viernes, 9 de octubre de 2026

A un año de las elecciones, cómo está el mapa ideológico a nivel país (nota publicada en CBA24N)

Dentro de un año, el país estaría a punto de celebrar la primera vuelta presidencial. Un enfoque alternativo al de medir la intención de voto mediante encuestas nacionales es sondear la autoidentificación ideológica de los electores argentinos: según el último informe de las consultoras Alaska y Trespuntozero, entre las respuestas positivas una primera minoría de casi 25% se define como peronista, 16,4% como mileísta, casi 11% como kirchnerista, casi 5% macrista y otro tanto de izquierda (gráfico arriba). Fuera del top 5, aparece un residual radical en torno al 3% y la mitad de esa proporción se define como antimileísta. Si agrupamos por un criterio de proximidad, tenemos 35,5% de peronismo + kirchnerismo, 24,4% de mileístas + Juntos por el Cambio (macristas + radicales): en este caso, la oposición aventaja por 11,1 puntos porcentuales al conglomerado cercano al oficialismo, pero al existir casi un 27% que no se identifica de ninguna manera, cualquier extrapolación a tendencia electoral deviene en impracticable.

El cruce por voto en la primera vuelta de 2023 confirma los clivajes previsibles en los dos candidatos principales: casi 50% de votantes de Sergio Massa se autoidentifican como peronistas, casi 32% como kirchneristas y casi 11% no se identifican ideológicamente. En tanto, el voto a Javier Milei se compone de casi 49% de mileístas, casi 3% de macristas, otro tanto de radicales y casi 29% sin identificación (gráfico arriba). 

En tanto, el último informe de consultora Escenarios reportó entre las respuestas positivas una primera minoría de casi 22% de peronistas, casi 13% de kirchneristas, casi 10% de libertarios, casi 8% de liberales y 4,3% de radicales (gráfico arriba). Si agrupamos por proximidad con el mismo criterio anterior, el resultado es 34% de peronistas + kirchneristas vs casi 22% de libertarios + liberales + radicales; la brecha a favor del conglomerado opositor es de 12,1 pp. Nuevamente, por fuera de esos dos polos queda un 26,4% de electores independientes y otros segmentos, entre los que se destaca un 7% de “centristas” y varios grupos minoritarios que rondan entre 2% y 3%.  Con los matices del caso, ambos informes confirman al peronismo como la primera minoría identitaria entre las respuestas positivas, y un segundo puesto disputado por mileístas/libertarios (entre 10%-16,4%) y kirchneristas (entre 11%-12,5%). El radicalismo, claramente diluido, queda por debajo del 5% en ambos informes, mientras que la izquierda ronda entre 2,1%-4,6%.

El informe de Escenarios va un paso más allá y mide la clásica escala ideológica izquierda vs derecha: en este caso, una primera minoría de casi 29% se ubica en el centro, mientras que la derecha neta (10) casi triplica a la izquierda neta: 18,1% vs 6,6% (gráfico arriba). En este caso, casi 11% dice no saber cómo ubicarse, muy por encima del cuarto de electores (y más) que no se identifica de ninguna manera, lo que sugiere que una gran porción de esos electores tiende a ubicarse en el centro del espectro ideológico. 

Al agrupar por proximidad, Escenarios reporta casi 21% de izquierda-centroizquierda, 32,1% de centro y casi 37% de derecha-centroderecha (gráfico arriba), lo que implica una disputa pareja entre estas dos expresiones por la primera minoría. Profundiza el informe: “la autoubicación ideológica está inclinada hacia la derecha (36,6% contra 20,6% de izquierda), las etiquetas explícitamente de  izquierda no llegan al 7% de la población y, entre quienes dicen haber cambiado de manera de pensar en los últimos años, son más los que se corrieron a la derecha (20,2%) que a la izquierda (13,7%). Pero si por ‘izquierdización’ se entiende la revitalización de una cultura que valora un rol positivo del estado y el igualitarismo en materia económica, los datos también son inequívocos: siete de cada diez argentinos quieren que el Estado intervenga más para reducir  desigualdades, que la educación y la salud sean públicas y gratuitas aunque cueste más impuestos, y dos de cada tres prefieren la igualdad a la libertad individual como valor ordenador. Ese ‘sentido común’ no es nuevo ni es de izquierda en el sentido partidario del término: es la matriz histórica de la cultura política argentina, que la experiencia libertaria no logró desplazar  y que hoy, con el gobierno en su punto más bajo de confianza, vuelve a expresarse con nitidez. Lo que el estudio muestra, en síntesis, es una sociedad que demanda Estado en lo económico, orden en lo securitario y moderación en lo cultural”.

