jueves, 10 de mayo de 2018

Del pesimismo socioeconómico al escepticismo político: implicancias

En la serie de posteos recientes planteamos que la ruptura de la promesa marcaria con la que Cambiemos ganó el ballotage del 2015 (compuesta por dos conceptos centrales: “podemos vivir mejor” y “no vas a perder nada de lo que tenés”) está en el núcleo del desgaste que llevó a las actuales crisis política y de opinión pública (que, para peor, se acompasaron con crisis financiera y corrida cambiaria). La promesa ligada a un bienestar socioeconómico que sobrevendría con la gestión de Mauricio Macri y que convenció a una porción de electores que no lo había votado en las PASO ni en la primera vuelta logró mantener elevadas expectativas hasta fines de 2017, cuando el paquete poselectoral de "reformismo permanente" lanzado por el gobierno se corporizó en la modificación de la fórmula de cálculo de la movilidad jubilatoria y tradujo el cambio en un nuevo y concreto significado (que el gobierno había tratado de evitar durante los primeros dos años): ajuste. A partir de ahí se puso de manifiesto un malestar que antes fue latente y que desde entonces nunca remitió. 

Lo que estamos viendo en estas semanas es una doble crisis de confianza, tanto externa como interna, que cada vez se parece más a una tormenta perfecta. En el plano interno, se observa una combinación de pesimismo socioeconómico con pesimismo político. El primero se traduce en caída del Índice de Confianza del Consumidor (ICC), descenso de las expectativas económicas futuras (tanto a nivel de la situación del país como de la personal, familiar o doméstica), consumo masivo estancado o retraído y pérdida de confianza en el plan económico del gobierno (con especial foco en el manejo de la inflación), entre otros indicadores. El segundo se pone en evidencia en la caída de la imagen y la aprobación del gobierno y de sus figuras y en la baja del Índice de Confianza en el Gobierno, entre otros índices. Pero, aun siendo desfavorable, la situación puede empeorar: pasar del escepticismo político al pesimismo político. Si el gobierno no logra conjurar esta doble crisis, entonces se hará manifiesto un doble pesimismo, socioeconómico y político. Comenzaríamos a transitar una etapa en la cual una mayoría del electorado le bajaría el pulgar de manera definitiva al presidente Macri e iría trasladando sus expectativas hacia figuras alternativas al oficialismo. Algún dirigente opositor iría capitalizando la crisis y tomaría forma un consenso negativo respecto a la actual gestión, con el potencial de germinar una semilla de cambio de gobierno de cara al 2019. 

Una situación de ese tipo vuelve a instalar como clave la cuestión de la representación electoral opositora hacia el 2019, tema que ya hemos abordado en este blog y sobre el que volveremos reiteradas veces con seguridad. El primer desgaste del gobierno, como venimos planteando, se da a nivel de aquellos electores que no eligieron a Mauricio Macri ni a Daniel Scioli en las PASO y en la primera vuelta del 2015, pero que en el ballotage creyeron en las promesas de mejora de Cambiemos y hoy están entre desencantados y enojados. Ese voto, hoy Macri ya no lo tendría si hubiera elecciones: como apuntó recientemente el consultor Gustavo Córdoba, “todo lo que perdió Macri del voto de la segunda vuelta es un espacio que busca representación. Estamos viendo conjeturas en el peronismo de quien puede salir segundo, no se sabe con qué candidato, pero está claro que el PJ no K no va a votar a Macri. Y lo mismo piensa el kirchnerismo, que si con Cristina -que puede aspirar a una elección de 25 / 30 puntos- sale segundo puede recibir el voto peronista no K en una segunda vuelta. Sin embargo, con las imágenes actuales de los principales dirigentes nadie tiene garantizado el escenario de las elecciones. La economía marca un rumbo y una obligación, pero la clave es que tanto el oficialismo como la oposición deben analizar cómo construir el partido del ballotage, cómo lograr consensos y construir frente político para ganar en una segunda vuelta”. Por eso planteamos que hoy es visible un escepticismo político, ya que la situación aún no ha decantado en un pesimismo que permitiera vislumbrar a quién los electores (al menos una primera minoría) perciben como alternativa a Cambiemos (ya sea para reemplazarlo en el gobierno o al menos para expresar un voto castigo). Con todo, sí tenemos una referencia reciente para ver quién tiene ventajas comparativas al respecto: si tomamos en cuenta el resultado electoral del 2017, vemos que Cambiemos alcanzó 42% de los votos nacionales y CFK y sus aliados 24%, contra apenas 9,5% del peronismo no K: ese resultado pone a la ex presidenta en la "pole position" para disputar la representación opositora de cara al 2019. 

