lunes, 18 de abril de 2016

Del malhumor a la expectativa positiva y de la expectativa positiva al malestar (2)

Nuestra distinción entre el malhumor social del 2015 que traccionó un cambio de signo político y los niveles crecientes de malestar que desafían la sustentabilidad política del gobierno de Cambiemos no es una sutileza semántica. Ya que creemos firmemente en el teorema de Thomas (“Si los hombres definen las situaciones como reales, estas son reales en su consecuencias"), cuya insuperable formulación combina sociología con psicología social, la combinación de datos estructurales junto con percepciones en proceso de deterioro trazan un horizonte de alto riesgo para la gestión presidencial de Mauricio Macri, cuyo crédito se sostiene sobre una expectativa de mejora que no puede seguir demorando mucho tiempo más, a riesgo de entrar en una espiral de crisis ya no latente, sino manifiesta. 

El desafío para Macri puede resumirse así: 1) ganó la elección presidencial capitalizando el malhumor social con el kirchnerismo (percepciones desfavorables al oficialismo anterior apenas por encima de las favorables, digamos, 51% a 49%, tomando las cifras del ballotage de noviembre); 2) comenzó su gestión con expectativas altas, es decir, por encima del 51% de votos que obtuvo (más del 60%; 3) sin embargo, bajo esas percepciones y expectativas subyacía un plexo objetivo (basado en datos duros) de estancamiento más que de crisis: el año pasado, la economía creció 2,1% y el consumo cerró estable (-0,1% en la canasta básica, según el análisis Consumer Insights de la consultora Kantar Worldpanel; -0,2% según la consultora CCR). Ese cóctel es de alto riesgo, puesto que una de las condiciones en las que puede darse una crisis es aquella en la cual las posibilidades de mejorar las condiciones objetivas están muy por detrás de las expectativas subjetivas. Para peor, las medidas tomadas por Macri en los primeros meses vienen enfriando la actividad (un promedio de estimaciones indica que el PBI este año caería alrededor del 1%) y contrayendo el consumo. Si bien es cierto que cierta baja del consumo “ocurre todos los años en la misma época, dado que las paritarias arrancan con fuerza a partir de marzo-abril, en el 2016 se potencia por el efecto de la devaluación y la suba de tarifas sobre el nivel de precios" apunta la consultora Management & Fit. 

El impacto en el poder adquisitivo por la inflación acumulada se hace sentir prácticamente en todos los bienes y servicios, si bien con matices (por caso, el rubro de mayor merma en el primer trimestre fue electrónica y línea blanca, con -20% de ventas, medidas por unidades). Según un estudio de Indecom (Instituto de Estudios de Consumo masivo), desde noviembre del 2015 la caída del consumo se ubica en el 4,6%. El trabajo destaca que los incrementos en las tarifas de gas, agua, transporte público y combustibles previstos para este mes de abril, sumados a la suba ya aplicada sobre los costos de la electricidad, generarán perdidas adicionales en los salarios de entre un 5,3 y un 15,4 % entre los diferentes segmentos socioeconómicos de la población. Asimismo, los datos de los gobiernos porteño y de San Luis (sustitutos oficiales de los del Indec), al igual que las mediciones de las consultoras privadas resumidas en el reflotado índice Congreso, muestran que en los primeros 100 días de gobierno de Cambiemos el poder adquisitivo del salario se redujo no menos de un 10%, un bajón notable en un tiempo muy corto, que se profundizará cuando empiecen a impactar los aumentos de tarifas. Estos son datos “duros”, objetivos, que más temprano que tarde se imponen y terminando moldeando las percepciones y creencias y corrigiendo por tanto las expectativas. Como venimos diciendo, la divergencia entre los indicadores políticos de evaluación de la gestión Macri y los indicadores de consumo no podía mantenerse demasiado en el tiempo, y se advierte un progresivo alineamiento entre ambos, que se traduce como una corrección a la baja de los primeros. 

Según Guillermo Oliveto, titular de la consultora W, “se está repitiendo lo de 2014. Recordemos que fue el año de la devaluación de (Axel) Kicillof, que generó una inflación de 37% y una pérdida del poder adquisitivo de 5 puntos. De hecho, fue el único año de la era kirchnerista en que cayó la venta de alimentos (2%). Fue un año realmente duro y ahí la lógica de la gente fue recortar en función de lo que yo llamé de los cinco anillos, es decir, de lo más a lo menos prescindible (…) Si hay que mirar conductas, el arranque de este 2016 se parece mucho a lo que fue todo 2014”. Recordemos que, ese año, las ventas de los productos de consumo masivo habían sufrido una caída del 1,4% (según consultora W). En resumen, 2016 se insinúa, hasta ahora, como un año peor que 2015, ya que se estima una caída de la actividad (-1% en promedio) y caída del consumo (de al menos 1%), combinados con alta inflación (por encima del 25% planteado por el gobierno y en órdenes de magnitud entre el 30% y el 40%). Así, se perfila un escenario de estanflación, es decir de crisis manifiesta en los datos duros, y no ya de malhumor en el plano subjetivo, sino de malestar. 

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