viernes, 30 de marzo de 2018

Nota publicada en La Voz del Interior

Índice de pobreza: problemas de inconsistencia metodológica




Uno de cada cinco. Más allá de los vaivenes, la pobreza estructural en Argentina es del 20 por ciento. (La Voz)

http://www.lavoz.com.ar/opinion/indice-de-pobreza-problemas-de-inconsistencia-metodologica


El Gran Córdoba pasa de 40,5% a 30,7%, para ubicarse a fines de 2017 en 34,2%, una pobreza mayor que en el Gran Buenos Aires, que viene con bajas sostenidas.

Esta semana, el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) anunció una baja de la pobreza en el último semestre de 2017 (la medición la situó en 25,7%) respecto del primero del mismo año (28,6%) y del segundo de 2016 (30,3%).

Como era previsible, los números fueron celebrados por el Gobierno nacional. Sin embargo, también generaron algunos cuestionamientos. En esta nota, prescindiremos de las observaciones motivadas políticamente, para detenernos en aquellos puntos técnicos que pueden ser objetables.

En primer lugar, desde la Universidad Católica Argentina (UCA) se observó que la medición toma una canasta de consumo con tarifas ponderadas en el gasto familiar con parámetros desactualizados (año 2004, según se apuntó).

Este es un detalle no menor porque es sabido que el actual Gobierno retiró en gran parte los subsidios y actualizó las tarifas de servicios públicos, por lo cual una desactualización en esta materia estaría subestimando el impacto socioeconómico de esos aumentos.

Más allá de eso, por fuera de los vaivenes de la coyuntura, la medición de la pobreza basada en el cálculo de una canasta básica total (que incluye alimentos, ropa y transporte, entre otros productos y servicios básicos) y que considera pobres a todos aquellos que tengan ingresos por debajo del costo de esa canasta, presenta el problema de cómo conformar una canasta de consumo suficientemente representativa de realidades regionales tan diversas como la de los 31 aglomerados que integran la muestra, que se toma para la medición (tema arduo, que no podemos agotar aquí).

Otro problema central es la inestabilidad de datos, que queda en evidencia en las fluctuaciones que presentan mediciones de algunos aglomerados. Es el caso del Gran San Juan: las personas pobres pasan del 43,5% en el segundo semestre de 2016 al 26,4% en el primero de 2017, para ubicarse a fines de 2017 en 27,2%. Es decir, tenemos primero una caída enorme de 17,1 puntos porcentuales (técnicamente insostenible) y luego una suba de 0,8 puntos porcentuales; esta estadísticamente no significativa, pero a contrapelo de la tendencia de mejora general que reporta el Indec.

En la misma línea, el Gran Córdoba pasa de 40,5% a 30,7% para ubicarse a fines de 2017 en 34,2%. Nuevamente, tenemos una caída técnicamente insostenible primero (9,8 puntos porcentuales) y luego una suba de 3,5 puntos porcentuales de la pobreza, otra vez a contrapelo de la tendencia general de mejora reportada.

El 34,2% que el Indec registra en Córdoba implicaría una pobreza mayor que en los partidos del Gran Buenos Aires, en los cuales el Indec viene midiendo bajas sostenidas: 34,6% en el segundo semestre de 2016, 32,6% en el primero de 2017 y 29,5% a fines de 2017.

En este caso, el gobierno de Córdoba contrastó el dato del Indec con los de la Dirección General de Estadística y Censos provincial, que sitúan la pobreza en 27,7% (esto es, 6,5 puntos porcentuales por debajo del registro nacional) o 29,9% sin contar planes sociales (una brecha de 4,3 puntos porcentuales).

Antecedente

Ya hubo un contrapunto por este tema cuando el Indec había reportado una pobreza por encima del 40%; luego, la medición nacional se acercó cuando estableció el 30,7%, pero ahora vuelven a distanciarse.

