viernes, 1 de abril de 2016

Del optimismo al escenario de crisis (2)

Veíamos en la entrada anterior que, según un estudio de la consultora Ibarómetro, 2 de cada 3 entrevistados califica negativamente la situación económica en la zona metropolitana, conglomerado que en términos electores implica alrededor del 34% del padrón nacional. Esto  configura un escenario de percepción de crisis inminente, lo que implica un cambio cualitativo respecto a lo que se venía percibiendo hasta no hace mucho, cuando campeaba el optimismo. Por lo tanto, este punto de quiebre perceptivo en la coyuntura amerita un intento de explicación, para entender cómo se pasó de la euforia de fines de 2015 a un escenario de crisis en la “zona núcleo” de la política nacional. 

Completemos el repaso de la encuesta de Ibarómetro, según la cual la inflación encabeza el ranking de las preocupaciones sociales, con el 19,8% de las respuestas, frente al 19,5% de la corrupción; el 15,9% de la inseguridad, y el 14,3% del desempleo. Para el 79,6% de los encuestados, los precios aumentaron mucho durante el último mes (15,9% cree que las subas fueron menores). Asimismo, por segundo mes consecutivo, más de un 50% (el 53%) considera que la inflación seguirá en aumento y el 32% opinó que se mantendrá en los actuales (y elevados) niveles. En cuanto al rol del Gobierno en el tema inflación, la mayoría de la población no lo considera mayormente responsable, pero tampoco lo percibe eficaz a la hora de enfrentarlo: esto es, si bien el 55% de los consultados responsabiliza a los empresarios por la suba de los precios, un 28% considera que el Gobierno “no está haciendo nada” contra la inflación y el 36% que toma medidas no efectivas. Estos resultados, tomados en conjunto con los citados en el post anterior, completan un escenario de crisis y confirman nuestra hipótesis sobre la centralidad de la agenda económica en la actual coyuntura (en conjunto, los problemas de orden económico alcanzan casi el 47%). 

Trazamos como hipótesis que estos datos perceptivos “subjetivos” deben obedecer a un empeoramiento “objetivo” de la situación. Veamos: ya durante el mes de noviembre de 2015, en la previa del balotaje electoral del 22-N, hubo un fuerte aumento de precios que se reflejó en una baja en el mercado de consumo masivo con respecto al mismo mes del año anterior, en sentido contrario a las subas que venía teniendo desde julio de ese año (según datos de la consultora CCR). Luego, los aumentos de precios posteriores a la devaluación introducida por el nuevo gobierno y el recrudecimiento de la inflación siguieron deprimiendo el consumo masivo. Según Gastón Rossi, economista de LCG (la consultora de Martín Lousteau), “ahora estamos en el peor momento (…) Los salarios quedaron viejos en relación con la suba de los precios. Si bien faltan las paritarias no hay que entusiasmarse pensando en un rápido salto en el consumo, ya que se requerirá de más tiempo para que esto ocurra". La combinación de aumentos de precios en la canasta básica que trajo la devaluación del peso, sumados a las sucesivas olas de quitas de subsidios en las tarifas de los servicios públicos, no parece la mejor receta para lograr una reactivación en las góndolas: "A priori no esperamos un cambio positivo en el consumo. En la segunda mitad del año pueden empezar a aparecer algunos indicadores económicos positivos en materia de inversión y exportaciones, pero difícilmente haya buenas noticias en materia de consumo porque no vemos a los salarios creciendo por encima de la inflación", apuntó Luciano Cohan, economista de Elypsis.

Así, al menos durante el primer semestre de este año, no es esperable advertir señales de recuperación en el consumo. Desde julio, con paritarias y salarios actualizados, habrá que estar atento a si se insinúa un rebote o por el contrario se cae en una recesión, que tendría el efecto de morigerar la inflación pero al costo de planchar o contraer el consumo. Por ahora, las proyecciones privadas plantean un escenario que oscila entre la cautela y el pesimismo: la consultora Abeceb estima una caída del PBI del 0,3%; Bein y Asociados considera que en 2016 la economía retrocederá un 1,8%; Analytica proyecta una caída del 1%, Econométrica una baja del 2%,  Empiria Consultores del 0,1% este año y Miguel Ángel Broda un descenso del 1,5%. Entre los organismos internacionales, las proyecciones del FMI muestran una caída del PBI del 0,7%, que contrasta con la del Banco Mundial que estima que el PBI subirá un 0,7% este año. Es decir que, más allá de sus matices, casi todos los pronósticos coinciden en que este año la actividad caerá respecto al 2015, cuando la economía creció 2,1% (según el “nuevo” Indec de Jorge Todesca). Si hacemos un promedio de todas estas mediciones, a lo “Nate Silver”, tenemos una caída de 0,8% para 2016, lo que implica que el primer año de gobierno de Mauricio Macri terminaría en estanflación (es decir, recesión con inflación). 

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