lunes, 30 de noviembre de 2015

Derribando mitos del proceso electoral

Dedicaremos este post a analizar lo que entendemos por “mitos” de este proceso electoral y a derribarlos, o bien, más modestamente si se quiere, a plantear nuestras objeciones a ciertas conjeturas o afirmaciones que se han vertido en intensos estos meses de elecciones. Veamos:

Mito 1. "Daniel Scioli no era un buen candidato para el FPV". Argumento: por el contrario, era el que más medía en las encuestas contra todos los demás candidatos del Frente para la Victoria (ya lo vimos a fines de 2014, en un post donde citábamos sondeos de Artemio López, probablemente el más anti-sciolista de todos los consultores cercanos al oficialismo). Superaba por 10 puntos en intención de voto a Florencio Randazzo y por más todavía a precandidatos alternativos como Julián Domínguez o Sergio Urribarri, por ejemplo. Además, era el candidato más potable para tratar de captar votos por fuera del núcleo duro “K” (cuyo techo está en el 30-33%). Claramente, cualquier otro dirigente más cercano al kirchnerismo “puro” hubiera tenido un techo más marcado que Scioli. Desde este punto de vista, la elección de Scioli fue acertada, ya que combinaba mejor las dosis de continuidad y cambio que esta campaña requería para tener chances de victoria respecto a las figuras alternativas. 

Mito 2. "Si Mauricio Macri hubiera aceptado la idea de una gran PASO que incluyera a Sergio Massa (UNA) además de a Ernesto Sanz (UCR) y a Elisa Carrió (Coalición Cívica), hubiera podido ganar en primera vuelta con claridad y no de manera exigua como sucedió en el ballotage". Argumento: por el contrario, si Macri hubiera aceptado una primaria ampliada el 9 de agosto y hubiera derrotado a Massa en esa instancia, el componente de voto de UNA más cercano al oficialismo y a Scioli se habría decantado hacia el candidato del FPV ya el 25-O, desembocando así en una primera vuelta polarizada entre Macri y Scioli, con riesgo incluso de una victoria del segundo si lograba alcanzar los 45 puntos. Por lo tanto, la estrategia de dejar fuera a Massa del acuerdo fue acertada, y la resiliencia de UNA (o, en otros términos, la resistencia de un segmento del electorado a ser polarizado antes de la segunda vuelta) resultó clave para llegar a la instancia del ballotage (por la hipótesis de los tres tercios), que siempre fue la mejor chance de victoria para Cambiemos. Para interesados en ampliar este punto, recomendamos leer nuestras entradas posteriores al 9-A sobre diversas hipótesis de polarización. 

Mito 3. "Si Daniel Scioli hubiera ido a una primaria con Florencio Randazzo, el FPV se hubiera fortalecido y hecho más competitivo". Argumento: por el contrario, ambos hubieran dividido el voto permeable al oficialismo en porciones asimétricas, pero en cualquier caso dejando al vencedor (Scioli) cerca de Macri en porcentaje de votos, en lugar de 14 puntos arriba como sucedió el 9-A (38% a 24%). El desgaste interno y la exigua diferencia hubieran mermado la competitividad electoral del FPV de cara al 25-O. Tanto la “interna competitiva” en provincia de Buenos Aires por la candidatura a gobernador entre Aníbal Fernández y Julián Domínguez como la “interna poco competitiva” entre Mariano Recalde y candidatos más débiles en ciudad de Buenos Aires resultaron en derrotas electorales para el oficialismo, lo que refuerza nuestro argumento. 

Mito 4. "La campaña negativa fue un bumerán". Argumento: hubo dos, no una campaña negativa, en estas elecciones, ambas cumplieron su objetivo, y no hay nada intrínsecamente malo en una campaña negativa (es un recurso más de comunicación; además, no es lo mismo que campaña "sucia"). La primer campaña negativa, la más larga, fue contra el oficialismo, y fue eficaz en consolidar un polo netamente opositor en torno al 33% de los electores (nuevamente, recordar la hipótesis de los tres tercios). La segunda, más corta, fue la del oficialismo contra Cambiemos y Macri, desplegada sobre todo después del 25-O en intensidad, y fue también muy eficaz, dado que activó el miedo latente a un ajuste y a resonancias negativas del concepto de "cambio". El hecho de que la elección haya sido ajustada no invalida la eficacia de ninguna de las dos campañas, sólo se debe a que una contrarresta a la otra: la contraria al oficialismo fidelizó y aglutinó el voto opositor o contrario al FPV, la contraria a Cambiemos logró captar entre los electores que no habían elegido a Scioli ni a Macri en primarias ni en primera vuelta (entre ellos, el 21% que votó a UNA) suficientes votantes para poner la elección 51% a 49%. 

