jueves, 21 de julio de 2011

Oficialismos con ventaja: hipótesis y discusión (2)


Otro analista que hizo su aporte a esta discusión fue José Curiotto, en el diario El Litoral: "Presentar los guarismos de las elecciones porteñas como un adelanto de lo que ocurrirá en octubre podría representar un error. Es que, además del núcleo duro kirchnerista (que en ese distrito votó a Filmus), al menos hasta hoy el gobierno sigue captando la preferencia de parte del sector independiente o apolítico, que no encuentra alternativas viables en una oposición desgranada, cargada de contradicciones, protagonista de luchas por un poder que ni siquiera tiene. Esa franja -que sigue siendo la que define elecciones en la Argentina- parece poco dispuesta a cambiar. No sólo porque la oposición no logra salir a flote de sus propias miserias, sino porque difícilmente una sociedad pueda resistirse a las mieles del consumo. Sobre la Argentina no sobrevuelan -al menos todavía- vientos fuertes de cambio. Por ese motivo, los porteños ratificaron a Macri (....) En lo que va del año, sólo los catamarqueños optaron por renovar la política. En Santa Fe, todo indica que el FPCyS mantendrá el poder".

"Existen distintas razones que llevan a los votantes a modificar el rumbo. La primera -y más evidente- se produce frente a problemas graves: el menemismo perdió cuando ya no le fue posible disimular la corrupción generalizada y cuando la convertibilidad languidecía. La Alianza lo hizo cuando quedaron en evidencia sus contradicciones y por la decisión de mantener con respirador artificial una convertibilidad con muerte cerebral. La segunda razón aparece por el cansancio de un electorado que, simplemente, busca renovar el aire debido al paso del tiempo: en 2007, la mayoría de los santafesinos votó por el cambio después de 23 años. En bastiones radicales, ganaron los peronistas. Donde había peronistas, llegó el Frente Progresista. El caso de Chile resultó paradigmático y demostró que el electorado también puede decidir cambiar porque las cosas están bien: Sebastián Piñera, el candidato de centroderecha, ganó luego de 20 años de gobiernos exitosos de la Concertación. Las bases eran tan firmes, que los chilenos no consideraron riesgoso probar otra cosa. En esta Argentina 2011 no se vislumbran -al menos todavía- las razones que suelen provocar la búsqueda de un cambio en el escenario político. Es que las cosas no están tan bien, ni tan mal, como para tomar riesgos innecesarios, sobre todo cuando la oposición no ofrece garantías"
.

Coincido con el razonamiento en varios puntos: la alternancia de signos políticos en el poder no se hace en cualquier condición, sino que requiere de cierta combinación de variables. Una es el desgaste en el poder: Catamarca en 2011, Santa Fe en 2007, cambiaron después de más de 20 años de oficialismo en el poder. Con todo, la medida del desgaste no es unívoca: por caso, ahí está el MPN, que lleva más de 4 décadas gobernando Neuquén.

Otra "regla" es que la opinión pública usualmente muestra cierta tolerancia cuando el cambio en el signo político es reciente, es decir, cuando el oficialismo que gobierna es "nuevo" en el poder. Es el caso del PRO en Capital Federal y el socialismo en Santa Fe: la primera vuelta de Capital y las tendencias santafesinas sugieren que el electorado cree que son gestiones que al cabo de 4 años no han sido tan insatisfactorias como para merecer el cambio y, concurrentemente, porque no terminan de vislumbrar alternativas opositoras lo suficientemente atractivas como para correr el riesgo y la incertidumbre asociadas a todo proceso de cambio.

Finalmente, está el desempeño de los oficialismos. En la entrada anterior, nos referíamos al favorable panorama del oficialismo en provincia de Buenos Aires, con Scioli 33 puntos arriba de De Narváez (53% a 20%) según la misma consultora que en 2009, contra la corriente, anticipó la victoria del empresario frente al ex presidente Néstor Kirchner y el actual gobernador de Buenos Aires, fungiendo por entonces como candidato testimonial (ensayo fallido del kirchnerismo). También repasamos la lectura que Fabián Perechodnik, director de la consultora, hacía de las tendencias y de por qué los oficialismos estaban imponiéndose en la mayoría de los comicios de este año: según el analista, los oficialismos que demuestran gestión y obras se imponen por encima de las alternativas opositoras.

A propósito de los datos de Poliarquía, el jefe de Gabinete bonaerense, Alberto Pérez, interpretó que "la presidenta va a tener una intención de voto muy cercana a ese 53% o un poco más, por algunos votos que le arrime la colectora de (Martín) Sabbatella", en referencia a la lista de lista de adhesión de Nuevo Encuentro, aliada del kirchnerismo pero crítica de Scioli. Pérez, además, negó que hubiera descontento entre los intendentes y referentes históricos del peronismo bonaerense por el armado de las grillas de aspirantes a diputados y senadores, donde Cristina Fernández priorizó a la organización juvenil La Cámpora y a otras vertientes del kirchnerismo puro (hay que recordar que Buenos Aires elige gobernador, legisladores provinciales e intendentes en la misma fecha que se vota presidente y diputados nacionales).

Por su parte, el aliado distrital de Ricardo Alfonsín en provincia de Buenos Aires, Francisco de Narváez relativizó los resultados de Poliarquía, y otro tanto hizo Margarita Stolbizer, la candidata del Frente Amplio: “es verdad que tienen un buen piso, unos buenos números en las encuestas (el sciolismo) pero esto no se va a reflejar en octubre, porque la Argentina es demasiado dinámica”. Con esto, Stolbizer blanquea que las chances de la oposición dependen de un cambio de clima, y tácitamente admite lo que las encuestas muestran hoy: una primacía neta del oficialismo, que puede mantenerse hasta octubre o no, ya se verá.

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