lunes, 13 de abril de 2015

El escenario electoral: oficialismo y oposición (2)

Del hecho de que las PASO sean elecciones primarias a padrón abierto, no internas abiertas (y mucho menos internas partidarias “cerradas”) se desprenden consecuencias que enlazan las tendencias de opinión pública con las consideraciones de armado político. Mientras más masiva es una instancia electoral, más gravitan los electores no alineados partidariamente y menos las estructuras, aparatos y militancia; esto implica que las opciones de figuras más “puristas” (entendidas como las más alineadas desde lo discursivo e ideológico, desde el arranque, o doctrinario, en una lectura todavía más densa) pueden “rendir” electoralmente menos que aquellos precandidatos que para las usinas ideológicas resultan menos representativos de una determinada corriente política. Esto sucede porque hay diferencias entre los microclimas internos (más convencidos, y por lo tanto menos susceptibles a los vaivenes y volatilidades de las corrientes de opinión generales) y los macro-climas de opinión, más sensibles a las variaciones de carácter coyuntural. 

Esta dialéctica entre lo “puro” y lo “no puro” en términos de representatividad está muy presente en la discusión interna del oficialismo desde que la muerte de Néstor Kirchner primero, y la ausencia de un atajo constitucional para la re-re de Cristina después, cercenaran, respectivamente, la posibilidad de una sucesión recíproca K-K y el sueño de una “Cristina eterna” (exteriorizado oportunamente por dirigentes del FPV como Diana Conti). Sin un Kirchner al tope de la lista (Alicia nunca mostró una vocación de poder comparable a la de NK y CFK, y Máximo, el hijo presidencial, está lejos de ser una opción madura en términos de opinión pública para el desafío de una carrera presidencial), la condición de candidato “puro” entre las muchas figuras del espacio pan-oficialista deviene materia opinable. Aunque en los microclimas de analistas y cuadros la manera de ajustar el kirchnerómetro puede estar más o menos clara, esas sutilezas le escapan al gran público. La única manera de clausurar definitivamente esa discusión sería una intervención abierta de “la gran electora”, es decir CFK, que aún no se produjo y quizá no se produzca nunca. En ese marco, la mayoría de los estudios coinciden en que la inercia de las tendencias actuales llevaría a una victoria del gobernador bonaerense Daniel Scioli en las PASO dentro del oficialismo, ya sea frente a una o dos listas K “más puras”.  Aunque materialmente persiste la indefinición del candidato del FPV, las encuestas benefician a la figura que más mide en el electorado general, aunque la misma pueda no resultar convincente dentro de los microclimas. 

Por el lado de la oposición, el panorama también muestra indefiniciones, pero pueden reconocerse líneas de fuerza. La UCR aparece atravesada por una paradoja (entre varias): al consagrar la estrategia de impulsar un frente opositor junto con el PRO y la Coalición Cívica, Ernesto Sanz se aseguró enajenarse el apoyo de sectores que en la interna del extinto FAUNEN podrían haber traccionado a favor de un candidato radical en contra de Mauricio Macri. Con esos sectores fuera del frente –GEN, Socialismo, Libres del Sur- y definiendo una candidatura propia del espacio de centroizquierda (liderada por la exradical Margarita Stolbizer), Sanz tiene todas las de perder ante un Macri que lo doblega en las encuestas y tiene mejor llegada al sector independiente que el senador mendocino. Si bien Sanz cuenta a su favor con un aparato territorial extendido en todo el país, es dudoso que, habida cuenta del resultado de la Convención de Gualeguaychú, el mismo se encolumne 100% detrás del senador radical para que este pueda batir a Macri (como vimos en post anteriores, según Enrique Zuleta Puceiro, cerca del 40% podría inclinarse por otras opciones; por otro lado, para el consultor Carlos Fara, la migración a Macri precedió a la Convención). A Fernando de la Rúa le funcionó esa estrategia contra la candidata del Frepaso, Graciela Fernández Meijide, en la interna abierta de 1998, pero ha corrido mucha agua bajo el puente desde entonces: el radicalismo es hoy mucho más débil después de la debacle de la Alianza en 2001; en cambio, el PRO con el liderazgo de Macri es un sello ascendente.  

En ese marco, el planteo del grupo radical que maneja la precandidatura presidencial del senador mendocino -"armar una fórmula de centroizquierda que pelee en las PASO con las precandidaturas de Macri y de Carrió” - parece una humorada, habida cuenta del curso que tomaron los acontecimientos (una suerte de transición de Sanz a Comic Sans). Por la competencia al mejor chiste en esta materia también participó el expresidente Eduardo Duhalde cuando auguró que en esa coalición también estará el justicialismo a través de los precandidatos Sergio Massa y José Manuel de la Sota, cuando es un hecho que el entendimiento con Macri depende centralmente de que le cierren las puertas al tigrense (condición sine qua non para el macrismo), y el perfil que tomó la alianza es francamente adverso al PJ (por el protagonismo de la UCR al interior del frente, más allá de excepciones como el acercamiento Reutemann-Macri en Santa Fe).

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