viernes, 12 de febrero de 2016

El impacto de la agenda económica en la opinión pública (2)

En el post anterior repasábamos datos y análisis de consultores sobre la coyuntura. Además de los ya citados, hay dos analistas que que comparten una mirada particularmente crítica del punto que estamos examinando, es decir el impacto de la agenda económica sobre la opinión pública. Artemio López, titular de la consultora Equis, se refirió al actual gobierno con el término de “ceofascismo”, que combina la designación en altos puestos del gobierno de ejecutivos del máximo nivel con autoritarismo. “Los veo desplegando rápido y con furia un severo ajuste neoliberal ortodoxo, cuyo objetivo central es incrementar la tasa de ganancia media empresaria, a través de la baja salarial, abrir la economía y reanudar el ciclo de endeudamiento externo. La novedad consiste en que el ajuste ya no lo lleva adelante el Partido Militar como en los años setenta, ni representantes de partidos históricos como la UCR o el PJ como ocurrió en el último cuarto del siglo pasado. Lo implementa una nueva coalición conservadora bajo el liderazgo de Macri, retazos de partidos históricos como acompañantes y la gestión de gobierno en manos de CEO de empresas, el ceofascismo como lo caracterizan algunos líderes opositores”

Más allá de la dureza de la crítica, adviértase que la mirada de López detecta vasos comunicantes entre el ajuste de Macri y el de otros antecedentes históricos, pero a la vez le reconoce novedad histórica en términos de proceso (a contrapelo de discursos "reduccionistas"). Por su parte, Carlos De Angelis, titular del Centro de Opinión Pública y Estudios Sociales de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA), marca la tensión entre la agenda política del nuevo presidente y el paquete económico que lleva adelante. “Por un lado se propuso como el hombre del consenso, la unidad de los argentinos y del desarrollo racional, durante la campaña, y, por el otro, aparece como el hombre que viene a deskirchnerizar a la Argentina restaurando un orden mítico perdido. El conjunto de medidas tomadas y por tomar es visto por parte de la ciudadanía como necesarias para enderezar y poner en marcha el barco. Sin embargo, el impacto futuro será la baja en promedio de los salarios en dólares. La pregunta que sobrevendrá es si se sostendrán los apoyos de los sectores medios (principales soportes electorales) cuando identifiquen el descenso de su capacidad de consumo”

Así, estos análisis remarcan la centralidad de la agenda económica en la evaluación política de la coyuntura. En este marco, las cifras de Management & Fit que citamos en el post anterior (reportando un 49% por ciento de aprobación para la gestión de Macri y un 47% de desaprobación) suponen una luz amarilla, ya que perfilan un margen de consenso muy estrecho para un gobierno que aún no cumplió sus primeros 100 días, período de “luna de miel” con que teóricamente (y tradicionalmente) contaba toda nueva gestión. Esta línea interpretativa se consolida en la comparación de datos de encuestas de M&F en diciembre de 2015 (ver datos arriba) versus enero de 2016 (ver datos abajo), que también arrojan deslizamientos desfavorables en las imágenes de los dirigentes del PRO/Cambiemos: Mauricio Macri cedió puntos de imagen positiva, pasando de 56,6% a 49,8% (la suma de muy buena y buena baja 6,8 puntos porcentuales), en tanto que la regular pasó de 15,8% a 22,7% y la negativa de 21% a 22,3%. 

Como puede advertirse, los puntos cedidos en imagen positiva se transfieren más a la regular que a la negativa (cuyas variaciones no son estadísticamente significativas). Por otra parte, aunque se trata de variables distintas, resulta sugestivo que la imagen positiva de Macri de 49,8% coincida casi exactamente con la aprobación de gestión del 49% que reporta M&F. Asimismo, similar merma en imagen se percibe en los guarismos que la consultora registró en otros dirigentes del oficialismo: en el caso de la gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, de la imagen positiva (medida igual que en el caso de Macri),  pasó del 57,4% a 51,6% (una merma de 5,8 puntos porcentuales), mientras que la regular pasó de 15% a 19,9% y la negativa de 9% a 15,3%. Para el caso de la vicepresidenta Gabriela Michetti, la positiva pasó de 54,2% a 41,6% (una merma de 12,6 puntos porcentuales), en tanto que la regular pasó de 18,4% a 27,5% y la negativa de 12,8% a 17,5%. Finalmente, en el caso del jefe de gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta, la positiva pasó de 43,1% a 40,8% (una merma de apenas 2,3 puntos porcentuales, es decir, estadísticamente no significativa), en tanto que la regular se mantuvo en 19% y la negativa en casi 16 puntos. En síntesis, aunque a tenor de estas cifras no puede decirse que el rigor de la gestión haya mellado seriamente la imagen de las principales figuras del oficialismo (todas las que citamos son del riñón PRO), ya comienza a insinuarse cierto desgaste en ellas, con la excepción de Rodríguez Larreta. 


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