viernes, 4 de marzo de 2016

La gravitación del componente clasista (3)

 “Si los hombres definen las situaciones como reales, estas son reales en su consecuencias", reza el teorema de Thomas (insuperable en su formulación, que combina sociología con psicología social). Efectivamente, existe una alta probabilidad de que las definiciones del kirchnerismo y del macrismo que surgen de la encuesta de Ibarómetro respecto a cuáles son las clases sociales más favorecidas por los programas políticos de esas fuerzas hayan gravitado en el comportamiento electoral de estos últimos años y que, por ejemplo, la condición percibida de “jamón del sándwich” por parte de la clase media haya inclinado su voto en un sentido más favorable al cambio que a la continuidad. Sin embargo, pese a la fuerza indudable de las percepciones, la virtud de los datos estructurales es superar el terreno de la percepción y las creencias acerca de a qué clases sociales favorece más un gobierno (y, por implicancia, cuáles son las clases relegadas en cuando a beneficios) por un análisis empírico de los movimientos verificados en el plano de la estructuración de los niveles socioeconómicos durante una gestión o varias.

Así, como vimos, la comparación con el año 2006 (cuando la Asociación Argentina de Marketing renovó el índice de nivel socioeconómico, NSE) y el año 2015 arroja un neto crecimiento de la clase media y una reducción de la clase baja durante esos 8 años de gobiernos kirchneristas. La clase media típica (C3) creció del 24% que registraba en 2006 (presidencia de Néstor Kirchner) hasta el 30% a fines de 2015 (cierre de la gestión de CFK), es decir 6 puntos porcentuales. En sentido contrario, la  sumatoria de las clases baja y marginal (D2 + E) pasó del 24 en 2006 al 19% en 2015, esto es, se achicó 5 puntos porcentuales. En la medida en que la clase alta top (ABC1) apenas varió en 9 años (pasó del 6% en 2006 al 5% en 2015) y lo mismo se percibe en la media alta (C2, pasó del 14% en 2006 al 15% en 2015) y la media baja (D1, varió del 32% en 2006 al 31% en 2015), la lectura este período arroja que la pirámide del NSE a nivel nacional acusa un proceso de movilidad social ascendente, con crecimiento de la clase media y reducción de la pobreza, de lo que resulta una menor polarización social relativa. 

Así, contrastando esos datos estadísticamente robustos (recordemos que la información correspondiente al año 2006 surge del estudio de la Asociación Argentina de Marketing/AAM, en tanto que los del 2015 fueron obtenidos a partir de 9.310 casos relevados de manera domiciliaria en una encuesta de alcance nacional realizada por la consultora Delfos) con las percepciones de a qué clase social favoreció el kirchnerismo, diríamos que la creencia de que favoreció a la clase baja está bien orientada (39,5% de las respuestas mencionan esa opción), en la medida en que parte de la baja pudo subir a la media. En cambio, la creencia de que el kirchnerismo favoreció más a la clase alta (27,1%) que a la media (18,1%) no encuentra sustento en los datos, ya que los niveles alto y medio alto no registran variaciones estadísticamente significativas mientras que, al contrario, la clase media creció y se consolidó.  

La movilidad social ascendente que arrojan estos datos es la que alimenta el relato K en referencia a la “década ganada”. Asimismo, el contraste que el discurso kirchnerista hace con la “herencia recibida” en el 2003 alimenta la autosuficiencia del discurso del FPV (que tanto irrita en términos político-electorales a los sectores que le dieron la espalda en las elecciones del 2015). Si tratamos de superar las percepciones para apoyarnos en los datos duros que le subyacen, mirar la pirámide de niveles socioeconómicos del país que recibió el kirchnerismo en 2003 (a fines de mayo de ese año se iniciaba el mandato presidencial de Néstor Kirchner) obliga a una prudencia en el análisis, toda vez que los parámetros que entonces utilizaba la AAM para estructurar esos niveles eran diferentes de los actuales, lo cual implica ciertos matices a la hora del “empalme” o comparación de los datos. Hecha esta salvedad, eso no oculta que el país del 2002 mostraba sin dudas un panorama de crisis social, contra el cual la Argentina del 2015 gana en la comparación: ese año, el nivel alto alcanzaba al 10% del total (el doble de “ricos” que el año pasado, con un 5% de ABC1), el medio alto otro 10% (contra 15% del C2 en el 2015),  el medio típico 10% (un tercio del 30% de C3 del año pasado), un 30% de bajo superior (contra un 31% de D1 el año pasado; aquí la variación sería mínima) y un 40% de bajo inferior y marginales (contra un 19% de D2-E el año pasado). Contra la foto del 2002, el balance del 2015 es, más allá de matices de empalme estadístico y metodológico, sin dudas mejor. 

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