Si esos números de 2017 se mantuvieran en 2019, Cambiemos vencería en primera vuelta. Pero el punto clave es que las encuestas recientes (que no miden intención de voto, sino opinión electoral) muestran que ese panorama cambió en estos meses. Según el estudio nacional del consultor Hugo Haime que repasamos en este blog en abril, Cambiemos rondaba el 35,4% (por debajo del 42% logrado en 2017 y en el mismo orden de magnitud del voto de Macri en la primera vuelta del 2015), CFK el 28,2% (por encima del 24% obtenido en 2017) y un frente entre el massismo y el PJ antiK 12,2%; para más datos, Alberto Rodríguez Saá, aliado de CFK, alcanzaba en ese estudio un 3,8%, caudal que probablemente se sumaría (sino todo, al menos en parte) al de la ex presidenta. Esa “foto” mantiene a CFK como la opositora con más chances de contender con Cambiemos y forzar un ballotage. Una encuesta nacional posterior (abril) realizada por la Consultora de Imagen y Gestión Política (CIGP) ubicó a Macri con 34,53% contra el 24,32% de Cristina Kirchner y a Massa con 5,41% (como figura alternativa de Cambiemos, María Eugenia Vidal alcanzaba en ese estudio 11,41%). Aun con matices, ese estudio confirmaba al oficialismo con prácticamente el mismo caudal que en primera vuelta del 2015 y a CFK y a Massa con el mismo caudal que en las legislativas de medio término de 2017; con esa foto, nuevamente sólo CFK podría forzar un ballotage (Massa quedaría muy lejos) y la representación opositora se mantendría en los mismos términos del año pasado. Sin embargo, estas dos mediciones fueron antes de la “semana negra” que vivió el gobierno entre fines de abril y principios de mayo (y que, en rigor, no se sabe si ha terminado). Un estudio nacional posterior, realizado entre el 4 y el 7 de mayo por la consultora Gustavo Córdoba y Asociados sobre una muestra de 1.200 casos recolectados vía IVR, situó el acuerdo con una reelección de Macri en 2019 en apenas 23,4% (ver datos arriba; click para agrandar), es decir en el mismo orden de magnitud del voto obtenido por el actual presidente en las PASO de 2015 (24,5%). Esto pone al desgaste del oficialismo en otra dimensión, ya que el acompañamiento a una reelección del presidente se ubica 10 puntos porcentuales debajo de la aprobación de su gobierno (34,2%), la cual a su vez está casi 30 puntos porcentuales por debajo de la desaprobación, que trepa a casi el 64% (63,5%), con un núcleo duro de desaprobación total de casi 48% (47,9%; ver datos abajo, click para agrandar). Como apunta el informe de la consultora, si la elección presidencial fuera hoy, “estos números garantizan una segunda vuelta”. Dato clave: el estudio fue realizado antes del anuncio de que el gobierno busca un acuerdo con el FMI, suceso que podría suponer un desgaste adicional, en función de algunos estudios al respecto que serán materia de análisis en las próximas entradas.




martes, 8 de mayo de 2018

Entre el escepticismo político y el pesimismo socioeconómico

Planteábamos en el post anterior que la ruptura de las promesas marcarias que Cambiemos realizó para ganar el ballotage del 2015 está en el núcleo del desgaste visible en el último cuatrimestre. Es decir, el bienestar socioeconómico esperado que venía traccionando las expectativas se está esfumando y esa desilusión arrastra a la baja la imagen y la aprobación del gobierno. Esto se pone en evidencia claramente en el estudio de la Universidad de San Andrés que citamos en el post anterior. La Encuesta de Satisfacción Política y Opinión Pública que realiza esa universidad arroja que la satisfacción y la aprobación del gobierno están acompasadas, mostrando el mismo patrón en la serie evolutiva. En los últimos meses, ambos índices marcan un deterioro para el gobierno. La aprobación tuvo una baja de 20 puntos respecto a octubre de 2017. Ese punto marcó un 66% durante el mes de los comicios de medio término. Sin embargo, a seis meses de las elecciones, el gobierno cosechó en abril 46% de aprobación. El mismo comportamiento se observa en satisfacción: en octubre Cambiemos tocó su pico con un 53%, mientras que en abril de 2018 la satisfacción cayó a un 30%, marcando así una baja de 23 puntos porcentuales en apenas 6 meses (ver datos arriba; click para agrandar).




