miércoles, 31 de agosto de 2016

Traducción política de efectos socioeconómicos (3)

Como venimos planteando en las entradas recientes, se detecta ya una fuerte convergencia de mediciones en ubicar el aval al actual gobierno nacional por debajo del 50%. En algunos estudios, esos valores ya se observaban en investigaciones de meses atrás, pero ahora incluso aquellas consultoras que registraban consensos por arriba del 50% hasta julio convergen hacia un promedio por debajo del “nivel crítico” de Morris, como vimos en el post anterior con Poliarquía. También hay un núcleo de coincidencias básicas entre las encuestadoras respecto a que el descenso de la imagen presidencial se da en el marco de una serie de medidas que impactaron de manera desfavorable en los intereses y la vida doméstica de las grandes mayorías: tarifazos en los servicios (más allá del freno puesto por la justicia, el costo político ya se produjo) alta inflación (el paréntesis de agosto se debe más a la combinación de recesión y freno al tarifazo que al descenso de la inflación núcleo) y caída del poder adquisitivo, es decir, aspectos que hacen a los efectos socioeconómicos de la gestión sobre la población.

Recientemente, el consultor Carlos Fara hizo un buen resumen de datos y análisis que vale la pena citar: “el 45 % aprueba la gestión presidencial, mientras que el 49 % la desaprueba; implica una estabilización de la tendencia, pero con déficit de imagen positiva; incremento de los sentimientos negativos sobre el país: los que sienten bronca pasaron del 39 al 47 % en un mes; los que están confiados o esperanzados cayeron 40 puntos en 8 meses: hoy representan sólo el 22 %; caída del optimismo sobre el futuro del país; la desocupación se ubica en primer lugar como preocupación; la evaluación de las principales políticas del gobierno nacional se estabiliza en niveles bastante negativos; se acentúa la percepción de que Macri gobierna para los ricos: estaba en 51 % y pasó a 55 %, el punto máximo desde marzo; alta insatisfacción con el tema tarifazos: de hecho, el 68 % se manifiesta de acuerdo con el cacerolazo realizado por ese tema; Massa y Macri siguen siendo las 2 principales figuras: Massa mantiene su estándar, mientras que el presidente baja la imagen positiva. En síntesis: un panorama estable pero negativo, con varios indicadores en deterioro como el humor social y las expectativas a futuro. Visto este escenario, tampoco parece aplicable la conocida sentencia de Menem “estamos mal pero vamos bien”. Acá debería ser “estamos mal y no sabemos cómo sigue”. Más allá de todo lo comentado sobre si el segundo semestre iba a ser o no el punto de inflexión para la recuperación económica, lo cierto es que ya se consumió el aguinaldo y la primera cuota de incremento salarial según los convenios colectivos, y la máquina no termina de arrancar. Eso se refleja claramente en este diagnóstico. Desde el punto de vista psicosocial, cuando la gente se asusta no consume, y a partir de ahí nada encaja. Esto va acompañado de varios consensos entre los economistas: 1) la inflación no va a bajar rápido, 2) las inversiones que movilizan van a tardar, 3) los dólares no van a llover, y 4) las obras públicas tienen mucha mora. Ya no se puede decir que es un gobierno de expectativas. El tarifazo del gas todavía no se aplicó, pero el costo político pasó la factura al contado con todo lo que eso implica en materia de expectativas. Eso hace que el sambenito de gobernar “para los ricos” se haya acentuado. Nadie dijo que iba a ser fácil. La herencia recibida no era precisamente para festejar. Ese no es el punto. El gobierno seguirá teniendo la paciencia de la mayoría de su lado hasta fin de año. 2017 será otro cantar"

Sumemos algunas claves al de por sí contundente aporte de Fara. El 45% de aprobación vs 49% de desaprobación confirma, en la línea de las demás mediciones, que se perforó el umbral crítico del 50%, con lo cual el acompañamiento ya se ubica en un orden de magnitud por debajo del caudal electoral obtenido por Mauricio Macri en el ballotage del 22-N (la diferencia entre 45% y 51,34% de votos es estadísticamente significativa). Por contrapartida, quienes no lo aprueban se ubican en el orden de magnitud del caudal electoral obtenido por Daniel Scioli en el ballotage (49% -48,6%). En la misma línea, en apenas un mes, el sentimiento de bronca por la actual coyuntura se acerca al mismo orden de magnitud (47%), mientras que el sentimiento de esperanza se desplomó 40% desde el inicio de la gestión Cambiemos y hoy alcanza apenas al 22%, esto es, en el orden de magnitud del caudal electoral obtenido por Macri en las PASO de hace un año (24%); o sea, está acotado al núcleo duro. La caída del optimismo se corresponde con la capitulación del pensamiento desiderativo frente al principio de realidad, y el regreso de la desocupación al podio de problemas confirma un cambio de época en una tónica similar a la de fines de los 90 y antesala de la crisis del 2001. Ese eco se advierte incluso en la semántica elegida por Fara en su análisis (por la referencia al “estamos mal pero vamos bien” del ex presidente Carlos Menemy su transición al  “estamos mal y no sabemos cómo sigue”). A mayor abundamiento, se confirma una impronta de sesgo clasista que el asesor de Macri, Jaime Durán Barba, buscaba evitar (aunque en el discurso público el ecuatoriano sigue transmitiendo optimismo): la creencia de que Macri gobierna para los ricos pasó del 51% al 55%, el valor pico para esta variable en las mediciones de Fara (similar al que vimos en la última medición de Ibarómetro, aunque en esa medición cedió levemente).  

Asimismo, Fara confirma el impacto del issue tarifazos en la línea de flotación del gobierno, con efecto contagio hacia el humor social y las expectativas a futuro, positivas hasta hace un tiempo atrás. Transitando ya el segundo semestre, la retracción del consumo y de la actividad general, con poquísimas insinuaciones de brotes verdes en nichos puntuales, terminan de perfilar un cuadro de malestar predominante, frente al cual el gobierno tiene poco para contrarrestar: promesas de inversiones que tardan en concretarse, una oposición parlamentaria fragmentada y sindicatos que aún están revisando su actitud hacia el oficialismo. En síntesis, el semblante del presente aparece signado por la desconfianza y por augurios de creciente conflictividad social. 

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