lunes, 12 de marzo de 2018

Del reformismo permanente al cambio de agenda

Recapitulemos: el resultado electoral del 22-O generó una suerte de euforia oficialista, que dio lugar a la profundización de la agenda de “cambio” ya no entendida solamente como anti-kirchnerismo (cambio de signo político) como vector principal, sino con un paquete de medidas económicas que fue etiquetado como “reformismo permanente”. Dos de esas reformas centrales eran la previsional y la laboral. En diciembre, cuando se lanzó la nueva fórmula de movilidad previsional, las protestas que originó su debate marcaron el inicio del “trimestre negro” para el oficialismo, en el que no sólo cayó la imagen (entre 10 y 15 puntos porcentuales, según los estudios), un inconveniente que Cambiemos ya supo sortear exitosamente, sino (y este es el dato nuevo) de las expectativas. Acusando ese impacto, el discurso con el que el presidente Mauricio Macri inauguró las sesiones legislativas el 1 de marzo tuvo dos ejes bien definidos. En primer lugar, hizo foco en enunciar algunos resultados sobre indicadores que muestran un leve crecimiento de la economía (+ 2,8% en el 2017 respecto al recesivo 2016), destacó el crecimiento en la construcción y en algunos rubros de la industria y un leve mejoramiento del salario real por encima de la inflación. El problema, como apuntó oportunamente el sociólogo y consultor Carlos de Angelis, es que “algunos números oficiales invitan a un optimismo que la mayoría de los ciudadanos no comparte. Por el contrario, las encuestas indican una caída en las expectativas económicas y el comienzo de la pérdida de la ilusión de un derrame que llueva sobre el electorado. Es decir, que mientras el presidente Macri señala cifras que hablan bien de su administración, gran parte de la sociedad está mostrando los dientes”

Eso se puso en evidencia en algunos datos clave que arrojó la última entrega del Monitor del Humor Social y Político que D'Alessio Irol/Berensztein dio a conocer el 5 de marzo, justo después del discurso presidencial (ver datos abajo; click para agrandar). Realizado sobre una muestra de 1.408 adultos en todo el país, el estudio muestra que para un 59% de los electores argentinos la situación económica está peor que hace un año, mientras que apenas un 36% consideró que se encuentra mejor. Es el guarismo más bajo en esa variable en los últimos 15 meses, y está en el orden de magnitud de los votos obtenidos por Macri en la primera vuelta presidencial del 2015: 34,15%. En la misma línea, la proyección sobre una mejoría dentro de un año retrocedió al 43% de las opiniones, y uno de cada dos observa un peor horizonte económico, lo que confirma la caída de las expectativas que ya vimos en otros estudios. Según el especialista Eduardo D´Alessio, "la inflación es un telón que parece cubrir todos los síntomas que están detrás de las estadísticas de mejora de la economía real (…) lo malo es que no hay mejora que pueda verse si el fenómeno inflacionario no disminuye". En ese marco, la preocupación por la inflación viene en ascenso: 9 de cada 10 consultados la ponen al tope de los temas más preocupantes, en mayor proporción que la inseguridad (67%) y los ajustes tarifarios (64%) que impactan sobre el índice de precios. Para un 73%, bajar la inflación se asocia directamente a la posibilidad de reducir los niveles de pobreza y un 52% lo considera clave para alentar la llegada de un mayor flujo de inversiones extranjeras. Sin embargo, un 65% considera que el gobierno nacional es incapaz de manejar la inflación, porque carece de conocimientos o poder para lograrlo.

