viernes, 14 de noviembre de 2014

Aritmética electoral: las chances del oficialismo y las chances de la oposición hacia 2015 (3)

Que el mejor escenario electoral para el oficialismo es ganar en primera vuelta está bastante claro en el debate al interior del espacio. En todo casos, los matices pasan por el proceso de definición de la sucesión/candidato: 1) muchos precandidatos compitiendo en las PASO y un ganador emergente que encolumne el voto FPV, 2) dos figuras –una más cerca de la corriente “K” pura vs otra más “impura”- o bien 3) un candidato “por consenso” o ungido por la “gran electora” (CFK). El debate por la “pureza”, relevante en términos de “sustancia doctrinaria” del modelo, no deja, sin embargo, de estar atravesado por la discusión de si para la estrategia pan-oficialista suma más un candidato más puro capaz de encolumnar tras de sí el voto “duro” del FPV o, en cambio, si ese voto “duro” es el piso de la fuerza casi en cualquier circunstancia (aun en escenarios adversos como 2009 y 2013 el FPV se garantizó ese caudal) y, por consiguiente, el desafío es construir una coalición ganadora sumando segmentos electorales refractarios a un candidato K puro, pero dispuestos a votar un mix entre continuidad y cambio.  

La ventaja del sello oficialista parece incontestable para arrimarse a un triunfo en primera vuelta (decimos “arrimarse”: no hay ninguna posibilidad de profecía exitosa a tanto tiempo de las PASO y las elecciones generales). Una reciente encuesta, que abarcó todo el país y 24 partidos del conurbano bonaerense (no fue identificada la consultora; quizá lo sea en los próximos días, pero las tendencias son una profundización de lo que viene reportando en estudios anteriores la consultora Aresco) muestra al FPV con relativa comodidad en primer lugar, no tan lejos de ganar en primera vuelta, pero aún en riesgo de ser derrotado en un eventual ballotage. Otro dato saliente del estudio es que confirma al Frente Renovador de Sergio Massa con una tendencia entre el estancamiento y el retroceso. En cuanto a la polarización entre continuidad y cambio, el estudio arroja que los que prefieren que el próximo gobierno continúe con las políticas actuales llegan al 10,1% y los que prefieren continuar de la misma forma pero con algunos cambios llegan al 40,9 %. Por el contrario, quienes se inclinan por cambiar todas las políticas actuales llegan al 46,1%. 

Sin embargo, aunque esto pareciera insinuar una polarización (continuidad con cambio vs cambio total), en rigor continuidad y cambio son significantes vacíos per se, cuya funcionalidad política-electoral depende del contenido con que se los habite. Sí queda claro que un oficialismo que logre encolumnar el voto duro y sumarle una fracción de no alineado (parte de ese amplio 41%) puede enfrentar con chances a una oposición que en primera instancia se reparte el 46% de adversos netos (adviértase que 46% coincide con el porcentaje de quienes no votaron a CFK en 2011). Sin embargo, con tantos precandidatos opositores, ese 46% difícilmente podría ser tomado por uno solo, con lo cual está claro que la oposición tiene que ir también por aquel amplio 41% si quiere ganar en 2015 (insistimos en nuestra tesis de que la próxima elección se define por el medio, planteada también por Fara). Medidos los sellos de cara a las PASO del 2015, según ese estudio el FPV lograría un 33,7%; el PRO un 20,7%; el Frente Renovador un 18,4%; el FAUNEN (en proceso de implosión acelerada por estos días) un 12,9% y el Frente de Izquierda un 5,8%. Como dato, el FPV en junio era elegido por un 30% y ahora llega al 33,7%. Por su parte, el PRO pasó del 15,2% al 20,7% y el FR pasó de un 18,2% al 18,4 % lo que implica un amesetamiento. La variación del FPV entre mediciones no es estadísticamente significativa, pero si la tendencia persistiera, se estaría arrimando al triunfo en primera vuelta; en cambio, sí parece más sustancial el ascenso de PRO, presumiblemente a costa de FAUNEN más que del estancamiento del Frente Renovador.  

Hasta no hace mucho, se sugería que la estrategia oficialista era llevar la elección hacia una polarización con Mauricio Macri, el candidato que mejor le servía al “modelo” para confrontar ideológicamente. No obstante, en los últimos meses parece insinuarse la tendencia de que al oficialismo le conviene enfrentar una oposición dividida en al menos tres actores con cierto protagonismo (Massa, Macri, FAUNEN), pues eso facilita arrimarse al triunfo sin ballotage (instancia con muchos riesgos para el FPV). En esta línea de análisis, al FPV no le conviene que se abra demasiado “la boca del yacaré” que grafica la intención de voto de Massa vs Macri: si se abriera, significaría que uno de los dos opositores se está quedando con el voto adverso al kirchnerismo y por lo tanto haciéndose más competitivo. Por el contrario, las chances de victoria de Massa y Macri pasan centralmente por la apertura de la boca del yacaré, ya que despegarse del otro les permitiría arrimarse al FPV para impedir el triunfo oficialista en las PASO y en la primera vuelta, tanto como para llegar con chances de lograr la victoria en una eventual segunda (ballotage que depende, como planteamos, de las posiciones relativas obtenidas por oficialismo vs opositores en las PASO, por la tesis de que las primarias podrían funcionar como primera vuelta y la general de octubre como segunda). Por eso, se entiende que Macri y Massa se estén disputando la estructura política de la UCR, dado que en términos de mapa político el opositor que logre captar más adhesión electoral en ese cantera sería aquel en mejores condiciones de enfrentar al oficialismo. 

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