Asimismo, diversas mediciones coinciden en que se ha acompasado el escepticismo político con el pesimismo en materia económica. Profundicemos el análisis de los datos que ilustran el primero: un estudio nacional de Rouvier y Asociados realizado sobre una muestra nacional de 1.200 casos relevados de manera telefónica entre el 3 y el 25 de abril mostró que persiste la tendencia negativa en la imagen presidencial “que comenzó en diciembre con la ley previsional, a lo que se sumó el caso Triaca y la inflación. La gestión sigue siendo menos valorada que su imagen y también se encuentra en línea decreciente”, apuntó el informe. La imagen positiva alcanza 42,1% y la negativa 54,4%, de lo que resulta un diferencial desfavorable de 12,3 puntos porcentuales (ver datos arriba; click para agrandar). El evolutivo también muestra el pico de imagen negativa desde que Macri gobierna (ver datos abajo; click para agrandar). Al pasar a la evaluación del gobierno, el desempeño es aún peor: 39,1% positivo y 56,8%, lo que arroja un diferencial negativo de casi 18 puntos porcentuales (17,7; ver datos abajo, click para agrandar). Como era previsible, también en este indicador la serie muestra el pico de evaluación negativa (ver datos arriba; click para agrandar). Pasando al análisis del pesimismo económico, el estudio de Rouvier muestra que continúa la pérdida de confianza: la expectativa sobre una merma del alza de precios es baja y el 65% cree que durante el 2018 la inflación no disminuirá (ver datos abajo; click para agrandar). Respecto a las expectativas económicas generales, la positiva es de apenas 27,4% y la negativa del 46,1%, lo que arroja un diferencial negativo de casi 19 puntos porcentuales (18,7%; ver datos abajo, click para agrandar). El 27,4% de expectativa positiva está en el orden de magnitud de los votos obtenidos por Macri en la PASO del 2015 (24,15%), lo que sugiere que ese “acto de fe” va limitándose progresivamente al núcleo más duro de Cambiemos, mientras que el pesimismo se expande en el conjunto de los demás electores. 




Articulando con nuestra premisa analítica de que el estado del consumo y las actitudes políticas van convergiendo, un estudio de una consultora especializada en consumo ya había arrojado que las esperanzas del público en la situación económica durante el primer trimestre del 2018 fueron las más bajas desde el cambio de Gobierno. Influyeron en esta evaluación los resultados el aumento de las tarifas y el transporte público: poco más de la mitad de los argentinos adultos dice que lo que gana no le alcanza para vivir de acuerdo con sus necesidades y además, debido al aumento de tarifas, también pierden confianza en la economía hacia el futuro, según un informe de la consultora Kantar TNS. El dato corresponde al Índice General de Expectativas Económicas (IGEE) de marzo elaborado por esa consultora internacional. Según el estudio, el 53% sostiene que los ingresos que tiene "no le alcanzan" para cubrir lo que deberían ser sus gastos. "Esta situación se acentúa principalmente en los niveles socioeconómicos medio bajos y bajos y, en el Gran Buenos Aires, dato que marca una disminución del poder adquisitivo respecto a los últimos dos años", explicó la investigadora Mercedes Ruiz Barrio. 