Otro sondeo conocido en la misma fecha muestra resultados aún peores. Se trata de una encuesta del Centro de Estudios de Opinión Pública (CEOP), la consultora que lidera Roberto Bacman, sobre una muestra de 1.120 personas de todo el país, respetando las proporciones por edad, sexo y nivel socioeconómico y ciudades grandes vs ciudades chicas. Realizado de manera telefónica, el sondeo se terminó de procesar el viernes 2 de marzo, al día siguiente del discurso presidencial. Como datos clave, el 70,2% de los electores argentinos califica la situación económica del país como negativa (ver datos arriba; click para agrandar), contra un 27% que la ve positiva, un guarismo que está en el orden de magnitud de los votos obtenidos por Macri en las PASO del 2015: 24,5%. Así, se podría interpretar que sólo el núcleo duro macrista de Cambiemos avala la marcha de la economía. Asimismo, un 71,8% evalúa como negativa la gestión del gobierno respecto de la pobreza (una de las principales promesas de campaña era su reducción “a cero”), 71,4% dice que son negativos los resultados de la política del gobierno respecto de la inflación (otra promesa de campaña) y el 61,7%  afirma estar preocupado por el aumento del dólar. Respecto al “metro cuadrado” cotidiano, el 66% por ciento considera negativa la situación económica de su propio hogar. 




Según el sociólogo Roberto Bacman, “todo parece indicar que la gestión que conduce Mauricio Macri está atravesando una importante crisis en su relación con la opinión pública. Las promesas no alcanzan y es más que evidente que los argentinos no se arreglan con voluntarismo futurista: a esta altura de la gestión es más que evidente que el oficialismo debe mejorar la economía, aquí y ahora. Se acabaron los tiempos de promesas, llegó la hora de realidades concretas. El riesgo es que los argentinos concluyan que el porvenir, la esperanza, no es viable. Hay un dato importante en nuestra encuesta: por primera vez, el núcleo duro que apoya a Cambiemos está por debajo del 10%. Llegó a estar muy por encima del 20% (…) Cuando se profundiza en la cuestión económica, los resultados desnudan la marcada insatisfacción existente. Los valores son realmente alarmantes. En primer lugar sólo basta señalar que, globalmente, 7 de cada 10 argentinos señalan su insatisfacción. Tampoco se debe tomar a la ligera la percepción de que los ‘ingresos no me alcanzan para llegar a fin de mes’, no sólo porque ya surge como una de las principales preocupaciones de manera espontánea, sino que cuando se pregunta con mayor especificidad, las tres cuartas partes de los entrevistados afirman que sus ingresos no les alcanzan, o bien a lo sumo, ‘apenas llegan a fin de mes’. Tan sólo 1 de cada 10 argentinos responde que sus ingresos le resultan suficientes. Sobre llovido mojado, las promesas de campaña y hasta el discurso del presidente en la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso son puestos en tela de juicio. Ya no alcanza con proyectar hacia un país futuro, sin reconocer las dificultades del presente y proponer un plan concreto para enderezar una economía que, según la amplia mayoría, sigue sin arrancar”. En síntesis, los datos disponibles muestran un nítido contraste entre el optimismo y el bienestar que el presidente intentó proyectar en su discurso y el pesimismo y malestar socioeconómico predominantes en el electorado. 



viernes, 9 de marzo de 2018

De la euforia poselectoral al pesimismo del último trimestre

Uno de los analistas que se hace eco del quiebre que supone la caída de las expectativas en el oficialismo de la mano de un malestar socioeconómico es Julio Burdman. “Las percepciones y expectativas venían mejorando, pero en diciembre eso cambió en la opinión pública. Y los meses que vienen van a ser duros. Hasta ahora, Cambiemos supo sortear momentos difíciles con éxito; veremos si eso se repite en 2018 (…) hay algo que sigue ausente en la relación con la opinión pública. El presidente promete resultados económicos pero no explica cómo sus políticas económicas van a conducirnos a dichos resultados”. En este marco, 2018 presenta una diferencia sustancial respecto al 2017, año en el que el verano también resultó complicado para el oficialismo: este año no hay elecciones. Como apuntó oportunamente Pablo Papini, “la diferencia principal con 2018 es económica. En 2017, por la cercanía de las urnas, el gobierno nacional aflojó un poco las tuercas de la ortodoxia. En medio de ese veranito inducido se llegó al voto, dando pues la sensación de que tal vez fuese cierto que lo peor del ajuste había pasado. Y que, por una vez, se verificaba aquello de que son los sacrificios los que traen, a la larga, el bienestar”. Sin embargo, la euforia poselectoral del oficialismo fue seguida por una ola de pesimismo en el último trimestre. El freno al oficialismo que no pusieron las urnas del 2017 lo puso la calle y el estado de ánimo dominante, atravesado por escepticismo más que por “broteverdismo”. 

