jueves, 6 de agosto de 2015

Hipótesis de cara a las PASO (3)

En la entrada anterior seguíamos la hipótesis del consultor Carlos Fara de considerar los pisos y techos de votación “estructurales” de los partidos, más allá de la intención de voto reportada por las encuestas para los principales candidatos (el promedio de las últimas cinco nacionales, en el gráfico adjunto). En este caso, la estadística manda a tomar como referencia eventos comparables (lo mismo aplica al periodismo económico; de ahí que al analizar, por ejemplo, las ventas de un período determinado, la primera pertinencia sea comparar con el mismo período de años anteriores). Así, para las elecciones primarias nacionales de este domingo se impone comparar con elecciones primarias nacionales anteriores. Tenemos aquí dos parámetros: las primarias de 2011 y las de 2013. Destacábamos que son elecciones de distinta naturaleza, dado que las del 2011 fueron antesala de las presidenciales (donde la incidencia del comicio ejecutivo tiende a concentrar el voto), mientras que las del 2013 precedieron a comicios legislativos, donde el voto tiende a dispersarse más. Con esa salvedad, el análisis de los techos y pisos del FPV en esas primarias nacionales daba como resultado un 50% (con CFK candidata presidencial) en 2011 y 27,15% en 2013, y el promedio de ambas daba 38,6%, es decir, justo la media aritmética entre la proyección de Berensztein y Fara (40%) y el promedio de las últimas 5 mediciones nacionales que revisamos en este blog (37%). Es decir que el valor esperable para el FPV está en el rango del 38,5%-40%, coincidentemente con las proyecciones de esos consultores. 

¿Cuál sería el valor esperable para otros candidatos? Veamos: en las primarias del 2011, donde compitió con fórmula propia, la UCR obtuvo 12%; en las de 2013, en cambio, concurrió con aliados en un frente que obtuvo 21,3%. Como eso dificulta la comparación, vayamos más atrás en el tiempo, cuando fue con fórmula propia. En las presidenciales de 2007, si bien con el sello distinto (Una Nación Avanzada) y candidato “prestado” (el peronista Roberto Lavagna), la UCR obtuvo 16,9%. En las presidenciales del 2003, con Leopoldo Moreau como candidato, obtuvo 2,33%, en lo que ha sido su peor elección presidencial. El promedio de las últimas 5 encuestas le da a Sanz 2,34% (2% por “redondeo”), es decir, que estaría haciendo en 2015 una elección equivalente a la peor del partido en su peor momento (poscrisis del 2001): visto así, parece un guarismo demasiado bajo. ¿Qué pasa si las encuestas subestiman la intención de voto de Sanz o no están registrando la fuerza del aparato partidario radical? De ser así, la referencia de Sanz podría ser el promedio de la UCR en los tres comicios que tomamos como antecedente (2011, 2007 y 2003): esto es, 10,1%. ¿Y si fuera un promedio entre la media aritmética actual y ese promedio histórico? Entonces, Sanz podría rondar los 6 puntos.  

El pronóstico sobre la performance de la UCR no sólo se complica porque, como señaló el consultor Ricardo Rouvier, el voto radical con frecuencia no aparece manifiesto en las encuestas, sino porque en esta coyuntura el radicalismo definió competir en un frente junto con el PRO. Por ello, es posible que gran parte del voto proto-radical frentista haya migrado ya a Mauricio Macri y que una parte de voto proto-radical anti-frentista se haya decantado hacia Margarita Stolbizer (cuyo 4% promedio de encuestas podría también crecer, potencialmente, por esa misma razón ). En ese marco, si Sanz efectivamente obtiene más que el 2,3% promedio que le dan las encuestas, tomaría ese voto a costa de Mauricio Macri, por una sencilla razón: en las primarias de 2013, el PRO obtuvo a nivel nacional 9%, por lo cual está claro que el promedio del 25,5% (26%) que tenemos para Macri está alimentado por una gran porción de voto filo-radical. Es decir, mientras más firme sea el voto de Macri, más probable es que Sanz esté cerca del piso; y viceversa. En cuanto a Elisa Carrió, la tercer pata de ese frente, el 1,9% que le da el promedio de las últimas 5 encuestas que analizamos coincide con el 1,8% que obtuvo como candidata presidencial en 2011; en las primarias de ese año había sacado 3%, lo que podría ser su techo. O sea que el rango esperable para ella está en el orden de los 2-3 puntos. Si saca más, muy probablemente lo haga a costa de Sanz, o de Macri. De todos modos, se impone una aclaración: con encuestas cuyo error muestral oscila entre valores de +-2,5 y 3,5%, en general, es muy difícil analizar las intenciones de voto de precandidatos que están en el mismo rango que ese error. 

En el caso de Sergio Massa, en 2013 obtuvo 17% de los votos a nivel nacional, gracias a su performance del 42% en la provincia de Buenos Aires. Hoy, el promedio de las últimas mediciones a nivel país le da 15%; la diferencia es que ahora es un candidato “nacional”, pero lo que mide en otros distritos se compensa relativamente con una caída en Buenos Aires (donde el promedio de las últimas 4 encuestas le da 13,7%). Como el Frente Renovador es una fuerza nueva, no contamos con otros antecedentes para afinar el cálculo en este caso, pero una performance entre 14% y 17% parece plausible, salvo que la polarización entre el FPV y Cambiemos (que resultaría natural después de las PASO) licúe su intención de voto ya en la instancia de las primarias del domingo 9 de agosto.

Si del análisis de precandidatos individuales pasamos al de frentes, tenemos que el FPV podría estar alrededor del 39% (promedio de primarias del oficialismo en 2011 y 2013, casi coincidente con las proyecciones de Fara y Berensztein), en tanto que Cambiemos (PRO+UCR+Coalición Cívica o República de Libres e Iguales, el nuevo sello de la inconstante Elisa Carrió) rondaría los 30%. Como Berensztein proyecta hasta 35% para esta coalición, un promedio del 33% sería posible (calculado como sumatoria lineal; si efectivamente los votos de Sanz y los de Carrió se sumarían a Macri en octubre o no, es materia de otro análisis). Por su parte, UNA como sumatoria lineal de los votos de Sergio Massa y José De la Sota podría rondar el 17% (con un techo en torno a los 20 puntos). Curiosamente, esto dejaría un escenario de primarias parecido al de la elección cordobesa de gobernador (pero con otros signos políticos): oficialismo alrededor de 39%, principal fuerza opositora alrededor de 33% y tercero en discordia alrededor de los 17%. De todos modos, a los efectos del cálculo de resultados y la comparación con las proyecciones previas no hay que perder de vista que en las PASO, como todavía no se distribuyen cargos, se toman todos los votos válidos (tanto positivos como en blanco), algo que no sucederá en octubre (donde sí se asignan cargos y por lo tanto el cálculo final se hace sólo sobre votos positivos). Ayer lo señaló muy oportunamente en Ámbito el periodista Pablo Ibáñez: “Los números del 9-A mostrarán a los candidatos más lejos de los números mágicos que ellos se fijaron. A su vez, como las encuestas excluyen el voto en blanco de los repartos, eso potencia el margen de error para este turno. En rigor, todos los partidos terminarán con un porcentaje menor que el que lograrían si repitiesen el resultado en la general. Será, en algún punto, una postal engañosa”

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