domingo, 28 de octubre de 2018

Presupuesto, supuestos y posicionamientos de cara al 2019 (I)

El pasado jueves 25/10, la Cámara de Diputados dio media sanción a un presupuesto que supone un ajuste de $ 475.000 millones de cara al 2019. El resultado de la votación es el que muestra el gráfico (ver datos debajo). Si transformáramos los votos en proporciones, la distribución sería 54% a favor, 40% en contra y 3,1% abstenciones (casi la misma proporción se ausentó). Simplemente por curiosidad demoscópica, podríamos preguntarnos si esa distribución representa de manera aproximada las actitudes de los electores respecto al presupuesto. Oportunamente, el encuestador Federico González hizo la siguiente pregunta: ¿qué cree Ud que la oposición debería hacer con el presupuesto presentado por el gobierno de Mauricio Macri? El 24,5% se inclinó por “votarlo”; el 27,1%, “rechazarlo y dejar al gobierno sin presupuesto”; el 44,4%, “abstenerse y dejar que ese presupuesto sea sólo responsabilidad de Mauricio Macri”; el 4%, ns (ver datos arriba; click para agrandar). 




Es evidente la gran distancia entre esa dos series de distribuciones: la aprobación en Diputados está casi 30 puntos porcentuales (29,5 pp) arriba de la actitud de aprobación entre electores, mientras que la oposición está casi 13 pp (12,9) de la actitud correlativa en la opinión pública. Hay una "ancha avenida del medio" actitudinal que se decanta por la abstención, que apenas tuvo 3,1% en la Cámara (postura que quizá en parte tenga que ver con que se trate de un tema técnico respecto al cual los electores no decididamente cambiemitas ni decididamente kirchneristas prefieren no sentar posición). Sugestivamente, tanto el 24,5% a favor del presupuesto como el 27,1% en contra están en el orden de magnitud del voto duro de Cambiemos y del voto duro K, respectivamente: Mauricio Macri obtuvo como candidato exactamente 24,5% en la PASO del 2015, mientras que CFK y aliados lograron alrededor de 24% en las legislativas del 2017 a nivel país. Esto plantea una suerte de paradoja, porque en una lectura lineal implica que si el PJ no K y el massismo quisieran "sintonizar" con la proporción de electores "no alineados" que arroja el estudio de Federico González, deberían haberse abstenido en la votación del jueves; en sentido contrario, en aras de la gobernabilidad, el Peronismo Federal (como viene siendo regla, con apenas excepciones), acompañó al oficialismo. El sociólogo y consultor Carlos de Angelis aporta la siguiente interpretación: "El apoyo del Peronismo Federal, tanto para dar quórum como para la propia votación, fue clave para la sanción. El argumento de este sector sobre que es mejor constreñir al Gobierno con una ley antes que dejarle las manos libres y que esta decisión no tendrá costos electorales es una hipótesis que se contrastará con la evidencia del impacto en la economía real cuando se desplieguen las condiciones para su cumplimiento en cuestiones como el aumento de impuestos como bienes personales, la reducción de la obra pública y el futuro de los salarios de estatales, en especial los docentes. Ese conjunto irá por la recomposición de los ingresos perdidos de este año y sobre los pronósticos de la inflación para 2019, que rondan en el 35%. Será la contracara del déficit cero: la conflictividad de un país bloqueado en su capacidad de generar recursos".

En cualquier caso, esa "ancha avenida del medio" se estrecha sensiblemente cuando se miden actitudes electorales y también cuando se cuentan votos: el promedio de 9 encuestas nacionales recientes de cara a la elección presidencial de 2019 ubica a Unidad Ciudadana/CFK con 31,5%, a Cambiemos/Macri/Vidal con 30,3% y al Peronismo Federal/Massa con 12%. Es decir, aunque el oficialismo cede 12 puntos porcentuales respecto a la elección de hace un año, no es el peronismo antiK el que capitaliza esa merma, sino la ex presidenta, que pasa de 24% a 31,5% (suma 7,5 puntos porcentuales). Peor todavía, el espacio PJ antiK+ massismo se ubica 3,4 pp por debajo de lo que el año pasado sumaron por separado el peronismo no K (9,5%) y el 1País (5,9%): 15,4%. Si bien la diferencia no es estadísticamente significativa, sugiere que nuevamente Massa no logra con sus eventuales nuevos aliados sumar más que la suma de las partes; lo mismo que le sucedió el año pasado, al constituir el frente con Margarita Stolbizer. Lo que pasa es que la dinámica de desgaste del gobierno está recreando una polarización más bien simétrica (a diferencia de la polarización asimétrica que vimos en 2017), lo que reposiciona a la principal fuerza y dirigente opositora (Unidad Ciudadana-CFK), a la vez que debilita relativamente a las opciones "opo-oficialistas" como el PJ no K y el massismo. Eso se confirma cuando analizamos las performances relativas en términos de imagen: como detectó la encuesta de Query Argentina, tanto Sergio Massa como Juan Urtubey tienen imágenes positivas menores que las figuras del oficialismo (Vidal, Carrió, Macri) y también por debajo de la principal opositora, CFK (ver datos abajo; click para agrandar). 





