lunes, 22 de agosto de 2016

Claves y enclaves: convergencia de variables (2)

Citábamos en el post anterior un estudio de Ibarómetro a nivel nacional. Se trata de una encuesta realizada del 5 al 8 de agosto de 2016 sobre una muestra probabilística de 1.200 casos mayores de 16 años residente en hogares particulares con telefónico fijo. Como vimos, uno de los hallazgos destacados del informe es el horizonte de agotamiento del argumento de la “pesada herencia” recibida, que constituye uno de los núcleos del relato de gobierno de Mauricio Macri. En esta medición, el 49% expresó que el país vive "un ajuste que podría haberse evitado" mientras que el 42% sigue sosteniendo que fruto de la "herencia del Gobierno anterior". En comparación con la anterior medición de esta encuestadora, realizada en junio pasado, la opción "ajuste" subió 4 puntos, en tanto que la "herencia" descendió 8 puntos, una caída estadísticamente significativa, toda vez que el error muestral del estudio es de +-2,8. En la misma línea, el informe apunta que el estilo de gobierno y la comunicación vienen perdiendo terreno como argumento invocado para respaldar la presidencia de Macri

El informe arroja otros datos de interés para el análisis. Quizá el más importante es el viraje en el clima de opinión (en el sentido que este término tiene a partir de Elisabeth Noelle-Neumann): si bien hay un empate en la opinión pública entre aprobadores y desaprobadores, la percepción sobre cuál es la opinión socialmente dominante (es decir, lo que el individuo cree que los demás creen, más allá de su propia opinión personal) “se ha inclinado hacia una visión crítica. Es decir, los argentinos piensan que la mayoría de la gente desaprueba al Gobierno Nacional”, destaca el documento. Así, un 47,6% por ciento tiene una imagen muy buena (14,9%) o buena (32,7%) del gobierno de Mauricio Macri, mientras que un 47,8% tiene una imagen mala (17,8%) o muy mala (30%).  Estadísticamente, se trata de un empate técnico en términos de imagen (ver datos arriba; click para agrandar). Sin embargo, cuando se indaga el clima de opinión más allá de la postura individual, ese empate se quiebra en sentido desfavorable al oficialismo: el 52% piensa que la mayoría está en contra, contra un 41% que piensa que la mayoría lo apoya, una brecha de 11 puntos porcentuales que es estadísticamente significativa. 

Las implicancias de este dato son claves, dado que pueden generar un proceso de espiral del silencio contraria a Cambiemos, por el cual se debiliten las posiciones de adhesión y se refuercen las posturas detractoras, justo cuando corre el segundo semestre que el mismo gobierno planteó en su momento como la bisagra en la cual empezarían a verse las mejoras y a un año de las primarias serán la antesala de la elección legislativa de medio término. En este marco, se entiende por qué hay consenso mayoritario (en rigor, casi unánime; sólo Aresco sugiere la posibilidad de un triple empate) de las encuestas en señalar que, si esas elecciones fueran, hoy el oficialismo perdería en el principal distrito electoral del país, provincia de Buenos Aires (concentra el 38% de todos los votos del país) ante el Frente Renovador o ante el FPV, según el escenario que se mida. Precisamente, la encuesta de Ibarómetro confirma que los más críticos del gobierno actual son los jóvenes y los residentes del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), enclave que incluye al Gran Buenos Aires (GBA).  

Asimismo, el análisis de la aprobación del gobierno nacional y de la evaluación positiva de la situación económica del país muestra un descenso en paralelo de ambas variables, el cual sugiere una estrecha relación entre ambas (ver datos abajo; click para agrandar). Esto es, la tendencia, como hemos visto en otros estudios, es hacia una convergencia: en la medida en que la percepción de la economía siga en descenso, no es esperable que la imagen del gobierno evolucione positivamente. Con todo, según el informe, “el gap entre aprobación y percepción de la economía revela que el respaldo del Gobierno Nacional se sostiene más sobre las expectativas que sobre el desempeño actual de la economía”. Así, si la hipótesis es que la de un efecto de arrastre de la gestión hacia abajo en la medida en que se profundice la percepción de crisis, el interrogante que planteó en su momento Alejandro Catterberg, director de Poliarquía, vuelve a cobrar pertinencia: "La sociedad evalúa de forma crítica y con gran preocupación la coyuntura actual, pero a su vez mantiene altas expectativas con respecto al futuro. Esta brecha es de las más amplias que tenemos registro y se mantiene desde el inicio del Gobierno. Es difícil pensar que se podrá sostener otro semestre: o la evaluación de la actualidad mejora o las expectativas caerán"



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