martes, 21 de abril de 2015

Recapitulando tendencias (2)

La encuesta de Carlos Fara que analizamos en el post anterior incluye, además de un panorama para las primarias simultáneas, abiertas y obligatorias (PASO) de agosto, un diagnóstico de cara a la primera vuelta presidencial en octubre: en ese escenario, Daniel Scioli trepa al 30% de intención de voto, y lo siguen Sergio Massa con 25% y Mauricio Macri con 24%. Los demás candidatos quedan muy lejos de la pelea, pero claramente el que más crece entre los del "podio" es Scioli, quien toma los 6 puntos porcentuales de Florencio Randazzo en las PASO y el punto de Sergio Urribarri, otra de las figuras del espacio pan-oficialista. Así, prácticamente fideliza el núcleo duro del kirchnerismo, que oscila alrededor de un tercio de los electores (piso demostrado en las dos elecciones legislativas que le resultaron más adversas desde que está en el poder, las de 2009 y de 2013).

Esta tendencia confirma que el voto oficialista se alinea con el ganador dentro del espacio; no se advierte, estadísticamente hablando, ningún desgranamiento ni dispersión posterior a las PASO, más allá de los matices diferenciales que en Scioli despiertan la desconfianza del núcleo duro K. Esto es porque, aun con sus matices, Scioli quedaría pos-PASO como candidato del Frente para la Victoria (FPV), con lo cual resulta consistente que el elector que en las PASO votó un oficialista distinto de Scioli, en las generales vote al oficialista que sigue en carrera en lugar de cambiar su voto hacia una figura de la oposición. Ese “alineamiento”, en cambio, es más problemático dentro del espacio opositor, donde la suma aritmética lineal no siempre se da efectivamente entre figuras teóricamente ubicadas dentro del mismo espacio (el ejemplo más claro de esto lo daba el extinto FAUNEN: un elector de Pino Solanas podía estar más cerca de votar una figura de centroizquierda como Margarita Stolbizer, hoy “heredera” de la candidatura de Hermes Binner, que de inclinarse por un radical acuerdista con el PRO como Ernesto Sanz). 

Por supuesto, que Scioli quede finalmente como “el” candidato del FPV depende de supuestos: el primero de ellos, que gane las primarias frente a los demás precandidatos del espacio, circunstancia que depende de que persista una situación de indefinición y competencia abierta entre todas las figuras del espacio que quieran jugar (por la condición de “primus inter pares” que ostenta Scioli al interior del FPV, habida cuenta de las encuestas). En cambio, si el kirchnerismo duro y más específicamente la “gran electora”, CFK (no “primus inter pares”, sino “líder por antonomasia” al interior del kirchnerismo), decidiera jugar abiertamente por otro candidato, o bien “vetar” al gobernador bonaerense, estas tendencias podrían modificarse. Lo cierto es que, tal como están planteadas las tendencias preelectorales hasta ahora, Randazzo y las demás figuras del FPV alternativas a Scioli necesitarían que se produzca un vuelco sustancial en las encuestas para tener chances de batir a Scioli en las PASO. Hoy, y desde hace tiempo, el gobernador bonaerense es el que aparece en mejores condiciones de quedarse con la “llave” oficialista.

Donde persiste la incógnita, a tenor de la la encuesta de Fara, es respecto a la definición de la “llave” opositora. El empate técnico entre Massa y Macri en las PASO se repite en la general, con lo cual no está claro quién sería el contendiente de Scioli para la eventual segunda vuelta de noviembre, de acuerdo a ese estudio. En cambio, según la última encuesta nacional de Poliarquía, el panorama es un poco diferente: en ese estudio, Scioli vuelve a ubicarse para las generales en la zona de los 30 puntos en que lo situó Fara (33,4%, para ser más precisos), lo cual lo confirma como el candidato individualmente más votado. La diferencia está en la pelea por el segundo lugar: según Poliarquía, hay ventaja de Macri (27,3%) sobre Massa (20,1%), con lo cual el líder del PRO tendría más chances de pasar a segunda vuelta contra Scioli.  

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