lunes, 19 de septiembre de 2016

De los efectos socioeconómicos a la traducción político-preelectoral (1)

Habiendo dedicado varios posts al análisis de datos duros socioeconómicos y a encuestas que indagan en la mismas variables desde las percepciones, actitudes y comportamientos, se impone una actualización del panorama político y preelectoral transitando el segundo semestre. Empezaremos corriendo de atrás hacia adelante en términos temporales. Veamos: 

Un relevamiento de Management & Fit realizado a fines de julio, con 2.000 casos distribuidos en todo el país, muestra a varias variables en descenso. Una de ellas son las expectativas en general. Ante la pregunta "¿Cómo considera que la situación económica general del país estará en los próximos meses?", un 46,2% contestó "Peor o mucho peor" (ver datos arriba; click para agrandar). Se trata del guarismo más alto en esa variable desde el cambio de gobierno en diciembre de 2015: cuando Mauricio Macri asumió la presidencia, ese mismo ítem estaba en 37,1% (guarismo en el orden de magnitud de los votos obtenidos por el FPV en la primera vuelta presidencial de octubre). Con ondulaciones mensuales, fue subiendo hasta ubicarse 9 puntos arriba al cumplirse los 8 meses de gestión. En contraposición, quienes consideran que la economía del país estará "Mucho mejor o mejor" pasaron de 37% a 33,2% (guarismo en el orden de magnitud de los votos obtenidos por Macri en la primera vuelta presidencial). A su turno, la expectativa sobre la economía personal también se deterioró: ante la pregunta "¿Cómo considera que estará su situación económica personal en los próximos meses?", la categoría de respuesta "Peor o mucho peor" alcanzó un pico de 42,6%. Con todo, Macri aún se beneficia en la comparación relativa con el gobierno anterior: en enero de 2014 (cuando gobernaba Cristina Fernández de Kirchner y en pleno efecto posdevaluación de Axel Kicillof), esa cifra rozaba el 56%. Esta clave quizá permite entender por qué la caída de consumo en lo que va de 2016 es casi un punto menor que la del mismo período de 2014 (contraste de un gobierno nuevo con otro con un desgaste de 8 años de ejercicio si se cuenta desde la asunción de CFK al poder en 2007, o de 11 si se cuenta desde la llegada a la presidencia de Néstor Kirchner en 2003). 

En lo que se refiere a variables de gestión, después de arrancar el año con un 46,9% de aprobación en enero, en marzo de 2016 tocó su pico: más de la mitad de los consultados (50,7%) aprobaba y un 36,9% la desaprobaba. Es decir, la aprobación se estaba en el orden de magnitud de los votos obtenidos por Macri en el ballotage del 22-N (51,34%), mientras que la desaprobación estaba en el orden de magnitud de los votos obtenidos por Daniel Scioli (FPV) en la primera vuelta (37%). A partir de mayo, en cambio, aprobación y desaprobación entraron en zona de empate técnico, y según la medición de M&F la aprobación tocó su piso desde que cambió el Gobierno: 43,4% (ver datos abajo; click parsa agrandar). Algo similar sucedió con la imagen presidencial: Macri superaba los 50 puntos de imagen positiva en enero y tenía sólo 20 de negativa: es decir, su diferencial (imagen positiva menos imagen negativa) era de unos 30 puntos. A fines de julio, la brecha se achicó a menos de 10, producto de un 42,5% de imagen positiva y un 34,7% de negativa. Así, la aprobación y la imagen positiva tienden a alinearse, perforando ambas el umbral crítico de Morris más cerca de los 40 puntos que de los 50 que definen ese umbral.  

Finalmente, articulando la valoración política con los efectos socioeconómicos percibidos, se advierte un cambio en la atribución de responsabilidades por la inflación: casi un 35% apunta al Gobierno actual, guarismo que está en el orden de magnitud del voto del FPV en primera vuelta. Se trata de la variable más sensible al bolsillo doméstico, y confirma en las cifras de Management & Fit (algo que ya se había insinuado cuando vimos el último estudio de Ibarómetro) el horizonte de agotamiento del argumento de la "herencia recibida". Es decir, por lógica cronológica, a medida que pasan los meses, la opinión pública asigna mayores responsabilidades a la nueva gestión y menos a la anterior. Si bien aún es mayor la cantidad de quienes creen que el principal responsable del proceso inflacionario que atraviesa el país es la "gestión del gobierno anterior" (36,2%) esa percepción ya está en empate técnico con quienes creen que se debe a la "gestión del gobierno actual" (un 34,9%). Esa brecha de 1,3 puntos porcentuales no es estadísticamente significativa. Para valorar el cambio de tendencia, esa misma brecha, en febrero de 2016, superaba los 15 puntos y era, por lo tanto, estadísticamente significativa.



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