Ese informe se dio a conocer cuando se produjo el pico de tensión política por el incremento de las tarifas de electricidad y gas. El IGEE de marzo (que midió la percepción de la población sobre la situación económica y laboral en el país) reportó nuevamente una caída, debido a un deterioro en la percepción del público sobre la situación económica futura y respecto de la oportunidad para adquirir bienes durables. "El primer trimestre del año cierra con incertidumbre. Si bien hay un crecimiento de 4% en la comparación interanual -a marzo 2017-, el IGEE se volvió a comportar a la baja. Recordemos que las expectativas generales en el primer trimestre 2017 fue el más bajo desde el cambio de gobierno", señaló Ruiz Barrio. El estudio de Kantar TNS indica que en el tercer mes de año las expectativas económicas del público cayeron 2% con respecto al mes anterior. "En este escenario continúa la alerta en relación con la incertidumbre sobre el futuro: es una preocupación mayor la economía futura que la percepción de la cantidad de puestos laborales en el mediano plazo", explica el informe. En síntesis, en la medida en que el gobierno no logre achicar la brecha entre las expectativas vinculadas a su promesa marcaria original de bienestar y la situación percibida (de franco deterioro), es probable que el desgaste se consolide y que el escepticismo político sea reemplazado por un pesimismo liso y llano a partir del cual los desencantados comiencen a explorar una alternativa política de cara al 2019. 


lunes, 7 de mayo de 2018

La ruptura de la promesa marcaria de Cambiemos, núcleo de la actual crisis

Recordemos que Cambiemos necesitó tres rondas electorales para ganar la presidencia en 2015: 1) las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias de agosto en las que Mauricio Macri (PRO) obtuvo 24,50% de los votos y con ello se impuso a los precandidatos alternativos de ese frente, el radical Ernesto Sanz (3,34%) y Elisa Carrió (2,28%); 2) la primera vuelta de octubre de ese año, cuando Macri alcanzó 34,15% y Daniel Scioli del FPV 37,08%, con lo cual forzó la segunda vuelta 3) el ballotage del 22-N, en el cual Macri se impuso por 51,34% a 48,66%, una ventaja estrecha de apenas 2,68 puntos porcentuales. Si para las PASO y la primera vuelta le bastó con encarnar la oposición al kirchnerismo (ese era el núcleo del cambio propuesto), a efectos de construir esa coalición electoral ganadora mínima (el “partido del ballotage”), Macri necesitó persuadir a una porción del electorado que no era decididamente antikirchnerista y que no lo había elegido dos veces: ni en las PASO, ni en octubre. Por ello, gran parte de su campaña apeló a una nueva promesa marcaria con dos conceptos centrales: “podemos vivir mejor” y “no vas a perder nada de lo que tenés”, es decir, dos consignas ligadas a un bienestar socioeconómico que sobrevendría con la gestión de Cambiemos y que marcaban una cierta continuidad con la gestión anterior, pero apostando a más. 




Esas promesas marcarias son las que Cambiemos viene rompiendo y las que empiezan a pasarle factura transcurrido el 60% de su gobierno. Si bien el gobierno pudo apelar en 2016 y 2017 a las expectativas (procastinando repetidas veces un "segundo semestre" y reiterando que "lo peor ya pasó") y el contraste político con la gestión K, luego de la victoria en las elecciones de medio término del 2017 el lanzamiento del reformismo permanente dotó al concepto de cambio de un contenido económico que no impactó de manera favorable en la opinión pública. El deterioro más fuerte se dio a partir de la reforma previsional de diciembre y atravesó todo el primer trimestre de este año. Ya en marzo pasado, una encuesta nacional (sobre una muestra de 1.100 casos) de la Universidad de San Andrés mostró que el 44% cree que el país está peor desde que asumió Macri (en noviembre de 2017 sólo 27% creía lo mismo) y un 40% cree que mejorará (contra 58% que tenían esa expectativa en noviembre pasado). El estudio de la misma entidad realizado en abril arrojó que el 53% desaprueba la gestión de gobierno de Macri, contra un 46% que la aprueba; además del diferencial negativo de 7 puntos porcentuales, otro dato clave es que el malestar de mayor nivel de intensidad que se expresa en el “desaprueba mucho” alcanza 34%, muy por encima del “aprueba mucho”, que apenas llega al 13% (ver datos arriba; click para agrandar). Como se puede apreciar en el gráfico, se trata del nivel de desaprobación más alto en la serie evolutiva medida desde que Macri gobierna. 



