viernes, 11 de marzo de 2016

De “Macrix recargado” al “efecto sinceramiento” (2): convergencia de variables

Decíamos en la entrada anterior que en enero de 2016 el  panorama de la opinión pública arrojaba una divergencia entre la confianza en el gobierno (plano político) y la confianza en el consumo (plano económico), ya que las variables aparecían relativamente desconectadas. Concluíamos que la experiencia histórica enseña que esa bifurcación no puede prolongarse indefinidamente en el tiempo, como confirman mediciones más recientes que vienen mostrando una progresiva convergencia y sinceramiento hacia la baja de los indicadores de gestión y expectativas del gobierno nacional. La primera alerta en esa línea había aparecido en el estudio realizado por el CEOP al cumplirse los primeros 60 días del nuevo gobierno: allí, por primera vez los insatisfechos con la gestión del presidente Mauricio Macri superaban a los satisfechos: 49% contra 48%. Si bien la diferencia no era estadísticamente significativa, ese empate técnico con tufillo negativo angostaba el consenso ya exiguo que había mostrando antes una encuesta de Management & Fit. 

La segunda alerta la había marcado una encuesta de Ibarómetro que también citamos oportunamente en este blog: allí, una indagación en las percepciones sobre el futuro del país arrojaba que un 47,1% tenía "sentimientos negativos", contra 44,3% que tenía sentimientos “positivos”; así, los pesimistas superan en casi 3 puntos a los optimistas. Nuevamente, la diferencia es estadísticamente no significativa, pero se confirma la tendencia hacia el cambio de signo, y el contraste con diciembre de 2015 es particularmente ilustrativo, ya que ese mes la relación era 37,9% (una suba del pesimismo de 9,2 puntos porcentuales) y 59,4% para el optimismo (cayó 15,1 puntos porcentuales). El “sinceramiento” que lleva adelante el gobierno, escribíamos entonces, parece estar permeando en el estado de ánimo, lo que insinuaba el fin de la “luna de miel”. Profundizando en las emociones con que se identificaban los argentinos ante la pregunta "¿Qué sentimiento le inspira el futuro del país?", un 22,1% sentía incertidumbre, 20% temor, 2,6% resignación y 2,4% indiferencia (un acumulado del 47,1%). Entre los optimistas –44,3%–, la esperanza era el sentimiento que se imponía, con 33,4%, seguido muy por detrás por entusiasmo (6,3%) y tranquilidad (4,6%). Podía apreciarse ahí el peso residual de lo que venimos llamando “pensamiento desiderativo” dentro de quienes mantenían un estado anímico positivo. 

Este empeoramiento relativo es confirmado por estudios más recientes. A propósito de su última encuesta, el consultor Hugo Haime evaluó que “el clima social cambió, la bronca y el desánimo hoy superan a la esperanza”, aunque también aclaró que los números están “lejos de la marcada negatividad registrada durante los últimos cuatro años”. Gran parte de este cambio en el estado de ánimo pasa por el impacto de la agenda económica, dado que entre los temas que más preocupan, la inflación sigue ocupando el primer lugar, con expectativas de que llegue al 45% este año. “Sólo cuatro de cada diez (42%) personas piensa que el gobierno está tomando medidas para combatir a la inflación y algo más de cinco (53%) piensan que no lo está haciendo”, indica el informe de Haime. El especialista plantea que en la aprobación las medidas del Gobierno, las vinculadas con lo económico y lo social tienen un saldo negativo, a diferencia de otras medidas de carácter más estrictamente político, lo que confirma una relativa divergencia residual, con fecha de vencimiento cada vez más próxima. En palabras del consultor Federico Aurelio (Aresco), "hay una preocupación creciente por la situación económica y lo más importante es cómo el Gobierno logra dar tranquilidad (…)"En lo que es imagen, todavía tiene la protección del tiempo lógico que la gente le da a un gobierno nuevo, pero no es ilimitado. Y en expectativas está por abajo de lo normal para un gobierno que inicia su gestión”.


El impacto de la agenda económica queda también puesto de manifiesto por el más reciente estudio de Management & Fit difundido a fines de febrero, a partir de 2.000 casos relevados entre el 11 y el 15 del mes pasado, en todo el país.  En ese estudio, el 35% cree que la economía del país estará "mejor o mucho mejor" en los próximos meses. El 40,2% cree que estará "peor o mucho peor". Es decir que los pesimistas superan a los optimistas por 5 puntos porcentuales, una diferencia que ya es estadísticamente significativa (a diferencia de los 3 puntos o menos de los estudios citados antes). Además, el 26,2% cree que su economía personal estará "mejor o mucho mejor" en los próximos meses, contra un 39% que cree que estará "peor o mucho peor": aquí la diferencia entre pesimistas y optimistas es aún más abultada, de 12,8%, es decir casi 13 puntos porcentuales. Y, también pertinente, un 62,3% cree que los aumentos salariales de este año "no superarán la inflación", contra un 15,8% que considera que "sí" lo harán. En síntesis, en la medida en que la agenda económica va permeando la política, se puede conjeturar que habrá una convergencia entre los indicadores de confianza de consumo que ya venían en caída desde enero y aquellos de confianza en el gobierno que aún se mostraban relativamente robustos. 

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