Por supuesto, existe la posibilidad de que el gobierno asuma a 2018 como un año para pagar costos políticos y recoger los frutos en el electoral 2019, pero en ese caso el concepto “lo peor ya pasó” (repetido por tercera vez en el discurso de apertura de sesiones por el presidente) peca de inexacto. Es cierto que esta coyuntura tiene la peor combinación salarios-precios (los primeros aún tienen que actualizarse por paritarias, mientras los segundos crecen mes a mes), a lo que se suma otras medidas que componen un combo contractivo. Un informe de FyE Consult destacó que el primer trimestre se inicia con un combo que incluye un incremento importante de las presiones inflacionarias, "aumentando del 1,6% al 2,2/2,3% mensual entre julio-noviembre 2017 y diciembre 2017-abril 2018", y, por otra parte, aumentos y demandas salariales que el gobierno intentará "moderar" para alinear con la nueva meta de inflación del 15%. A eso se suma un ajuste de las jubilaciones del 5,7% "claramente inferior al que hubiera sido con la fórmula de movilidad anterior (10,9% estimado) y a la del mismo período del año anterior (13%)", según el informe, que desde una mirada técnica deja en claro que los jubilados salen perdiendo con la nueva fórmula respecto al cálculo previo. Pero el segundo semestre de este año no estará exento de ajustes tarifarios, por lo que no se pueden esperar tampoco grandes mejoras en el poder adquisitivo al cierre del año.  

En este marco, aun las encuestas que muestran resultados más amigables para el oficialismo encienden luces de alerta. Es el caso del sondeo más reciente de la consultora Quiddity, a la cual algunos periodistas apuntan como cercana al gobierno. Sus registros muestran que la imagen positiva del presidente se ubica en 45%, mientras que casi la mitad de los argentinos (49%) continúa aprobando su gestión. Con todo, la aprobación descendió fuerte desde noviembre pasado, cuando llegaba al 62% (la merma es de 13 puntos porcentuales), mientras que la desaprobación llegó al 43% (una suba de 8 puntos porcentuales desde noviembre pasado). Ambas variaciones son estadísticamente significativas. En el caso de la aprobación, analizando la serie evolutiva se advierte que sólo en diciembre de 2016 el oficialismo estuvo peor que ahora: por entonces, había un empate técnico entre aprobación y desaprobación (ver datos abajo; click para agrandar). 

Asimismo, apenas el 25% de los argentinos considera que la situación económica está bien, guarismo que está en el orden de los votos obtenidos por Macri en las PASO del 2015 (24,5%). Es decir, se puede interpretar que sólo el “núcleo duro” de Cambiemos avala la marcha de la economía. Además, la evaluación favorable bajó 10 puntos porcentuales desde enero pasado y 28 pp desde noviembre 2017), mientras que un abrumador 72% considera que la economía está mal, lo cual indica claramente que el malestar es transversal a la remanida “grieta” y alcanza a gran parte de los votantes de Cambiemos en el ballotage del 2015. En esta variable, si se mira la serie evolutiva se advierte que es el peor resultado desde que Macri gobierna (ver datos arriba; click para agrandar). Como matiz diferenciador de otros estudios, si bien este coincide en mostrar una baja de las expectativas, aún las ubica en terreno levemente positivo: 40% cree que la situación económica estará mejor dentro de un año, contra el 35% que considera que estará peor (diferencia que no puede considerarse estadísticamente significativa). “Las expectativas son uno de los pocos indicadores que ha mantenido de forma sostenida mejores evaluaciones positivas que negativas. Un 40% considera que el país estará mejor dentro un año, y si bien ese valor ha descendido, continúa siendo una medida clave para la sobrevivencia del gobierno nacional", apunta el informe. Asimismo, respecto a la  confianza del consumidor, si bien un 41% tiene buena expectativa económica personal futura, el 63% compra menos artículos para el hogar que hace un año, el 76% se siente inseguro para realizar compras de alto valor como departamento o auto y un 44% ve probabilidades de perder el propio trabajo o que lo pierda un familiar o conocido. En síntesis, el malestar económico también se confirma en este estudio como una clave en la construcción de tendencias de opinión pública. 


