jueves, 25 de septiembre de 2014

Una clave: implantación territorial (2)

Si encuestas de carácter nacional conocidas y divulgadas por consultoras de renombre de la zona metropolitana coinciden en sus tendencias con otras realizadas por consultores regionales y locales no sólo en zona metropolitana sino entre distritos y capitales de provincia que están entre los 10 de mayor gravitación electoral en el podio a tres precandidatos como los mejor ubicados (Scioli-Massa-Macri), con el único matiz de Rosario, donde el precandidato del FAUNEN Hermes Binner, aun en declive, puntea las encuestas (allí el podio se ordena 2-4-3), entonces algo de cierto debe haber en aquellos estudios nacionales, muy discutidos por una respetable corriente de consultores y especialistas en un debate del que nos hicimos eco recientemente. 

Para más datos, si en Córdoba (el tercer distrito electoral a nivel nacional) se confirma el mismo podio, con matices relativos en el orden de los precandidatos (de acuerdo a las fuentes de que se trate), podemos afirmar que, con todo lo provisorio que es medir a tanto tiempo de las PASO y con las prevenciones del margen de error y de los escenarios aún no depurados (precandidatos no oficializados, que tienen que pasar por el filtro de las PASO; precandidatos que pueden terminar “bajándose” de la carrera al 2015 si los números no los acompañan, etc), surge una perspectiva clara de la foto actual (no de la película, que se está rodando). Por un lado, un oficialismo (FPV), que está en situación de primer minoría (algo en lo que coinciden casi todos los consultores), con un precandidato a priori competitivo (competitivo, no ganador, ni candidato natural, ya que está por debajo de la penetración teórica del sello FPV, que oscila alrededor de un tercio del electorado, guarismos que obtuvo en las elecciones legislativas del 2013 y también en 2009), que es Daniel Scioli, más varios candidatos del mismo espacio con menor penetración territorial (Randazzo, Urribarri, Rossi, Domínguez, Taiana, entre otros), y ninguno de ellos aún definido “oficialmente” como sucesor del kirchnerismo.

Por comparación: si CFK es a Argentina y al FPV lo que Lula es a Brasil y el PT, en nuestro país aún no se sabe quién será Dilma Rousseff. Si el FPV espera a las PASO para definir su sucesor, como todo indica hasta ahora (la reciente intervención de Máximo Kirchner, dijimos, aporta a mantener el liderazgo político del modelo en Cristina, pero al precio inevitable de dilatar la sucesión), el veredicto del heredero del oficialismo se hará por el voto popular. En ese caso, el carácter de gran electora de CFK o bien se diluirá en ese proceso, o será más sutil que manifiesto o, tercera posibilidad, sólo podrá hacerse explícito con posterioridad a las elecciones primarias cuando, una vez surgido el ganador dentro de la "interna" del FPV (dirimida en la instancia de las primarias), se defina el acompañamiento explícito (o no) por parte del gobierno al candidato triunfante, dato no menor dado que el oficialismo es el actor político que cuenta, sin duda, con la mayor estructura a nivel nacional (en cambio, en Brasil Lula definió a Dilma como sucesora con una antelación de 2 años, con lo cual logró encolumnar el voto del PT y ganar las presidenciales frente al candidato opositor José Serra; el carácter temprano de la sucesión en Brasil contrasta nítidamente con el proceso del oficialismo en Argentina)

Por otro lado, aparecen dos candidatos opositores, Sergio Massa (Frente Renovador) y Mauricio Macri (Pro), con fortalezas y problemas de posicionamiento comunes, a saber: ambos parecen capitalizar el descontento con el oficialismo mejor que el FAUNEN (frente opositor), que, pese a su mayor despliegue territorial relativo, parece sufrir la puja interna y la indefinición de un liderazgo nítido de cara al electorado (tiene varios precandidatos, pero con competitividad menguada). Mientras Massa está posicionado como una suerte de “opositor-disidente” respecto del gobierno (fue jefe de Gabinete de CFK), Macri ostenta una posición de opositor más consistente en el tiempo respecto del kirchnerismo (condición que trata de hacer valer en su campaña acusando a Massa de ser "más de lo mismo"). Mientras Massa se hizo fuerte en provincia de Buenos Aires con su victoria en las legislativas del 2013, Macri no termina de hacer pie en ese distrito decisivo, pero cuenta con un bastión en Capital Federal desde el cual puede irradiar imagen hacia provincia de Buenos Aires, y tiene más avanzado que Massa su armado en otros distritos decisivos, como la provincia de Santa Fe, a la vez que ensaya un frente en otros también clave, como provincia de Córdoba. A su vez, mientras a nivel nacional referentes del FAUNEN como Elisa Carrió (además de dirigentes radicales de relieve) se han pronunciado abiertamente por impulsar una alianza más amplia que el FAUNEN para darle cabida del PRO de Macri (lo que es resistido por otros líderes de ese espacio), en varios distritos provinciales las versiones “locales” del radicalismo muestran hacia el PRO una permeabilidad mucho mayor que la de los referentes de la UCR del orden nacional y en particular del bonaerense (a los que se suman, además, ex radicales recientes, como Margarita Stolbizer del GEN). 

5. De cara a los próximos meses, la definición de este debate es central para vislumbrar dos puntos clave 1) si existe alguna chance de recuperación del FAUNEN de cara a las PASO 2) si no pasa lo anterior, cuál de los dos opositores en ciernes, Massa o Macri, está en condiciones de capitalizar mejor la debacle del FAUNEN y contender así con el candidato del oficialismo (aún no oficializado). Otras posibilidades e implicancias al respecto serán objeto de próximas entradas.

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