miércoles, 5 de octubre de 2016

El horizonte electoral (2)


De los datos de la encuesta de CEOP citados en el post anterior se desprende que la clave de la erosión del capital político de Cambiemos pasa por el malestar económico que se detecta tanto en los estudios perceptivos de opinión como en los datos duros que ponen de manifiesto la contracción de la economía argentina y el alza del desempleo, dos problemas que coexisten con una elevada inflación que, acaso, apenas insinúan morigerarse a costa de la prometida reactivación de la economía. Esa reactivación es clave de cara a la elección de medio término del 2017, en la cual el presidente Mauricio Macri se juega las chances de incrementar los diputados y senadores nacionales de la coalición en el Congreso, afianzar su programa de gobierno para el segundo tramo de su mandato y aventar los fantasmas de una crisis de gobernabilidad, siempre  latentes cuando el Ejecutivo no lo conduce una figura surgida del peronismo; en el caso de Macri, el no pertenecer tampoco a las filas del radicalismo, el otro partido de estructura nacional, le agrega un plus de incertidumbre a la cuestión. 

Desde la política, Macri pudo llevar adelante medidas como el levantamiento del cepo, el pago a los holdouts y la reducción de impuestos a algunas actividades de exportación. Sin embargo, en términos macroeconómicos, hasta el momento no ha habido efecto derrame alguno hacia las mayorías: la economía se contrajo 4,3% en el primer semestre, el desempleo alcanzó 9,3% en el segundo trimestre y la producción industrial cayó 7,9% en julio frente a igual mes del año anterior. Finalizado el mes de septiembre, el segundo semestre ya consumió una mitad (julio-septiembre) y nada hace pensar que los meses de octubre a diciembre muestren un desempeño tan rampante como para contrapesar el bajón socioeconómico que implicaron los primeros 9 meses. A las cifras que vimos de CEOP en el post anterior se agregan las del consultor Hugo Haime, según las cuales la aprobación de Macri cayó de 63% en diciembre a 40% en agosto, quedando 10 puntos por debajo de la desaprobación (una diferencia estadísticamente significativa). Ubicado en franca “zona crítica” de Morris, ese guarismo lo pone además 10 puntos por debajo de los votos que obtuvo en el ballotage del 22-N (ver datos arriba; click para agrandar). Al mismo tiempo, la inflación, superior al 40% después de la devaluación (ver datos arriba; click para agrandar), golpea con fuerza a las familias de menores ingresos. 

Haime remarca que en el conurbano se teme una “explosión social” si la situación no mejora pronto. “Esta preocupación está basada en la historia, no en el gobierno de Macri, porque hemos pasado por momentos en que la gente no llegaba a fin de mes y tuvimos saqueos en diciembre”, asevera el consultor. Por su parte, el sociólogo Manuel Mora y Araujo también distingue en su análisis el relativo éxito político obtenido por Macri hasta ahora de los decepcionantes resultados en materia económica. “No hay duda de que todavía se espera más de este gobierno y de los opositores o aliados más matizados que del peronismo que se proclama tal. En ese plano de la política se tejen muchas especulaciones. Hay quienes piensan que el Gobierno dispone de una ventaja por así decirlo milagrosa, porque el peronismo está dividido y si se presentase un escenario electoral con un peronismo unificado éste sería mucho más difícil de encarar. Los más voluntaristas hasta buscan indicios de una intervención deliberada del Gobierno para producir ese escenario. Lo cierto es que el peronismo está efectivamente dividido, no se ha recuperado del golpe de la derrota electoral y debe encarar un proceso de reorganización y reconstitución de sus liderazgos que tomará su tiempo. Está tironeado entre dirigentes con mandatos de gobierno y votos propios –gobernadores, intendentes, legisladores– que ofrecen un visión realista, moderada, el sindicalismo, el kirchnerismo que se resiste a arriar sus banderas. De todo eso podrá o no salir algo unificado, pero ningún desenlace ocurrirá, previsiblemente, muy pronto.  Otra cosa es la economía y su correlato, la situación social. De ella, tanto o más que de la oferta política, dependen los votos. Y la economía no levanta. Dentro del Gobierno, algunos pueden decir que el vaso está medio lleno, otros que todavía está medio vacío; algunos pueden poner el acento en una tendencia positiva, otros en una realidad actual negativa. Pero lo cierto es que, para la gente, esto no anda; y para los inversores tampoco”

Esto redondea un panorama riesgoso, porque Cambiemos capitalizó en el ballotage del año pasado la polarización con el oficialismo pero se impuso más enancado por el malhumor social que por el malestar (de allí la exigua diferencia de 2,7 puntos porcentuales que le sacó al FPV). En estos meses, el capital político del oficialismo se ha venido sosteniendo por dos efectos principales y complementarios: uno de dotación (la expectativa positiva que generó un cambio luego de 12 años de continuidad de un mismo signo político) y otro de contraste (el malhumor social generado por el kirchnerismo). Estos dos efectos han convivido y alternado intensidades; incluso, en semanas críticas para el gobierno, el efecto “Comodoro Py” (esto es, las sucesivas citaciones judiciales a la ex presidenta Cristina Fernández y otros funcionarios del gobierno anterior), acompañado de una profusa cobertura mediática, le han permitido beneficiarse de ese malhumor. Sin embargo, como hemos advertido en diversas encuestas, conforme pasan los meses, los efectos socioeconómicos de la gestión Macri van generando crecientes niveles de malestar y los problemas centrales de la agenda pasan a ser atribuidos más al gobierno anterior que a la “pesada herencia”. De cara a los próximos meses, antesala del período electoral 2017, el oficialismo necesita imperiosamente generar bienestar contra el malestar; no le alcanzará seguir apelando al malhumor contra la gestión K, y cada vez tendrá menos de expectativa futura. 

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