miércoles, 16 de noviembre de 2016

Malestar socioeconómico (1): caída del salario real


El informe del Centro de Estudios Políticos Económicos y Sociales-Observatorio de Precios, Ingresos y Empleo del Instituto de Industria de la Universidad Nacional de General Sarmiento que citamos en el post anterior arroja otros datos relevantes. Utilizando la base de microdatos que difundía el INDEC para la utilización pública de la EPH, la entidad elaboró cálculos que distinguen quiénes son los trabajadores que ocupan los distintos estratos de ingresos en las distintas regiones en las que miden precios. En ese marco, las actividades que más se repiten para el 30% de menores ingresos de la población para los tres aglomerados urbanos analizados (CABA, GBA y Córdoba) son el empleo doméstico y la construcción. En Córdoba, entre ambos explican alrededor del 35% del universo de ocupados y en el Conurbano Bonaerense casi el 29%. Sobre esa base, partiendo de los acuerdos paritarios (en los casos en que los hubo) para la imputación de la evolución del salario nominal entre febrero y agosto calculan la evolución del poder adquisitivo de los ingresos (la evolución de su ingreso real ajustada por la evolución del índice de precios que le corresponde según el estrato de ingreso al que pertenece y el lugar geográfico en el que vive) de los distintos trabajadores.

Ese análisis sugiere que el ajuste sufrido en los ingresos de los estratos más bajos fue sustantivamente mayor. “En ninguno de los casos analizados para los estratos de menores ingresos, el ajuste a los ingresos fue menor al 5%, mientras que en ninguno de los casos en los estratos de mayores ingresos el ajuste fue mayor al 5% (…) hemos visto que la inflación golpea especialmente a los sectores de menores ingresos de la población, en virtud del mayor peso que tienen en sus canastas de consumo los productos alimenticios. Vimos también que este impacto diferencial no es menor. En promedio, incluyendo las distintas zonas en las que hemos realizado mediciones, la inflación del 10% más pobre de la población es un 12% mayor a la del 10% más rico, en los pocos 6 meses en los que hemos realizado mediciones. Ahora bien, como tampoco es homogénea la evolución de los ingresos nominales, podemos decir que los sectores de menores ingresos viven una especie de ajuste doble en relación a los sectores más pudientes de la sociedad: no sólo sus ingresos suben menos, sino que los precios de los productos que consumen suben más en términos relativos”, apunta Germán Pinazo, presidente del Centro de Estudios Políticos Económicos y Sociales (ver datos arriba; click para agrandar). Esto contribuye a explicar por qué va sedimentando la percepción de que el actual gobierno beneficia más a los sectores más acomodados y perjudica relativamente a los menos favorecidos.

Por su parte, el Centro de Estudios para el Desarrollo Nacional Atenea analizó la evolución mensual e interanual de los precios y el salario real de los trabajadores, brecha que se traduce en una pérdida del poder adquisitivo (ver datos abajo: click para agrandar). Según Atenea, los precios en septiembre de 2016 mostraron un ajuste positivo considerable, dado que todavía persiste el impacto de la corrección de las tarifas en los índices de precios. Las distintas fuentes consideradas en el informe arrojaron valores para septiembre que varían entre 0,8% y 1,7%.  De esta forma, el año acumula una inflación de entre 26,1% (San Luis) y 32,7% (CABA) y la variación interanual (sep/2015 – sep/2016) asciende a 43,0% según IPC CABA, 42,2% IPC Congreso y 40,0% IPC San Luis. Para el mes de agosto, la remuneración promedio del sector privado fue de $ 19.575 (bruto), dato que refleja una suba del 36% en el año (ago/15 – ago/16). Sin embargo tomando la variación interanual, los precios aumentaron un 42% promedio. Por ello, la entidad concluye que en términos reales, el incremento promedio de los salarios sigue estando por debajo del aumento de los precios. Con respecto al poder adquisitivo de los salarios -deflactados por los distintos índices de precios disponibles- este acumula en los primeros ocho meses del año una caída promedio de 6,3% (-8,0% IPC Congreso e IPC CABA, y -2,8% IPC San Luis), mientras que la variación interanual de los salarios en términos reales mostró en agosto una baja promedio de 7,6% (8,3% IPC Congreso, 8,1% IPC CABA, 6,5% IPC San Luis). 

Recordemos que en septiembre la inflación fue de 1,1%, pero en octubre trepó al 2,4%, con lo cual los efectos erosivos del proceso inflacionario en el salario real actualizados a ese mes serán todavía mayores. En ese marco, descartada una reapertura de la negociación salarial para lo que queda del año, se estima que a lo largo del 2016 los trabajadores formales habrán perdido entre 8 y 12 puntos porcentuales de su poder adquisitivo. Ningún trabajador cubierto por convenio de paritarias logró aumentos superiores al 40%, cifra que la inflación anual superará. Los gremios que más incrementos obtuvieron fueron aceiteros (38%) y camioneros (37%); en el otro extremo, el sector que cerró la paritaria más baja fue la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires (UTBA): un magro 27% en tres cuotas y por 13 meses. Los alimentos siguen con alzas en torno del 1,5%, lo que agrava la situación de los más carenciados. En síntesis, este es el cóctel del actual malestar: salarios (que tradicionalmente mueven dos tercios del mercado interno) erosionados, una inflación lejos de ser domada, un déficit igual o incluso mayor al del 2015, inversiones demoradas y, de yapa, el “efecto Trump” (que suma otra dosis de incertidumbre y, por lo tanto, de procastrinación para los agentes económicos).



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