miércoles, 27 de julio de 2016

De las mediciones a las mediaciones (2)

Planteábamos en la entrada anterior que los guarismos reportados por Poliarquía e Isonomía se desvían de las tendencias longitudinales que veníamos detectando hacia arriba (sobreestimando el aval al presidente Macri), mientras que la de UNSAM se desvía en el sentido contrario (hipostasiando el nivel de criticidad). Por ello, concluíamos que las encuestas de Aresco y Haime se ubicaban como más consistentes respecto del análisis agregado que venimos haciendo, estadísticamente más cercanas a la media de las mediciones revisadas:  la consultora de Aurelio cifraba la imagen positiva de la gestión Macri en el 48%, contra un 47% de negativa, mientras que Hugo Haime estimaba que la imagen positiva del actual gobierno viene oscilaba entre el 45% y el 47%. Como puede advertirse, la diferencia entre esas mediciones no es estadísticamente significativa, lo que constituye otro elemento que apuntala su consistencia. De todos modos, dejábamos abierta la posibilidad de que una nueva serie de mediciones ayudara a calibrar si nuestra interpretación estaba bien orientada.   

En este marco, la más reciente medición de la consultora Analogías (que dirige la socióloga Analía del Franco) tiende a confirmar el acierto de nuestra valoración. Según Del Franco, la imagen de Mauricio Macri presenta similares valoraciones positivas y negativas y estabilidad respecto de la medición de mayo pasado. Esto es, 48,3% lo valora favorablemente y 50,2% lo hace negativamente. Hay un diferencial negativo de 1,9 puntos porcentuales, apenas mayor que el que arroja el estudio de Aresco (1 punto) pero menor al diferencial negativo que vimos en el último  estudio del CEOP (7,4 puntos porcentuales). En síntesis, el estudio de Del Franco arroja un empate técnico en términos estadísticos entre la valoración favorable y la desfavorable.  Sin embargo, vale la pena destacar que en el Gran Buenos Aires la valoración positiva presidencial desciende a 44,6% (tema que tocaremos en próximas entradas), mientras que sube a 53,9% en el interior provincial. En conjunto, estas mediciones convergentes arrojan un panorama donde alrededor de la mitad acompaña a la gestión, en tanto que otro tanto la cuestiona, reeditando así un panorama similar al que arrojó el ballotage presidencial del 22-N, donde Cambiemos se impuso con 51,3% contra 48,6% del FPV. 

Este fin de semana, el consultor Rosendo Fraga planteó que en la coyuntura se insinúa un punto de inflexión. “La protesta contra el aumento de tarifas del 14 de julio muestra que el Gobierno ha comenzado a perder apoyo en su propia base electoral. La segunda vuelta de la elección presidencial puso en evidencia un país dividido políticamente en dos mitades –la diferencia fue de sólo 2,6– pero también en términos sociales. Resulta claro que la mitad que votó por Mauricio Macri era de clase media y alta, y la mitad que lo hizo por Daniel Scioli, de clase media baja y baja”. Tomemos este análisis como si fuera lineal (Fraga es un consultor de experiencia, por lo cual de seguro no lo es), sólo a los efectos de simplificar la lectura y examinar las implicancias del análisis subsiguiente que hace Fraga. Según la más reciente actualización del Nivel Socioeconómico Argentino (NSE) de la Asociación Argentina de Marketing (AAM), la sumatoria de la clase alta y media alta a nivel nacional alcanza el 23,3%, mientras que la suma de la clase media baja, baja y marginal alcanza el 45,4%. En este análisis extremo (implicaría una alineación del voto por segmento social, en la línea de la tradición sociológica de Columbia, inaplicable de manera esquemática), para llegar al 48,6% del FPV el 22-N, apenas 3,2 puntos porcentuales del 30,8% que tiene la clase media habrían votado al FPV, mientras que el 27,6% restante se habría inclinado por Cambiemos. 

Si en lugar de tomar las magnitudes de la AAM nos inclinamos por las de Delfos a fines de 2015, en las cuales la sumatoria de las clases baja y marginal da 50% y las de la media, media alta y alta otro 50%, entonces implicaría que 1,3 puntos porcentuales de la clase baja habría optado por el candidato de Cambiemos en lugar de Scioli. En cualquier caso, aunque como advertimos el análisis peca de excesivamente lineal, es un ensayo interesante de cara a la interpretación con la que Fraga completa su planteo: “Durante el primer cuatrimestre, los costos del sinceramiento económico recayeron más sobre los votantes de Scioli, siendo la inflación la causa más relevante de ello. En cambio en el tercer bimestre, con el aumento de tarifas, el costo se concentró más en los votantes de Macri, dado que en los sectores de menores ingresos se pagan menos tarifas o no se pagan. La protesta contra el aumento de tarifas se realizó cuando Macri cumplió siete meses en el gobierno. No es una expresión de malestar tan relevante, si se tiene en cuenta que la inflación de los últimos 12 meses es de 42 por ciento y el país lleva tres trimestres seguidos en recesión. Pero es relevante, por tener lugar en el inicio de un gobierno, cuando la disposición y tolerancia de la sociedad siempre es mayor”.

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