En las últimas tres entradas, ensayamos aritméticas electorales que perfilan por dónde pasan las chances de victoria del oficialismo y de la oposición, respectivamente. Sintéticamente, en el primer caso, la apuesta central es imponerse en primera vuelta, para evitar que el voto adverso al oficialismo se encolumne detrás del opositor más votado (ya sea en la instancia de ballotage formal propiamente dicho o bien en una primera vuelta pos-PASO que haría las veces de “doble vuelta informal”-tesis Carlos Fara). En sentido contrario, decíamos, las chances de la oposición dependen fuertemente de que se abra “la boca del yacaré”, es decir, que crezca la intención de voto de Mauricio Macri y se estanque o descienda la de Sergio Massa, o viceversa; el FAUNEN, con varios precandidatos lanzados (pero pocos "midiendo") según todos los estudios de opinión conocidos, hoy por hoy no tiene chances de arrimarse a la pelea mayor.
En el post anterior, revisábamos a su vez la fuerza relativa de los sellos en una encuesta que confirmaba la ventaja del FPV (33,7%, contra 20,7% del PRO, 18,4% del Frente Renovador, casi 13% del FAUNEN y casi 6% del Frente de Izquierda. El registro del oficialismo es prácticamente el mismo que obtuvo en las elecciones legislativas de 2013, que confirmaron su carácter de primera minoría electoral nacional (aunque lejos del récord del 54% obtenido en las presidenciales de 2011 con CFK como candidata). Dado que ese tercio también lo mantuvo el kirchnerismo en las legislativas de medio término de 2009, diversos analistas hablan de un núcleo duro K del 33% como piso electoral del oficialismo. Este fin de semana, una encuesta del CEOP reportó cifras similares, colocando al FPV con 35%, seguido por el PRO y el Frente Renovador de Massa, en ese orden. “Preguntamos si se votaría en las PASO y a qué partido votaría; la próxima etapa serían candidatos. La intención de voto por partido desnuda las lealtades de la gente, y hoy el Frente para la Victoria metido adentro de la estructura del FPV logra casi un 35%”, señaló Roberto Bacman, titular del Centro de Estudios para la Opinión Pública. “Si el FPV tiene 35%, donde hay indecisos y voto en blanco, si se lo proyecta está por encima del 40%, que es el piso histórico del PJ, del ´83 en adelante”, sostuvo. Para Bacman, tanto el PRO como el FR están “unos 20 puntos por debajo” del FPV, con ventaja leve de Macri sobre Massa.
El estudio que citábamos en el post anterior avanzaba sobre el posicionamiento de los candidatos. Al interior del FPV, Daniel Scioli lograba el 54,9% de adhesión, seguido por Florencio Randazzo (29,8%) y Sergio Urribarri (5,8%). En las elecciones generales, si el candidato del FPV fuera Scioli, de acuerdo a ese estudio obtendría un 33,2% (primera vez que un precandidato del espacio pan-oficialista aparece capitalizando “el tercio de los sueños”). Por su parte, Sergio Massa logra un 24% y Mauricio Macri un 22,6% (un empate técnico) en tanto que Julio Cobos, a priori el precandidato más competitivo del FAUNEN, suma un 12,1%. La comparación entre junio y octubre, siempre de acuerdo a esta encuesta, muestra que Scioli pasó del 29,2% al 33,2 %, Massa bajó del 25,2% al 24%, Macri pasó del 21,4 al 22,6; Cobos del 13,2 al 12,1%. Hay que decir que, en rigor, ninguna de estas variaciones es estadísticamente significativa. En el caso de Jorge Altamira, la variación sí es más sensible: bajó del 4,8% al 1,9%.