En el mismo sentido, desde la provincia se puso en duda que el Gran Rosario pueda tener apenas 19,8% de pobres (casi 15 puntos porcentuales menos que el Gran Córdoba).

El gobierno de Córdoba remarcó que se emplea una muestra más amplia que la del Indec, con un trabajo conjunto con el Instituto de Estadística de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) y que se validan los datos con otros indicadores vinculados a niveles de empleo, desempleo y creación de puestos de trabajo, generados a partir de la obra pública.

Otro de los aglomerados que muestra grandes fluctuaciones es el Gran La Plata (24,2% en 2016, 30,8% en el primer semestre de 2017 y 23,1% en el segundo de 2017). En síntesis, el cúmulo de inconsistencias arroja dudas razonables sobre la fiabilidad del indicador general en términos estrictamente metodológicos, técnicos, por fuera de la lectura política de los datos.

En este marco, hay dos hipótesis: el problema puede estar en la canasta de consumo, es decir, que esta presente déficits de representatividad a nivel de los aglomerados (que podrían sumarse a la deficitaria ponderación del ítem tarifas de servicios que apuntó la UCA y repasamos arriba).

Otra posibilidad es que se trate de problemas de representatividad de muestra a muestra: toda muestra tiene, además de un margen de error muestral dado (en sentido lato, el precio que se paga por no censar), un nivel de confianza determinado. Por ejemplo, si el nivel de confianza es del 95%, eso quiere decir que, de 100 muestras que hagamos, 95 nos darían un resultado como el de la muestra en cuestión (dentro del margen de error), pero cinco muestras podrían darnos distinto, con alguna distorsión. Esto porque se trata de estudios probabilísticos.

Cuando eso sucede, conviene repetir la muestra. Aplicado a los ejemplos que analizamos, si en Gran San Juan existe una variación de 17 puntos porcentuales y en Córdoba una de casi 10 puntos, lo técnicamente recomendable es volver a hacer una muestra y repetir la medición, para descubrir cuál es el dato distorsionado (salvo que exista un dato de contexto que esté influyendo directamente en una o más variables utilizadas a efectos de conformar el indicador final, por ejemplo, el desembarco de un gran empleador en un aglomerado, lo cual usualmente impacta de manera gradual, no de una sola vez).

Asimismo, no es un dato menor que la reducción de la pobreza reportada está en contraste con el dato de que la canasta de consumo masivo cayó un 1% en 2017 respecto del año anterior, dado que la recuperación registrada durante septiembre, octubre y noviembre pasados no continuó en diciembre, según la consultora especializada Kantar Wordpanel.

Movilidad

Finalmente, el dato está en claro contraste con la reducción de la clase media que registró el evolutivo de mediciones nacionales realizadas por la consultora Delfos de manera domiciliaria sobre muestras de 8.510 casos en 2015 y 2016 (20 ciudades) y 5.990 casos (16 ciudades) en 2017, con un error muestral de +- 1,6 por ciento y +- 2,1 por ciento, respectivamente, y que se publicó oportunamente en este medio (http://www. lavoz.com.ar/negocios/en-dos-anos-la-clase-media-volvio-achicarse).

De acuerdo con estos datos, la clase media se redujo del 30 al 25 por ciento a fines de 2017. Esos cinco puntos porcentuales hicieron crecer a la clase media baja o baja superior (D1) del 31 por ciento que tenía en 2015 hasta un 36 por ciento al cierre del año pasado. En tanto, la clase alta (ABC1) se mantuvo en cinco por ciento y la media alta repitió el 15 por ciento que mostraba hace dos años, mientras que la sumatoria de las clases baja y marginal (D1+D2+E) pasó del 50 por ciento al 55 por ciento.

