamente. La imagen del Gobierno y del Presidente habían caído aún antes de los eventos de diciembre (en torno al paquete de leyes que envió el Ejecutivo al Parlamento, sobre todo la reforma previsional, como en relación al cambio en la política de metas de inflación). Predomina levemente el pesimismo respecto del futuro de la economía, antes de que se hagan efectivos los ajustes de tarifas", señaló oportunamente el analista Sergio Berensztein. El cambio de tendencia también se reflejó en la valoración de la gestión, que retrocedió al nivel anterior a las PASO del 2017, y en la imagen de los principales dirigentes del oficialismo que, al igual que la de los referentes de la oposición, pasó a ser negativa, con excepción de la gobernadora bonaerense María Eugenia Vidal, que perdió puntos pero mantuvo un diferencial positivo. "Los valores de aceptación del gobierno, de la política económica así como la imagen de prácticamente todos los candidatos sufrieron el embate de la crisis producida, predominantemente, por la discusión de la reforma previsional", remarcó el consultor Eduardo D´Alessio. A la hora de revisar el cambio de humor social respecto a Cambiemos, D´Alessio apuntó que "una vez más el estilo de comunicación del Gobierno ha sido criticado no sólo por especialistas sino por la población en general, dado que tres cuartas partes acusan no haber tenido idea clara de cuál era la base de discusión para el tratamiento de los cambios previsionales". El analista José Natanson coincidió en marcar el quiebre a partir de la reforma previsional: “al menos desde el menemismo, la cuestión jubilatoria está signada por una cierta idea de injusticia, de insuficiencia de haberes, de abandono. Aunque el origen del problema es, como dijimos, estructural, el blanco de la crítica es móvil: si hasta mediados de diciembre la responsabilidad recaía fundamentalmente sobre el kirchnerismo, es probable que a partir de ahora se vaya desplazando al macrismo, cuyo ascenso, por otra parte, se explica en buena medida por el apoyo de ese colectivo inorgánico pero numerosísimo que son los adultos mayores”. Esto refuerza la hipótesis de que el ajuste impactó en la línea de flotación del gobierno, desgastando su imagen en segmentos que venían acompañándolo. 

Por su parte, según el Índice General de Expectativas Económicas (IGEE) que desde 1982 realiza la consultora de investigación económica Kantar TNS, las expectativas económicas de los consumidores argentinos cayeron 4% en diciembre a nivel interanual (es decir, respecto del mismo mes de 2016) y retrocedieron 9 puntos porcentuales en la comparación con noviembre (intermensual; ver datos arriba, click para agrandar). "Cada vez que se tratan medidas de impacto económico -como resolución de tarifas, ganancias, la reforma previsional y el paquete económico-, el humor en las expectativas se hace algo más errático, con una incertidumbre pesimista en el comportamiento del consumidor", explicó Mercedes Ruiz Barrio, investigadora senior de Kantar TNS. En el estudio que mide la percepción de la población acerca de la situación económica y laboral en el país se destacó que "las expectativas retroceden abruptamente en el cierre del año regresando a los niveles bajos de principio del 2017". Esto se registró en contraposición a años anteriores donde diciembre es un mes optimista, explicó Ruiz Barrio. Todos los componentes del indicador retrocedieron en diciembre de 2017: situación económica-laboral actual y futura en Argentina, ingresos del hogar a mediano plazo y momento para la compra de bienes durables. Con todo, el impacto de la retracción fue mayor respecto a si es un buen momento o no para la compra de bienes durables como, por ejemplo, heladeras, lavarropas o teléfonos. "El año terminó con un índice de expectativas en baja, un pesimismo -referente a la situación laboral y económica del país- sobre el momento actual mayor que la perspectiva respecto al futuro, advirtiendo que no resulta el mejor momento para la compra de bienes durables", relató la ejecutiva. Las evaluaciones fueron más críticas entre los menores de 25 años del área del Gran Buenos Aires (GBA) que en los de Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) e interior del país, y también en los niveles socioeconómicos más bajos. Esto confirma dos sesgos que hemos visto en muchos estudios: al oficialismo le va peor entre los jóvenes y los sectores sociales más desfavorecidos. Las expectativas más negativas también impactaron en la evaluación respecto a la dirección que está tomando el país:  pasaron de un 51% que consideraba que iba en el camino correcto a un 40%.



