martes, 22 de febrero de 2011

Luces y sombras del panorama económico (1)


Empecemos por las luces:

La expectativa económica de los argentinos es récord: el índice elaborado por la Universidad Católica Argentina (UCA) reveló que creció 4,5% la confianza de los ciudadanos respecto a fines de 2010, llegando a 108 puntos en la última medición. El registro es la mejor marca en tres años y "el valor más alto del índice de los últimos 35 meses, 25% por encima del nivel correspondiente al mismo período del año pasado" destaca el reporte. De esta manera, las expectativas de los argentinos se recuperaron de la drástica caída desatada en 2008 (a raíz del conflicto con el campo) y luego de la crisis internacional del 2009 (año en el que alcanzó su mínimo histórico de 76 puntos, con una variación anual negativa de 15%).

En 2010, el IGEE revirtió la tendencia observada en los dos años anteriores y alcanzó un promedio de 95 puntos, con una mejora de 16% con respecto a 2009. En este sentido, los 108 puntos alcanzados en enero de 2011 son consecuencia principalmente de la confianza de los consumidores respecto a la oportunidad de compra de bienes durables, así como la seguridad en su situación económica actual y futura: en el primer mes del año, esos subíndices que componen el IGEE registraron significativos aumentos con respecto a la última medición. El subíndice Situación Actual alcanzó un valor de 120 puntos (+ 4,3% de variación mensual y + 30,9% interanual); el subíndice Situación Futura registró 86 puntos (+ 3% respecto al relevamiento de diciembre y +13,4% en relación al valor observado un año atrás). Ambos subíndices alcanzaron los valores más altos de los últimos 35 meses. Por su parte, el subíndice Compra registró en enero su máximo histórico con 127 puntos (+ 6,5% respecto a la medición anterior y + 32,4% interanual).

En lo que respecta a la compra de bienes durables, 34% de los entrevistados opinó que no es un buen ni mal momento, 30% consideró que es un mal o muy mal momento y 28%creyó que es un buen o muy buen momento. Asimismo, la mayoría de los argentinos está confía en la estabilidad de sus ingresos: 58% de los argentinos considera que éste será igual que el actual, mientras que 25% sostiene que aumentará y 12% que disminuirá.

Estos datos confirman una tendencia que consolida la recuperación poscrisis y anticipa un año de confianza en el crecimiento, con estabilidad. Más allá de las cifras, un elemento cualitativo diferencial que surge es que los argentinos sostendrán el nivel de consumo con cautela, en tanto persista la suba de los salarios acompañando el ritmo general de crecimiento de la economía.

Esto marca un matiz distinto al patrón de consumo que mostró la década del ´90 y sugiere que los argentinos hicimos cierto aprendizaje de la crisis del 2001: aunque algunos analistas sugieren lo contrario, el fuerte boom del consumo actual no ha generado un incremento sustantivo en la deuda de las familias argentinas (ni tampoco en las cordobesas). De hecho, un análisis del stock de préstamos de los bancos otorgados a trabajadores en relación de dependencia realizado por especialistas del Ieral (Fundación Mediterránea) arroja que el endeudamiento bancario de los asalariados formales cayó en los últimos años: en Córdoba, si se divide el stock de préstamos de los bancos a los asalariados por los puestos de trabajo formales declarados al sistema nacional de jubilaciones, arroja a nivel local un endeudamiento promedio de 1,6 sueldo mensual al 3º trimestre de 2010, valor que representa una caída de 12,5% respecto al nivel de un año atrás y una baja mucho más importante con relación a 2001 (año en que cayó la convertibilidad), cuando cada trabajador formal en la provincia debía alrededor de cuatro sueldos a los bancos. A nivel nacional, esos indicadores son algo más elevados, pero la tendencia es similar: de un endeudamiento promedio de cinco sueldos en 2001, el nivel se redujo a 2,3 salarios en 2010.

A comienzos de la década, el endeudamiento bancario promedio de un asalariado se aproximaba a cinco meses de su sueldo a nivel nacional. “Luego de la crisis de 2001, de la destrucción de préstamos y del inicio del proceso de recuperación del empleo, el nivel de endeudamiento promedio desciende a menos de dos sueldos”, comparó María Luz Vera, economista de Ieral-Fundación Mediterránea. Es decir, el actual es un modelo donde el consumo es macroeconómicamente más sustentable que durante la década del ´90: para Andres Méndez, director de la consultora AMF Economía, este modelo de consumo tiene límites amplios, porque a los argentinos no se les terminó el margen para endeudarse. “El 75% de los 9,2 millones de deudores debe menos de $ 10.000” remarcó.

En el mismo sentido, el ritmo de expansión de los préstamos a este segmento también se redujo desde los mejores años de la década (2006 a 2008), aunque es superior al ínfimo crecimiento de 2009. En esos años, el crédito a los asalariados se expandía a un ritmo cercano al 60 por ciento interanual. En 2010, el crecimiento no llegó al 30 por ciento en términos nominales. Otro dato que ratifica la mayor sustentabilidad relativa del modelo es el mismo logró alcanzar un porcentaje más alto de trabajadores formalizados respecto a la década menemista, donde el paradigma pasaba por la flexibilización (y precarización) laboral.

Semanalmente se suman indicadores que apuntan a un sostenido nivel de actividad comercial, dan cuenta de récords de ventas de distintos productos y reflejan el buen clima de confianza. Las consultoras económicas ubican el crecimiento del consumo privado para 2011 entre un 5 y 6%, porcentajes que, afirma el Banco Central (BCRA) lo posicionan como “el mayor impulsor del crecimiento” del producto bruto interno (PBI), mostrando una dinámica que va mucho más allá de un "efecto rebote", haciendo que incluso los analistas más escépticos (cuando no agoreros) revisen sus pronósticos de enfriamiento, como admitió recientemente Luciano Cohan, ex economista jefe de Analytica y actual consultor independiente ("la verdad es que estoy sorprendido. Yo era de los que esperaba un amesetamiento en la actividad y en el consumo. Pero las cifras de los últimos meses me llaman la atención", dijo).

En este panorama francamente optimista (al menos en el horizonte anual)las elecciones presidenciales, a diferencia de lo que ha sucedido en otras épocas, no arrojan incertidumbre sobre el crecimiento del país. “Las elecciones se van a producir en el marco de una economía que está razonablemente bajo control, a diferencia de otras elecciones, donde había una gran incertidumbre institucional y política”, opinó Aldo Ferrer, para quien las presidenciales no modificarán el cuadro de consumo. Por su parte, el economista Miguel Bein considera que "pareciera que nos aprestamos a vivir la primera transición política en décadas sin la espada de Damocles de la devaluación, el default o la hiper". Andres Méndez se atrevió a ir aún más lejos y afirmar que como las condiciones favorables para el consumo están instaladas, difícilmente el modelo muestre un viraje de cara a 2012: “no se va a votar a un candidato que diga que esto se corta”.

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