jueves, 9 de junio de 2016

El malestar en el consumo: impacto general vs segmentación (1)

Existe una línea transversal en diversos estudios que venimos citando. Recapitulemos: según el Centro de Economía Regional y Experimental, el Índice de Bienestar Económico (IBE) cayó 4,7% hasta abril pasado en comparación con lo que había arrojado el segundo semestre de 2015, al tiempo que un 34,7% de las familias señala que su bienestar económico se deterioró respecto al 2015, para el 57,8% se mantuvo igual y sólo un 7,5% percibió mejoras, lo que arroja un saldo negativo de 27,2 puntos porcentuales. Esto, decíamos, confirma el sesgo minoritario de la actual gestión nacional (perjudica a más segmentos sociales de los que beneficia) que distintas consultoras (Ibarómetro, la primera de todas) vienen marcando. Para más datos, según el Índice de Confianza del Consumidor (ICC), elaborado por el Centro de Investigación en Finanzas de la Escuela de Negocios de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT), la confianza de los consumidores cayó 1,2% en mayo respecto a abril, acumulando así un significativo retroceso del 22,4% con respecto a un año atrás (mayo de 2015). Respecto al mes anterior, la confianza de los consumidores cayó 4,7% para el sector con menores ingresos y subió 0,3% para el de mayores ingresos: es decir, el impacto es diferencial por nivel socioeconómico.

Parte de la explicación de este fenómeno obedece a que la suba de precios no pega igual en el consumo de todos los consumidores (aunque a nivel general la inflación esté en el podio de las preocupaciones sociales, según todos los estudios que hemos revisado en el blog). En el informe El impacto asimétrico de la aceleración inflacionaria en Argentina (2015-2016), los investigadores Demian Panigo, Fernando García Díaz, Sergio Rosanovich y Pilar Monteagudo explican que “los procesos inflacionarios afectan de manera asimétrica a los distintos sub-grupos poblacionales dependiendo críticamente de la dinámica de los precios relativos. Tradicionalmente, las familias de mayores recursos poseen un patrón de consumo intensivo en servicios (personales, esparcimiento, turismo) y bienes durables. Por el contrario, en los hogares de menores ingresos las erogaciones se concentran principalmente en alimentos, transporte, alquileres y servicios públicos (luz, gas y teléfono)”. Por lo tanto, la base de la pirámide sufre con especial intensidad aquellas coyunturas en las cuales los precios aumentan de manera fuerte y rápida en los rubros de mayor masividad. 

En ese marco, la evolución de los precios relativos en Argentina después del triunfo electoral de Mauricio Macri perjudicó en mayor medida a los sectores vulnerables. A partir de los datos de la Encuesta Nacional de Gastos de Hogares y relevamientos alternativos de precios, los investigadores examinaron el impacto diferencial de la inflación sobre los distintos hogares de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA). La conclusión fue que los hogares humildes perdieron más del doble de poder adquisitivo que los hogares acomodados. En números, el 10% más vulnerable registró una caída del 23,8% en su capacidad de compra. En cambio, el 10% de mayores recursos tuvo una baja de poder adquisitivo de 11,1%. En conjunto, todos cedieron en su capacidad de consumo, pero muchos más quienes están en la base de la pirámide que quienes ocupan el pico de ella. 

Un enfoque alternativo (y complementario) para entender estos procesos (y más amplio, dado que abarca, además de CABA, aglomerados urbanos como el Gran Buenos Aires, Rosario, Córdoba, Mendoza y Mar del Plata) es el de Indecom (Instituto de Estudios del Consumo Masivo). Esta entidad parte de estructurar la pirámide de segmentos socioeconómicos, de manera similar a la que hemos visto antes en este blog (por caso, al analizar relevamientos nacionales de la Asociación Argentina de Marketing -AAM- comparados con los realizados por la consultora Delfos). Según Indecom, el 64,1% de la población argentina se reúne en el segmento C3D1, que tiene ingresos familiares entre 20 y 30 mil pesos mensuales. En este segmento, la suba de precios de la canasta básica impactó en un 52,3% de su bolsillo. En cambio, en el segmento D2 (con ingresos de más de 12 mil pesos mensuales pero menos de 20 mil) el impacto fue del 64%. Pero, en el segmento BLP (bajo la línea de pobreza), es decir, el de los que menos ingresos tienen (menos de 12 mil pesos mensuales, que en términos del nivel socioecónómico de la AAM correspondería a los niveles D2 y E, es decir bajo inferior y marginal, la base de la pirámide), la suba de precios alcanzó al 73% de su capacidad de consumo. Por su parte, en aquellos hogares con más de 30 mil pesos mensuales y menos de 50 mil pesos mensuales de ingresos (BC2), la suba de la canasta básica impactó en 34,8%. En la cúspide de la pirámide que ocupan aquellos con más de 50 mil pesos mensuales de ingresos, el segmento ABC1, la suba de la canasta básica sólo repercutió en un 19,3% de sus gastos (ver datos arriba; click para agrandar). Nuevamente, por efecto inflación, todos los segmentos perdieron poder de compra, pero no todos en la misma medida; cedieron más los de la base de la pirámide. 

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