domingo, 29 de noviembre de 2015

Nota publicada en suple Tendencias de La Voz

TECNO 

Rodeados de ciencia ficción

Tecnología futurista. Inventos y desarrollos que desplazan las fronteras de lo que se creía posible.

Por Norman Berra (Especial)

Según los especialistas, la revolución tecnológica está en proceso de romper límites que parecían infranqueables tiempo atrás. En esta nota, compartimos algunos avances que ya están entre nosotros y adelantamos los que se vienen en los próximos 10 años. 

http://www.lavoz.com.ar/tecno/rodeados-de-ciencia-ficcion



miércoles, 25 de noviembre de 2015

De un “too close to call” a otro: 2,9 puntos el 25-O, 2,8 el 22-N (2)

Decíamos en nuestra lectura pos 25-O que la elección trabada había devenido en un empate técnico o “too close  to call”. ¿Por qué trabada? Porque después de las primarias no se había producido polarización: Sergio Massa había sostenido los votos obtenidos por el frente UNA en agosto (e incluso sumado otros), Daniel Scioli también había fidelizado a los del Frente para la Victoria y sumado nuevos, en tanto que Macri no sólo había fidelizado los del frente Cambiemos sino que había sido el de mayor crecimiento desde agosto, principalmente sumando votantes que no habían asistido en las PASO. 

Superada la instancia de la primera vuelta, un electorado que había resistido la polarización dos veces (en agosto y en octubre) se vio forzado a polarizarse por la legislación electoral: quedaban sólo dos candidatos, Scioli y Macri, por los que optar (sino elegir). En ese marco, la elección trabada del 25-O volvió a trabarse: de acuerdo al escrutinio provisorio (ya veremos si el definitivo implica alguna corrección), la diferencia entre Macri y Scioli fue de apenas 704.860 votos y 2,8 puntos porcentuales (ver arriba mapa elaborado por Andy Tow y las cifras respectivas), aún más estrecha que la que había obtenido en sentido inverso Scioli sobre Macri en la primera vuelta (737.386 votos y 2,93 puntos porcentuales). 

En una serie de entradas previas al ballotage, sobre la base de antecedentes de segunda vuelta en Latinoamérica y análisis electorales de tendencias más allá de la intención de voto reportada por las encuestas, anticipábamos que la elección sería reñida, y así fue. La explicación de base de esta dinámica era que Scioli y Macri tenían consolidados sus votos del 25-O, y puesto que la elección la definirían votantes que les habían dicho que “NO” a ambos dos veces (el 9-A y el 25-O), la segunda vuelta se resolvería más por rechazos relativos que por simpatías relativas (le dirían más que “NO” a uno de los dos, más que decirle “SÍ” a alguno). No hubo vuelco anti-gobierno o, en todo caso, si lo hubo, fue contrapesado con un vuelco anti-Macri de igual intensidad. Otra forma de verlo: ambas campañas negativas (la contraria al FPV entre el 9-A y el 25-O, y la contraria a Macri pos 25-O) fueron igualmente eficaces, y por ello ninguno de los dos pudo sacarle gran diferencia al contricante. Este punto no es menor, dado que muchos análisis de coyuntura tienden a hablar de una campaña negativa, soslayando que en rigor hubo dos de ellas en estas elecciones presidenciales.  