miércoles, 7 de marzo de 2018

Un trimestre “negro” para el oficialismo

El estudio nacional de Synopsis que comenzamos a citar en el post anterior coincide con Rouvier en detectar una mejora en la imagen de CFK y una merma en la de las figuras del oficialismo, pero no en la intensidad de esa mejora ni en la cuantía del desgaste de la imagen del presidente Mauricio Macri. En la encuesta de Rouvier no hay diferencias estadísticamente significativas en la imagen de ambos: el presidente tiene una positiva del 44%, mientras que la ex mandataria alcanza casi 40%; en negativa, el Macri roza el 53%, en tanto que CFK alcanza el 56% (brechas menores a 5 puntos porcentuales). En el de Synopsis, ambos tienen similar imagen negativa (Macri alcanza 39,1% y CFK 41,3%), pero el presidente obtiene una brecha un poco más sustantiva en la imagen positiva (40,3% versus 32,7%), lo cual en conjunto aún lo deja un poco mejor parado que su antecesora en el cargo (ver datos abajo; click para agrandar). 

En otra de las variables claves medidas, la imagen del gobierno, la encuesta de Synopsis muestra que sigue en descenso: en febrero cayó por tercer mes consecutivo y la negativa alcanzó el 40% (ver datos arriba; click para agrandar). Por otro lado, un 35,9% de los argentinos tiene una opinión positiva del gobierno, lo que le deja un diferencial negativo de 4,1 puntos porcentuales. En la serie evolutiva, el informe de Synopsis arroja que tras las elecciones de octubre la imagen de la gestión nacional cayó en apenas un trimestre más de 15 puntos porcentuales, como producto principalmente de la reforma previsional y la marcha de la economía: así, se puede hablar de un trimestre "negro" para Cambiemos. La inflación aparece como la preocupación clave: 3 de cada 10 electores (29,4%) la señalan como el principal problema a resolver. Junto con el desempleo (18,6%), casi la mitad de los argentinos (48%) ven con preocupación la problemática económica, dimensión que se confirma como el principal driver del malestar actual, como venimos señalando en este blog desde hace un tiempo. 

Para más datos, el 50% de los encuestados señala que la situación económica actual es peor que hace un año y la percepción de la situación económica propia muestra números similares: el 52,2% cree que su situación personal (es decir, el metro cuadrado) empeoró respecto a 2017. Eso va en línea con las principales problemáticas percibidas, pero el dato central es que las expectativas a futuro también son negativas: el 44,1% cree que dentro de un año estará peor. Este quiebre coincide con el que ya vimos en otros estudios: antes, más allá de los vaivenes de la coyuntura, se percibía una “esperanza” o una perspectiva positiva a futuro, elemento que era capitalizado por el oficialismo (junto con su matriz antiK constitutiva). Ahora, las expectativas se sitúan en terreno negativo y las positivas marcan un nuevo piso para la serie evolutiva: menos del 30% cree que el país estará mejor en 2019 y menos del 25% cree que su situación personal estará mejor en un año. 

