miércoles, 16 de septiembre de 2015

El beso de la mujer araña: razones para la no polarización electoral vs razones para la polarización (2)

Adelantábamos en la entrada anterior una primera razón a favor del argumento de polarización inevitable (aunque pueda ser tardía más que temprana): la propia composición del voto de UNA, conformada de un mix de cambio y de continuidad (que podría repartirse en dosis variables entre Macri y Scioli) y de voto independiente con voto filo-PJ (el primero, con más vasos comunicantes hacia Macri y el último con más hacia Scioli) sugieren que una polarización inexorable, aunque pueda llegar a ser, como plantea Juan Germano (consultora Isonomía), más tardía que temprana. 

Hay otras razones a considerar: históricamente, las dos fuerzas mejor ubicadas en las primarias anteriores crecieron en votos desde las PASO hasta las elecciones generales, proceso en el que inciden tanto las consideraciones de “voto útil” como la menor dispersión electoral posterior al filtro de las primarias. Para las elecciones de este año, por caso, el Frente Popular, el MAS, el MST, el Partido Popular y el Movimiento de Acción Vecinal quedaron sin representación después de las PASO, “liberando” así 1,96%, o sea casi 2 puntos electorales.  En el caso del FPV, primer minoría electoral, esa inercia no es para nada despreciable: en rigor, los antecedentes muestran que el oficialismo creció más cuanto relativamente peor le había ido en la primaria anterior (6 puntos en 2013 contra 4 en 2011, lo cual es natural, dado que el 50% obtenido por Cristina Fernández en agosto de 2011 estaba más cerca del techo oficialista que el 27,15% logrado por el FPV en 2013). Una estimación promedio de ambos incrementos arroja 5 puntos porcentuales adicionales para el FPV, lo que traza una de nuestras hipótesis para el oficialismo de cara a octubre: 38,7% + 5%, 43,7%. 

Un tercer elemento es lo que en la jerga se conoce como “incumbency advantage”, es decir, la ventaja relativa con la que cuentan los oficialismos en el poder. Si bien este no es un predictor infalible (de serlo, jamás habría alternancia en los gobiernos), de hecho este año se ha confirmado como la tendencia más fuerte: independientemente del signo político gobernante, la mayoría de los oficialismos conservó el gobierno en las elecciones ejecutivas celebradas hasta ahora (Salta, Santa Fe, CABA, Córdoba, Neuquén, Río Negro, esta semana Tucumán y, próximamente, Chaco). Sólo en dos distritos hubo victoria opositora: Mendoza (donde se impuso el radicalismo en alianza con el PRO, el Frente Renovador y otras fuerzas) y Tierra del Fuego (donde ganó el kirchnerismo). El politólogo Guillermo Quijano explica que los estadounidenses investigan el “incumbency advantage” en un concepto más amplio, al que le llaman "fundamentals" de los partidos políticos (que incluye "estructura", identificaciones de la gente, acceso a los medios, etc.): “en un estudio con muestra de muchas campañas en EEUU se encontró que la capacidad predictiva del análisis de los fundamentals decae a medida que se acerca el día de la elección y el de las encuestas aumenta. La conclusión extraíble del comparativo entre ambos era que a partir del 8avo mes antes de las elecciones las encuestas eran muchos mejores predictores sobre los resultados de la próxima elección que el análisis de la estructura partidaria. En realidad, ambos análisis no son excluyentes: en una campaña electoral, la intención de voto es el efecto y los fundamentals son las causas que la genera. Pero, a nivel general, podemos decir que a medida que se acerca el día de la elección es mas probable que las encuestas ya hayan registrado los efectos de 'la estructura' y estas puedan generar pocas 'sorpresas'".

Asociada al “incumbency advantage” aparece la tracción electoral recíproca (o sinérgica) entre los tramos de boleta presidencial y de gobernador: en octubre próximo, provincias gobernadas por el PJ o frentes aliados al oficialismo eligen gobernador junto con presidente. En esa lista aparecen Buenos Aires (estratégica por su peso decisivo), Formosa, Misiones, Santa Cruz, Catamarca, Jujuy, Entre Ríos, La Pampa y Chubut. Esa concurrencia, más el “efecto Tucumán”, que instaló en la campaña una suerte de clivaje “PJ-anti PJ”, podría reforzar el abroquelamiento del peronismo para conservar el poder, favoreciendo así el arrastre mutuo entre presidente y gobernador y limitando el corte de boleta. 

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