viernes, 30 de octubre de 2015

Del “too close to call” de primera vuelta al ballotage (1)

Decíamos en la entrada anterior que el resultado del domingo 25 de octubre, más similar al de una elección legislativa que a una ejecutiva presidencial, desemboca en un ballotage inédito: desde la reforma constitucional de 1994, nunca hubo segunda vuelta (en 2003, porque Carlos Menem desistió de participar, y en 2007 y 2011 porque Cristina se impuso en primera vuelta). En este marco, resulta pertinente ver qué tendencias arrojaron los ballotages recientes a nivel regional, a partir de una excelente columna de Daniel Chasquetti.

Veamos lo que plantea Chasquetti: “Hasta el presente, se realizaron en nuestro continente un total de 78 elecciones con sistema de doble vuelta y en 44 de ellas se necesitó la segunda vuelta para dirimir el ganador. Esa enorme experiencia electoral dejó útiles enseñanzas para estudiar las actuales competencias. Por ejemplo, las reversiones del resultado en segunda vuelta se producen sólo en el 23% de los casos. Cuando la diferencia entre el primero y el segundo es menor a 4%, la probabilidad de reversión es del 50%, pero cuando la diferencia oscila entre 5% y 8%, la probabilidad cae al 27%, y cuando la distancia es mayor a 8%, la probabilidad es solo del 10%. Además, sabemos que los competidores del balotaje no suelen perder los votos que conquistaron en la primera vuelta. La única excepción la constituye la segunda vuelta de Brasil 2006, cuando Geraldo Alckmin perdió dos puntos y medio respecto a la primera vuelta y sufrió una severa derrota con Lula Da Silva. De este modo, los dos competidores parten del piso generado en la primera vuelta y el resultado final depende de cómo se distribuyen los votos de los candidatos eliminados en la primera vuelta”.

Si aplicamos lo que aporta Chasquetti al ballotage por venir, nítidamente surgen estas premisas: 1) al ser la diferencia entre Scioli y Macri menor a los 3 puntos (no es esperable que varíe demasiado en el escrutinio definitivo), las chances son de 50% y 50% para ambos (consistentes con el cuasi empate técnico que arrojó la primera vuelta) 2) ambos competidores parten, para esta disputa, del caudal electoral que lograron el domingo pasado (es decir, no es esperable que ninguno pierda votos). Estas premisas serán las que aplicaremos para analizar las encuestas de cara al ballotage, que ya van apareciendo. 

La consultora González-Valladares fue la que realizó la primer encuesta rumbo al ballotage. Según el sondeo, de 1.000 casos, el candidato presidencial de Cambiemos, Mauricio Macri, se impondría con el 45,6% de los votos, que proyectado alcanzaría el 50%, ante un 41,5% de su rival por el oficialismo, Daniel Scioli, que llegaría al 45,5 %. El sondeo se realizó telefónicamente bajo el sistema IVR (telefónico con respuestas automáticas pregrabadas) a nivel nacional, con un error muestral de +- 2,9% y un nivel de confianza de 95. Se llevó a cabo bien “en caliente”, entre el 26 y el 27 de octubre (el primer y segundo día después de la primera vuelta). El estudio un escenario que es favorable a Mauricio Macri por apenas 4  puntos. Proyectados, esos números llevan a Macri al 50% contra un 45,5% de Scioli, es decir, una brecha de 4,5 puntos porcentuales, mayor al error muestral de 2,9% (es decir, estadísticamente significativa), pero no categórica, dado el alto nivel de indecisos (8,8%) de voto en blanco (4,1%) y la incidencia de la covarianza, un dato clave de cara al ballotage (sobre todo si recordamos la experiencia reciente de la segunda vuelta porteña). El rango de Macri va del 47,1% al 52,9% y el de Scioli de 42,6% a 48,4% (es decir, hay una zona de intersección entre ambas intenciones de voto). En síntesis, según esta primera foto, analizando sólo la variable intención de voto, venimos de un “too close to call” y seguimos en un cuasi empate técnico, con un leve sesgo a favor del candidato opositor. 

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