Existe una convergencia general de todos los estudios conocidos en poner de manifiesto el malestar con la situación económica: según una encuesta nacional de Synopsis basada en una muestra nacional de 1.416 casos (ver datos arriba; click para agrandar), las preocupaciones económicas" suman 51,2%, 33,5% la inflación y 17,7% el desempleo; más de la mitad de los argentinos cree que la situación económica empeoró en el último año y sólo un 28,8% cree que mejorará en el próximo. Esa evaluación coexiste con una valoración del gobierno nacional positiva de 34,3% y negativa de 43,3%, lo que arroja un diferencial negativo de 9 puntos porcentuales (ver datos abajo; click para agrandar). Por otro lado, según un estudio de la consultora Opinaia (sobre una muestra de 969 en las cinco provincias más pobladas) el 46% cree que el poder adquisitivo "empeorará en relación a la inflación", contra un 34% que piensa que "se mantendrá en niveles similares" y apenas un 20% que opina que "mejorará en relación a la inflación". En tanto, según la encuesta nacional de Gustavo Córdoba que citamos en el post anterior, casi el 60% de los argentinos (59,7%) tiene expectativas negativas sobre la economía (ver datos abajo; click para agrandar). 




En ese marco, la expectativa inflacionaria subió a 25% en abril (según la mediana de respuestas), es decir que los argentinos ya esperan la misma inflación que hubo en 2017. Considerando el promedio el dato es aún peor: llega al 33,1% (ver datos abajo; click para agrandar). En síntesis, los electores no ven la mejoría prometida, sino que perciben un deterioro. Como dato clave, todos los estudios que citamos en este post fueron realizados antes de la “semana negra” que marcó el paso de abril a mayo. Teniendo en cuenta que el primer trimestre arrojó una inflación oficial del 6,7%, cuando se conozca el dato del Indec de la inflación en abril quedará en evidencia que el objetivo oficial del 15% anual que el gobierno plantó como referencia para las paritarias salariales será rebasado este año, lo cual podría generar una nueva pérdida del poder adquisitivo que profundizará el actual malestar.



viernes, 4 de mayo de 2018

Un malestar que permea en el consumo y la opinión pública

Durante los dos primeros años de gobierno de Cambiemos, con frecuencia se observaban altos registros en el Índice de Confianza en el Gobierno (ICG) junto con guarismos más magros en el Índice de Confianza del Consumidor (ICC), ambos medidos por la misma entidad, la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT). También se observaban altas expectativas, incluso en períodos en los que la evaluación de imagen y aprobación de gestión no eran favorables. Sin embargo, luego de diciembre de 2017, justo después del triunfo oficialista en las elecciones de medio término, sobrevino una ola de malhumor social que oscila entre el escepticismo y el pesimismo liso y llano, que llevó a que las variables tendieran a converger: junto con la imagen y la aprobación de gobierno cayeron las expectativas, y al mismo tiempo cedieron el ICG y el ICC. 

En el post anterior vimos que el  Índice de Confianza del Consumidor (ICC), que mide las expectativas de compra de bienes y servicios, se desplomó en abril 13,2% interanual. Asimismo, si se compara el resultado de abril con el de marzo de 2018, el resultado arroja una caída intermensual de 8,5%. Según Juan José Cruces, director del Centro, "entre los componentes del ICC, el subíndice de Situación Personal baja 9,6% y el de Bienes Durables e Inmuebles 7%". Por su parte, el informe destaca que el subíndice de Situación Macroeconómica cae 8,5%, siempre respecto al mes anterior. En la distribución territorial, la confianza del consumidor baja 8,5% en el interior del país y 11,6% en el Gran Buenos Aires. A la vez, aumenta 1,2% en Capital Federal, siempre respecto al mes anterior. En la distribución por nivel de ingresos, la confianza del consumidor baja 7,1% para el sector de los encuestados con mayores ingresos y cae 10, 1% para los encuestados con menores ingresos, siempre respecto al mes anterior. Es decir, el malhumor es transversal, pero se insinúa (si bien por una diferencia estadísticamente no significativa) que afecta relativamente más a los sectores sociales menos favorecidos. 