El resultado exiguo en los números también implica para el flamante presidente electo limitaciones en términos del programa de gobierno a llevar adelante: a partir del 10 de diciembre la nueva configuración del Congreso mostrará a Macri sin mayoría en ninguna de las dos cámaras, por lo que estará obligado a negociar en cada sesión para lograr quórum, habilitar los debates y aprobar leyes. En el Senado la situación es aún más desfavorable que en Diputados: el Frente para la Victoria (FPV) tendrá a partir del 10 de diciembre 41 legisladores -cuatro más que el quórum reglamentario-, de los 72 que componen ese ámbito legislativo, contra sólo 15 de Cambiemos. Otro desafío para Macri es gobernar un país en el que más de la mitad de las provincias estarán bajo mandatos kirchneristas y sólo tendrá cinco gobernadores alineados a su espacio desde su asunción: de 24 gobernadores, 16 llegaron al poder con un signo político distinto a Cambiemos. Sin relativizar lo que implica la pérdida del poder, para el FPV hay ciertos ecos del “nunca hubo una derrota tan dulce” del PSOE en 1996, cuando el Partido Popular de José María Aznar aventajó al socialista de Felipe González por menos de 300.000 votos y apenas 1,16 puntos porcentuales. En esa ocasión, sin embargo, el PP superó al PSOE en escaños: 156 a 141. Por contrapartida, Macri tiene a favor que su fuerza manejará los tres presupuestos y distritos principales: Nación, Capital Federal y provincia de Buenos Aires. 

lunes, 23 de noviembre de 2015

De un “too close to call” a otro: 2,9 puntos el 25-O, 2,8 el 22-N (1)

Decíamos en una de las primeras entradas posteriores al 25 de octubre que, para analizar un ballotage inédito en la política argentina (el primero que se concreta desde la reforma constitucional de 1994) había que partir de las enseñanzas que dejaban los ballotages regionales y lo que nos aporta la estadística aplicada al comportamiento electoral. Los repasemos:  1) la incidencia de la covarianza, clave para ponderar las diferencias  -sobre todo a la luz de la experiencia reciente de la segunda vuelta porteña- 2) cada contrincante va a segunda vuelta manteniendo, de mínima, el caudal que obtuvo en primera. Por ello, una buena aproximación alternativa para pronosticar el ballotage fue no quedarnos con la intención de voto reportada por las encuestas, sino tomar los votos efectivos de Daniel Scioli y Mauricio Macri el 25-O y sumarles la distribución de los votos de los candidatos que quedaron fuera del ballotage. 

Con los resultados de anoche, podemos decir con satisfacción que nuestro ensayo resultó mucho más exitoso que todas las encuestas revisadas desde el 25-O hasta ayer considerando la variable de intención de voto. Pruebas al canto: decíamos la semana pasada que la diferencia entre Macri y Scioli en las últimas 7 encuestas iba de un mínimo de 7,6 puntos (Jorge Giacobbe) a un máximo de 16 puntos (consultora Wonder, de Carolina Yelatti). Ipsos y Polldata reportaban diferencias en torno a 12 puntos, González y Valladares entre 10 y 11, en tanto que Elypsis la ubicaba más cerca del mínimo de Giacobbe (8,8 puntos). Es decir, todas esas mediciones subestimaron a Scioli y sobreestimaron a Macri. La mejor aproximación relativa fue la de Giacobbe, que arrojó 53,8% para Macri (obtuvo 51,4%, una sobreestimación de +2,4 puntos porcentuales) y 46,2% para Scioli (alcanzó 48,6%, subestimado en 2,4; aquí vemos el efecto práctico de la covarianza en un escenario de sólo dos candidatos).  Todas las demás mediciones erraron por encima del error muestral. 

¿Por qué funcionó mejor nuestra aproximación basada no en tomar la intención de voto lineal que arrojaban las  encuestas sino la de partir del caudal obtenido por Scioli y Macri en primera vuelta y asignarles las proporciones relativas que capturan de los candidatos que quedaron fuera? Porque casi todas las encuestas pos-25 O fueron vulnerables al “momentum” favorable a la oposición, es decir a Macri. Esto hizo que en las encuestas de intención de voto los electores favorables a quien salió mejor parado de la primera vuelta (Macri, pese a haber quedado 3 puntos detrás de Scioli) reporten su voto de una manera más franca que aquellos electores más inclinados hacia el candidato que quedó peor parado (Scioli, el ganador que parecía haber perdido). Eso hacía que en algunas encuestas pareciera incluso que el candidato del FPV perdía votos respecto a la elección de octubre (algo insostenible, como dijimos cuando analizamos la encuesta de Elypsis que apuntaba eso como dato; y acertamos). 

