lunes, 28 de septiembre de 2020

Nueve meses y medio del oficialismo en las encuestas (1): el estilo de liderazgo de Alberto Fernández y el factor CFK


El 10 de diciembre de 2019, la coalición electoral que reunificó el espacio panjusticialista llegó al poder. En ese proceso, fue clave la definición que Cristina Fernández tomó el 18 de mayo de ese año: ser candidata a vicepresidenta y proponer a Alberto Fernández como candidato a presidente. Así, desde fines del año pasado,  el Frente de Todos, electoralmente exitoso (dado que resolvió la elección en primera vuelta con el 48,24% de los votos) y comenzó a efectuar la transición hacia una coalición de gobierno, que a fines de septiembre cumplió 9 meses y medio, 6 de ellos transcurridos en la coyuntura inédita de pandemia. En este marco, resulta oportuno repasar encuestas que exploran el estilo de liderazgo presidencial y la incidencia de CFK. Según la encuesta realizada por CELAG a fines de agosto, 62,1% de los electores argentinos cree que Alberto Fernández tiene un estilo de liderazgo propio, mientras que 35,1% lo ve como un presidente débil que carece de liderazgo. Así, a nivel general el saldo es ampliamente favorable a la figura presidencial, aunque hay matices de acuerdo al perfil político de los electores: entre quienes votarían al Frente de Todos en 2021 casi 93% percibe a Fernández como un líder fuerte con estilo propio, mientras que entre los electores que se inclinarían por Juntos por el Cambio el 77,3% lo percibe como un presidente débil. Por otro lado, entre indecisos, abstencionistas y potenciales votantes en blanco una mayoría de 56,3% lo percibe como un presidente fuerte con liderazgo propio (gráfico arriba). 

De esa forma, del estudio de CELAG se desprende claramente que quienes acompañan al oficialismo ponderan el liderazgo presidencial, mientras que quienes se oponen lo cuestionan. El 62,1% que ve a Fernández como un líder fuerte está en el mismo orden de magnitud que el casi 69% que tiene imagen positiva del presidente (la diferencia de 6,5 puntos porcentuales entre ambas variables apenas es estadísticamente significativa, considerando que el error muestral es de +/- 2,2%). Algo similar se ve en el otro polo: quienes lo ven como un presidente débil, superan en 7 puntos porcentuales a quienes tienen una imagen negativa del presidente (gráfico arriba, click para agrandar). Cabe destacar que la medición de imagen de CELAG está entre las más favorables para el oficialismo, por encima del promedio de las encuestas (dato que actualizaremos en la próxima entrada de este blog). 


Con matices, algo similar se ve en las percepciones del poder relativo de CFK en el gobierno: según el estudio realizado por la consultora RTD entre fines de agosto y principios de septiembre, entre quienes aprueban la gestión de Fernández (49%) el mismo porcentaje cree que Alberto Fernández tiene la última palabra. En cambio, en el 46% que desaprueba la gestión presidencial el 45% cree que Cristina Fernández tiene la última palabra (gráfica arriba). 

Cabe destacar que en la variable aprobación el guarismo de RTD está algo por debajo del promedio, ya que existen mediciones alternativas que arrojan para el oficialismo aprobaciones mayores, como la de Analogías (gráfico arriba) y Zuban Córdoba & Asociados (gráfico abajo): en ambos casos, la aprobación supera el 50%. La diferencia estriba en que para Analogías el saldo a favor sobre la desaprobación es de casi 18 puntos porcentuales (17,9 pp), mientras que según Zuban Córdoba viene en descenso desde el pico de fines de marzo y queda en casi 9 puntos porcentuales en septiembre (8,8 pp). 

Más allá de los matices en los números de acuerdo a la encuesta, se puede advertir el mismo patrón: en aquellas mediciones donde al gobierno le va mejor, el estilo de liderazgo del presidente es más nítido, fuerte y propio, mientras que en aquellas donde no mide tan bien las opiniones aparecen más divididas: es el caso de Opinaia. En la última encuesta de esa consultora, 41% cree que Alberto Fernández toma las medidas principales de gobierno, 30% cree que las toma CFK y 17% que las toman ambos; 12% ns/nc. Ese "liderazgo compartido" se traduce en que 48% le adjudica al gobierno un "estilo K", vs un 28% que percibe un estilo propio (gráfico abajo). 

Sin embargo, haciendo foco en el evolutivo de las mediciones de la consultora OHPanel no se advierte que la percepción de poder de CFK en el gobierno esté en in crescendo, sino más bien estable: en junio, 60% creía que la vicepresidenta tenía mucho o bastante poder en el oficialismo, mientras que en septiembre percibe lo mismo el 61%. Tomando la percepción acumula de poder, se observa la misma estabilidad (gráfica abajo). 



En síntesis, la hipótesis de "cristinización" de Alberto Fernández que plantean algunas consultoras como "explicación de la caída" de la imagen presidencial y que difunde profusamente el sistema de medios opositores al oficialismo (consumido principalmente, valga decirlo, por audiencias que también son opositoras) sólo se sostiene en los números de las encuestas en donde la calificación de su figura está por debajo del promedio. Es es el caso, entre otros, de los sondeos de Opinaia, Management & Fit y Synopsis, que sistemáticamente ubican al oficialismo por debajo del promedio de imagen en sus mediciones. Así, según la encuesta más reciente de M&F el 47,3% cree que CFK tiene más poder dentro del oficialismo y el gobierno nacional, vs 36,5% que cree que tiene más poder el presidente Alberto Fernández (gráfico abajo). 



Por su parte, en la última encuesta de Synopsis la calificación favorable de Alberto Fernández es de 37,8%, lo que arroja un diferencial de 8,7 puntos porcentuales sobre la imagen positiva de CFK (gráfica abajo). Sin embargo, Synopsis también ofrece otro dato de imagen "recalculado" al que denomina "con apertura de punto medio", en el cual la opinión positiva de Fernández es de 41,4% en septiembre (según el informe, para ese recálculo se omiten las respuestas ns/nc, pero no se aclara qué se hace con las respuestas regulares, lo que resta transparencia al procedimiento). En este caso, su sesgo respecto al promedio de las encuestas nacionales se reduce levemente. 



En síntesis, la hipótesis de "cristinización" no tiene nada de metodológicamente reprochable mientras se entienda que deriva de datos procedentes de determinadas mediciones y no se corresponde con una tendencia generalizada en términos cuantitativos. Como veremos en el próximo posteo, las encuestas de las tres consultoras mencionadas se alejan sensiblemente de la media aritmética de imagen de todas las nacionales. En términos cualitativos, sin embargo, sí puede advertirse que la comunicación del oficialismo ha perdido asertividad de cara a los electores moderados y que debería reenfocar los mensajes apelando a algunas claves del "estilo UBA", que tan bien le rindió al presidente al principio de la pandemia. 

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