miércoles, 25 de mayo de 2011

El oficialismo a un año del Bicentenario


Un año atrás, los festejos del bicentenario instalaban en el país un clima de optimismo, alimentado además por una palpable recuperación económica después de la crisis del 2009 y anticipando también la euforia mundialista. Actualmente, se experimenta todavía en el país un evidente efecto de arrastre de ese optimismo, lo que otorga, al menos coyunturalmente, una franca ventaja para la continuidad del oficialismo en el poder.

En este sentido, una encuesta realizada por Isonomía Consultores tras la defección a la carrera presidencial de Fernando "Pino" Solanas y Mauricio Macri arrojó que el 41,2% de los electores votaría por Cristina Fernández de Kirchner si las elecciones fueran ahora. Le siguen el radical Ricardo Alfonsín (con 12,6%) Eduardo Duhalde por Unión Popular (10,1%) y Elisa Carrió de Coalición Cívica (8,0%). Hermes Binner alcanza 5,6%, Alberto Rodríguez Saá 5,4% y Felipe Solá 2,3%.

Con esto, el oficialismo aventaja por más de 28 puntos porcentuales al candidato de la UCR, lo que le permitiría vencer en primera vuelta con holgura. El estudio se llevó a cabo en todo el país entre el 14 y el 17 de mayo por medio de entrevistas telefónicas asistidas en centros urbanos mayores a 20.000 habitantes, totalizando 1.900 casos efectivos ajustados por cuotas censales de sexo, edad y nivel educativo. Entre los matices más destacados, sobresale que la intención de voto de la Presidenta concentra sus principales fortalezas en los jóvenes, los segmentos de nivel socioeconómico bajo y medio-bajo, el conurbano bonaerense y las zonas del NOA, NEA y la Patagonia.

Otra medición posterior a la decisión de Mauricio Macri y Fernando “Pino” Solanas de competir por la Capital, la del CEOP, arrojó que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner amplía su diferencia en la intención de voto de cara a las elecciones presidenciales del 23 de octubre: alcanza un 47,7%, y considerando todavía hay un diez por ciento de indecisos, esa consultora estimó que la Presidenta podría superar el 50% de los votos si los comicios fueran ahora. Ricardo Alfonsín suma 19,3%, Elisa
Carrió 5,8%, Alberto Rodríguez Saá 4,8%, Eduardo Duhalde 4,5%, Hermes Binner 3,4%, un 4,4% no votaría o lo haría por otros candidatos y un 10,1% no responde o no sabe.

Roberto Bacman, titular del Centro de Estudios de Opinión Pública, remarcó que "tiene una imagen en crecimiento, pero, además, estable. Ya a finales de 2009 se empezó a notar la mejoría. La gente que opinaba bien de ella ya superaba entonces el 40 por ciento. Con el Bicentenario hubo un crecimiento al 51 por ciento (...) con la muerte de Néstor se produjo un salto inicial de 10 puntos y hasta llegó al 65 por ciento. Hoy está estabilizada la opinión positiva entre el 62 y 63 por ciento”.

El sondeo del CEOP se efectó durante la semana pasada, entrevistando telefónicamente a un total de más de mil personas de todo el país, respetándose las proporciones por edad, sexo y nivel económico-social.

Bacman evaluó que el estudio muestra que la retirada de Solanas y Macri del escenario nacional aún no conforma un panorama de polarización entre el oficialismo y una figura opositora que se despegue del resto de las opciones con nitidez. "El razonamiento era el siguiente: sin Macri y sin Solanas hay casi un único candidato opositor, Ricardo Alfonsín, que treparía mucho en la intención de voto. La realidad es que esto no ocurre, porque buena parte de los votos que dejaron de ir a Macri y Solanas van a Cristina. Por supuesto que hay un crecimiento de Alfonsín, porque hay un espacio vacío. No hay otro, piensan algunos anti K. La realidad es que Alfonsín creció unos siete puntos y Cristina cuatro. Pero también Cristina se nutre de votantes que iban a ir a Pino Solanas, de manera que ella termina saliendo beneficiada. Y, atención, que si terminara surgiendo una candidatura como, por ejemplo, la de Felipe Solá, seguramente le va a restar a Alfonsín. Un dato más: la decisión de Macri de bajarse no benefició hasta ahora a Eduardo Duhalde, que quedó muy golpeado por la escandalosa interna del Peronismo Federal”.

En cuanto a la imagen de los dirigentes, el titular del CEOP destacó que la Presidenta mantiene una alta opinión positiva y se redujeron las opiniones negativas, en tanto que Ricardo Alfonsín tiene una opinión positiva del 45% pero un menor desempeño en intención de voto, porque lo afectan las percepciones de la opinión pública respecto de las limitaciones del radicalismo y del propio Alfonsín a la hora de gobernar. En el caso de Eduardo Duhalde, alcanza la mayor imagen negativa (70%).

Ya el año pasado en una entrada ad hoc anticipamos que la gobernabilidad sería un eje crucial de cara a las elecciones presidenciales de este año. Ese eje, el hecho de que hoy el oficialismo ofrezca más certezas que la oposición, y el proceso de recreación de expectativas desarrollado desde el año 2010 y reimpulsado a partir del deceso de Néstor Kirchner son factores clave para entender el actual clima de opinión.

Por su parte, según la consultora Poliarquía, Cristina Kirchner ostenta una imagen positiva del 58%, un nivel similar al de 2007, cuando fue electa presidente. Se trata de la cifra más alta en sus cuatro años de mandato. El peor registro presidencial fue el 19% en julio de 2008, al final del conflicto con el campo por las retenciones móviles.

El estudio destaca que cuando el 27 de octubre de 2010 el ex presidente Néstor Kirchner falleció, la imagen positiva de Cristina Kirchner era del 36% por ciento, y al mes siguiente, esa cifra trepó al 55%, acelerando así la recuperación que el oficialismo venía mostrando en las encuestas a lo largo de todo el año 2010, en un marco político donde el gobierno nacional mantuvo el dominio de la agenda y la iniciativa política y en un contexto económico caracterizado por sólidos indicadores de producción y consumo.

Ese cóctel, destacan los analistas, es crucial para entender el éxito del "modelo" K: "no se entenderá el período de los Kirchner sin asumir que si bien fue el primer gobierno en muchos años que encontró un contexto económico ventajoso, a eso le sumó una audacia política poco vista. Atribuir todo a la suerte es miopía intelectual" escribe Eduardo Fidanza, director de Poliarquía. "Nunca ocurrió, en 25 años de democracia, que un presidente cayera abruptamente en las encuestas, perdiera las elecciones de medio término y luego enfrentara su reelección con indicadores favorables de apariencia decisiva. Un solo dato asombra: apenas el 6% de la población prefería hace un año que el próximo presidente fuera Cristina; hoy manifiestan ese deseo el 42% (...) Otra vez se erraría si se quisiera explicar la lozanía de Cristina sólo por la muerte de su esposo. El fin de Kirchner sucedió cuando el Gobierno se reponía, en consonancia con una recuperación económica inusual. El shock carismático empalmó con esa tendencia y contribuyó a reforzarla, agregando nuevos ingredientes al liderazgo presidencial".

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