lunes, 8 de septiembre de 2014

Actualizando mediciones (2)

En la entrada anterior planteábamos el amesetamiento del FAUnen, traducido en rigor en la situación de empate técnico entre los precandidatos que más miden de ese frente. Sin embargo, en el espacio pan-oficialista también hay “superabundancia” de precandidatos y, si bien las encuestas muestran a Daniel Scioli como el candidato de ese espacio que más mide “hoy”, no deja de ser cierto que su figura es resistida por muchos sectores del oficialismo. Estas resistencias tienen matices: algunos plantean que el gobernador bonaerense tiene un perfil demasiado similar al de Macri y Massa, otros que no es suficientemente "representativo" del kirchnerismo o que no representa cabalmente la continuidad del mismo como proyecto político (de hecho, el propio Scioli habla de la “continuidad con cambio” como concepto o eslogan). Ahora bien, si es así, entonces el kirchnerismo tiene que definir un sucesor, así como en su momento “Lula” Da Silva ungió como sucesora a la actual presidenta Dilma Roussef, decisión que logró encolumnar el voto del Partido de los Trabajadores (PT) detrás de Dilma, quien así logró batir en su momento a los candidatos opositores y aseguró la continuidad del PT en el poder. 

El problema del kirchnerismo es que las opciones de “continuidad pura” se agotaron con la muerte de Néstor Kirchner en 2010 (ese hecho precipitó que CFK buscara su reelección, la que logró más que holgadamente con el inalcanzable 54% del 2011). Era sabido que el próximo turno no podría ser de CFK por impedimento constitucional, salvo que mediara una reforma de la misma, que si en 2011 parecía un objetivo difícil pero no imposible, con el correr de la segunda gestión de Cristina devino en quimera. Cerrada esa vía, la continuidad del kirchnerismo sólo se puede definir de manera unívoca si CFK en carácter de gran electora “bendice” un sucesor o heredero, gesto que ante el electorado afín al kirchnerismo operaría al modo de construcción de sentido unificador (a los efectos de encolumnar el voto, que de todos modos es algo a verificar a posteriori: que CFK diga cuál es el candidato oficialista no significa automáticamente que los electores decidan votarlo). De no existir ese gesto (de hecho, una reciente columna del periodista Gustavo Sylvestre plantea que, por diversas razones, la decisión es que Cristina no se inclinará por ninguno antes de la instancia de las PASO), entonces cuál de los precandidatos expresa más que los otros la "continuidad" se vuelve tema de debate. Pero, en última instancia, esa discusión se zanjará cuando se cuenten los votos en las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO) previstas para el 9 de agosto de 2015: y, una vez que de ellas surja un ganador dentro del espacio pan-oficialista, CFK no podría pronunciarse en sentido contrario al de esa elección. 

En ese marco, es pertinente repasar qué dicen las encuestas acerca de la “interna” dentro del kirchnerismo, entre los candidatos que quieren suceder a Cristina Fernández Kirchner en 2015. Una corresponde a la consultora Polldata, que midió 1.260 casos, en diferentes localidades del país, entre el 25 y el 28 de agosto. En ese sondeo se preguntó a los encuestados: ¿cuál de estos candidatos a Presidente por el FPV continuará en mayor medida las políticas de Cristina Kirchner? Pese a que el kirchnerismo duro no lo considera como propio, el más elegido, con un 26%, fue el gobernador bonaerense Daniel Scioli. Segundo quedó el ministro Florencio Randazzo, con el 20,8%; tercero, "ninguno de estos” (13,4%); cuarto, el gobernador entrerriano Sergio Urribarri (5,4%);  quinto, el también ministro Agustín Rossi (3,3%); sexto, el ex canciller Jorge Taiana (2,7%), y séptimo Julián Domínguez (2,5%), ex ministro de Agricultura y actual titular de la bancada oficialista en Diputados. Mirado desde el kirchnerismo más “puro”, los que menos miden en este estudio son los precandidatos que más pregonan ser la “continuidad pura” del proyecto (Urribarri recorre el país con ese leimotiv; Rossi fue espada del kirchnerismo y le puso el cuerpo a arduos debates en Diputados, además de encabezar la lista K en su provincia varias veces; Domínguez fue clave para “anestesiar” a la Mesa de Enlace del Campo, después del voto no positivo de Cobos por la 125). Por contrapartida, los que más miden son aquellos con más matices y vuelo propio, empezando por el resistido Scioli (vicepresidente de Néstor, candidato testimonial en 2009, virtual jefe de campaña del oficialismo en 2013 y dos veces gobernador con el kirchnerismo, pero repetidamente señalado como “blando” y “consensual”, por decir lo menos, respecto de la línea más dura del oficialismo); y Randazzo, funcionario que si bien desde hace un tiempo se muestra muy cercano a la presidenta, se ha reivindicado como de una fuerte impronta PJ (no sólo "K") e ideas propias que exceden el “manual” kirchnerista.  

Por otro lado, la encuestadora de Federico González y Cecilia Valladares midió más llanamente la interna del pan-oficialismo. En un muestreo de 1.500 casos, entre el 20 y el 22 de agosto pasados, Scioli punteó con el 35,9%, seguido de Randazzo (26,3%), Axel Kicillof (12,5%), Aníbal Fernández (3,9%), Urribarri y Domínguez (3,1%), Taiana (2,8%), Rossi (2,1%) y Juan Manuel Urtubey (1,2%). Esta medición incluye candidatos ausentes en la de Polldata, pero ratifica la punta para Scioli (incluso con más holgura que la anterior) y relega a las alternativas de continuidad más “pura” al fondo del pelotón, con relativa excepción de la precandidatura del ministro de Economía, que no aparecía en el estudio de Polldata. A tanto tiempo de la elección, nada está dicho aún pero, desde nuestro punto de vista, si el kirchnerismo apunta a que el candidato oficialista lo definan las PASO y no la “gran electora” (CFK), entonces nada garantiza que el candidato vencedor en esa instancia sea el más representativo de la “continuidad” (definición que, por lo demás, es problemática en sí misma, en ausencia del apellido Kirchner al tope de la lista). En cambio, si la decisión será independiente de las PASO, entonces no puede pasar demasiado tiempo para que se produzca (tema que oportunamente planteamos al consultor Artemio López en su última visita a Córdoba). Aunque los procesos políticos y contextos no son estrictamente comparables, Lula definió que su "delfín" sería Dilma a fines de 2008, cuando las elecciones estaban previstas para fines de 2010. Para las PASO argentinas ya falta menos de un año, por lo que el tiempo se agota...

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