En conclusión, el mapa político va decantando lentamente en escenario preelectoral. El oficialismo sigue siendo primera minoría electoral, como fue en 2013, y si bien muestra un escenario con múltiples candidatos (como el FAUNEN), las tendencias sugieren que irá ordenándose, sino en torno a una candidatura única, en una compulsa entre no más de dos o tres figuras, una de las cuales seguramente será K “menos pura” (Scioli), para contender con uno o dos candidatos más cercanos o “aceptables” para las minorías “doctrinarias” del kirchnerismo. Esa misma división, en una instancia de primarias abiertas como las PASO, beneficiaría a Scioli, el candidato más potable para los segmentos electorales "moderados" (ni anti -K ni kirchneristas "fieles") y para gran parte de la estructura del PJ, que comparte la condición de ese electorado volátil. Como sucedió en 2010 después de las anteriores legislativas de medio término, el oficialismo confirmó que maneja la agenda política, mantiene la iniciativa y además reforzó su posición en el clima de opinión (considerar, en este marco, el fracaso del 13-N). También como en 2010, el FAUNEN está repitiendo el fracaso del Acuerdo Cívico y Social, ya que oscila entre la ruptura y una convivencia forzada, ya no sólo por la perpetua vocación desafiante de Elisa Carrió en todos los espacios que integra-desintegra, sino por la abierta inclinación de figuras de peso del radicalismo (como el titular del Comité Nacional, Ernesto Sanz, nada menos) de abrir el frente hacia el PRO, contra la voluntad de los socios de “centroizquierda” que integran el frente.
Aunque por ahora la sangre no llegó al río, este debate interno deja al FAUNEN en condición de cuarto cómodo en intención de voto y sujeto a la canibalización electoral de las dos figuras opositoras más competitivas, Sergio Massa y Mauricio Macri. Hoy, no se advierten en el escenario nichos donde puedan insertarse nuevas figuras o candidatos, menos todavía si lo hacen bajo el auspicio de sellos débiles (como el partido Fe, de “Momo” Venegas). Por el contrario, lo que hay es superabundancia de precandidatos: como ya planteó el consultor Carlos Fara hace un mes, “no es tiempo de hablarle demasiado al electorado. Es tiempo de tener paciencia. Hay demasiadas fichas en el aire”.
Concepto acuñado por el filósofo inglés Joseph Glanvill, el clima de opinión nos rodea. Existen ciencias para medirlo, pero también hay lugar para lo inesperado, tal como el aleteo de una mariposa en Pekín puede desatar un huracán en México que contraríe el pronóstico del tiempo. Este blog de tendencias de opinión pública e influencia social pretende aportar elementos al "sensor cuasiestadístico" con que sondeamos el ambiente y ser un foro para intercambiar puntos de vista.
martes, 18 de noviembre de 2014
domingo, 16 de noviembre de 2014
Nota publicada en suplemento Tendencias de La Voz
La nube, para todos y todas
Soluciones “cloud”. Tanto para usuarios como para empresas, se multiplican los servicios y desarrollos asociados a la nube. Novedades recientes y casos destacados.
Por Norman Berra (Especial)
Sin dudas, un gran activo de las personas y las compañías es su información, capital cada vez más móvil y “flotante” desde la irrupción de servicios alojados en “la nube”. La nube permite a los usuarios tener sus archivos disponibles en todas partes y en cualquier dispositivo con conexión a Internet (ya que la información está descargable desde la web), lo que proporciona grandes ventajas pero también plantea desafíos en términos de funcionalidad, seguridad y privacidad.
http://www.lavoz.com.ar/tendencias/la-nube-para-todos-y-todas
viernes, 14 de noviembre de 2014
Aritmética electoral: las chances del oficialismo y las chances de la oposición hacia 2015 (3)
Que el mejor escenario electoral para el oficialismo es ganar en primera vuelta está bastante claro en el debate al interior del espacio. En todo casos, los matices pasan por el proceso de definición de la sucesión/candidato: 1) muchos precandidatos compitiendo en las PASO y un ganador emergente que encolumne el voto FPV, 2) dos figuras –una más cerca de la corriente “K” pura vs otra más “impura”- o bien 3) un candidato “por consenso” o ungido por la “gran electora” (CFK). El debate por la “pureza”, relevante en términos de “sustancia doctrinaria” del modelo, no deja, sin embargo, de estar atravesado por la discusión de si para la estrategia pan-oficialista suma más un candidato más puro capaz de encolumnar tras de sí el voto “duro” del FPV o, en cambio, si ese voto “duro” es el piso de la fuerza casi en cualquier circunstancia (aun en escenarios adversos como 2009 y 2013 el FPV se garantizó ese caudal) y, por consiguiente, el desafío es construir una coalición ganadora sumando segmentos electorales refractarios a un candidato K puro, pero dispuestos a votar un mix entre continuidad y cambio.
