jueves, 18 de noviembre de 2021

Tras una elección que ratificó la grieta, ¿hay espacio para el consenso parlamentario? (nota publicada en CBA24N)


La “grieta” tiene mala prensa, pero funciona: estructura creencias, actitudes y comportamientos políticos. En esto, el electorado tiene el mismo tipo de doble discurso que con frecuencia le critica a la clase dirigente. Los datos blandos de las encuestas y el cruce con los datos duros de las elecciones lo ponen en evidencia: según Zuban Córdoba, casi 77% de los electores están de acuerdo con la frase “me tienen cansado las peleas de los partidos tradicionales”, expresión que claramente responde a lo que en ciencias sociales se llama “respuesta de deseabilidad social” (traducido: “respondo lo que creo que queda bien responder”). Sin embargo, luego el electorado consagra la grieta en las urnas: lo vimos en 2019, cuando el Frente de Todos (FDT) superó a Juntos por el Cambio (JXC) por 48,24% a 40,28%, y volvimos a verlo el 14 de noviembre, con JXC rozando el 42% y el FDT en torno al 35% en la sumatoria de total país contando propios y aliados, un resultado que reproduce de manera casi exacta el mapa político que detectó la misma consultora en su última encuesta nacional (gráfico abajo).  


Es decir, las dos fuerzas principales sumaron casi 77% de los votos, una altísima polarización para una elección de medio término, si bien razonablemente por debajo del casi 89% de la presidencial de 2019 y con un módico avance del FIT y de Avanza Libertad. Dado este mapa político y la correlación de fuerzas resultante en el futuro Congreso Nacional, ¿hay espacio para los consensos parlamentarios a los que apuesta el oficialismo? 

Antes del resultado del domingo pasado, el Gobierno nacional había anticipado que tendería puentes hacia la oposición, atento a que la composición parlamentaria desde diciembre mostrará, de acuerdo a lo que ya perfila el tránsito del escrutinio provisorio al definitivo, un panorama en el cual el FDT será la primera minoría en la Cámara de senadores  nacionales (gráfico arriba) y en la de diputados nacionales (gráfico abajo). 

Con la futura distribución de fuerzas parlamentarias, ambas coaliciones políticas necesitarían recurrir a aliados para formar quórum (37 en el Senado y 129 en Diputados) y a efectos de construir las mayorías necesarias para sancionar proyectos de ley en un trámite parlamentario ya que venía trabado y puede complicarse aún más. En ese marco, la capacidad de “rosca” y la muñeca política del FDT y de JXC serán recursos clave en los dos años que vienen y la “pos pandemia” (un escenario que, hay que decirlo, no está garantizado si vemos lo que hoy está sucediendo con el Covid-19 en el resto del mundo).  

Por fuera de esos recursos, otro elemento clave pasa por el nivel de consenso social en los temas más relevantes de la agenda legislativa. Como vimos en nuestra nota de la semana pasada, en la negociación con el FMI el apoyo a la postura oficialista ronda el 49%, según Zuban Córdoba (gráfico arriba).  

¿Qué sucede con otros temas? Antes de que se conozca un nuevo paquete de iniciativas, nos sirve de referencia el impacto de los anuncios oficiales pos PASO en todo el país: adelantar jubilaciones bajando la edad a 30 años de aportes tiene un acuerdo de casi 44% contra un desacuerdo de 53,3%, es decir, unos 5,2 puntos porcentuales menos que el consenso respecto al tema FMI. Con todo, al ubicarse cerca del “umbral consensual” del 50%, en el debate parlamentario el Gobierno podría apelar a la preexistencia de acuerdos relativamente extendidos, cercanos a una primera minoría de opiniones que se corresponde con la condición de primera minoría de su bancada en ambas cámaras. Respecto a la nueva etapa del IFE (Ingreso Federal de Emergencia), el acuerdo es de 39,2% vs un desacuerdo de casi 58%. En el mismo orden de magnitud se ubica el apoyo al aumento de la asignación universal por hijo (AUH; 37,2% vs 56,1%, respectivamente; gráfico arriba). 

Así, a priori estos temas, si bien son resortes del Poder Ejecutivo, recogen consensos menores. El panorama mejora en otro tema que también es resorte del Ejecutivo: según consultora Taquión, el aumento del salario mínimo tiene un acuerdo acumulado del 71% vs un desacuerdo acumulado de apenas 25,3% (gráfico arriba). El consenso es transversal según el análisis de la variable etario-generacional (en el Gen Z, en el Y, el X y los Baby Boomers predomina el acompañamiento), por intención de voto en las legislativas y por profesión, oficio o actividad. 

En la misma línea, la reconversión de planes sociales recoge un acuerdo total del 68% vs un desacuerdo total de casi 26% (gráfico arriba). Nuevamente, el consenso es transversal en el análisis por variables. En síntesis, hasta nueva orden, el panorama muestra que hoy el consenso es mayor en temas que son resortes propios del Poder Ejecutivo que en otros que requieren pasar por el trámite de aprobación parlamentaria.

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