viernes, 2 de febrero de 2018

Indicadores y lecturas del malestar con el “reformismo permanente”

Cerrábamos el post anterior mencionando que desde el lanzamiento del “reformismo permanente”, las medidas de ese paquete no son generadoras de legitimación sino, por el contrario, erosivas del acompañamiento que Cambiemos había logrado en el turno electoral del 2017. Ese desgaste queda patente en las cifras de Ipsos, que arrojan que la aprobación de Mauricio Macri se ubicó en 50% en el 3º trimestre de 2017, subió un poco en el 4º y tuvo un descenso de 10 puntos porcentuales a principios de 2018, registrando así el punto más bajo de la serie desde que es presidente: 44%, esto es, unos 7 puntos porcentuales por debajo del caudal electoral obtenido en el ballotage del 2015 (ver datos arriba; click para agrandar). Con todo, sigue siendo un resultado que está en el orden de magnitud de los votos de Cambiemos en el total país en 2017, suficientes para situarlo como primera minoría electoral nacional. El desafío para el oficialismo reside en que, cuando se evalúan 5 medidas claves del gobierno, como vimos en el post anterior, todas tienen niveles de acuerdo menores al 40%. Si eso se mantiene en el tiempo, es probable que la agenda “reformista” siga lastrando la imagen y aprobación del oficialismo. Como apuntó Luis Bruschtein, “la ola de malestar social que puede producir el desorden económico todavía está en proceso de formación. Si se produce, marcará la suerte de este gobierno y no habrá blindaje mediático que valga”. Desde una mirada más técnica, el sociólogo Ignacio Ramírez evaluó que “algo de lo que se está hablando todavía poco es de la imagen del presidente: su relación con la sociedad va a llegar bastante desgastada al 2019. Está pasando algo que todavía no se está articulando en forma de análisis, pero estoy convencido de que el gobierno lo está viendo en los focus (…) El problema de perder 10 puntos de imagen no es ese, es que se siga agudizando, que sea síntoma de una ruptura que se siga agrandando". 



A ese malestar socioeconómico, que permea en segmentos electorales que acompañaron a Macri en 2015 y 2017, se suman los “errores no forzados” de enero: un experto en comunicación que conoce la lógica de funcionamiento de Cambiemos aseguró al medio digital LPO “que el affaire Triaca sí afecta el contrato electoral del macrismo, ya que golpea de lleno en el discurso de transparencia”. Así, el oficialismo viene acusando impactos en su línea de flotación. En ese marco, la observación del sociólogo Ignacio Ramírez que citamos en el post anterior de que el gobierno leyó mal el triunfo electoral si creyó que el mismo podía borrar el subsuelo de valores preexistente refuerza la hipótesis de que el apoyo a Cambiemos subyace en un clima de opinión (y, como tal, volátil), no en un clima de época más estable. “En general el macrismo es muy habilidoso para leer los contextos y muy deficitario para leer las historias. A veces Cambiemos desconoce que sus votantes no nacieron en 2003 ni en 2008-2009, cuando apoyaban al campo; los trata como si sólo fueran antikirchneristas. Puede ser que una parte de la sociedad esté cansada del kirchnerismo, pero eso no implica desconocer que el kirchnerismo y el peronismo han representado una serie de políticas públicas, de valores, que están muy conectadas con rasgos distintivos de la cultura política argentina”




Ese núcleo de valores contribuye a explicar el desacuerdo mayoritario respecto a las medidas del paquete de “reformismo permanente” y plantea un desafío de cara al 2019 electoral. “Dada la fuerte gravitación de elementos ideológicos en la opinión pública hay un sector de la sociedad, por lo menos una mitad, que no va a acompañar este proceso político, ni aunque tenga éxito en la economía, porque tiene distancias culturales, simbólicas, ideológicas”. Respecto a las chances de la oposición, el sociólogo apunta que sí tiene una oportunidad si empieza a hacer un recorrido por un mismo objetivo que es vencer a Cambiemos, aunque el oficialismo sigue beneficiándose de que “ese archipiélago opositor todavía está perforado por un conjunto de contradicciones interiores muy fuerte”En ese marco, las chances del espacio opositor pasan por construir puentes o vasos comunicantes entre las expresiones que hoy funcionan como archipiélagos y a la vez apostar a que el desgaste del oficialismo “derrame” en favor de las figuras opositoras. 