Como escribimos oportunamente, esta alternativo de cálculo ya había ajustado muy bien los resultados en algunas elecciones en las cuales las encuestas previas implicaban desvíos del escrutinio en el voto declarado, que se corrigieron al estimar por el método de voto anterior ensayado en el blog. No había más que revisar las enseñanzas de otros ballotages en la región (y recordar el antecedente porteño) para estimar que sucedería lo que ayer sucedió: una elección apretada. La hipótesis construida sobre los ballotages en la región decía que, cuando en la primera vuelta la diferencia es menor a 3 puntos, el resultado es reversible (Scioli en primera, Macri en segunda), pero la probabilidad matemática es del 50% para ambos (resultado de 51,4% a 48,6%, o sea, no abultado; la imagen de arriba es un poco anterior al cierre de escrutinio con 99,17% de los votos). 

Por ello, la mejor aproximación de todas las que ensayamos en el blog fue la construida a partir de la primera encuesta pos-25 O, la de González y Valladares, pero no a partir de la intención de voto que arrojaba ese sondeo (le daba 50,5 a 45,5, es decir, 4,5 puntos porcentuales de ventaja) sino sumando al caudal de Scioli y Macri la captura relativa de electores de candidatos que habían quedado fuera del ballotage. Con ese método, el resultado era 48,4% para Scioli y 51,6% para Macri, idéntico al ballotage porteño. El resultado de ayer fue 48,6% a 51,4%: apenas 2 décimas de desvío. Se dice que, cuando Pitágoras confirmó la exactitud de su teorema, ofrendó 100 bueyes a la Musa; en lugar de eso, nosotros enviamos un afectuoso saludo a todos los lectores del blog, algunos de los cuales en estas intensas semanas coincidieron con nuestra apreciación de que el resultado sería apretado. Vale también nuestro agradecimiento a todos los que nos honraron con su visita, aunque desconfiaron de nuestra aproximación alternativa (o la sospecharon sesgada) y creyeron más en las encuestas que arrojaban diferencias abultadas entre ambos (erradas, como se probó ayer). Esperamos que todos sigan participando en este blog.

viernes, 20 de noviembre de 2015

El ritmo cardíaco de la opinión pública: implicancias para el 22-N (2)

Las últimas 7 encuestas realizadas en estos días de veda (no incluidas en nuestro post del pasado lunes 16) arrojan a favor de Mauricio Macri diferencias que van de un mínimo de 7,6 puntos (Jorge Giacobbe) a un máximo de 16 puntos (consultora Wonder, de Carolina Yelatti). Ipsos y Polldata reportan diferencias en torno a 12 puntos, González y Valladares entre 10 y 11, en tanto que Elypsis la ubica más cerca del mínimo de Giacobbe (8,8 puntos). Es decir, en todas estas mediciones hay un consenso sobre Macri como ganador del ballotage. 

Por otro lado, hay un “mirlo blanco” que canta fuera de este coro, una proyección realizada por 7Puentes (Big data Intelligence) que no surge de una encuesta sino de un modelo predictivo basado en los datos del escrutinio oficial, álgebra vectorial y análisis de correlación entre fuerzas electorales y sus electorados respectivos, donde a los votos obtenidos por Cambiemos y FPV se suman los que sacaron las fuerzas que no compiten en el ballotage (UNA, FIT, Progresistas y Compromiso Federal) en función de la cercanía (o mayor correlación lineal) con Cambiemos y FPV, respectivamente (una simulación basada en un modelo de agregación similar al que usamos nosotros en los post anteriores). Con este método, el resultado es absolutamente discrepante de los anteriores: los resultados oscilan entre 5 y 12 puntos a favor de Scioli. Por otro lado, existen otras encuestas, de las cuales no han trascendido datos (es el caso de Raúl Aragón, quien anoche sugirió una brecha más estrecha a favor de Macri que las citadas arriba), por lo cual no entran en nuestro análisis de hoy. 
  
