miércoles, 9 de noviembre de 2016

El sustrato socioeconómico de las tendencias preelectorales (2)


En el post anterior citábamos proyecciones que estimaban que el primer año de gestión de Cambiemos concluirá indefectiblemente con una pérdida del poder adquisitivo de los trabajadores del orden de 7 puntos porcentuales. Otros estudios estiran esa pérdida hasta los 2 dígitos (entre 10% y 12%), con matices que pueden variar por perfiles (ver datos arriba; click para agrandar). Más allá de eso, hay consenso en que la inflación afecta más a los sectores menos favorecidos. Según Nicolás Trotta, rector de la Universidad Metropolitana del Trabajo (UMET),"si no se reabren las paritarias, los salarios van a perder 12% este año (…) los trabajadores con ingresos menores sufrieron 10 puntos más de inflación que los de mayor poder adquisitivo". Las publicaciones de esta institución (fundada por el sindicato de encargados de edificios, Suterh) arrojan que aquellos empleados que están entre el 10% de menores salarios tuvieron una inflación de  52%, mientras que para los que más ganan (arriba de 40 mil pesos por mes) fue del 42% hasta septiembre (con un promedio de inflación interanual que arrojó un aumento de 46%). Trotta remarcó que el impacto inflacionario sobre los empleados de menor ingreso está vinculado con el aumento de los alquileres, las tarifas (transporte, luz y gas) y los alimentos, lo que hace que ese segmento termine siendo el más vulnerable a la actual coyuntura.

Según los cálculos de UMET, “una estimación preliminar de la distribución funcional del ingreso en Argentina proyecta para 2016 una caída de la participación asalariada en el PBI del orden del 5,4% en relación a 2015". De acuerdo a Trotta, ese bajón es similar a la que hubo "al año siguiente al derrocamiento del presidente Juan Perón (-6% en 1956), aunque más moderada que la registrada en episodios caracterizados por mega devaluaciones como las ocurridas en 1959, 1976, 1982, 1989 o 2002”. Es a ese nivel donde el efecto socioeconómico del primer año de la gestión presidencial de Mauricio Macri se está traduciendo en un ajuste, aunque ese concepto no sea detectable en términos fiscales: de hecho, el déficit de Cambiemos este año estará por encima del que dejó la gestión del kirchnerismo. Esto obedece a una combinación de razones: por un lado, el costo fiscal de medidas como la baja de retenciones a determinados sectores; por otro, la decisión de relajar la política fiscal por necesidades políticas (acordar con legisladores y gobernadores de otras fuerzas en un Congreso en el que no tiene mayoría) y de no profundizar la depresión de la economía, de cara al próximo año electoral. 

Según Jorge Carrera, ex economista jefe del Banco Central durante el kirchnerismo, cuando el actual gobierno nacional vio que su esquema original de redistribución a favor del capital no se traducía en inversión ni en crecimiento “decidió un cambio drástico en la política fiscal, con aumento a los jubilados, a las provincias y con un mega-anuncio de obras públicas. Este volantazo fiscal es la mayor confirmación de que la esperanza de un crecimiento no estaba funcionando y una comprobación directa de la que expectativa de que la inversión privada lidera un crecimiento suficiente es lejana". En la misma línea, Ecolatina planteó oportunamente que "si bien se avanzó en el proceso de recorte de subsidios, ello no alcanza para compensar la quita/reducción de retenciones, el aumento del mínimo no imponible de Ganancias, los incrementos de asignaciones familiares, y la reducción del IVA próximamente, entre otras medidas". Para más datos, si unos meses atrás el recorte de subsidios no alcanzaba a compensar las medidas expansivas, mucho menos luego de que la justicia frenó los aumentos de tarifas para usuarios domiciliarios. 

En cualquier caso, el ajuste de estos meses lo sufrió el salario real y el poder adquisitivo de las mayorías; la política económica ha perjudicado a los sectores populares y ha fracasado en impulsar el crecimiento, ya con el segundo semestre agotando sus últimos cartuchos. En este marco, un ajuste fiscal parece inviable, pues debilitaría aún más a una demanda agregada ya afectada por la caída del consumo y de las exportaciones y por el dato de que, salvo excepciones sectoriales, la inversión privada no está respondiendo como Cambiemos esperaba. A futuro, lo que termina entrando en cuestión aquí es la sustentabilidad general del esquema económico de Cambiemos. Por tomar sólo un caso, el plan denominado de reparación histórica para los jubilados implica un incremento del gasto previsional seguro, contra un financiamiento incierto o inseguro, y se trata de alrededor de un 1,2% por ciento del PIB que se agrega para el futuro, según estimaciones del economista Dante Sica. Para peor, la victoria de Donald Trump en Estados Unidos implicaría un ambiente menos favorable para algunos negocios, en especial en los productos transables. La Reserva Federal (Fed) ya había dado señales que subiría en 25 puntos básicos (0,25%) la tasa de referencia de los bonos norteamericanos, que en épocas de incertidumbre actúan como la aspiradora del dinero global (vuelo a la calidad o “fly to quality”). La suba puede ser mayor por “efecto Trump”; un eventual fortalecimiento del dólar sería una mala noticia para el precio de las materias primas, que tiende a bajar en esos casos, y para países emergentes como Argentina, fuertemente dependiente de esas exportaciones. 

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