La principal conclusión que se desprende de los relevamientos es que a fines de 2017 se quebró la tendencia a la movilidad social ascendente visible hasta 2015. Eso implica que, luego de un período de nueve años en que la pirámide del nivel socioeconómico a nivel nacional mostró un proceso de movilidad social ascendente (con crecimiento de la clase media y reducción de la pobreza, es decir, menor polarización social relativa), 2017 arrojó un descenso de los niveles medios típicos hacia la clase baja superior.

Eso implica un deterioro relativo de la situación, aunque a tenor de estos datos todavía aún no se traduce en un crecimiento de los segmentos bajo inferior y marginal (que siguen en 19 por ciento, idéntico guarismo que en 2015).

Para mirar lo positivo: la metodología utilizada por estos relevamientos (homologada por la Asociación Argentina de Marketing y empleada por las consultoras asociadas en todo el país) permite medir indicadores estructurales más consistentes que una canasta de consumo (afectada por los problemas ya señalados antes).

Sobre esa base, se podría inferir que la “pobreza estructural” a nivel nacional (esto es, más allá de vaivenes de la coyuntura) rondaría el 20 por ciento, constituido por la sumatoria de las clases baja inferior y la marginal.

*Encargado de proyectos de la consultora Delfos

miércoles, 28 de marzo de 2018

Tendencias que insinúan una dinámica polarizadora de cara al 2019

El informe de Opina que comenzamos a citar en el post anterior arroja otros datos de interés. En el mismo sentido que otros estudios que hemos repasado antes en el blog, muestra que la imagen del presidente Mauricio Macri (20% muy positiva, 24% positiva, 39% negativa, 17% muy negativa, 1% ns/nc) tiene una distribución cada vez más parecida a la de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner (25% muy positiva, 17% positiva, 41% negativa, 16% muy negativa, 1% ns/nc). En el acumulado, Macri tiene 44% de positiva y 46% de negativa, y CFK 42% y 57%, respectivamente. Así, la diferencia no resulta estadísticamente significativa (recordemos que el estudio tiene un error muestral de +- 3,2%). Recientemente, una encuesta de Gustavo Córdoba arrojaba que la imagen negativa de CFK es de 53,3% y la de Macri, del 49,4%, mientras que la positiva de Macri es del 47,7% y la de Cristina del 43,6%. También allí las diferencias son estadísticamente no significativas. 

Respecto a la evaluación del gobierno, 34% lo califica positivamente, 54% de manera negativa y 12% ns/nc (ver datos arriba; click para agrandar). El guarismo favorable está en el orden de magnitud de los votos obtenidos en primera vuelta por Macri en 2015 (34,15%) y por debajo del caudal de Cambiemos en las legislativas del 2017 (alrededor del 40%), lo cual confirma el desgaste del oficialismo. Tanto la política económica como la de seguridad y la del combate a la corrupción están por arriba del 50% de calificación desfavorable, con pico del 63% en el caso de la económica. En ese marco, no asombra que inflación y desempleo acaparen el 56% de las respuestas relativas a los principales problemas que el gobierno debería resolver, lo que confirma el malestar socioeconómico que venimos analizando hace tiempo en este blog y que parece haber hecho eclosión en el último trimestre. 

Entre las conclusiones del informe, Opina destaca: “la imagen del presidente Macri parece haber encontrado un rango de equilibrio, luego de la significativa caída registrada en el mes de diciembre. Por su parte, las mujeres de Cambiemos, Elisa Carrió y María Eugenia Vidal, continúa  liderando el ranking de valoración de los dirigentes políticos nacionales”. En cuanto a la oposición, el informe apunta que “sigue sin perfilarse una figura que pueda despertar expectativas con capacidad de reconstruir una mayoría. En este contexto Cristina Kirchner mantiene un núcleo duro de seguidores que representa el 25% del electorado. A su vez, persiste sobre ella un techo significativo que se componen por más de un 40% de argentinos que tienen muy mala imagen de la ex presidenta. Sergio Massa no ha podido revertir la volatilidad que acompaña su valoración social. Especialmente, desde su enfrentamiento más abierto con la coalición gobernante, podemos observar un incremento importante en los rechazos que acompañan su imagen”