La ventaja del sello oficialista parece incontestable para arrimarse a un triunfo en primera vuelta (decimos “arrimarse”: no hay ninguna posibilidad de profecía exitosa a tanto tiempo de las PASO y las elecciones generales). Una reciente encuesta, que abarcó todo el país y 24 partidos del conurbano bonaerense (no fue identificada la consultora; quizá lo sea en los próximos días, pero las tendencias son una profundización de lo que viene reportando en estudios anteriores la consultora Aresco) muestra al FPV con relativa comodidad en primer lugar, no tan lejos de ganar en primera vuelta, pero aún en riesgo de ser derrotado en un eventual ballotage. Otro dato saliente del estudio es que confirma al Frente Renovador de Sergio Massa con una tendencia entre el estancamiento y el retroceso. En cuanto a la polarización entre continuidad y cambio, el estudio arroja que los que prefieren que el próximo gobierno continúe con las políticas actuales llegan al 10,1% y los que prefieren continuar de la misma forma pero con algunos cambios llegan al 40,9 %. Por el contrario, quienes se inclinan por cambiar todas las políticas actuales llegan al 46,1%.
Sin embargo, aunque esto pareciera insinuar una polarización (continuidad con cambio vs cambio total), en rigor continuidad y cambio son significantes vacíos per se, cuya funcionalidad política-electoral depende del contenido con que se los habite. Sí queda claro que un oficialismo que logre encolumnar el voto duro y sumarle una fracción de no alineado (parte de ese amplio 41%) puede enfrentar con chances a una oposición que en primera instancia se reparte el 46% de adversos netos (adviértase que 46% coincide con el porcentaje de quienes no votaron a CFK en 2011). Sin embargo, con tantos precandidatos opositores, ese 46% difícilmente podría ser tomado por uno solo, con lo cual está claro que la oposición tiene que ir también por aquel amplio 41% si quiere ganar en 2015 (insistimos en nuestra tesis de que la próxima elección se define por el medio, planteada también por Fara). Medidos los sellos de cara a las PASO del 2015, según ese estudio el FPV lograría un 33,7%; el PRO un 20,7%; el Frente Renovador un 18,4%; el FAUNEN (en proceso de implosión acelerada por estos días) un 12,9% y el Frente de Izquierda un 5,8%. Como dato, el FPV en junio era elegido por un 30% y ahora llega al 33,7%. Por su parte, el PRO pasó del 15,2% al 20,7% y el FR pasó de un 18,2% al 18,4 % lo que implica un amesetamiento. La variación del FPV entre mediciones no es estadísticamente significativa, pero si la tendencia persistiera, se estaría arrimando al triunfo en primera vuelta; en cambio, sí parece más sustancial el ascenso de PRO, presumiblemente a costa de FAUNEN más que del estancamiento del Frente Renovador.
Hasta no hace mucho, se sugería que la estrategia oficialista era llevar la elección hacia una polarización con Mauricio Macri, el candidato que mejor le servía al “modelo” para confrontar ideológicamente. No obstante, en los últimos meses parece insinuarse la tendencia de que al oficialismo le conviene enfrentar una oposición dividida en al menos tres actores con cierto protagonismo (Massa, Macri, FAUNEN), pues eso facilita arrimarse al triunfo sin ballotage (instancia con muchos riesgos para el FPV). En esta línea de análisis, al FPV no le conviene que se abra demasiado “la boca del yacaré” que grafica la intención de voto de Massa vs Macri: si se abriera, significaría que uno de los dos opositores se está quedando con el voto adverso al kirchnerismo y por lo tanto haciéndose más competitivo. Por el contrario, las chances de victoria de Massa y Macri pasan centralmente por la apertura de la boca del yacaré, ya que despegarse del otro les permitiría arrimarse al FPV para impedir el triunfo oficialista en las PASO y en la primera vuelta, tanto como para llegar con chances de lograr la victoria en una eventual segunda (ballotage que depende, como planteamos, de las posiciones relativas obtenidas por oficialismo vs opositores en las PASO, por la tesis de que las primarias podrían funcionar como primera vuelta y la general de octubre como segunda). Por eso, se entiende que Macri y Massa se estén disputando la estructura política de la UCR, dado que en términos de mapa político el opositor que logre captar más adhesión electoral en ese cantera sería aquel en mejores condiciones de enfrentar al oficialismo.