El problema, como venimos insistiendo, es que la afectación de la crisis se está dando a nivel de la comunidad toda; por eso el malestar impregna tanto la predisposición al consumo (ICC) como al vínculo entre la opinión pública y el gobierno (ICG). Según la última encuesta nacional realizada por Gustavo Córdoba y Asociados, el 59,7% de los argentinos tiene una expectativa negativa sobre el futuro de la economía en el país, contra 40,4% que considera que estará mejor. Es el peor registro de una serie que comienza en agosto de 2016; antes, el pico “mala onda” fue en marzo de 2018: 58,5%. El estudio coincide con los citados recientemente en ubicar a la inflación como el principal problema (19,5%; ver datos arriba, click para agrandar) y en confirmar a la agenda económica como la predominante entre los electores (43,1% de las menciones de problemas se vinculan a esa problemática). Asimismo, también muestra cómo el malestar socioeconómico permea hacia la evaluación de la imagen presidencial: el 44,1% califica positivamente a Mauricio Macri, pero el 52,7% lo evalúa mal o muy mal (ver datos arriba; click para agrandar), el pico de imagen negativa en la serie desde febrero de 2017. Asimismo, el evolutivo muestra un diferencial negativo de casi 9% (8,6 puntos porcentuales, el segundo más amplio del último año (ver datos abajo; click para agrandar).





El consultor explica así el desgaste oficialista: “el gobierno actúa con ´su mercado de votantes´ partiendo de la idea de tener un cliente cautivo, como sucede con los clientes de la medicina pre-paga, que por más que le aumenten la cuota no pueden irse a otra, porque no hay. El gobierno actúa con sus votantes de ese modo. ¿Cómo se traduce? Hay una deuda con sus propios votantes que se traduce en la perdida de capital simbólico y que impacta electoralmente. El presidente Macri conserva el caudal electoral de la primera vuelta y ha perdido los sectores que le permitieron ganar en segunda. Ese es el votante que siente que el gobierno no está haciendo lo que hay que hacer (…) Se generaron muchas expectativas, se puede decir que hubo una sobre-generación de expectativa y eso explica esta caída. La inflación no ha bajado, la marcha de la economía hace aumentar el pesimismo… En el balance, la gente no es optimista ni nada parecido. Macri, entonces, volvió a la situación previa de las elecciones en términos de imagen. Sucede que hubo una expectativa muy favorable de muchos argentinos, que ratificaron con el voto a Macri frente a Cristina para que tuviera un resultado en la economía, bueno, ahora estamos viendo una desilusión respecto de ese escenario. Querían un resultado económico de corto plazo y eso no se ha producido”. A esta evaluación, nosotros agregamos una propia: Cambiemos viene rompiendo una de las promesas marcarias que le permitió ganar el ballotage, que estaba anclada sobre el concepto “podemos vivir mejor”. Por el contrario, gran parte de su mensaje de gestión entra en contraste con el de campaña (como el emblemático “tenemos que reducir el consumo”,a propósito del debate sobre las tarifas), lo cual está lesionando el vínculo, dado que la promesa marcaria de Cambiemos nunca fue del tipo “sangre, sudor y lágrimas”.  

miércoles, 2 de mayo de 2018

Efectos socioeconómicos: impacto de las tarifas en el consumo y en la gestión

Con un malestar socioeconómico que ya superó la etapa de latencia y pasó al plano de lo manifiesto, lo previsible es que los aumentos de tarifas impulsados en el último trimestre agudicen el cuadro de crisis. Como referencia, desde diciembre de 2015, la incidencia de las tarifas de gas, luz y agua se triplicó en el gasto de los hogares porteños: pasó del 2,45 al 7,8%. Así, mientras en esos 27 meses (a marzo de 2018) la inflación promedio fue del 89,4%, las tarifas promedio de gas tuvieron un incremento del 360,6%, el servicio de agua el 370,8% y la electricidad el 1.036,7%. Aunque esos incrementos tarifarios toman en cuenta la tarifa social, en proporción esos servicios pesan más (en torno del 10%) en los hogares más pobres. A nivel nacional, con los aumentos de gas natural y electricidad concretados entre 2015/18, esos servicios pasaron de representar el 1,4% al 7,4% del salario promedio de los trabajadores registrados del sector privado y del 2,7% al 14,5% de los ingresos del conjunto de los ocupados, según un informe de Cifra.