Algo de eso se insinúa en encuestas recientes, como la última medición de la consultora Elypsis. Según el sondeo, la imagen del Gobierno y de la mayoría de los referentes de Cambiemos continúa a la baja pero a menor ritmo que en el final del año pasado. En el caso de Macri, cae un punto en el último mes y se sitúa en el 37%, su nivel más bajo desde finales de julio de 2017. En provincia de Buenos Aires también cae la imagen positiva de los principales referentes de Cambiemos: Macri se ubica en 32%, en su nivel más bajo desde fines de junio pasado, y Vidal en 47%, en el nivel más bajo desde mediados de julio (ver  cuadro 2 de imagen positiva y 3 de imagen negativa; click para agrandar). El estudio en PBA fue realizado entre el 15 y el 28 de enero del año 2018. Se basa en una muestra relevada de manera telefónica compuesta por 1.376 casos de personas mayores de 16 años, en la primera, segunda y tercera sección del Gran Buenos Aires (GBA), Bahía Blanca, La Plata, Mar del Plata, Campana, San Nicolás, Tres Arroyos y Tandil. Al mismo tiempo, según Elypsis, dentro de la oposición CFK es la figura que mejor mide (ver cuadro 4 de imagen positiva y 5 de imagen negativa; click para agrandar). La imagen positiva de la ex presidenta en provincia de Buenos Aires muestra una leve recuperación, con 34% (al alza en el último mes), mientras que su imagen negativa se ubicó en 39%, 3 puntos porcentuales por debajo de su registro de un mes atrás. Por su parte, Margarita Stolbizer se ubica segunda con 29%; las imágenes positivas de Florencio Randazzo y Sergio Massa se sitúan en 20% y 15% respectivamente. Respecto a la calificación negativa de los opositores, si bien sigue en niveles altos, tienden a disminuir en el último mes. La imagen negativa de Massa se ubicó en 47%, disminuyendo en comparación con 51% hace un mes; la negativa de Randazzo se encuentra en 37%, por debajo del 41% hace un mes, mientras que Stolbizer se encuentra en 35%, todavía en el nivel más bajo dentro de la oposición. La consultora Giacobbe & Asociados también reportó que CFK sigue siendo la dirigente opositora que más mide, con 30%, si bien la actual senadora nacional también es la figura de mayor imagen negativa (65%). Además, Cristina Fernández de Kirchner o un candidato que ella apoye registran el 32% de potencialidad de voto, en el sondeo de Ágora: en este caso, la cifra de apoyo subió unos 11 puntos porcentuales entre noviembre de 2017 y enero de 2018.



martes, 30 de enero de 2018

De "la grieta" a "la bisagra": miradas sobre el cambio de tendencia en la opinión pública

Como venimos repasando, existen varios analistas que advierten una bisagra en las tendencias de la opinión pública desde diciembre a esta parte. Por caso, el sociólogo y consultor Carlos de Angelis apunta que “Macri planteó, el 30 de octubre de 2017, su plan de ´reformismo permanente´, con cambios en los sistemas impositivo, previsional y laboral, entre otros. Esta es una hoja de ruta que apunta a abandonar el pragmatismo de los dos primeros años de gobierno, mostrando por primera vez el proyecto para el cual se reunieron aquellos hombres y mujeres post 2001. Sin lugar a dudas, la finalidad manifiesta es dejar atrás ´el experimento populista´, como expresó el Presidente este jueves 25 de enero en la sesión plenaria del encuentro del Foro Económico Mundial, en Davos, Suiza. Como era esperable, estos cambios encuentran resistencia en diversos sectores directa o indirectamente afectados, pero lo gravoso es que también son rechazados por parte de la base electoral de Cambiemos, situación que comienza a erosionar la imagen presidencial. Qué pasa si parte de ese experimento populista fuera valorado por una parte importante de la población, que no acuerda con políticas como la privatización de Transener, la venta de activos del Estado, la vía libre a la conformación de nuevos monopolios en áreas relevantes (como el suministro de internet) o la liberalización de las relaciones laborales. ¿Encontrarán estos sectores otros espacios donde depositar su voto en 2019?”. Así, la novedad es que al menos una parte del paquete de reformas de Cambiemos genera desaprobación entre electores que venían acompañando al gobierno. 