La ventaja del sello oficialista parece incontestable para arrimarse a un triunfo en primera vuelta (decimos “arrimarse”: no hay ninguna posibilidad de profecía exitosa a tanto tiempo de las PASO y las elecciones generales). Una reciente encuesta, que abarcó todo el país y 24 partidos del conurbano bonaerense (no fue identificada la consultora; quizá lo sea en los próximos días, pero las tendencias son una profundización de lo que viene reportando en estudios anteriores la consultora Aresco) muestra al FPV con relativa comodidad en primer lugar, no tan lejos de ganar en primera vuelta, pero aún en riesgo de ser derrotado en un eventual ballotage. Otro dato saliente del estudio es que confirma al Frente Renovador de Sergio Massa con una tendencia entre el estancamiento y el retroceso. En cuanto a la polarización entre continuidad y cambio, el estudio arroja que los que prefieren que el próximo gobierno continúe con las políticas actuales llegan al 10,1% y los que prefieren continuar de la misma forma pero con algunos cambios llegan al 40,9 %. Por el contrario, quienes se inclinan por cambiar todas las políticas actuales llegan al 46,1%.
Sin embargo, aunque esto pareciera insinuar una polarización (continuidad con cambio vs cambio total), en rigor continuidad y cambio son significantes vacíos per se, cuya funcionalidad política-electoral depende del contenido con que se los habite. Sí queda claro que un oficialismo que logre encolumnar el voto duro y sumarle una fracción de no alineado (parte de ese amplio 41%) puede enfrentar con chances a una oposición que en primera instancia se reparte el 46% de adversos netos (adviértase que 46% coincide con el porcentaje de quienes no votaron a CFK en 2011). Sin embargo, con tantos precandidatos opositores, ese 46% difícilmente podría ser tomado por uno solo, con lo cual está claro que la oposición tiene que ir también por aquel amplio 41% si quiere ganar en 2015 (insistimos en nuestra tesis de que la próxima elección se define por el medio, planteada también por Fara). Medidos los sellos de cara a las PASO del 2015, según ese estudio el FPV lograría un 33,7%; el PRO un 20,7%; el Frente Renovador un 18,4%; el FAUNEN (en proceso de implosión acelerada por estos días) un 12,9% y el Frente de Izquierda un 5,8%. Como dato, el FPV en junio era elegido por un 30% y ahora llega al 33,7%. Por su parte, el PRO pasó del 15,2% al 20,7% y el FR pasó de un 18,2% al 18,4 % lo que implica un amesetamiento. La variación del FPV entre mediciones no es estadísticamente significativa, pero si la tendencia persistiera, se estaría arrimando al triunfo en primera vuelta; en cambio, sí parece más sustancial el ascenso de PRO, presumiblemente a costa de FAUNEN más que del estancamiento del Frente Renovador.
Hasta no hace mucho, se sugería que la estrategia oficialista era llevar la elección hacia una polarización con Mauricio Macri, el candidato que mejor le servía al “modelo” para confrontar ideológicamente. No obstante, en los últimos meses parece insinuarse la tendencia de que al oficialismo le conviene enfrentar una oposición dividida en al menos tres actores con cierto protagonismo (Massa, Macri, FAUNEN), pues eso facilita arrimarse al triunfo sin ballotage (instancia con muchos riesgos para el FPV). En esta línea de análisis, al FPV no le conviene que se abra demasiado “la boca del yacaré” que grafica la intención de voto de Massa vs Macri: si se abriera, significaría que uno de los dos opositores se está quedando con el voto adverso al kirchnerismo y por lo tanto haciéndose más competitivo. Por el contrario, las chances de victoria de Massa y Macri pasan centralmente por la apertura de la boca del yacaré, ya que despegarse del otro les permitiría arrimarse al FPV para impedir el triunfo oficialista en las PASO y en la primera vuelta, tanto como para llegar con chances de lograr la victoria en una eventual segunda (ballotage que depende, como planteamos, de las posiciones relativas obtenidas por oficialismo vs opositores en las PASO, por la tesis de que las primarias podrían funcionar como primera vuelta y la general de octubre como segunda). Por eso, se entiende que Macri y Massa se estén disputando la estructura política de la UCR, dado que en términos de mapa político el opositor que logre captar más adhesión electoral en ese cantera sería aquel en mejores condiciones de enfrentar al oficialismo.
miércoles, 12 de noviembre de 2014
Nota publicada en suple Tendencias de La Voz del Interior
Entre la casa inteligente y el “hágalo Ud. mismo”
Tecnología aplicada al hogar. Novedades en domótica y soluciones constructivas amigables para el usuario auguran la próxima revolución en la casa. Lo que se viene.