Finalmente, al cruzar la escala con las etiquetas, el resultado es que los peronistas muestran un reparto simétrico entre la izquierda (casi 32%) y el centro (un tercio), los kirchneristas se inclinan más hacia la izquierda (casi 60%), los liberales con la derecha (casi 88%) y aún más los libertarios (casi 95%). Agrega el informe: “siete de cada diez personas que se ubican a la izquierda son peronistas o kirchneristas. Las tres etiquetas de la izquierda no peronista (de izquierda, socialista, progresista) explican apenas un quinto de la izquierda autopercibida, y los independientes otro 8%. Visto desde el otro lado, el kirchnerismo es la etiqueta que más se ubica a la izquierda entre las de peso (59,6%), mientras que el peronismo a secas se reparte entre izquierda (31,6%), centro (33,3%) y una quinta parte que no sabe ubicarse: el peronista promedio no se piensa como un hombre de izquierda. En el espejo, los libertarios (94,5%), liberales (87,8%) y conservadores (81,5%) se ubican a la derecha con una homogeneidad que ninguna etiqueta del otro campo alcanza. La derecha argentina es ideológicamente compacta; la izquierda es un ala del peronismo más una franja pequeña de identidades doctrinarias”.

En síntesis:

1) el peronismo conserva la primera minoría identitaria, con cerca de un cuarto de los electores que se autoidentifican positivamente, mientras que el mileísmo/liberalismo aparece como segundo espacio, aunque con menor peso individual.

2) la oposición presenta una ventaja agregada sobre el oficialismo, tanto en la agrupación por proximidad partidaria como en la escala ideológica, aunque la magnitud de esa ventaja convive con un importante segmento de independientes y electores sin identificación.

3) la derecha constituye el espacio ideológicamente más compacto, con una fuerte concentración de libertarios, liberales y conservadores en ese polo; en contraste, la izquierda aparece más fragmentada y fuertemente vinculada al peronismo y al kirchnerismo.

4) el centro mantiene un peso decisivo en el mapa ideológico; cerca de tres de cada 10 electores se ubican allí, y una proporción significativa de quienes no adhieren a una identidad partidaria podría tender a posicionarse en ese espacio.

5) el mapa ideológico combina una inclinación hacia la derecha con una persistente demanda de Estado y protección social; predominan posiciones de derecha en la autoubicación, pero siete de cada 10 argentinos sostienen la necesidad de mayor intervención estatal para reducir desigualdades y valoran la educación y la salud públicas.

viernes, 2 de octubre de 2026

El perfil del presidente deseado en 2027: en qué falla Javier Milei (nota publicada en CBA24N y Perfil)

En opinión pública se define al candidato ideal de acuerdo a lo que en el imaginario social y la opinión de los votantes representa la personalidad política perfecta (y deseada). Ese imaginario refleja el consenso tácito al que llegan los ciudadanos luego de un complejo proceso de valoración colectiva en el que intervienen tres dimensiones: la coyuntura actual (presente), la historia reciente (pasado) y las expectativas de cambio (futuro). La noción de candidato ideal obliga a los equipos estratégicos de campaña a ajustar o intentar acercar la personalidad de su candidato real a los rasgos que constituyen la noción de ideal. Por otro lado, en estudios de opinión pública también se trabaja con la noción de candidato esperado, que se distingue del ideal por focalizar aquellas cualidades más estimadas por los votantes en un horizonte de expectativas. Mientras que el candidato ideal sería aquel que brinda al electorado certezas o expectativas razonables de resolución de un amplio escenario de problemas, el esperado cubre expectativas de resolución de los problemas prioritarios o urgentes. En términos de teoría de la elección, el candidato ideal representa la opción maximizadora, mientras que el esperado representa un óptimo, es decir lo mejor dentro de lo posible (no ideal, pero sí algo lo suficientemente bueno como para merecer la elección). La noción de candidato esperado es, además, consistente con el planteo de posicionamiento: el mensaje de campaña debe concentrar su impacto en la selección de algún o algunos problemas jerarquizados o detectados como prioritarios en la agenda del público. 

¿Qué dicen las últimas encuestas sobre el perfil del presidente esperado en 2027? Según La Sastrería y Trespuntozero (gráfico arriba), casi 32% de las menciones se refieren a características como honesto y transparente. Luego, aparecen algunas asociadas directamente al actual mandatario: casi 7% dice que debe ser como Javier Milei, casi 15% que debe ser empático y cercano a la gente (una de las críticas más frecuentes al libertario), casi 4% dice “respetuoso y tolerante”, casi 3% menciona “cuerdo-mentalmente sano” (dos puntos débiles de Milei) y 2,1% dice que debe ser lo contrario a él. 

