viernes, 25 de septiembre de 2015

Resiliencia de Sergio Massa: implicancias (3)

El efecto del carro ganador (“bandwagon”) estaría  favoreciendo a Daniel Scioli como candidato más votado y, a la vez, el efecto del candidato menos favorecido (“underdog”) aún no termina de resolverse entre Mauricio Macri (el “mejor segundo”) y Sergio Massa (el tercero en discordia, que resiste la polarización). Por ello, las últimas encuestas muestran una convergencia en un escenario del tipo 40%-30%-20%, que no permite descartar una victoria oficialista en primera vuelta el 25 de octubre pero tampoco que sea necesario ir a un ballotage el 22 de noviembre: la diferencia entre que pase una cosa u otra hoy cae dentro de los errores muestrales de las mediciones de referencia. 

Así, una polarización que se demora en producirse perjudica hoy relativamente a Macri más que a Scioli, ya que el líder del PRO necesita cruzar el umbral de los 30 puntos para forzar el ballotage, mientras que a Scioli le bastaría llegar al 40% más un voto si el candidato de Cambiemos perfora el 30%. Además de las cifras de De Angelis, Query y González y Valladares, una cuarta encuesta coincide en ese panorama: según Raúl Aragón, Scioli (FPV) alcanza 39,8%, Macri 27,5% y Massa 23,1%. A tenor de estos guarismos, Scioli sube 1,1 puntos porcentuales respecto de las primarias, mientras que Macri crece respecto a su propio voto como candidato individual pero cede 2,6 puntos porcentuales en relación a lo obtenido por el Frente Cambiemos. Massa, en cambio, avanza 2,6 puntos porcentuales respecto a la sumatoria del sello UNA en las PASO, lo que implicaría que no sólo consolida su voto propio y encolumna el obtenido por el gobernador José De la Sota, sino que además crece sobre otros segmentos electorales que no eligieron a ese frente el 9 de agosto. 

Aunque todas las variaciones revisadas oscilan entre la nula y la baja significatividad estadística (por estar cercanas o dentro del error muestral), la amenaza para Macri viene dada por lo siguiente: el voto de Massa se compone de un mix de votantes de perfil filo-PJ o más permeables al oficialismo (no menos de un 36%, y hasta un 50% según algunas encuestas) y un mix de electores de perfil más bien opositor (entre el 64% y el 50%, con el mismo criterio). Si Scioli, pese a la resiliencia de Massa, crece (o, de mínima, mantiene su caudal electoral), quiere decir que el tigrense avanza sobre electores de perfil más bien opositor, el segmento en el que la competencia entre Macri y Massa se resuelve en un juego de suma cero: lo que uno gana, otro lo pierde. 

En el caso de las encuestas de De Angelis, Query, González y Valladares y Aragón, la diferencia promedio entre Macri y Massa, ensayando un “Nate Silver” con esas 4 mediciones, es de 5,9 puntos porcentuales: 28,5 contra 22,6. Se trata de una diferencia estadísticamente significativa, porque es mayor al error muestral. Esto implica un relativo alivio para el líder del PRO: la posición de “mejor segundo” que consiguió en las PASO aún se mantiene. El problema para Macri es que si no se produce una mínima polarización que lo proyecte como principal candidato opositor por encima de los 30 puntos (en las primarias, él individualmente obtuvo 24,3%) sino que, por el contrario, Massa lo arrastra hacia la baja o lo frena, crecen las chances de que Scioli alcance poco más de 40 puntos y le saque los 10 de ventaja que clausuran la elección presidencial sin necesidad de segunda vuelta. 

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