En contexto, ese pesimismo es quizá el principal dato desfavorable para el oficialismo: ya antes había sufrido caídas en la imagen y pudo recuperarse (y hasta ganar las elecciones de medio término del 2017), pero nunca como ahora las expectativas estuvieron tan bajas. Sobre la premisa analítica de que a mediano y largo plazo son los efectos socioeconómicos los que construyen las tendencias de opinión pública más allá de los vaivenes de la coyuntura, es poco probable que el gobierno logre repuntar su imagen sólo con sucesivos cambios de agenda o golpes de efecto (mano dura a partir del caso Chocobar, confrontación con Hugo Moyano y otros gremios, debate por la despenalización del aborto, por ejemplo) si no genera alguna mejora palpable en el “metro cuadrado” de los electores, es decir, sus condiciones de vida cotidiana, determinadas sobre todo por una dimensión socioeconómica que hoy aparece en crisis. 



lunes, 5 de marzo de 2018

Oficialismo y oposición ante la bisagra en la opinión pública

 Según la encuesta de Rouvier que citamos en el post anterior, si hoy hubiera elecciones presidenciales casi el 30% votaría a Macri, un guarismo que está en el orden de magnitud de los votos obtenidos por los tres precandidatos de Cambiemos en la PASO del 2015: 30,12%. Esta tendencia actual, por supuesto, no puede tomarse como intención de voto de cara al turno electoral del 2019, para el que falta mucho, pero sí es una opinión preelectoral que pone en otra dimensión el desgaste del oficialismo en estos meses. Puestos a comparar, recordemos que según una encuesta de Management & Fit, un 20,6% de electores que votaron a Mauricio Macri en el ballotage del 2015 hoy desaprueban su gobierno; detraer esos electores del porcentaje obtenido por el actual presidente el 22-N  (51,34%) daría como resultado 10,6 puntos porcentuales menos, es decir, un 40,8% de caudal electoral. Ese guarismo está en el orden de magnitud de los votos obtenidos por Cambiemos en las legislativas del 2017 (alrededor del 40%). Ese 41% es un resultado que, de darse en 2019, le podría permitir al oficialismo ganar en primera vuelta si ningún candidato opositor alcanza el 30% + 1 voto.

En cambio, un resultado como el que arroja la encuesta de Rouvier, casi 11 puntos porcentuales por debajo, abriría un escenario muy diferente y más competitivo. No implica per se una derrota del oficialismo, pues si bien un 40,1% tiene una opinión electoral favorable a votar a un candidato opositor, si ese 40% se dispersa en varios el oficialismo podría seguir siendo la primera minoría electoral, y un cuarto de los electores no se pronuncia hoy ni por el oficialismo ni a favor de la oposición. Pero, y no es un detalle menor, estaría más de 10 puntos por debajo del guarismo que le permitiría evitar una segunda vuelta, que sería de pronóstico incierto si Macri como candidato no superara el 30% en la primera vuelta (más allá de qué candidato se ubicara como el segundo más votado en la primera ronda). Implicaría, asimismo, que al menos en términos de opinión electoral el oficialismo perdió 10 puntos porcentuales desde el resultado de las legislativas del 2017 y ya no 20,6% de electores como en el estudio de M&F sino un 42% respecto al ballotage del 22-N (51,34%-21,04=29,7%).  



Más allá de estas hipótesis, la encuesta de Rouvier arroja otros datos de interés. Por ejemplo, muestra que el actual presidente y su antecesora ya tienen niveles de adhesión y rechazo similares: Macri cuenta con una imagen positiva del 44%, mientras que la ex mandataria alcanza casi 40%; la brecha entre ambos no puede considerarse estadísticamente significativa. Asimismo, con respecto a la imagen negativa, el presidente roza el 53%, en tanto que CFK alcanza el 56%. Nuevamente, no puede considerarse a esa diferencia estadísticamente significativa (ver datos arriba; click para agrandar). Otra clave que destaca el informe de Rouvier: “La imagen de la ex Presidenta Cristina Kirchner se afirma en una tendencia que ya habíamos observamos en enero y que tiene que ver con el decrecimiento leve de su imagen negativa y una pequeña mejora en su calificación positiva. Habrá que observar la evolución”, dice Rouvier. Esto sugiere que el desgaste de Macri podría estar siendo capitalizado, si bien levemente hasta ahora, por la principal opositora, y refuerza la hipótesis de que el 2019 podría reeditar una lógica polarizadora en torno a dos consensos negativos: Cambiemos como antítesis del kirchnerismo y a su vez este como oposición nítida al oficialismo, acotando el espacio para las terceras vías, candidatos moderados, peronistas “republicanos” o dirigentes de la “avenida del medio” (tal como vimos en el turno electoral del 2017, si bien con una polarización asimétrica). 

