viernes, 28 de agosto de 2026

Endeudamiento y morosidad: por qué esos temas coparon la agenda de agosto (nota publicada en CBA24N)

En una perspectiva histórica, hay que retroceder 20 años (poscrisis de 2001) para encontrar niveles de morosidad bancaria de las familias tan altos como hoy: el pico máximo de irregularidad tocó 32,7% en septiembre de 2003 (gráfico arriba). Sin embargo, la alarma que plantea la coyuntura actual salta al incorporar al análisis el nivel de incumplimiento con proveedores no financieros de crédito (billeteras virtuales): la aceleración de la mora en ese segmento pasó de 7,3% en noviembre de 2024 a 30,1% en junio de 2026. Eso superó el máximo registro previo (27,1% en mayo de 2020, plena pandemia de Covid-19). Considerando en conjunto deudas con bancos y billeteras virtuales, la irregularidad total de las familias rondó el 16% a junio de 2026. “Al comparar la foto de junio de 2026 con febrero de 2024 (momento previo a la escalada de la irregularidad), se detecta que el sistema crediticio incorporó 2,60 millones de deudores morosos nuevos”, destacó el último informe del CEPA, basado en datos del Banco Central de la República Argentina (BCRA) y el procesamiento propio de las bases de la Central de Deudores (CENDEU). El gráfico permite advertir que el fenómeno comenzó en el tercer mes pleno de la gestión presidencial de Javier Milei y que la curva se disparó a mediados de 2025. 


¿Cómo se traducen esos datos oficiales en las encuestas nacionales? Según la reciente medición de QSocial, desde febrero de 2026 la proporción de familias que responden que aumentó su endeudamiento trepó por encima del 60%, mientras que entre junio y julio escaló hasta ubicarse en una franja entre 75% y 70% (niveles pico de la serie). En el extremo contrario, quienes dicen que disminuyó su endeudamiento cayeron a niveles piso en torno al 20% en el mismo bimestre (gráfico arriba). 

En la misma línea, la última encuesta de Management & Fit arrojó que casi 72% de las familias están endeudadas (gráfico arriba). Un tercio de ellos se endeudaron para comprar alimentos y cubrir los gastos corrientes del mes y casi 14% para afrontar otras deudas, lo que es consistente con economías domésticas ajustadas (no inversión, capitalización ni consumo de bienes durables). 

Con apenas matices, el más reciente informe de Proyección Consultores arrojó que la proporción de argentinos que tuvo que pedir dinero prestado para cubrir los gastos mensuales de su hogar ronda el 60% desde mayo pasado (gráfico arriba). El promedio del último cuatrimestre fue del 61,5%. 

En la misma línea, pero medido en un plazo de 6 meses, el monitor de Zentrix de julio pasado cifró en casi 62% la proporción de quienes tomaron una deuda o crédito; el segmento etario más expuesto fue el de 18 a 39 años: 77%, vs casi 63% en los adultos de 40 a 59 y casi 54% en los mayores de 60 (gráfico arriba).

En cuanto a la situación de pago, casi 19% dice que afronta las deudas sin dificultad, mientras que 47,3% tiene problemas (casi 29% las paga con mucha dificultad + 12% se atrasó + 6,4% ya no las puede pagar). Otro tercio las paga “con alguna dificultad”. 

Casi 54% atribuye su endeudamiento a que sus ingresos no alcanzan para cubrir los gastos básicos, mientras que 23,1% lo asocia al aumento de tarifas y servicios públicos (gráfico arriba). Eso acumula casi 77% que se endeudó para cubrir gastos corrientes. 

Según el último informe del Instituto de Estadística y Tendencias Sociales y Económicas (Ietse), a nivel país el 92,3% de los hogares tiene deudas, vs 7,7% que no (gráfico arriba). El documento explica: “una parte importante de las mediciones habituales sobre endeudamiento y morosidad se construye fundamentalmente a partir de información proveniente del Banco Central de la República Argentina (BCRA). El presente informe incorpora esa dimensión, pero además releva aquellas obligaciones que se encuentran fuera de los registros y circuitos de información del BCRA. Esta distinción resulta determinante. Del total de las deudas relevadas, el 50,7% corresponde a obligaciones deducibles mediante información del BCRA, mientras que 49,3% corresponde a deudas que no resultan deducibles a partir de esa fuente de información (…). Por lo tanto, la deuda de los hogares argentinos es sustancialmente más amplia que aquella que puede observarse exclusivamente a través de los registros financieros tradicionales. Esta consideración modifica la lectura del fenómeno: una familia puede no aparecer altamente endeudada en los registros financieros formales y, simultáneamente, encontrarse sometida a una fuerte presión económica por alquileres, servicios, impuestos, fiado, préstamos informales y otras obligaciones”.

 

El mismo informe reporta que el 78,5% de las deudas se contrajeron entre 2025 y lo que va de 2026 (gráfico arriba). Esto resulta consistente con los datos del BCRA y CENDEU, que marcan una curva ascendente desde hace un año aproximadamente. En tanto, 21,5% de las deudas tienen una antigüedad de 2 o más años. 

“El deterioro más severo aparece al analizar el estado de las obligaciones. En agosto 2026, 88,9% de las deudas relevadas se encuentra impaga o incumplida. El indicador era de 81,8% en marzo 2026, de 76% en mayo 2025 y 63% en julio 2024. En paralelo, las deudas que se encuentran en vía judicial alcanzan 41,3%, frente al 34,5% de marzo de este año, 28% de mayo 2025 y 22,2% de julio 2024. Mientras tanto, las obligaciones en condición regular representan apenas el 11,1%, frente al 18,25% registrado cinco meses antes. El conjunto de estos indicadores describe una pérdida progresiva de capacidad de cumplimiento. Ya no se trata simplemente de hogares que recurren al crédito para anticipar consumo o resolver una necesidad puntual: existe una proporción creciente que no consigue sostener el cumplimiento de sus compromisos financieros”, remarcó el informe. Así, el endeudamiento doméstico ya no es un fenómeno asociado a situaciones individuales, transitorias o coyunturales: los datos muestran una problemática de carácter estructural, cuya evolución compromete a la vez la capacidad de consumo, el ingreso disponible, la estabilidad patrimonial y las perspectivas de recuperación económica. La evolución registrada entre 2024 y agosto de 2026 indica que el problema se desplazó desde un endeudamiento predominantemente individual hacia una situación de fragilidad financiera masiva, con nítidas consecuencias económicas, sociales e institucionales. 

En síntesis: 

1) el endeudamiento de los hogares dejó de ser una estrategia puntual y pasó a expresar una fragilidad financiera estructural. El crédito se utiliza crecientemente para cubrir alimentos, servicios y gastos corrientes, ante ingresos que no alcanzan para sostener el presupuesto familiar.

2) el aumento del endeudamiento está acompañado por un deterioro generalizado de la capacidad de pago. Los datos oficiales y las encuestas convergen en señalar una expansión de la morosidad, con dificultades crecientes para cumplir las obligaciones y una fuerte aceleración de los incumplimientos recientes.

3) la problemática trasciende el sistema financiero formal y compromete la recuperación económica de los hogares. Una parte sustancial de las deudas queda fuera de los registros tradicionales, mientras crecen los incumplimientos y las situaciones judicializadas; el resultado es una fragilidad financiera masiva que afecta consumo, ingreso disponible y estabilidad patrimonial.

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