En ese marco, lo que subyace es que el consenso negativo que hizo posible la victoria en el ballotage del 2015 y las elecciones de medio término del 2017 va agotando su funcionalidad legitimadora para el presidente Mauricio Macri. Si el contenido del “cambio” ya no puede ser sólo el antikirchnerismo, entonces la legitimación requiere la emergencia de un contenido positivo sustantivo. “Por todo esto es que en esta nueva etapa el Gobierno necesita otras fuentes de legitimación que vayan más allá de la “pesadilla kirchnerista” o de la cárcel para los popes sindicales. Seguir pidiendo la restricción de sus consumos a la clase media va a ser cada día más dificultoso sin mostrar resultados económicos, como la baja consistente de la inflación o el crecimiento genuino de la economía. También multiplicará el costo de los escándalos políticos como el que tuvo como protagonista al ministro de Trabajo, y de otros que casi en forma inevitable sobrevendrán”, destaca el sociólogo.

Por su parte, Lucas Romero, uno de los responsables de la encuesta de Synopsis que venimos citando, profundiza en esa misma línea, destacando que el estudio de enero “viene a ratificar algo que ya habíamos visto en diciembre, que es un cambio en la tendencia de los indicadores de opinión y en términos generales un deterioro de todos los indicadores relacionados al gobierno y al rumbo del país. Nosotros identificamos dos factores. Uno es que cambió el clima de opinión. Cambió el contexto en el cual la gente emite su opinión y tiene su percepción de la realidad. Veníamos de un contexto dominado por el proceso electoral que lógicamente condiciona la mirada de la opinión pública sobre la realidad política y pasamos a un contexto en el cual la gente volvió a enfocarse en sus problemas cotidianos, encuentra aún problemas sin resolver y entonces allí levanta la cabeza y a quien ve es al gobierno nacional”. En cuanto al segundo factor, Romero resalta, al igual que de Angelis, la agenda poselectoral del gobierno. “Allí hay dos grandes grupos de decisión. Por un lado los anuncios de aumentos en tarifas de servicios públicos como gas, transporte; y otros componentes que son precios regulados, pero no directamente por parte del Gobierno como aumento de la nafta, de las prepagas y una serie de anuncios que tienen impacto en términos de opinión pública y es natural que veamos este resultado. Por otro lado, el conjunto de reformas que el gobierno anunció después de las elecciones y dentro de las cuales estaba incluida esta polémica reforma de la ley de movilidad jubilatoria que tiene niveles de rechazo extremadamente altos, casi 2 de cada 3 la rechazan y tiene una valoración negativa de esa ley y que tanto le costó al Gobierno aprobar en ese debate en el Congreso en diciembre y que seguramente explica gran parte de la pérdida de popularidad que tuvo el Gobierno hacia fines del año pasado”