Por Norman Berra (Especial)
Recientes novedades tecnológicas sugieren que la masificación de la domótica y la aparición de soluciones de construcción autogestionables pueden generar un salto evolutivo en la manera de concebir una casa. Veamos algunos desarrollos en este campo:
http://www.lavoz.com.ar/tendencias/entre-la-casa-inteligente-y-el-hagalo-ud-mismo
martes, 11 de noviembre de 2014
Aritmética electoral: las chances del oficialismo y las chances de la oposición hacia 2015 (2)
Cerrábamos el post anterior planteando la hipótesis de que la próxima elección tiende a definirse “por el medio”, y marcando la coincidencia con el consultor Carlos Fara. Presentaremos aquí una postura contraria, para enriquecer el debate: según el sociólogo Artemio López (consultora Equis), “la lección que deja Brasil, como las prácticas electorales triunfantes del conjunto de las experiencias popular-democráticas latinoamericanas abiertas la década pasada, es que en esta instancia del desarrollo de los proyectos nacionales y de cara a su continuidad luego de más de 10 años de gestión, la alternativa electoral más eficaz es polarizar. Bien lejos del cambio moderado o la continuidad con cambios que proponen muchos analistas y medios opositores - sean o no oficialistas- , en Brasil pero también en nuestro país. Fue nuevamente Lula el que en la campaña de segunda vuelta ocupó el centro de la escena electoral, recordando que frente al proyecto encarnado por Dilma se alzaba su antagónico que proponía el retorno al pasado neoliberal, la falta de empleo, de educación, la ausencia de políticas sociales. Dos proyectos muy diferentes en disputa, uno para minorías, ordenado por el FMI, el otro para las mayorías populares, soberano y por el cual Brasil es respetado internacionalmente. Claro y sencillo el mensaje de Lula exhortaba a elegir entre dos modelos opuestos, al tiempo que advertía que Brasil no puede retroceder. Este mensaje del líder del PT, finalmente resultó el que logró resolver exitosamente la estricta segunda vuelta y encaminar al PT a su cuarto turno de gobierno”.
En esa línea de argumentación, es central el dato de que la principal figura del espacio político oficialista y gran electora (CFK) aún no entró de lleno en la carrera hacia 2015. “Que el kirchnerismo pase o no el 40% dependerá de cuánto se involucre Cristina en la construcción de un candidato –dijo a Perfil Artemio López, director de la consultora Equis–. Un cristinista puro tendría mucha más potencialidad que un candidato del ‘cambio moderado’ como Scioli, ya que recibiría el caudal electoral de la principal figura del kirchnerismo, que es justamente CFK”. Como vemos, este planteo es diametralmente opuesto al que venimos desarrollando en las últimas entradas, según el cual Daniel Scioli es el precandidato del espacio pan-oficialista mejor “aspectado” (para usar un término caro a la astrología) en el actual panorama. Como de costumbre, el argumento de López resulta estimulante para el debate.
