martes, 18 de noviembre de 2014

El mapa político va decantando en escenario prelectoral (1)

En las últimas tres entradas, ensayamos aritméticas electorales que perfilan por dónde pasan las chances de victoria del oficialismo y de la oposición, respectivamente. Sintéticamente, en el primer caso, la apuesta central es imponerse en primera vuelta, para evitar que el voto adverso al oficialismo se encolumne detrás del opositor más votado (ya sea en la instancia de ballotage formal propiamente dicho o bien en una primera vuelta pos-PASO que haría las veces de “doble vuelta informal”-tesis Carlos Fara). En sentido contrario, decíamos, las chances de la oposición dependen fuertemente de que se abra “la boca del yacaré”, es decir, que crezca la intención de voto de Mauricio Macri y se estanque o descienda la de Sergio Massa, o viceversa; el FAUNEN, con varios precandidatos lanzados (pero pocos "midiendo") según todos los estudios de opinión conocidos, hoy por hoy no tiene chances de arrimarse a la pelea mayor. 

En el post anterior, revisábamos a su vez la fuerza relativa de los sellos en una encuesta que confirmaba la ventaja del FPV (33,7%, contra 20,7% del PRO, 18,4% del Frente Renovador, casi 13% del FAUNEN y casi 6% del Frente de Izquierda. El registro del oficialismo es prácticamente el mismo que obtuvo en las elecciones legislativas de 2013, que confirmaron su carácter de primera minoría electoral nacional (aunque lejos del récord del 54% obtenido en las presidenciales de 2011 con CFK como candidata). Dado que ese tercio también lo mantuvo el kirchnerismo en las legislativas de medio término de 2009, diversos analistas hablan de un núcleo duro K del 33% como piso electoral del oficialismo. Este fin de semana, una encuesta del CEOP reportó cifras similares, colocando al FPV con 35%, seguido por el PRO y el Frente Renovador de Massa, en ese orden. “Preguntamos si se votaría en las PASO y a qué partido votaría; la próxima etapa serían candidatos. La intención de voto por partido desnuda las lealtades de la gente, y hoy el Frente para la Victoria metido adentro de la estructura del FPV logra casi un 35%”, señaló Roberto Bacman, titular del Centro de Estudios para la Opinión Pública. “Si el FPV tiene 35%, donde hay indecisos y voto en blanco, si se lo proyecta está por encima del 40%, que es el piso histórico del PJ, del ´83 en adelante”, sostuvo. Para Bacman, tanto el PRO como el FR están “unos 20 puntos por debajo” del FPV, con ventaja leve de Macri sobre Massa.

El estudio que citábamos en el post anterior avanzaba sobre el posicionamiento de los candidatos. Al interior del FPV, Daniel Scioli lograba el 54,9% de adhesión, seguido por Florencio Randazzo (29,8%) y Sergio Urribarri (5,8%). En las elecciones generales, si el candidato del FPV fuera Scioli, de acuerdo a ese estudio obtendría un 33,2% (primera vez que un precandidato del espacio pan-oficialista aparece capitalizando “el tercio de los sueños”). Por su parte, Sergio Massa logra un 24% y Mauricio Macri un 22,6% (un empate técnico) en tanto que Julio Cobos, a priori el precandidato más competitivo del FAUNEN, suma un 12,1%. La comparación entre junio y octubre, siempre de acuerdo a esta encuesta, muestra que Scioli pasó del 29,2% al 33,2 %, Massa bajó del 25,2% al 24%, Macri pasó del 21,4 al 22,6; Cobos del 13,2 al 12,1%. Hay que decir que, en rigor, ninguna de estas variaciones es estadísticamente significativa. En el caso de Jorge Altamira, la variación sí es más sensible: bajó del 4,8% al 1,9%. 

En conclusión, el mapa político va decantando lentamente en escenario preelectoral. El oficialismo sigue siendo primera minoría electoral, como fue en 2013, y si bien muestra un escenario con múltiples candidatos (como el FAUNEN), las tendencias sugieren que irá ordenándose, sino en torno a una candidatura única, en una compulsa entre no más de dos o tres figuras, una de las cuales seguramente será K “menos pura” (Scioli), para contender con uno o dos candidatos más cercanos o “aceptables” para las minorías “doctrinarias” del kirchnerismo. Esa misma división, en una instancia de primarias abiertas como las PASO, beneficiaría a Scioli, el candidato más potable para los segmentos electorales "moderados" (ni anti -K ni kirchneristas "fieles") y para gran parte de la estructura del PJ, que comparte la condición de ese electorado volátil. Como sucedió en 2010 después de las anteriores legislativas de medio término, el oficialismo confirmó que maneja la agenda política, mantiene la iniciativa y además reforzó su posición en el clima de opinión (considerar, en este marco, el fracaso del 13-N). También como en 2010, el FAUNEN está repitiendo el fracaso del Acuerdo Cívico y Social, ya que oscila entre la ruptura y una convivencia forzada, ya no sólo por la perpetua vocación desafiante de Elisa Carrió en todos los espacios que integra-desintegra, sino por la abierta inclinación de figuras de peso del radicalismo (como el titular del Comité Nacional, Ernesto Sanz, nada menos) de abrir el frente hacia el PRO, contra la voluntad de los socios de “centroizquierda” que integran el frente. 

Aunque por ahora la sangre no llegó al río, este debate interno deja al FAUNEN en condición de cuarto cómodo en intención de voto y sujeto a la canibalización electoral de las dos figuras opositoras más competitivas, Sergio Massa y Mauricio Macri. Hoy, no se advierten en el escenario nichos donde puedan insertarse nuevas figuras o candidatos, menos todavía si lo hacen bajo el auspicio de sellos débiles (como el partido Fe, de “Momo” Venegas). Por el contrario, lo que hay es superabundancia de precandidatos: como ya planteó el consultor Carlos Fara hace un mes, “no es tiempo de hablarle demasiado al electorado. Es tiempo de tener paciencia. Hay demasiadas fichas en el aire”.

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