Una encuesta reciente (realizada en marzo) midió la percepción de los aumentos de tarifas en la era Macri en la zona metropolitana, sobre una muestra de 500 casos en Capital y Gran Buenos Aires (GBA). En el apartado sobre "Humor social", una de las preguntas que realizó la consultora Grupo de Opinión Pública fue "¿cuánto siente que le aumentaron las tarifas desde que asumió Macri?" El 25,8% dijo 300%, el 22,5% 500% y un 19,3% más del 1.000% (ver datos abajo; click para agrandar). La percepción del impacto fue transversal a todas las clases sociales. La consultora Analogías, por su parte, realizó un estudio de 3.985 casos en provincia de Buenos Aires, que arrojó que el 83,9% de los bonaerenses cree que los aumentos de servicios públicos impactan "mucho o bastante" y 76,2% pide "congelamiento de tarifas". Para más datos, Analogías indagó a los bonaerenses si estaban enterados de los anuncios del gobierno de baja del índice de pobreza durante el 2017: el 66% contestó que sí sabía, pero sólo el 25% le cree, mientras que el 61% piensa que ese dato es falso. A nivel de expectativas, el 67% no espera un buen año en materia de economía, ya que el 35% opina que habrá  estancamiento y el 32% más recesión; apenas un 21% espera el crecimiento. Respecto a la pauta inflacionaria para el 2018 (15%), el 88% de los bonaerenses espera valores mucho más altos. Lo mismo ocurre con la desocupación: el 53% piensa que será mayor, el 21% igual y sólo el 18% que será menor.




Las encuestas realizadas a nivel nacional también confirman cómo el malestar permea en la economía doméstica de los argentinos. Un estudio de la  Consultora de Imagen y Gestión Política (CIGP) sobre una muestra de 976 casos en Capital y Gran Buenos Aires, Rosario, Córdoba y Mendoza arrojó que un 48,3% asegura que su sueldo "no le alcanza para llegar a fin de mes", un 52% dice que su situación es "peor" que el año pasado y un 46% cree que será "peor" en el próximo. Sin duda, la  mayor incidencia de los servicios en la economía familiar es uno de los factores que permite entender el estancamiento del consumo en lo que va de la gestión Cambiemos. Según un informe de Ecolatina, “el consumo masivo es una de las variables más golpeadas de los últimos años. En 2016, la actividad económica disminuyó casi 2% interanual, mientras que el consumo masivo se redujo más del doble (-4%). El año pasado el PBI trepó casi 3%, a la par que el sector bajo análisis acumuló su segundo año consecutivo de caída (-1%). De este modo, mientras que entre 2015 y 2017 la actividad agregada registró un avance de 1%, el poder adquisitivo se redujo 1,1% y el consumo masivo marcó un retroceso superior a 5%".  

Como hemos explicitado frecuentemente, una de las premisas analíticas que nos guía es que a mediano y largo plazo son los efectos socioeconómicos los que construyen las tendencias de opinión pública, más allá de los vaivenes de la coyuntura. Otra de las premisas claves se relaciona con aquella, y es la siguiente: no hay opinión pública por un lado y mercado por otro, sino una comunidad que consume y que vota, y entre ambas conductas (voto, o en sentido más general, aprobación o no de gobiernos y figuras políticas, y consumo) hay vasos comunicantes (aunque no lecturas lineales). Vale decir, si el consumo masivo se ve afectado durante suficiente tiempo (mediano o largo plazo), en algún momento eso afectará también la percepción del desempeño del gobierno. Eso es lo que surge del Índice de Confianza en el Gobierno (ICG) medido por la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT), que en abril de 2018, registró el menor nivel desde que la administración de Cambiemos llegó al poder. Según el último informe, el valor de ese mes fue de 2,07, lo que significa una caída de 11% respecto de marzo (2,32). "Se trata del menor nivel registrado durante la administración de Mauricio Macri, algo por debajo del anterior piso de 2,24 puntos alcanzado en julio de 2017. En términos interanuales la caída fue del 21%", afirma el informe. Como marco interpretativo, según el estudio, “dicha evolución negativa general refleja un contexto en que el debate público tematiza las nuevas subas de tarifas de servicios públicos, la imposibilidad de alcanzar la pauta de inflación del gobierno, y varios conflictos de intereses y/o inversiones cuestionables por parte de importantes funcionarios del Poder Ejecutivo Nacional”. Reforzando la convergencia entre política y consumo, el Índice de Confianza del Consumidor (ICC) medido por la misma entidad también cayó en abril un 8,5% con respecto al mes de marzo y un 13,2% en la comparación interanual, es decir, comparado con abril de 2017 (ver datos arriba; click para agrandar).