En el caso del líder del Frente Renovador, su imagen negativa resulta similar a la de Macri y CFK, lo cual lo debilita relativamente más, ya que le da un diferencial de imagen desfavorable muy alto (ver datos debajo; click para agrandar). Clave aparte: nótese que el actual presidente y la presidente están empatados en imagen positiva (33% y 32%, respectivamente) tanto como negativa (56% y 57%) y en neto resultante (-23% y -25%), dado que las diferencias entre ellos no son estadísticamente significativas en ningún caso. Esto refuerza la tendencia a la polarización simétrica, dado que ambos tienden a dividir opinión en proporciones similares. Vale decir: si la imagen negativa marca techos, como se sostiene a menudo, hoy el techo de Macri es similar al de CFK. 




Esta lectura de contexto nos da un marco para leer los últimos movimientos de la oferta política: la salida de Felipe Solá  y otros 4 diputados del Frente Renovador (ensayando un acercamiento a Unidad Ciudadana), el intento de Massa de armar un interbloque con el PJ antiK para no seguirse debilitando y los movimientos de PJ Federal testeando un frente "progresista" (en articulación potencial con socialistas santafesinos y radicales críticos de Cambiemos). Todas esas movidas son intentos de ensanchar una representación que parece en tren de menguarse en lugar de crecer. Como lo planteó el sociólogo Pablo Romá, referente de la consultora Circuitos: "Hace un tiempo, cuando se hablaba de unidad del peronismo parecía que la unidad era de todos menos CFK. Hoy, el espacio de Unidad Ciudadana empieza a sumar sectores y pone en cuestión la amplitud del peronismo `no K`".

Las inconsistencias del Presupuesto dentro del marco de fragilidad sistémica general del programa son tantas que ameritan un eventual posteo aparte; por ahora, basta con apuntar que lo que señaló el economista Fernando Oviedo: "dieron media sanción a un Presupuesto que calcula ingresos tributarios bajo el supuesto de que la economía va a caer 0,5% en el 2019. Hoy (en referencia al viernes 26/10) le dicen al FMI, en una carta de intención, que la economía puede caer hasta 2%, con lo que el Presupuesto, a un día de tener media sanción, ya no sirve". Con matices, un dejà vu del 2017, cuando se cambió la meta inflacionaria después de la sanción del Presupuesto (con los resultados ya conocidos). A su turno, de Angelis planteó: "Con alta inflación y recesión en la calle, propone un Presupuesto con cientos de incógnitas en cuanto a su cumplimiento. Cualquier movimiento equivocado propio o ajeno puede llevar al fracaso de Mauricio Macri en su ambicioso triple intento de enderezar la economía. La misma promesa del dólar a 40 pesos choca con la política monetaria explicitada por el Banco Central de establecer bandas de flotación con incrementos graduales para evitar un nuevo retraso cambiario (...) Hoy la propuesta es radical: muerta la renta, se debería terminar la inflación. En este contexto, Mauricio Macri se propone nada menos que romper con la ley de la gravedad transmutada al terreno político. Una regla no escrita que dice que ningún presidente puede ser reelecto en un contexto recesivo. ¿Lo logrará?". En términos electorales, aquí radica el principal desafío: cómo puede el oficialismo ganar la elección de 2019 luego de que

1) en 2018 el PBI caiga (según estimaciones del mismo FMI) 2,8% y otro 1,7% el año próximo; 
2) que el consumo privado se desplome 9,9% este año y 4,6% en el año electoral;
3) que la inversión caiga 7% este año y 9,5% el año que viene
4) y que el desempleo alcance 9,8% este año y 10,9% en 2019. 

En síntesis, un mix (acuerdo con el FMI + Presupuesto) que parecen garantizar una crisis en "L", todo a los efectos de que el presidente Macri complete su mandato sin defaultear, pero dejándole un presente griego al futuro gobierno. 

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