Un enfoque similar lo aportó el sociólogo Ignacio Ramírez, quien evaluó que Cambiemos sufrió luego de la elección de medio término del 22-O “la maldición de los ganadores”, malinterpretado el respaldo como una luz verde para acelerar en reformas que no fueron plebiscitadas en las legislativas. “En ese contexto, el gobierno después de las elecciones toma una decisión que confirma la sospecha de que resuelve con un sesgo de clase (…) lo que hizo fue tomar otra vez una decisión antipática, y para justificar la reforma previsional siguió tocando la canción de la pesada herencia, que cansó. Eso que se rompió se puede reparar, pero se rompió en diciembre. Hubo dos malas lecturas: elegir esta medida después del triunfo electoral como si la victoria borrara el subsuelo de valores que tenemos. Segundo error: con la rosca parlamentaria evitamos que esto salte en la opinión pública, alcanza con la ruta pichettista a la aprobación. Hay climas: las palabras ajuste, reforma, envueltas en el calor de diciembre tienen una capacidad evocatoria muy potente”. Esto plantea dos riesgos nuevos para Cambiemos: 1) que la pérdida de funcionalidad legitimadora del consenso negativo que acompañó a Macri en el ballotage del 2015 y las elecciones de medio término del 2017 no sea reemplazada por un contenido sustantivo “positivo” (por ejemplo: Carlos Menem ganó legitimidad para su agenda de reformas gracias al beneficio de la estabilidad) 2) que la agenda de Cambiemos empiece a transitar temas respecto a los cuales el consenso negativo antiK agotó su funcionalidad político-electoral y que, en sentido contrario, hacen emerger consensos negativos mayoritarios. Es decir, no sólo son rechazados por quienes no votaron a Mauricio Macri en el ballotage del 2015, sino también por sus votantes, al ser temas que trascienden la polarización: estaríamos viendo un giro en la opinión pública, de “la grieta” a “la bisagra”). Por caso, en el relevamiento de la Universidad de San Andrés que midió las actitudes respecto a 5 de las medidas clave del gobierno a partir de diciembre, tres de ellas recogen desacuerdos superiores al 50%: los cambios tarifarios en el transporte (56%), la reforma laboral (53%) y la reforma previsional (61%). En el caso de la reforma tributaria, el desacuerdo también es la primera minoría actitudinal, pues llega al 45% (ver datos arriba; click para agrandar). Si bien se trata de temas distintos, todos integran la matriz de “reformismo permanente” definida por el presidente Macri luego del 22-O. Si no son generadores de legitimación sino, por el contrario, de deslegitimación y erosión del acompañamiento, el desafío para el gobierno resulta mayor a lo que se pensaba luego de la euforia poselectoral.  

viernes, 26 de enero de 2018

4 puntos de inflexión claves a seguir del proceso en la opinión pública

Desde diciembre hasta ahora cabe destacar varios puntos de inflexión en el proceso sociopolítico. El primero tiene que ver con la reforma previsional y sus repercusiones. Al respecto, oportunamente el columnista Pablo Papini destacó que “se ha dicho hasta el hartazgo: el sufragio amarillo se hace más fuerte a medida que se asciende en franjas etarias. La composición sociológica de los nuevos cacerolazos (en referencia a las protestas de fines de diciembre pasado) indica que por primera vez han sentido el impacto en filas propias”. Otra bisagra, que también se articula a partir del impacto de esa reforma, pasa por la circulación de la información. “En su estrategia y formas de comunicación el gobierno parece tener todo asegurado, pero con una estrategia muy falible que hace eje en la interpelación del antikirchnerismo. Cuando se tocan intereses de sectores sociales que ya no se sienten interpelados sólo por esa categoría, puede ocurrir que salgan espontáneamente. Y ese fenómeno, en el uso de las redes sociales, no significa sin organización. Por primera vez desde que es gobierno, Cambiemos fue contrarrestado en su uso de las redes sociales que antes parecía infalible”, apuntó el sociólogo Esteban Dipaola. 

A esto se le podría sumar que las repercusiones de esa reforma resquebrajaron el “blindaje” mediático con que venía contando el gobierno durante los últimos meses. Este fenómeno, a su vez, puede ser el germen de un "doble clima de opinión" (Noelle-Neumann), es decir, la emergencia de una diferencia sensible entre el clima percibido por la población y el representado por la mayoría de los medios y periodistas (francamente favorable a Cambiemos). Respecto a si se puede hablar de un punto de inflexión, Dipaola considera que “hay un aprendizaje en el sentido de que la gente se hizo más consciente de lo que se puede producir con las redes, de cómo se pueden hacer circular sentidos y ponerlos en disputa. Creo que hubo una conciencia de eso. Lo que pasó con la convocatoria a los cacerolazos generó esa conciencia y un punto de vista más crítico, tratando de salir de la inminencia de la circulación”

