viernes, 1 de noviembre de 2013

Una foto similar a la del 2009, en una película distinta (2)

Del carácter fragmentado de la expresión del voto en estos comicios se desprende otra consecuencia relevante para la interpretación del resultado, ya no en términos porcentuales sino en la traducción institucional y legislativa de las elecciones de medio término: el oficialismo retendría el control del Congreso, dado que sigue siendo primera minoría y al respaldo de aliados legislativos. De hecho, como en Diputados la oposición arriesgaba más bancas que el kirchnerismo, en estos términos la elección fue victoria para el FPV (sumó más bancas  que las que ponía en juego).

Por eso decimos que la foto es similar a la del 2009, pero en una película diferente, dado que el gobierno en términos relativos no sale tan mal parado de la elección como sucedió en 2009, ya que a fines de ese año el resultado de los comicios se tradujo efectivamente en un serio debilitamiento del oficialismo en el Congreso (la paradoja es que, a la postre, la actuación legislativa de la oposición fue capitalizada por el oficialismo). En 2009 el oficialismo perdió el quórum tanto en el Senado como en Diputados, ya que había arriesgado los legisladores logrados en la elección de 2005, la mejor elección de medio término para el kirchnerismo (obtuvo el 40% de los votos, junto con aliados). El impacto de la derrota de 2009 (cuando obtuvo alrededor del 33% de los votos, prácticamente el mismo porcentual que este año) fue mayor por la cantidad de bancas en juego, lo que también, por efecto de contraste, reforzó a las fuerzas de oposición (que venían de flojas elecciones de medio término).  

Con todo, es probable que la dinámica legislativa se muestre más volátil que hasta ahora, ya que los márgenes en las dos cámaras se han acotado. Subsiste la incógnita de que si se impone una lectura de los comicios francamente desfavorable al gobierno podría precipitarse una deserción desde las filas oficialistas hacia alguna de las alternativas opositoras emergentes, en particular Sergio Massa, quien obtuvo la victoria más resonante sobre el oficialismo en términos de peso distrital.  Sin embargo, hasta ahora el PJ ha dado señales de abroquelamiento, cerrando filas partidarias y poniendo de manifiesto la usual vocación peronista de definir la sucesión del poder dentro del partido, tratando a Massa como alguien que sacó los pies del plato. Massa, incluso, perderá tres diputados que fueron electos con su lista, pero reivindicaron su pertenencia al PRO, o sea a Macri, ahora competidor de Massa (como en 2009 lo fue de De Narváez). Son las contras de la construcción aluvional, como la que ensayó Massa en estas elecciones.

Con Cristina impedida de aspirar a un nuevo mandado, está claro que se abre el proceso de sucesión, pero no necesariamente eso implica un desbande dentro del PJ. Por otro lado, el adelantamiento de debates por la sucesión para 2015 (intensificada con la interna dentro del PJ en ausencia de CFK) recrea, en cierta manera, la foto del 2009, que también precipitó la guerra de egos dentro de la oposición (recordemos, por caso, las escaramuzas entre Francisco de Narváez y Mauricio Macri, que habían llegado aliados a las elecciones de junio de 2009 para luego disputar liderazgos; la puja entre Julio Cobos, Ernesto Sanz y Ricardo Alfonsín, y la pelea de Elisa Carrió con sus aliados de junio de 2009, radicales y socialistas).

Lo diferente de la película hoy respecto a la foto del 2009 es que 2013, si bien repite protagonistas con ansias de dar pelea presidencial en el próximo turno (Macri, Cobos, Sanz, Carrió, entre otros) también muestra nuevos actores (Massa), confirma otros que se destacaron en las elecciones de 2011 (Binner) y porque ofrece una nueva oportunidad de reprocesar institucionalmente (vía grandes elecciones primarias, como hicieron en este turno las fuerzas convergentes en UNEN en Capital Federal) las ambiciones encontradas de todos esos dirigentes para el 2015. Esa misma dinámica podría ser la que tome el PJ, que carece hoy de las dos candidaturas aglutinantes que tenía luego de los comicios del 2009 el espacio oficialista (Néstor y Cristina). Hoy, aparecen algunos “primus interpares” (Scioli por el peso del distrito que gobierna y por lealtad al proyecto, Uribarri y Capitanich por sus repetidos triunfos electorales, entre otras figuras expectables), pero no liderazgos extendidos. 

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