viernes, 19 de septiembre de 2014

Encuestando por un sueño

Habiendo aclarado nuestra postura sobre la polémica encuesteril, volvamos a entretenernos con estos sondeos distractivos, propagandísticos, etcétera etcétera, según la crítica posición esbozada por el bando apocalíptico (versus integrados, para recuperar etiquetas de otra disputa cara a las ciencias sociales). Una clave del 2015 es que son elecciones presidenciales, elemento que hace gravitar la demanda de gobernabilidad, lo cual favorece a los candidatos que puedan mostrar un perfil creíble en ese sentido. Este criterio, en teoría, permite ordenar la dispersión que, por el contrario, pesa fuerte en las elecciones legislativas (como las de medio término de 2013 y 2009). Sin embargo, lo que se aprecia hasta el momento en la coyuntura preelectoral es precisamente dispersión: múltiples precandidatos en el espacio pan-oficialista (Scioli, Randazzo, Urribarri, Rossi, Domínguez, Taiana, Urtubey, A. Fernández), varios en el FAUNEN (Binner, Cobos, Sanz, Carrió, Solanas) al menos dos opositores con una intención de voto apreciable (Macri y Massa), y otros candidatos probables, a priori minoritarios.

Se supone que las primarias abiertas simultáneas y obligatorias de agosto de 2015 (PASO) permitirían ordenar esta dispersión, consagrando a los candidatos “oficiales” de los frentes que presenten varias figuras a la consideración del electorado (el FPV y el FAUNEN) y midiendo los votos de los candidatos únicos de sus partidos (Macri por el PRO, Massa por el Frente Renovador, quizá Jorge Altamira en la izquierda del PO, Víctor de Gennaro en Unidad Popular, Alejandro Bodart en el MST). En este orden, según los datos del consultor Carlos Fara, cuando se pregunta a los electores en qué primaria iría a votar en las PASO, el kirchnerismo captaría el 29%, el Frente Renovador de Massa 26%, el PRO 15%, UNEN 9% y un Frente de Izquierda 3%. “Son números bastante similares a los que se desprenden de los pisos de los diversos escenarios descriptos”, apunta Fara. 

Por nuestra parte, agregamos que ese 29% del kirchnerismo está muy cerca del piso electoral del FPV en las elecciones que le han resultado más adversas, las legislativas de medio término del 2009 y 2013 (donde obtuvo alrededor del 33% de los votos) y por encima de lo que registra Scioli en las encuestas que venimos citando (lo que lo coloca presuntamente el candidato más competitivo del oficialismo para los “integrados”, mientras que es el menos competitivo para los “apocalípticos”). Según el “integrado” Carlos Fara, tomando la lista corta de 4 candidatos, Massa se impone en el Área Metropolitana de Buenos Aires por 4 puntos sobre Scioli; hay un triple empate Massa-Scioli-Macri en los grandes centros urbanos (Rosario, Córdoba, Mendoza, Tucumán), y en las ciudades de 500 mil a 100 mil habitantes hay un empate Scioli – Massa, 6 puntos arriba de Macri. “Por último, en las localidades más chicas el de Tigre le saca 6 puntos de ventaja al gobernador bonaerense, con un Macri tercero por varios cuerpos. El candidato de UNEN se hace fuerte en AMBA y grandes centros urbanos, pero se cae a menos de la mitad en localidades menores a 500 mil moradores. Moraleja: no hay triple empate: en todo caso existen 2 que pican en punta, uno que va tercero en cualquier caso, con UNEN cuarto. Hasta acá, con una alianza Macri-UNEN tampoco alcanza”, plantea Fara. 

Por el contrario, el “apocalíptico” Artemio López plantea lo siguiente: “Vivo en la CABA, gana Macri. Vengo de Córdoba, gana Macri. Estoy en Mendoza, gana Macri. En Buenos Aires, gana Massa y tiende a constituirse un escenario de tercios. Tenemos ya el 62% del padrón recorrido. Viajaré a Santa Fe y completaré la extensión hasta llegar al 72% y formularé entonces mi interrogante inquieto, que puedo anticiparles en off : Dónde es que gana Scioli, amigos? Además de en las encuestas que publica y en las que nadie cree?”. El consultor plantea que el FPV debe poner sobre el tablero un candidato que claramente proponga profundizar el modelo K y darle volumen electoral de la mejor manera, “con el respaldo pleno de Cristina que hoy, tal como lo indicara Máximo Kirchner sin decirlo explícitamente, es la única alternativa electoral exitosa del FPV, pero que lamentablemente no tiene reelección”, y parafrasea al ex presidente Raúl Alfonsín cuando dice “Nosotros por perder un precandidato o dos, no vamos a ponernos tristes, porque lo que mide es el espacio del FPV y el respaldo de Cristina. Todo lo demás es curro de consultores”

El planteo de López es sustancialmente consistente, pero empíricamente impotente en la coyuntura (más adelante, ya se verá): al FPV le sobran precandidatos (tiene al menos 8), y algunos de ellos están claramente alineados con el modelo desde lo discursivo, la actitud y la conducta (Urribarri, Rossi, Domínguez, Taiana, A. Fernández, por ejemplo). Sin embargo, no hay encuestas que muestren a ninguno de ellos capitalizando el volumen electoral teórico del FPV (un 30%, más o menos). ¿Cuánto tiempo más va a tomar el oficialismo para definir quién es su candidato? Supongamos que esa “capitalización” depende de que la gran electora CFK se pronuncie; en ese caso, el todavía fresco discurso de Máximo parece alejar esa posibilidad  “sine die”.  La intervención de Máximo puede servir para conjurar el síndrome de la “pingüina renga” (sosteniendo la iniciativa política y el liderazgo en Cristina), pero a cambio “deja a pata” a los precandidatos del espacio pan-oficialista, y no sólo a Scioli (el que, en nuestra opinión, menos necesita ser ungido como heredero). ¿Es acaso el kirchnerismo en Argentina más fuerte que el PT en Brasil? Lula, insistimos, definió que Dilma sería su sucesora 2 años antes de las elecciones, y así se construyó la victoria oficialista del 2010 (Dilma Roussef sobre José Serra). ¿Acaso el kirchnerismo esperará a las PASO para pronunciarse y aún así avanzar hacia la elección general de octubre con chances de ganar, o veladamente está jugando a perdedor? ¿De ser así, espera que el PJ que no es K pero tampoco anti-K acompañe mansamente esa decisión? Desde nuestra perspectiva, esto es poco viable. 

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