martes, 1 de marzo de 2016

La gravitación del componente clasista (2)

Los analistas de Ibarómetro hacen la siguiente lectura respecto al dato de que casi un 45% de los argentinos percibe que el macrismo favorece a la clase alta. “A lo largo de su inteligente y disciplinada campaña, el PRO había suavizado los prejuicios que lo sobrevuelan desde su origen: el sesgo de clase de su staff y de sus políticas. El deterioro del entorno económico y sociolaboral vuelve a debilitar el aspecto social del PRO; tal es así que de las cuatro cláusulas del contrato electoral sólo ´reducción de pobreza´ suscita una evaluación deficitaria. Por el momento, extendidas percepciones negativas del entorno económico no son incompatibles con una buena evaluación del Gobierno, pero si tales preocupaciones se acentuaran comenzarán a lesionar la imagen del gobierno y sobre todo impactarán sobre su identidad y posicionamiento. Mediante una audaz virilidad decisionista, el PRO evaporó en un mes los fantasmas de la gobernabilidad pero mientras tanto descuidó y alimentó las caracterizaciones que lo señalan como un ´Gobierno de ricos para ricos´(…) La economía tiene intermitencias, pero la identidad de un Gobierno se graba en el imaginario de manera menos oscilante. En la orientación percibida de su hoja de ruta reside el principal desafío del nuevo Gobierno".

Vale la pena enfocar cómo aquella percepción tiene matices, según se acompañe o no la gestión del gobierno nacional encabezado por Mauricio Macri: entre quienes la aprueban, el 51% cree que el macrismo favorece a la clase media, 19% que favorece a la clase alta y 15% que favorece a la baja (15% no sabe o no contesta). De aquí se infiere que los “guiños” o medidas que el presidente Mauricio Macri apunte a ese segmento serán vitales para morigerar el “sesgo hacia las clases acomodadas” del 45% que se percibe a nivel general, dado que entre quienes desaprueban la gestión Macri esa tendencia está cerca de la unanimidad: 87% percibe que el macrismo favorece a la clase alta, contra sólo 4% que lo ve a favor de la media y 5% que lo percibe favorable a la clase baja (4% se refugia en la respuesta no sabe/no contesta). En este marco, que el propio ministro de Trabajo de la Nación Jorge Triaca haya admitido que con la modificación del mínimo no imponible del Impuesto a las Ganancias anunciada por Macri habrá más personas que tendrán que pagar el impuesto (también reconoció que los cambios introducidos fueron "insuficientes") augura tensiones que el presidente tendrá que administrar y procesar cuidadosamente si no quiere menguar su actual nivel de apoyo o, peor aún, erosionar una porción significativa de la base electoral que lo acompañó en el ballotage del 22-N. 

Asimismo, es relevante enfocar cómo opera la percepción respecto del kirchnerismo. Citábamos en la entrada anterior que casi el 40% percibía que el FPV favorecía a la clase baja, 27% que beneficiaba a la alta y apenas 18% a la clase media. Esta percepción general es bien diferente a la del macrismo, cuyo impacto clasista percibido encuentra un pico en la alta y va desciendo conforme bajamos en el nivel socioeconómico considerado. En el kirchnerismo, la curva tiene forma de “U” asimétrica, con pico en la clase baja, y la clase media queda como “jamón del sandwich”, por usar una metáfora frecuente. A la hora de los matices según se avale o no la gestión del actual gobierno nacional, entre quienes aprueban, el 39% cree que el kirchnerismo favorece a la clase alta, 28% que favorece a la clase baja y sólo 14% que favorece a la media (19% no sabe o no contesta). En cambio, entre quienes desaprueban la gestión de Macri (por implicancia, se puede presumir entre ellos cierta cercanía al FPV), el 63% percibe que el kirchnerismo favorece a la clase baja, marcando así un claro sesgo “popular” (11% de ellos creen que favorece a la clase alta, 22% que beneficia a la media y 4% no sabe o no contesta). 

Está claro que en todos estos casos estamos en el terreno de la percepción, es decir, de las creencias acerca de a qué clases sociales favorece más un gobierno (y, por implicancia, cuáles son las clases relegadas en cuanto a beneficios). Ahora bien, existen posibilidades metodológicas de medir el impacto de una gestión en términos de estructuración de la pirámide de niveles socioeconómicos, como hemos visto ya en este blog en post anteriores, de los que vale la pena recuperar datos clave. La comparación con el año 2006 (cuando la Asociación Argentina de Marketing renovó el índice de nivel socioeconómico, NSE) y el año 2015 arroja un neto crecimiento de la clase media y una reducción de la clase baja durante esos 8 años de gobiernos kirchneristas. El dato surge del evolutivo que muestra la clase media típica (C3) creciendo del 24% que registraba en 2006 (presidencia de Néstor Kirchner) hasta el 30% a fines de 2015 (cierre de la gestión de CFK), mientras que la sumatoria de las clases baja y marginal (D2 + E) pasó del 24 en 2006 al 19% en 2015. La información correspondiente al año 2006 surge del estudio de la Asociación Argentina de Marketing (AAM), en tanto que los del 2015 fueron obtenidos a partir de 9.310 casos relevados de manera domiciliaria en una encuesta de alcance nacional realizada por la consultora Delfos, con un error muestral de +-1% (ver gráfico arriba; click para agrandar). Así, este dato “no perceptivo” (no se construye a partir de las creencias, sino de variables estructurales) confirma una movilidad ascendente favorable a las clases media y baja durante la era K. 

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