Es interesante que junto a una respuesta clásica como mención principal (que tiene que ver con lo que en la jerga se llama “deseabilidad social”, es decir, lo que se supone que corresponde o queda bien contestar) aparezcan respuestas vinculadas a algunas de las aristas más polémicas del actual presidente y poco usuales en la tradición de investigaciones. Haciendo foco en que sea “cuerdo-  mentalmente sano”, el mismo informe aborda la cuestión del equilibrio emocional: casi 86% lo considera importante, y la apertura por variables sociodemográficas como sexo, edad, nivel educativo y zona confirma la transversalidad de esa valoración (gráfico arriba). 

Que la gestión Milei ha instalado en la agenda discursiva de la opinión pública el tema de su presunta inestabilidad mental se confirma en la última encuesta nacional de Delfos: el 6% de los electores argentinos mencionó ese como el principal problema a nivel país (gráfico arriba). 

El mismo informe confirma a los problemas de salud mental e inestabilidad psicológica al tope de las críticas entre quienes califican negativamente a la gestión presidencial, junto con la falta de empatía y agresividad, otro rasgo también cuestionado de manera persistente (gráfico arriba). En tanto, la última encuesta nacional de Proyección Consultores destaca a la honestidad/transparencia y la empatía con la gente en el top 5 de atributos más valorados por los electores (gráfico abajo). 

¿Qué sucede con el perfil de “outsider”, que claramente capitalizó Milei luego de la doble decepción con el gobierno de Cambiemos entre 2015 y 2019 y el del Frente de Todos entre 2019 y 2023? Recordemos que el libertario obtuvo 30% de los votos en las primarias de 2023 y la primera vuelta presidencial de octubre del mismo año. Según La Sastrería y Trespuntozero, 29,1% prefiere un presidente que no venga de la política (gráfico abajo), lo que se ubica en el mismo orden de magnitud de ese antecedente. En sentido contrario, casi la mitad prefiere lo contrario.  

En la misma línea, la última encuesta de Trends a nivel país reportó un tercio de electores dispuesto a votar a un outsider, vs 46% que no (gráfico abajo). 

En síntesis, las últimas mediciones nacionales muestran que la estabilidad mental, el equilibrio emocional y la capacidad de empatía y moderación se han instalado como demandas del electorado hacia 2027, mientras que el perfil disruptivo mantiene atractivo para una porción del electorado, pero sigue siendo una preferencia minoritaria. 

viernes, 25 de septiembre de 2026

Qué dicen las últimas encuestas sobre la elección de gobernador hacia 2027 (nota publicada en CBA24N y Perfil)

El calendario avanza implacable, y aunque no hay clima preelectoral (como no lo había mundialista, hasta que arrancó) el turno 2027 se acerca. ¿Qué dicen las últimas mediciones de cara a la elección de gobernador en Córdoba? El primer dato es que el clima de redes es muy distinto a lo que muestran las encuestas. Según el último informe de escucha social de Reputación Digital, el gobernador Martín Llaryora está bajo “fuego cruzado”: 7 de cada 10 menciones a él son negativas, con mayor proporción de críticas que provienen de libertarios y antiperonismo y menos de la izquierda y el kirchnerismo (gráfico arriba).

Eso arroja un sentimiento neto negativo de -61, con el rechazo como primera minoría de las emociones negativas; sin embargo, los anuncios de gestión, con sólo 12% de las menciones, logran cuatro veces más reacciones que los ataques, lo que sugiere un eficaz desempeño en términos de publicaciones en redes (gráfico arriba). 

El informe confirma a X como la red social política por excelencia, con 90% del tráfico de menciones (gráfico arriba). El -61 de sentimiento neto surge de la operación 12% de menciones positivas - 73% negativas; por otro lado, el 15% son neutrales. 

De -61 de sentimiento neto en redes pasamos a una calificación de gestión con saldo favorable en la última encuesta provincial de Sicchar: 53% positiva vs 45% negativa, 8 puntos porcentuales (pp) “en verde”. Respecto a comienzos del año, la positiva subió 4 pp (variación estadísticamente no significativa considerando que el error muestral es de +/- 3,1%), mientras que la negativa se mantuvo estable. El panorama es de polarización levemente asimétrica, con sesgo positivo para el oficialismo provincial. El informe amplía que la gestión del gobernador mantiene “una línea de flotación superior a la mitad de la población y mostrando resiliencia frente a la caída de Milei. El peronismo cordobés demuestra la vigencia de su marca institucional. Llaryora logra despegarse de la crisis nacional sosteniendo una agenda de gestión local que el cordobés promedio valora, logrando un diferencial positivo clave para sus aspiraciones de reelección”.