Sin embargo, ahora planteamos nuestros puntos de discrepancia. En primer lugar, polarizar en Brasil funcionó porque en la situación preelectoral de base ya había, incipientemente, dos polos: PT vs. oposición, en sentido general (claramente representada por el PSDB, y un poco menos por Marina Silva; de ahí que la ecologista quedara tercera y fuera del ballotage). La estrategia del oficialismo fue efectiva porque se montó sobre una situación real preexistente, y la explotó de manera eficaz. En Argentina, en cambio, no hay polos: el electorado está mucho más fragmentado, en una situación que, aun ordenándola a través del análisis, se parece a más a tres tercios que a dos polos. En segundo lugar, el oficialismo en Argentina está lejos de ser un polo: en rigor, insistimos, es un tercio. De hecho, el mismo López cita un artículo de Perfil, en el cual Facundo Barrio plantea que “el kirchnerismo tiene el “núcleo duro” de votantes más pequeño entre los gobiernos de Latinoamérica que considera afines. En las recientes elecciones presidenciales de Brasil, Uruguay y Bolivia, los oficialismos de esos países obtuvieron más del 40% de los sufragios en primera vuelta. En Venezuela, Ecuador y Nicaragua, las fuerzas gobernantes también superan ese nivel de apoyo. En la Argentina, en cambio, el techo de votos puros K se estima cercano al 30%”. Un 30 o 33 por ciento de los votos está bien lejos de constituir un polo: para ganar, entonces, el oficialismo necesita construir una coalición, dado que el voto máximo “transferible” por la gran electora (CFK) nunca puede ser el mismo que obtendría una boleta encabezada por Cristina Fernández (45% en 2007 y 54% en 2011). Sin CFK al tope de la lista, no existe tal continuidad pura (ninguno de los precandidatos la expresa), con lo cual cualquier precandidato del FPV tiene un techo del 30-33% (piso del FPV en las legislativas de 2009 y 2013) de despliegue máximo capitalizando el voto K "duro"; gran plataforma, pero a todas luces insuficiente para ganar en primera vuelta.
En tercer lugar, como bien planteó Martín Granovsky, “el PT consiguió repetir el esquema de gobernar evitando la polarización y concurrir a elecciones polarizando. La polarización sacó de juego a Marina Silva en la primera vuelta y fortaleció la figura de Aécio como la gran esperanza del establishment brasileño. En la segunda vuelta, la polarización volvió a favorecer al PT porque logró aumentar su caudal en 11 millones de votos. Dilma pasó del 41,59 por ciento al 51,63 por ciento. Si se tiene en cuenta que los blancos y nulos bajaron del 9,64 por ciento al 6,34 por ciento, tal vez allí esté el origen de una parte de los sufragios de ayer. Otro origen, sin duda, es la cantera de los 22 millones de votos que formaron el 21,32 por ciento de Marina. Es obvio que no fueron en masa a Neves, como sugerían en las últimas tres semanas algunos análisis apresurados, porque de otro modo hoy Aécio y no Dilma sería el presidente electo para el próximo mandato”. La situación en Argentina es bien distinta, porque, a diferencia del PT, el oficialismo aquí “polariza” desde la gestión misma. De cara a las elecciones de 2015, entonces, no necesita polarizar, sino retener el caudal electoral propio y captar un segmento adicional para completar una coalición ganadora. Para eso no requiere un candidato “K” puro (por otro lado, no podría haber tal cosa, sin CFK en la boleta) sino uno en condiciones de captar segmentos electorales no alineados nítidamente con la oposición ni con el oficialismo. El cálculo que hace Scioli (y que cada vez hacen más al interior del FPV, por lo cual ha cedido sensiblemente la resistencia interna respecto a ese precandidato) es el siguiente: el voto duro "está", no es esperable que los votos kirchneristas migren a candidatos opositores como Sergio Massa, Mauricio Macri o alguno del FAUNEN, más allá de que Scioli no convenza del todo a los K más "consistentes" (una minoría, dentro del FPV). Pero como el voto duro no alcanza (condición necesaria, pero no suficiente), hay que capturar otro 10% o 12%, y con eso existirían incluso chances de ganar sin ballotage.
En esa línea de argumentación, es central el dato de que la principal figura del espacio político oficialista y gran electora (CFK) aún no entró de lleno en la carrera hacia 2015. “Que el kirchnerismo pase o no el 40% dependerá de cuánto se involucre Cristina en la construcción de un candidato –dijo a Perfil Artemio López, director de la consultora Equis–. Un cristinista puro tendría mucha más potencialidad que un candidato del ‘cambio moderado’ como Scioli, ya que recibiría el caudal electoral de la principal figura del kirchnerismo, que es justamente CFK”. Como vemos, este planteo es diametralmente opuesto al que venimos desarrollando en las últimas entradas, según el cual Daniel Scioli es el precandidato del espacio pan-oficialista mejor “aspectado” (para usar un término caro a la astrología) en el actual panorama. Como de costumbre, el argumento de López resulta estimulante para el debate.
