“Preocupación, enojo, tristeza, incertidumbre y miedo: esas son hoy las emociones predominantes entre los argentinos. Se trata de una sociedad que llega con lo justo —o directamente no llega— a fin de mes, que no visualiza mejoras para su futuro y que considera que el esfuerzo realizado hasta ahora no ha valido la pena para generar cambios concretos en el país”, apuntamos en nuestra nota anterior, citando el último informe nacional de consultora Delfos. Precisamente, uno de los datos clave al cierre de junio fue la desfavorable evaluación del sentido del sacrificio económico: apenas un cuarto de los electores cree que vale la pena para mejorar el país a futuro, lo que constituye el núcleo ultra–duro del oficialismo, vs casi 70% que considera lo contrario (gráfico arriba). El saldo negativo es de 42 puntos porcentuales.
Con matices, la medición más reciente de Equipo Mide también arroja un saldo desfavorable en esa materia: 46% de pesimistas vs 24% de optimistas, lo que es consistente con el núcleo duro oficialista del 25% que vimos en el informe de Delfos (gráfico arriba). En este caso, aparecen un 27% de expectantes, es decir, electores que consideran que el sacrificio actual todavía no muestra resultados, pero al menos permanecen a la espera.
Como se observa en la apertura por variables (gráfico arriba), el pesimismo es primera minoría (por arriba del 40%, pero por debajo del 50%) en todos los niveles socioeconómicos. Según voto en la primera vuelta presidencial de 2023, esa negatividad resulta hegemónica entre los electores que se inclinaron por Sergio Massa y Myriam Bregman (más del 85%), y primera minoría entre quienes eligieron a Juan Schiaretti (42%). El optimismo no es mayoritario en ningún segmento y sólo llega a ser primera minoría (48%) entre quienes votaron a Javier Milei; entre quienes eligieron a Patricia Bullrich, aliada al oficialismo, la expectativa es la primera minoría (43%).
En tanto, según el último informe nacional de Qsocial, 34% está de acuerdo con que el actual sacrificio valdrá la pena en el futuro, vs 62% que se muestra en desacuerdo (gráfico arriba). Así, el acompañamiento está en el piso de la serie y se ubica en el mismo orden de magnitud del voto duro de La Libertad Avanza (el 30% que votó a LLA en las primarias de agosto de 2023 y la primera vuelta del mismo año), mientras que el pesimismo está en el techo del evolutivo. Por segmentación política, sólo entre mileistas el acuerdo se mantiene alto en la serie histórica.
Finalmente, según el más reciente estudio de Hugo Haime & Asociados, una primera minoría de 45% nunca estuvo de acuerdo con el ajuste de Milei, lo que se corresponde con el voto a Unión por la Patria en la segunda vuelta de 2023: 44,4%. Por otro lado, 36% cree que el esfuerzo vale la pena, mientras que 18% se muestra desilusionado. Considerando que LLA + aliados obtuvieron casi 41% de los votos en la elección de medio término de octubre de 2025, el dato sugiere que hoy habría unos 5 puntos porcentuales de ex votantes del oficialismo defraudados. Esto se refuerza en la apertura por variables, que arroja que un 25% de los electores que se inclinaron por Milei en el ballotage de 2023 ahora se definen como desilusionados.
En síntesis:
1) el respaldo social al ajuste económico muestra un deterioro sostenido. Las mediciones coinciden en que predomina la percepción de que el sacrificio económico realizado no está generando resultados concretos y que el esfuerzo difícilmente se traduzca en una mejora futura. El apoyo al ajuste se reduce al núcleo más fiel del oficialismo.
2) el pesimismo supera ampliamente al optimismo en casi todos los segmentos sociales, mientras que una porción relevante de la sociedad permanece expectante, aunque sin evidencias de mejoras. Incluso entre sectores tradicionalmente más cercanos al gobierno el optimismo deja de ser mayoritario.
3) la legitimidad del ajuste se repliega hacia el voto oficialista. El acuerdo con la estrategia económica se concentra entre quienes apoyaron a Milei, mientras que entre los votantes de otras fuerzas predominan el rechazo o el escepticismo. Esto evidencia una creciente polarización política, pero asimétrica y desfavorable para el gobierno, en torno al costo social del ajuste.
4) comienzan a aparecer señales de desgaste dentro de la propia base electoral del oficialismo. Una parte de quienes respaldaron al Gobierno empieza a manifestar desilusión. El surgimiento de ex votantes oficialistas desencantados indica que la paciencia frente al ajuste tiene límites cuando los beneficios esperados no se materializan.
5) como conclusión, la sostenibilidad política del programa económico actual dependerá de que aparezcan resultados tangibles en el corto plazo. La tolerancia al sacrificio se encuentra bajo creciente presión; la combinación de dificultades económicas, emociones negativas predominantes y ausencia de mejoras visibles reduce el margen de apoyo al Gobierno y aumenta el riesgo de que continúe erosionándose el consenso social.


