Recordemos, sin embargo, que cerrábamos el post anterior planteando que si la hipótesis de Gonzalo Sarasqueta es correcta (“la espuma polarizante subirá y la participación electoral promete superar su récord de 1983, año en que alcanzó el 85,61%”), eso implica 5 puntos electorales que podrían sumarse, una masa de más de 1.500.000 votos, suficientes para romper cualquier pronóstico o proyección. A favor de esta hipótesis podemos citar la opinión de Hilda Vitar, médica psiquiatra y psicoanalista miembro de la Escuela de Orientación Lacaniana (EOL) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP): “ha habido un efecto de conmoción y de sorpresa a partir de esta primera elección presidencial y sus resultados. Lo que podemos notar es que las personas han salido de una especie de inercia o de letargo y se ha pasado a una militancia mucho más activa de quienes ya eran militantes, pero también de quienes no desarrollaban esas prácticas. Es decir que, en algún sentido, el resultado de estas elecciones ha tocado un punto sensible en cada uno. Es un momento de despertar; hoy todos hablamos de política e incluso esto ha ingresado a los consultorios. Los pacientes hablan del resultado de las elecciones y se preguntan por su participación y su responsabilidad en esto”.

Este imponderable (cuánta participación electoral habrá, si crecerá respecto a primera vuelta o no y, si crece, si lo hará  en rechazo al oficialismo o, al contrario, en resistencia al cambio) en dota de cierta incertidumbre al resultado del 22-N: puede esperarse tanto una victoria de Macri en línea con lo que indican la mayoría de las encuestas, como una elección mucho más competitiva, como sugieren análisis y proyecciones alternativos. Repasemos las últimas evaluaciones de algunos especialistas: según el politólogo Sergio Berensztein, "Hay un consenso bastante amplio. Lo único que está en discusión es la diferencia de votos por la que va a ganar (Macri). Puede ser entre 5 u 8 puntos y algunos se animan hasta una diferencia de 16 puntos". En la misma línea, Carlos Fara afirma: "Hoy es mucho más probable un cambio que una continuidad. Más allá de la intención de voto, hay grandes tendencias. Hay un voto estratégico que es anti Scioli. Pero lo más fuerte fue que sacaron al PJ de la provincia después de 28 años (…) "Parece difícil que la gente elija a Vidal y después vote a Scioil para que jueguen al gato y al ratón... Hay un aprendizaje".

Desde otra mirada, para Enrique Zuleta Puceiro, "es una elección abierta, con ventajas para Macri. Hay algo en esta elección de ‘Pasado vs Futuro’, y planteado de esta forma siempre gana el futuro. Hay un vuelco 'antigobierno', buscando el cambio. Pero Scioli también es parte de ese cambio". A su turno, el consultor Hugo Haime comentó: "Hoy por hoy los números están indicando un resultado a favor de Macri pero con matices". Haime se mostró prudente, ya que consideró que aún hay un amplio sector que parece no haber definido aún su voto (alrededor de un 11%), por lo cual evaluó que las últimas 48 horas antes del balotaje serán cruciales. "Creo que serán definitivas porque hay mucha exposición mediática de ambos", dijo. A su turno, Mariel Fornoni, de Management & Fit, planteó que “tenemos unos 10 puntos de diferencia a favor de Macri. La diferencia no se fue achicando, como escuché. Ayer me llamaban y me preguntaban por eso. Pero en nuestro caso la diferencia no se achicó (…)  "No sabemos quién ganará. En octubre hubo una dispersión del voto, que nos hizo errar. Algo está pasando. Y no es porque las encuestadoras estén operando para algún candidato (…) "El balotaje es más difícil de pronosticar, no más fácil. Porque lo que no tiene uno, se va directo al otro. El error se duplica" (…) "Hay todavía unos 10 puntos de indecisos. Hay que ver qué pasa ahí. También con la asistencia. En la primera vuelta hubo 2,6 millones más de votos positivos y Macri se llevó 1,7 millones" (…) "También será importante si el Frente para la Victoria logra motorizar como siempre en las zonas más postergadas y hay que ver qué pasa con los centros urbanos, más proclives a votar a Macri. Ojo con la asistencia". En síntesis, la elección se resolverá por sístole o diástole: si se profundiza el “vuelco antigobierno” que vimos el 25-O (una mayor afluencia de votantes que en las primarias, a favor del cambio), es esperable una victoria de Macri, con más o menos holgura. Por el contrario, si al vuelco antigobierno que vimos en primera vuelta se le opone un vuelco anti-Macri (por efecto de la campaña negativa del FPV y el activismo pos-25-O ) podríamos entrar en el escenario de elección abierta que sugieren Zuleta Puceiro y Haime y hasta en una ventaja para Scioli, como sugieren modelos alternativos. En sólo 48 horas, veremos cuál de todos los escenarios se acercó más al resultado.