miércoles, 22 de julio de 2015

Un análisis FODA de Daniel Scioli y Mauricio Macri (1)

El análisis FODA es una técnica tomada del marketing comercial y adaptada al campo de la opinión pública. Consiste en una caracterización de fortalezas (F), oportunidades (O), debilidades (D) y amenazas (A) de los principales candidatos, de su propia fuerza y de los adversarios. Una rápida aplicación de este esquema (no pretendemos agotar el tema aquí) a los principales candidatos presidenciales hoy, Daniel Scioli y Mauricio Macri, revelaría que ambos cuentan entre sus fortalezas con gestiones para mostrar (Scioli en provincia de Buenos Aires, Macri en ciudad de Buenos Aires), amplios niveles de conocimiento a nivel nacional como dirigentes y sellos con pregnancia en la opinión pública (PJ-FPV y PRO, respectivamente). Como debilidades, Scioli encontraba hasta hace poco resistencia en los núcleos K duros (problema menguante, a tenor de lo que señalan las encuestas), en tanto que Macri adolece de una débil implantación territorial fuera de su bastión, la Capital Federal (déficit que, en parte, podría paliar su frente con la UCR “acuerdista” liderada por Sanz, que se impuso en la Convención de Gualeguaychú).

En un post reciente citábamos la encuesta de Management & Fit, según la cual 60 % del electorado se inclina por "la continuidad del modelo con algunos cambios. Si se divide el escenario electoral en tercios, uno quiere un cambio total, otro  quiere continuidad con profundización y otro continuidad con cambios: "en este último tercio está la definición de la elección", según Mariel Fornoni, directora de esa consultora. Esta afirmación coincide con la hipótesis de los tres tercios expuesta varias veces en este blog, y que en rigor es el plexo que explica por qué la mejor candidatura con la que contaba el FPV era la de Daniel Scioli y no la de Florencio Randazzo, más ligado a una continuidad sin matices, aun sin llegar a ser “K pura”. Mientras Mauricio Macri lidera claramente el segmento que quiere el cambio, Randazzo sólo podía disputar con Scioli el de la continuidad y profundización del modelo y tenía pocas chances de competir por el de la continuidad con cambios (mucho más permeable a la candidatura del gobernador bonaerense). 

Además de M&F y Fara, otra consultora indagó recientemente por la alternativa de cambio o continuidad: Aresco, de Julio Aurelio. Según ese estudio, el 41,8% quiere un presidente que represente un cambio de modelo, mientras que un 17,2% quiere un presidente que represente una continuidad sin cambios y un 33,5% aspira a un presidente que represente una continuidad con cambios. Así, los que hablan de continuidad (con los dos matices expuestos) suman 50%. Aquí hay una buena oportunidad para Macri: aún puede subir en las encuestas, hasta casi un 42% (sobre los menos de 30 puntos porcentuales que mide para las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias, PASO, y sobre los poco más de 30 puntos que mide, en promedio de las diversas encuestas, de cara a las generales de octubre). Si las tendencias de Aresco están bien orientadas, entonces el segmento del cambio es más de un tercio del electorado. 

Sin embargo, los datos de Aresco también ponen de manifiesto una amenaza para Macri: ese 41,8% puede ser su techo, contra una corriente de continuidad que está en el orden de una ajustada mayoría electoral (50,7%, si bien con un casi 10 puntos porcentuales menos que en la encuesta de Management & Fit que citamos antes). Esto marcaría, en sentido contrario, el techo de Scioli (ya que aún un 7,5% que no se define, que resulta clave si lo hiciera en uno u otro sentido). En ese marco, algunos analistas destacan que si bien en los últimos meses la campaña de Macri se asentaba en que la premisa de que la mayoría del electorado quiere un cambio (de ahí que el frente dentro del cual es el candidato opositor más votado se llama Cambiemos), más recientemente el discurso del jefe de gobierno porteño se transformó y habla menos de cambio de modelo y más de cambio cultural (el discurso del domingo pasado, después del magro triunfo en el ballotage de Capital Federal, representó un nuevo -y problemático-giro discursivo). Del mismo modo, es palpable que el discurso de Scioli hoy es más de continuidad que de continuidad con cambios, dado que de cara a las primarias le resulta clave fidelizar el voto del núcleo duro K. Sin embargo, mantiene sus matices cada vez que puede, ya que eso le resulta necesario para captar al segmento electoral que demanda continuidad con cambio, vital de cara a la primera vuelta presidencial; de ahí las apelaciones de su discurso a que la etapa que viene es la del “desarrollo”. 

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