Otra consultora que coincide con Rouvier en detectar una mejora en la imagen de CFK es Synopsis, que observa en su informe que “desde noviembre se registró una fuerte caída en la imagen de la mayoría de los dirigentes oficialistas, al tiempo que se registra una recuperación en la imagen de la expresidenta CFK”, señala el informe. Así, el presidente Mauricio Macri tiene una imagen positiva de 40,3% contra un 39,1% de negativa (empate técnico). Por su parte, la gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, obtiene 54% de positiva y 31,2% negativa (con un diferencial positivo de casi 23 puntos porcentuales). La diputada oficialista Elisa Carrió registra 44,8% de opiniones positivas y un 36,8% de positivas (diferencial positivo de 8 pp). Entre los dirigentes opositores medidos, la de mejor performance es CFK, con 32,7% de positiva y 56,3% de negativa, lo que arroja un diferencial negativo de -23,6 puntos porcentuales. El senador Miguel Ángel Pichetto, de la línea dialoguista del peronismo, obtiene un diferencial negativo apenas menor, de -21,6 pp, al igual que Sergio Massa (-23,4 pp), pero ambos tienen una imagen positiva muy inferior a la de la ex presidenta, que además viene en recuperación. Esto refuerza la hipótesis de que el desgaste oficialista reposiciona mejor a quien es la opositora más nítida a Cambiemos, en detrimento de los opositores moderados u “opo-oficialistas” como Pichetto o Massa: en este último caso, las urnas de PBA en 2017 validaron la hipótesis expuesta. 

viernes, 2 de marzo de 2018

El desgaste del oficialismo en contexto

Repasábamos en el post anterior una encuesta de la consultora Circuitos que mostraba el desgaste de la gestión nacional en la estratégica provincia de Buenos Aires (37% del padrón nacional reside allí). En la misma línea, Analogías relevó recientemente el mismo distrito, sobre una muestra de 6.300 casos, ajustando los resultados de acuerdo a parámetros censales de sexo, edad, nivel educativo y distribución territorial. El relevamiento se realizó entre el 7 y el 9 de febrero de 2018 y arroja que el 55% de los electores bonaerenses tiene una imagen negativa de la gestión del gobierno nacional y el 55,2% desaprueba la gestión, contra un 35% que la aprueba. La imagen personal de Macri sigue la misma línea: si bien mantiene un leve diferencial positivo (de 3,8 puntos porcentuales, con una positiva de 51,1% y una negativa de 47,3%), la calificación favorable descendió 7 puntos desde noviembre (coyuntura poselectoral), mientras que la negativa ascendió otros 8. Desde las elecciones de octubre y tras la aprobación de la reforma previsional, la "esperanza" fue superada por el pesimismo en relación al futuro de la economía. Hoy, un 55,2% cree que el futuro será peor, guarismo que era del 41% en octubre ( + 14,2 pp). El optimismo en materia económica bajó del 54% hace 4 meses a sólo 38,8% (-15,2 pp). En esa sintonía, el 71% cree que este año no bajará la inflación, en tanto que 69,9% considera que no habrá más trabajo en relación al 2017. Precisamente, la falta de trabajo surge como el principal problema percibido en PBA, con el 27,5%, seguido de cerca por la inseguridad (que bajó al 24,7%) y la inflación (14,7%). En tanto, la gobernadora de la Provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, mantiene un 61,7% de imagen positiva y un 36,2% de negativa. Así, en conjunto, el pesimismo en materia económica es la clave para comprender el porqué del descenso del acompañamiento al oficialismo: en este distrito, la caída de las expectativas fue particularmente sensible, con las positivas cerca del piso y las negativas en torno al pico de la serie evolutiva (ver datos abajo; click para agrandar).

