miércoles, 29 de abril de 2015

Elección nacional y tendencias distritales (2)

El “premio consuelo” del oficialismo en Capital Federal fue que el precandidato “preferido”, Mariano Recalde, se impuso en las primarias con comodidad al interior del FPV por sobre las figuras alternativas de ese espacio. Sin embargo, eso resultó muy magro ante la doble constatación de que el titular de Aerolíneas quedó cuarto en el orden general (por detrás de Horacio Rodríguez Larreta, Gabriela Michetti y Martín Lousteau) y que el frente en su conjunto logró menos votos que Daniel Filmus en los anteriores comicios de 2011, cuando cosechó un 27,7% de los votos. Si bien ese año no hubo primarias, instancia con la cual procedería la comparación lineal, haber quedado a 10 puntos de distancia de Filmus marca todo lo que el FPV de Capital tendría que crecer para redondear una elección aceptable en ese distrito.

Así, pasando en limpio las líneas de fuerza identificadas en el post anterior y los resultados electorales en los 5 distritos que han votado en primarias o comicios de gobernador hasta ahora, vemos que: 1) el PJ aliado al gobierno nacional y el kirchnerismo “puro” se necesitan mutuamente para mantener el poder. La provincia de Salta lo prueba en sentido positivo y Mendoza (donde la lista “camporista” fue separada de la del PJ gobernante) lo prueba en sentido negativo. 2) Si algún estratega de campaña oficialista piensa que es sostenible ir a las primarias nacionales con superabundancia de precandidatos K, Capital Federal demostró que eso es un error en toda la línea. Con 7 figuras, el candidato más votado, Recalde, aun favorecido por el “dedo presidencial”, quedó cuarto cómodo y el frente tercero en la general. En este caso, el refrán “lo que abunda no daña” evidentemente no aplica y sería más sensato aplicar la “chuchilla” de Occam: no multiplicar innecesariamente las entidades (en este caso, los precandidatos). 

En tercer término, si el FPV define sus candidatos por el "kirchnerómetro" (los microclimas ideológicos altamente politizados, necesarios en la conducción pero riesgosos a la hora de construir mayorías electorales) en lugar de hacerlo en función de una estrategia política alimentada (insistimos: alimentada, no menguada) por las encuestas, corre serios riesgos de transformarse en el FPD, lo que implicaría renunciar a la vocación de ganar la elección (movida que tendría como efecto un seguro alejamiento de gran parte del PJ que hoy es aliado del oficialismo). Es por esto que en el FPV cotizan en alza las acciones de Daniel Scioli y en baja las de las figuras alternativas al gobernador bonaerense: pese a la entendible resistencia que el kirchnerismo duro muestra respecto a la figura de Scioli, los microclimas que no generan candidatos competitivos no ganan elecciones; en cambio, el bonaerense puntea la mayoría de las encuestas y se impone a los demás referentes del FPV. 

Como ya lo analizó Manuel Mora y Araujo, “la Cámpora no tracciona votos, el kirchnerismo puro se condensa en la imagen personal de la presidenta y no se proyecta al plano electoral, para ser electoralmente competitivo lo necesita a Scioli y a dirigentes locales con sus mismas características. Eso, que se viene reiterando en los distintos distritos donde ya se votó, fue ratificado en la jornada de ayer tanto en la Ciudad de Buenos Aires como en Neuquén. Al peronismo -algo que no es nuevo- le cuesta seducir al electorado de las ciudades grandes del país, y en el resto del territorio andan bien los candidatos moderados, los que se alinearán detrás de la candidatura de Scioli”. Mutatis mutandis, esto que limita las posibilidades electorales de Recalde en Capital Federal también lima las chances del principal contrincante interno de Daniel Scioli al interior del FPV, Florencio Randazzo: el avión tendría que ganar altura muy rápido para que Recalde tuviera alguna oportunidad en las elecciones y el tren de Randazzo debería acelerar demasiado para que el ministro lograra suficiente competitividad. En este marco, que Cristina Fernández se haya mostrado prescindente cuando en Rusia le preguntaron cuál era su precandidato favorito al interior del espacio pan-oficialista no define el escenario en sentido positivo en favor de ninguno, pero por omisión beneficia a una inercia preexistente en la cual Scioli corre con ventaja. 

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