viernes, 3 de enero de 2014

La carrera hacia 2015 (1)

La llegada de Jorge Capitanich al gabinete nacional instaló una nueva figura en el orden de los dirigentes nacionales. Con los pergaminos de haber ganado en su provincia en octubre con más del 60% de los votos, ser encaramado a la posición de jefe de gabinete en coincidencia con el relativo eclipse presidencial (después del magro resultado de octubre y los episodios de salud sufridos por CFK), rápidamente Capitanich se posicionó de manera expectante, al punto que en diciembre una encuesta de la consultora Polldata lo ubicó en cuarto lugar en un escenario presidencial, con un módico 8,5% (el diputado Sergio Massa, lideraba ese sondeo con el 27,5%,seguido por el gobernador Daniel Scioil con 16,4%, el jefe de Gobierno Mauricio Macri (14,5%).

Detrás de Capitanich aparecían el socialista Hermes Binner (8,3%) y el radical Julio Cobos (5%). Nada mal para arrancar, si bien el universo estaba limitado al área metropolitana (el sondeo en cuestión se basó en 650 casos telefónicos en la Capital y el GBA). Sin embargo, luego llegaron los saqueos en varias provincias y una coyuntura desgastante, con Capitanich en la línea de fuego de la gestión, lo que se presume cortó el despliegue que el chaqueño había logrado en las encuestas. Capitanich sigue siendo una referencia política –en tanto representante “adelantado” de la llamada “liga de los gobernadores” del PJ, con juego político propio y en alza luego del repliegue kirchnerista puro y duro (forzado por los resultados de octubre)-. Pero su posición en la gestión, que al principio aparecía como una gran oportunidad para capitalizar políticamente, después de diciembre muestra amenazas para las aspiraciones políticas del chaqueño.

Con todo, el cargo de jefe de gabinete, claro está, sigue ofreciendo oportunidades, si Capitanich logra sortear con éxito las dificultades del gobierno (en lo que de cierta manera es el primer ensayo institucional de contar con un primer ministro que “preserve” a la figura presidencial del desgaste cotidiano). Si viramos la mirada hacia los dirigentes que aventajaban a Capitanich en esa encuesta veremos desafíos de otra índole. En el caso de Daniel Scioli y Mauricio Macri (ubicados segundo y tercero en la encuesta citada), más allá de sus diferencias políticas, son dirigentes que comparten el problema de sostener sus candidaturas presidenciales al tiempo que gestionan diariamente distritos que son “vidriera” a nivel nacional (con las oportunidades y riesgos que eso conlleva), y en coyunturas económicas más apremiantes que las de otras épocas (si bien en este punto el jefe de gobierno porteño, a priori, parece tener a favor una situación más desahogada).

Otra coincidencia entre Scioli y Macri se da en términos de tener que administrar los procesos de sucesión en sus respectivos distritos, habida cuenta de que no tienen posibilidad institucional de ser reelegidos (lo que los obliga a buscar la presidencia, sino quieren ir por un cargo menor al que ostentan, o bien optar por el impensable llano). A Scioli lo condicionan los resquemores del kirchnerismo puro y duro, que puede funcionar como obturador de cualquier candidatura dentro del espacio del PJ, y Macri su falta de puentes con las demás estructuras políticas (centralmente, el ala PJ que Massa captó parcialmente, en lo que es un serio límite para las chances del jefe de gobierno porteño) y su falta de desarrollo territorial. 

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