Sin embargo, ahora planteamos nuestros puntos de discrepancia. En primer lugar, polarizar en Brasil funcionó porque en la situación preelectoral de base ya había, incipientemente, dos polos: PT vs. oposición, en sentido general (claramente representada por el PSDB, y un poco menos por Marina Silva; de ahí que la ecologista quedara tercera y fuera del ballotage). La estrategia del oficialismo fue efectiva porque se montó sobre una situación real preexistente, y la explotó de manera eficaz. En Argentina, en cambio, no hay polos: el electorado está mucho más fragmentado, en una situación que, aun ordenándola a través del análisis, se parece a más a tres tercios que a dos polos. En segundo lugar, el oficialismo en Argentina está lejos de ser un polo: en rigor, insistimos, es un tercio. De hecho, el mismo López cita un artículo de Perfil, en el cual Facundo Barrio plantea que “el kirchnerismo tiene el “núcleo duro” de votantes más pequeño entre los gobiernos de Latinoamérica que considera afines. En las recientes elecciones presidenciales de Brasil, Uruguay y Bolivia, los oficialismos de esos países obtuvieron más del 40% de los sufragios en primera vuelta. En Venezuela, Ecuador y Nicaragua, las fuerzas gobernantes también superan ese nivel de apoyo. En la Argentina, en cambio, el techo de votos puros K se estima cercano al 30%”. Un 30 o 33 por ciento de los votos está bien lejos de constituir un polo: para ganar, entonces, el oficialismo necesita construir una coalición, dado que el voto máximo “transferible” por la gran electora (CFK) nunca puede ser el mismo que obtendría una boleta encabezada por Cristina Fernández (45% en 2007 y 54% en 2011). Sin CFK al tope de la lista, no existe tal continuidad pura (ninguno de los precandidatos la expresa), con lo cual cualquier precandidato del FPV tiene un techo del 30-33% (piso del FPV en las legislativas de 2009 y 2013) de despliegue máximo capitalizando el voto K "duro"; gran plataforma, pero a todas luces insuficiente para ganar en primera vuelta.
En tercer lugar, como bien planteó Martín Granovsky, “el PT consiguió repetir el esquema de gobernar evitando la polarización y concurrir a elecciones polarizando. La polarización sacó de juego a Marina Silva en la primera vuelta y fortaleció la figura de Aécio como la gran esperanza del establishment brasileño. En la segunda vuelta, la polarización volvió a favorecer al PT porque logró aumentar su caudal en 11 millones de votos. Dilma pasó del 41,59 por ciento al 51,63 por ciento. Si se tiene en cuenta que los blancos y nulos bajaron del 9,64 por ciento al 6,34 por ciento, tal vez allí esté el origen de una parte de los sufragios de ayer. Otro origen, sin duda, es la cantera de los 22 millones de votos que formaron el 21,32 por ciento de Marina. Es obvio que no fueron en masa a Neves, como sugerían en las últimas tres semanas algunos análisis apresurados, porque de otro modo hoy Aécio y no Dilma sería el presidente electo para el próximo mandato”. La situación en Argentina es bien distinta, porque, a diferencia del PT, el oficialismo aquí “polariza” desde la gestión misma. De cara a las elecciones de 2015, entonces, no necesita polarizar, sino retener el caudal electoral propio y captar un segmento adicional para completar una coalición ganadora. Para eso no requiere un candidato “K” puro (por otro lado, no podría haber tal cosa, sin CFK en la boleta) sino uno en condiciones de captar segmentos electorales no alineados nítidamente con la oposición ni con el oficialismo. El cálculo que hace Scioli (y que cada vez hacen más al interior del FPV, por lo cual ha cedido sensiblemente la resistencia interna respecto a ese precandidato) es el siguiente: el voto duro "está", no es esperable que los votos kirchneristas migren a candidatos opositores como Sergio Massa, Mauricio Macri o alguno del FAUNEN, más allá de que Scioli no convenza del todo a los K más "consistentes" (una minoría, dentro del FPV). Pero como el voto duro no alcanza (condición necesaria, pero no suficiente), hay que capturar otro 10% o 12%, y con eso existirían incluso chances de ganar sin ballotage.
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