viernes, 20 de mayo de 2016

Actualizando los indicadores políticos nacionales (3)

Veíamos en la entrada anterior que la encuesta de Analogías arrojaba una de cal y una de arena para la gestión presidencial de Mauricio Macri. Por un lado, esa medición volvía a mostrar una caída en la consideración de la gestión del líder del PRO, aunque con un descenso fue menos marcado que los anteriores: sumando las categorías de respuesta “muy buena”, “buena” y “regular buena”, en abril se ubicaba en 56,5%, un poco por encima de la medición de Ibarómetro (52,7%, claro que este sondeo prescinde absolutamente de la categoría de respuesta “regular”). Por otro lado, ese guarismo de casi 57 puntos replica casi exactamente al que exhibía la expresidente Cristina Fernández de Kirchner en abril del 2015, es decir corriendo su último año en el poder, lo cual dista de ser halagüeña para el actual gobierno, que lleva muchos menos meses de mandato. Sin embargo, mucho más desfavorable es el panorama que muestra la encuesta nacional más reciente del CEOP, en la cual la imagen positiva del gobierno nacional perfora los 50 puntos, entrando en la zona crítica a la que se refiere Morris. Veamos…

Los datos surgen de una encuesta nacional realizada por el Centro de Estudios de Opinión Pública (CEOP), que lidera el sociólogo Roberto Bacman. La muestra abarcó a 1.200 personas en todo el país, respetándose las proporciones por edad, sexo y nivel económico social, y la encuesta fue realizada por vía telefónica la semana pasada. El principal dato a destacar es el quiebre en función del cual ahora la imagen negativa de la gestión del PRO/Cambiemos está por encima de la positiva (53,3% a 44,2%). La diferencia es de 9,1 puntos porcentuales y, por lo tanto, estadísticamente significativa. Cabe destacar que CEOP, al igual que Ibarómetro, prescinde también de la categoría de respuesta “regular”, lo que favorece la polarización de opiniones; sin embargo, con idénticos fraseos, en el mes anterior había un empate técnico entre las respuestas positivas y las negativas (48,4% a 50,6%, es decir -2,2%, una diferencia estadísticamente no significativa), mientras que ahora se percibe una brecha más sustantiva entre las percepciones. 

También por primera vez desde el inicio de su mandato, los que opinan mal o muy mal del presidente Mauricio Macri (es decir, evaluación de su figura más que de su gobierno): 50,8% a 46,5%. En este caso, el saldo negativo es de más de cuatro puntos, claramente menos significativo que en la calificación del desempeño de su gestión. Se podría interpretar que su imagen como presidente está relativamente más preservada que la de su desempeño en la presidencia, que resulta más afectada por evaluaciones adversas asociadas principalmente a percepciones adversas de la economía. Según Bacman, “con la economía instalada en el centro de la escena desde hace más de cuatro meses y con un país fuertemente preocupado por la inflación y la desocupación, es lógico que la imagen positiva del presidente siga en descenso. Lejos quedaron los días felices del inicio de la gestión, cuando Mauricio Macri poseía una ponderación que remataba en un saldo neto positivo de más de 21 puntos (…) El principal factor es el alto nivel de rechazo que produce la falta de políticas antiinflacionarias del gobierno”.

Según este estudio, nada menos que la mitad de las personas (51,2%) tiene un amigo o un familiar que perdió su trabajo en los últimos meses. Además, la inflación es considerada en la actualidad el problema más grave –tarifas, precios– dado el recorte del salario real que significa; respecto a la evaluación de la lucha contra la inflación, el descontento es abrumador: apenas 16,6% se muestra satisfecho, contra 82,1% que está insatisfecho con lo que se viene haciendo en la materia. Según el informe del CEOP, que la economía impacte de forma tan directa en la imagen del Presidente y de su equipo indica que se está agotando el argumento de la pesada herencia. Es cierto que Macri sigue teniendo porcentajes aceptables, pero a sólo cinco meses en la Casa Rosada cayó en forma rápida. El Ejecutivo confía y repite que las mejoras vendrán en el segundo semestre. Si eso no se produce, el costo en la imagen puede ser muy alto. La inflación y la mala marcha de la economía “se han convertido en los dos principales factores que definen de manera más palmaria el mal humor social y en el imaginario colectivo se internalizó una significativa percepción de una crisis de empleo. Ambas variables están asociadas entre sí y al mismo tiempo se relacionan con el nivel socioeconómico del entrevistado. La preocupación por la inflación y la desocupación crece notablemente en los sectores más bajos y por ende más vulnerables. Una percepción de tan alto impacto con relación a la posibilidad latente de la pérdida del empleo no es una cuestión puramente individual: pesa la realidad y el clima de época generado, las redes sociales y los grupos primarios que comienzan a alarmarse por el desempleo”.



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