Con apenas matices, el último informe de Zeta Comunicación Política reportó para la gestión provincial 51% de positividad vs 46% de negatividad (gráfico arriba). En este caso, el saldo a favor es de 5 pp, estadísticamente no significativo dado el error muestral de +/-3%, lo que perfila una polarización simétrica. “El gobernador se constituye como actor central de política local de cara al proceso electoral del año próximo, tanto en adhesión como en rechazos”, amplía el documento. Si hacemos un promedio de ambas mediciones comparables, el resultado es 52% positividad vs 45,5% negatividad, lo que arroja un saldo favorable de 6,5 pp. 

Pasando a la variable intención de voto, según Sicchar el gobernador roza el 34% vs 16,1% de Luis Juez, con lo cual duplica a su escolta en un escenario fragmentado. El libertario Gabriel Bornoroni y el radical Rodrigo de Loredo rondan el 8%, Natalia De la Sota el 6%, la izquierda el 5% y Aurelio García Elorrio de Encuentro Vecinal el 4% (gráfico arriba). Con 12,1% de indecisos, la fragmentación favorece una reelección del gobernador, pero el escenario permanece abierto.  En 2023 Llaryora obtuvo 42% de los votos, con lo cual ahora está unos 8 pp por debajo de esa performance, pero Juez está casi 23 pp por debajo de su desempeño en la elección anterior. 

Amplía el informe: “si la oposición corre dividida (Juez por un lado, De Loredo por otro, LLA por el suyo), Martín Llaryora tiene el camino despejado para la reelección, reteniendo su tercio histórico. La única forma de amenazar al oficialismo es una ingeniería de unidad opositora, pero la aparición de LLA como actor puro fragmenta el voto no peronista y beneficia directamente al gobernador”. Efectivamente: si bien en los escenarios polarizados ante una contrafigura crece el voto opositor, el gobernador también sube y se acerca al umbral del 40%, con lo cual se ubica en el mismo orden de magnitud del voto que obtuvo en 2023 (gráfico arriba). 

A su turno, el informe de Zeta reportó 28% de intención de voto para Llaryora; duplica a De Loredo (13%), quien aparece en paridad con Juez, Bornoroni y una figura K (las diferencias entre ellos no son estadísticamente significativas dado el margen de error muestral). Este escenario fragmentado también muestra ventaja para el gobernador, que está cerca del umbral del 30%.  

Finalmente, el testeo de actitudes confirma el caudal oficialista favorable a la continuidad, pero perfila una polarización simétrica con quienes prefieren un cambio de gobierno; casi la misma proporción se muestra equidistante, lo que deja abierto el resultado (gráfico arriba). “Cuando los principales referentes de la oposición son escrutados de manera individual, ninguno parece aglutinar el liderazgo suficiente sobre la totalidad de la porción del electorado que demanda una oposición unificada para la no menos ardua tarea de desalojar al oficialismo del gobierno provincial”, apunta el informe. 

En síntesis: 

1) la última medición de sentimiento social en redes muestra un panorama adverso al oficialismo

2) sin embargo, en el promedio de las encuestas, el gobierno provincial obtiene saldos favorables de imagen positiva

3) en los escenarios fragmentados, Llaryora ronda entre 28% y 34% de voto y duplica a su escolta

4) por ahora, ningún opositor aparece con suficiente volumen para capitalizar la voluntad de cambio como para forzar un escenario de polarización en un “mano a mano” con el gobernador.

viernes, 18 de septiembre de 2026

El malestar económico se impone en las primeras encuestas de septiembre (nota publicada en CBA245N y Perfil)