Respecto a las tendencias nacionales que también muestran el desgaste del oficialismo (entre ellos, que un 21% de los que acompañaron a Macri en la segunda vuelta de 2015 hoy no aprueba su gobierno, según una encuesta de la consultora Management & Fit), resulta ilustrativo el análisis de Julio Burdman. Según el politólogo, “el problema para Cambiemos es que el votante massista de 2015, que apoyó a Macri en el balotaje, se terminó de enojar en diciembre, con la ley previsional. Coincidentemente, aquellos que votaron por Massa y las listas justicialistas provinciales en 2017 ahora tienen opiniones más opositoras que hace unos meses. Macri perdió apoyo blando. Y ese apoyo fue fundamental para su elección como presidente. Fue la periferia de la coalición que lo llevó al gobierno”. Es decir, si bien el presidente mantiene su núcleo duro, ese segmento apenas puede ser una primera minoría módica, que resulta insuficiente de cara al turno electoral del 2019. Según la encuesta de Rouvier que citamos en el post anterior, si hoy hubiera elecciones presidenciales casi el 30% votaría a Macri (ver datos arriba; click para agrandar), un guarismo que está en el orden de magnitud de los votos obtenidos por los tres precandidatos de Cambiemos en la PASO del 2015: 30,12%. Sin duda, un piso sólido y superior a las alternativas hoy, pero magro para una eventual reelección. 

Prosigue Burdman: “Esto le crea a Macri un problema por partida doble. Por un lado, Peña va a tener que desplegar una estrategia específica para reconquistar a ese votante con afinidades peronistas, porque lo necesita. Y por el otro, está la presión que ese votante pueda ejercer sobre los dirigentes peronistas moderados. En el balotaje y hasta fin de 2017, muchos de esos dirigentes (Massa, el cordobecismo y varios gobernadores) prefirieron a Macri antes que al peronismo. Y en buena medida, ello se justificaba en que muchos votantes peronistas pensaban igual. Pero si esos votantes se enojan con Macri, los peronistas dialoguistas van a verse obligados a reconsiderar. Y eso no es bueno para Macri”. En una línea de análisis similar y también coincidentemente con la idea de Cambiemos afectado por la "maldición del ganador" que expuso en su momento y citamos aquí de Ignacio Ramírez, Pablo Papini plantea: “Conseguido crédito luego de, sobre todo, haber repetido en provincia de Buenos Aires, nada menos que frente a Cristina Fernández en persona, Macri definió que era tiempo de ir a por más. Eso es lo que se conoce con el eufemismo de reformismo permanente. Entonces, el segmento de peronismo que rechaza al kirchnerismo y ha sido colaborativo desde la asunción del nuevo gobierno, de pronto, atacado, y necesitado de responder a un descontento mayoritario pero no articulado, empieza a entenderse con la tropa de la presidenta mandato cumplido como hasta hace apenas meses resultaba impensable”. Para peor, mientras la oposición comienza a mostrar un manejo legislativo más aceitado, el oficialismo incurre en errores no forzados, como se puso en evidencia en estos días con el proyecto de cobro a los extranjeros por salud y educación: no fue discutido dentro del interbloque, no se sondearon posibles consensos con otros bloques ni tampoco se coordinó la acción con el Poder Ejecutivo, lo que generó una interna dentro de Cambiemos.

El estudio de Rouvier que venimos citando también evidencia el desgaste del oficialismo: la popularidad de la gestión de Cambiemos empeoró en febrero, ya que el casi 41% (40,7%) manifestó una opinión positiva; mientras que el 54,4% no está conforme con ella, alcanzando un pico desde que asumió el poder. Entre los factores que impactaron de manera negativa luego de las elecciones de octubre, se encuentra en primer lugar la reforma de la ley previsional, luego el tarifazo y en tercer lugar la polémica en torno al ministro Jorge Triaca. Asimismo, en la misma línea que los estudios citados antes, se confirma el malestar socioeconómico: un 20% consideró que la inflación va a disminuir, mientras que el 62% cree que va a seguir igual que ahora y el 28,9% que crecerá.