Un tercer punto de inflexión es el giro económico, luego del plebiscito más netamente “político” que benefició al oficialismo en la elección de medio término. La mayor relevancia de la agenda económica que se percibe en estudios como el de Synopsis que venimos citando marca un riesgo para el oficialismo, en la medida en que desplaza la atención hacia el impacto de las medidas del gobierno en el “metro cuadrado” de la agenda, por encima de los temas en que Cambiemos aún se beneficia por el contraste con la gestión K (issue "corrupción", con el correspondiente acompañamiento mediático y judicial). Que la inflación sea el principal problema en la agenda de los electores y que un 41,4% considere que empeoró respecto a la gestión anterior implica un serio revés para el oficialismo. Sólo un núcleo duro del 25,2% (proporción que está en el orden de magnitud de los votos obtenidos por Mauricio Macri en las PASO del 2015) cree que esa problemática mejoró en comparación con el gobierno de CFK (ver datos arriba; click para agrandar). Peor todavía, ese estudio se efectuó antes de que se difundiera el IPC de diciembre, que fue el más alto del 2017 (3,1%), cerrando así el año con casi 25% de inflación. Muy probablemente, el dato hubiera sido más desfavorable luego de esa publicación. 

El cuarto punto, ya mencionado y quizá el más importante, es la caída en las expectativas, tanto a nivel de la situación del país como en la situación económica personal. En el primer caso, el porcentaje de consultados que cree que la situación económica del país dentro de un año será "peor" (casi 43%) supera nítidamente al casi 30% que considera que estará "mejor". Respecto al segundo, en noviembre de 2017 un 33,6% de los consultados consideraba que en un año estaría "mejor". En el último estudio de Synopsis, ese guarismo se redujo a 23,4% (una caída de 10 puntos porcentuales), si bien muchos de esos desencantados pasaron a la alternativa de respuesta "igual" (creció de 25,4% a 33,7%) y no a "peor" (subió menos, de 32,9% a 35,6%). En esta línea, el analista Tomás Aguerre destacó que “el relevamiento de Synopsis muestra también la brecha histórica más grande entre quienes consideran que estarán mejor y quienes consideran que estarán peor en el futuro. Para ponerlo en otros términos: desde que Mauricio Macri llegó a la presidencia, nunca tan pocos ciudadanas y ciudadanos creyeron que en el futuro estarían mejor de lo que están hoy. No es la primera vez que hay más ´pesimistas´ que ´optimistas´ respecto al futuro, tal como muestra la serie, pero sí es la primera vez que la brecha es tan prominente. Es un dato para atender en cualquier gobierno y uno para preocuparse especialmente en un proyecto político que ha hecho de las expectativas sobre el futuro uno de los pilares en la construcción de su discurso de gobierno. La respuesta del Gobierno hasta ahora ha sido que se trata de una ´caída natural´ en los indicadores, es decir, que el oficialismo ha decidido invertir capital político en pasar una serie de reformas y que este es el costo natural de hacerlo. Sabemos que no existe en política algo así como leyes naturales necesarias; sin embargo, es cierto que existe el costo de avanzar con una agenda propia, más aún cuando esa agenda resulta impopular. Lo cierto es que reformas anteriores, aunque hayan impactado, no mostraron estos descensos tan abruptos en los números del gobierno. Y, fundamentalmente, no afectaron los pilares de la construcción del discurso de Cambiemos, a saber, la confianza en el futuro. Es necesario pensar a partir de este punto principalmente porque, a pesar de haber pasado la reforma previsional y la tributaria, el plan de reformas del gobierno de Mauricio Macri recién comienza”. En síntesis, esto refuerza nuestra hipótesis de que el gobierno comienza a transitar un sendero en el que el cambio ya no se define simplemente como un consenso negativo respecto del gobierno anterior (antikirchnerismo), sino con una impronta propia. Aquí, corre dos riesgos: 1) ser asociado a la palabra más temida por los estrategas de Cambiemos (“ajuste”) y 2) reforzar el sesgo clasista que se le percibe desde sus inicios y que la encuesta de Synopsis también confirma, cuando detecta que las políticas de Cambiemos para reducir el gasto público afectan más a quienes menos tienen en la percepción de los argentinos (ver datos abajo; click para agrandar).