martes, 5 de enero de 2016

Del plexo sociopolítico al plexo socioeconómico (1)

En las últimas entradas del 2015 insistimos en que el plexo político preexistente para evaluar a la nueva gestión es la división del electorado en tres tercios. Son los siguientes: uno anti-K (con un núcleo duro de apoyo a la flamante administración de Mauricio Macri), uno pro-K (con un núcleo duro crítico respecto a Cambiemos y relativamente “fiel” a CFK) y un tercero “ni-ni”, que en el ballotage del 22-N pasado se dividió en partes casi simétricas produciendo el resultado ajustado de 51,34% a 48,66%. Según este tercero se oriente en las próximas semanas/meses más cerca de uno de los dos primeros polos, se generará una masa crítica favorable al nuevo presidente o, de lo contrario, las condiciones para su desgaste. 

Dicho esto, se impone ser coherentes con la premisa filosófica de este blog: no hacemos por un lado investigación de mercado y por otro estudios de opinión pública, sino que se hace investigación social, donde ambas dimensiones están conectadas y confluyen en la comunidad (comunidad que es a la vez de consumidores y electores, no mercado por un lado y electorado por otro). En ese marco, una mirada al plexo político preexistente para evaluar la nueva gestión debe ser complementada con una mirada al plexo socioeconómico que coexiste con aquél.  

En ese marco, la comparación con el año 2006 (cuando la Asociación Argentina de Marketing renovó el índice de nivel socioeconómico, NSE) y el año 2015 arroja un neto crecimiento de la clase media y una reducción de la clase baja. El dato surge del evolutivo que muestra la clase media típica (C3) creciendo del 24% que registraba en 2006 hasta el 30% a fines de 2015 (cierre de la gestión de CFK), mientras que la sumatoria de las clases baja y marginal (D2 + E) pasó del 24 en 2006 al 19% en 2015. La información correspondiente al año 2006 surge del estudio de la Asociación Argentina de Marketing (AAM), en tanto que los del 2015 fueron obtenidos a partir de 9.310 casos relevados de manera domiciliaria en una encuesta de alcance nacional realizada por la consultora Delfos, con un error muestral de +-1% (ver gráfico arriba; click para agrandar). 

Observando cómo evolucionó la clase alta top (ABC1), se aprecia que la misma apenas varió en ocho años (pasó del 6% en 2006 al 5% en 2015). Lo mismo se percibe en la media alta (C2, pasó del 14% en 2006 al 15% en 2015) y la media baja (D1, varió del 32% en 2006 al 31% en 2015). Una lectura de todo el período arroja que en los últimos nueve años la pirámide del NSE a nivel nacional acusa un proceso de movilidad social ascendente, con crecimiento de la clase media y reducción de la pobreza, de lo que resulta una menor polarización social relativa. Considerando los datos de segmentación económica, la clase media estricta se corresponde con el segmento C3, es decir que tres de cada 10 argentinos pertenecen a la clase media típica. En cambio, si se contemplan criterios sociológicos, ese universo se amplía, pues si bien el segmento C2 está por encima de la clase media típica por variables económicas y poder de consumo, tiene comportamientos similares a esta clase en términos sociales, educativos y culturales. Visto con ese matiz, la “clase media” abarcaría al 45% del total. Finalmente, si se considera también a la clase media baja, que sin ser clase media típica tiende a identificarse con ella (en rigor, la tiene como “aspiracional”), resultaría un universo del 76%, guarismo que prácticamente coincide con el 80% de argentinos que se definen y sienten como de clase media (autopercepción que, por supuesto, va más allá de las definiciones estrictas de la estadística aplicada). 

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