miércoles, 8 de enero de 2014

La carrera hacia el 2015 (2)

El techo que encontró Capitanich favorece, por efecto de contraste, a Daniel Scioli, que observó en la entronización del chaqueño un ensayo del kirchnerismo por forzar la maduración de una alternativa política que no dejara al gobernador bonaerense como la opción inevitable de un oficialismo complicado para imponer un sucesor de su riñón. Scioli logró evitar el desgaste que los saqueos generaron en otras figuras expectantes conteniendo la crisis en su provincia (en términos de foco en la gestión) y volvió a concentrar su atención preelectoral (en términos de mirada política de cara a 2015) en la figura de Massa. 

El caso de Sergio Massa, ahora sin responsabilidades de gestión (al asumir como diputado y dejar la intendencia de Tigre) supone un desafío de naturaleza totalmente diferente: construir armado territorial (algo que viene haciendo a fuerza de adhesiones y cooptación de dirigentes “desencantados” del peronismo y del radicalismo) y, sin los riesgos de gobernar pero tampoco las oportunidades de capitalizar políticamente un cargo ejecutivo, mantenerse en el escenario nacional durante la eternidad que falta hasta que llegue el 2015, cuando se precipite la discusión de las candidaturas presidenciales.

Por el lado de las otras figuras expectables en la citada encuesta (Binner y Cobos), la situación sigue siendo de indefinición, toda vez que la jefatura partidaria de Ernesto Sanz en la UCR no resulta a priori una buena noticia para el ex gobernador mendocino (habida cuenta de que Sanz es una suerte de competidor del ex vicepresidente).Por otra parte, la existencia de corrientes refractarias a Cobos quedó puesta en evidencia además en el reparto de cargos en el Congreso). Asimismo, la idea de un frente esbozada por el ex gobernador santafesino aún no decantó en nada que se insinúe como la construcción de una coalición electoral, en lo que es probablemente el desafío político transversal para todos los que aspiren a competir en 2015 con chances

Tanto quienes quieren, de alguna manera, heredar el poder del kirchnerismo (Scioli, Capitanich) como conquistarlo desde afuera (Massa, Macri, Binner, Cobos…) necesitan un armado político electoral más amplio que sus plataformas iniciales de poder. Con un kirchnerismo que en las elecciones de 2013 rondó el 33% a nivel nacional y que cerró el año pasado con un 45% de apoyo a nivel nacional, según cifras de la consultora Poliarquía (insospechada de ser complaciente con el oficialismo), es previsible que de aquí a 2015 el oficialismo conserve un potencial de despliegue electoral que condicione a todos los demás actores políticos con expectativas para el próximo turno presidencial. 

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