El pasado martes 15 de septiembre, el ministro de Economía Luis Caputo presentó las principales proyecciones del presupuesto 2027: prevé un crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI) del 4%, una inflación promedio del 21,1% (que luego el presidente Javier Milei pidió reajustar al 18%) y una suba del salario promedio del 25,4%. Además, contempla un resultado fiscal positivo y apunta a alcanzar 4 años consecutivos de superávit financiero. Sin embargo, no aparece la inflación con cero: el aumento de precios para el año próximo casi duplica lo que Caputo había proyectado para este año, y la real de 2026 será del triple de la prevista originalmente en el presupuesto. Los “mejores 18 meses” prometidos por el ministro tampoco aparecen en las primeras encuestas nacionales realizadas en septiembre: al contrario, todas confirman un pesimismo económico dominante, con apenas matices en las variables clave. Según la última medición de Proyección Consultores, 29,3% de los electores responde que su situación económica familiar mejoró o se mantuvo igual de bien en los últimos meses, vs 70,1% que contestó que se mantuvo igual o empeoró (gráfico arriba). De eso resulta un saldo negativo de casi 41 puntos porcentuales (pp) y ubica al optimismo en el mismo orden de magnitud del voto a La Libertad Avanza en las primarias de agosto de 2023 y la primera vuelta presidencial del mismo año. Desde febrero pasado, la negatividad ronda el 70%. Respecto a las expectativas para los próximos 6 meses, el optimismo crece casi 10 pp a costa del pesimismo, pero el saldo resultante sigue siendo desfavorable: -22 pp. En este caso, la negatividad está en torno al 60% desde febrero pasado.

Cuando se pasa del metro cuadrado al nivel de la percepción macro (gráfico arriba), el pesimismo se acentúa: en la expectativa para los próximos 6 meses trepa hasta 63,1%, vs casi 37% de optimismo, lo que arroja un saldo desfavorable de 26,2 pp.  Desde junio pasado, la negatividad supera el 60%. En visión retrospectiva, casi 73% dice que la situación económica empeoró o se mantuvo igual de mal, vs 27,2% que responde que mejoró o se mantuvo igual de bien. Aquí, el saldo desfavorable trepa a casi 46 pp, pero la negatividad viene cediendo lentamente respecto al pico de 80,5% en junio pasado. 

Mientras que Proyección Consultores mide el metro cuadrado de los electores de manera polarizada, Analogías emplea tres dimensiones: aun así, casi 61% responde que su situación económica personal y familiar empeoró respecto al año pasado, vs apenas 13,4% que reporta una mejoría; casi 23% dice estar igual (gráfico arriba). En todas las segmentaciones (por género, edad y nivel educativo) el pesimismo es mayoritario. 

A nivel de expectativas a futuro, el pesimismo cede. De ser mayoritario en la variable precedente, pasa a ser primera minoría: 41,1% cree que su situación económica personal y familiar será peor el próximo año, casi 23% opina que será igual y casi 26% muestra optimismo (gráfico arriba). 

Según el mismo informe, casi 51% de los electores califica al manejo de la economía del gobierno con la nota más baja, y la negatividad llega a 59,2% (notas 1 + 2). Si se suma el 3 como primer nivel de malestar, el pesimismo trepa a casi 71%, mientras que 29,4% calificó con notas entre 4 y 5, lo que se corresponde con el núcleo duro del oficialismo (gráfico arriba). 

“El índice combinado de evaluación/expectativas personales (presente/futuro en la esfera del hogar) tuvo en septiembre el registro más bajo de los últimos dos años: el saldo optimismo-pesimismo pasó de -8,4 en diciembre de 2024 a -25,0”, amplía el análisis (gráfico arriba). 

A su turno, según la última medición de Explanans, el 57,4% de los electores argentinos respondió que su bolsillo está peor que antes, para casi 21% no cambió la situación y para casi 22% hubo una mejora (gráfico arriba). En el último bimestre, el malestar volvió a subir y se acercó al pico de la serie registrado en marzo de 2024: casi 60%. El bienestar, en cambio, se ubica por debajo del núcleo duro del oficialismo. 

Finalmente, según la última encuesta de la Universidad de San Andrés (Udesa) apenas 28% de los electores calificó de manera positiva a la política económica, mientras que 67% opinó negativamente (gráfico arriba). De eso resulta un saldo desfavorable de 39 pp. De nuevo, la positividad se ubica al nivel del núcleo duro del oficialismo, entre 25%-30%. 

Respecto a la medición de agosto, la satisfacción con la política económica cayó 4 pp intermensuales y profundizó el declive respecto al pico que había registrado hace un año (gráfico arriba). En síntesis: 

1) el pesimismo económico continúa siendo ampliamente dominante. 

2) las expectativas futuras mejoran respecto de la evaluación del presente, pero siguen siendo negativas.

3) la percepción macroeconómica es más negativa que la evaluación de la economía del propio hogar. 

4) la valoración de la gestión económica del gobierno atraviesa un momento especialmente crítico.

5) el respaldo positivo a la política económica aparece acotado al núcleo duro del oficialismo. 

Los datos blandos de esas encuestas no son sensaciones desconectadas de la realidad: según los últimos datos duros, en el segundo trimestre del año cayó el PBI, mientras que aumentaron el desempleo y la informalidad.