Estos datos son cruciales de cara al reordenamiento del espacio opositor, porque circula en parte del espacio pan-justicialista el mito de que CFK no puede ser candidata porque “polariza” las opiniones. Pues, precisamente eso es lo que tiene que hacer un candidato opositor: polarizar. Es lo que Macri hizo exitosamente y lo que le permitió capitalizar el antikirchnerismo para pasar al ballotage del 2015. Polarizar es lo que le permitió a CFK ser la candidata opositora más votada en las legislativas del 2017, muy por encima de los candidatos y fuerzas “opo-oficialistas” (Sergio Massa, Florencio Randazzo, Juan Urtubey, entre otros) que precisamente por no polarizar quedaron tanto lejos del oficialismo como de la principal fuerza opositora (Unidad Ciudadana) en rendimiento electoral. Como se ve en el gráfico, los dirigentes “opo-oficialistas” como Massa no sólo pierden elecciones, sino que además pierden también en imagen (ver datos abajo; click para agrandar): 36% positiva (menos que CFK) y 58% negativa (un punto más que CFK, empate técnico). En síntesis, pretender que el reordenamiento del espacio pan-justicialista debe hacerse a espaldas de la principal dirigente opositora a nivel país es un error estratégico de fuste; para usar una metáfora futbolística pertinente en estos días, casi como ir al Mundial de fútbol sin Lionel Messi. 





lunes, 26 de marzo de 2018

Un giro discursivo que podría interpretarse como un acuse de recibo

Oportunamente, el sociólogo Carlos de Angelis apuntó que “a diferencia de sus otras dos intervenciones inaugurales de las sesiones ordinarias del Parlamento, el presidente no nombró la palabra herencia. La ´pesada herencia´ como estructura narrativa quedó en el pasado, y de aquí en más el gobierno deberá ser evaluado con respecto a sus propias acciones. Un desafío enorme con la mira telescópica puesta en octubre de 2019”. Este es un detalle no menor si se atiende a datos que arrojaron encuestas recientes que miden la atribución de responsabilidades por la actual situación en términos comparativos respecto del actual gobierno y del anterior. Veamos…

La consultora Opina realizó un estudio nacional sobre la base de una muestra de 1.100 casos en Capital, Gran Buenos Aires, Córdoba, Rosario, Mendoza, Tucumán, Mar del Plata, San Juan, Neuquén, Resistencia, Río Cuarto, San Rafael, Concordia, Rafaela, General Roca, Crespo (Entre Ríos), Rivadavia, Monte Hermoso, San Pedro( Misiones), Tres Lomas (Bs.As) La Unión (Salta) y Tolhuin (Tierra del Fuego), relevados a través de sistema telefónico IVR. El margen de error es de +/- 3,2% para un nivel de confianza del 95%. Según el informe de coyuntura presentado en marzo, el 47% de los argentinos considera que el presidente Mauricio Macri es el principal responsable de los problemas económicos (ver datos arriba; click para agrandar); en cambio, el 44%  atribuye esa responsabilidad a la ex presidenta Cristina Fernández (un 4% ns/nc). Según el informe, “es altamente probable que esta situación se deba a que el gobierno no obtiene diferenciales de valoración positiva en ninguna área de gestión. Refuerza esta sensación la alta preocupación que se observa en la sociedad respecto a los temas vinculados con la situación económica”.

Si bien en términos estadísticos se trata de un empate técnico (47% a 44%), resulta “un dato verdaderamente novedoso y preocupante para el oficialismo. Por primera vez desde noviembre de 2016, los argentinos que creen que los problemas económicos son responsabilidad del actual gobierno superan por unos puntos a aquellos que aún responsabilizan a la gestión de Cristina Kirchner. Esta señal que emite la sociedad significa que a partir de ahora cada vez más argentinos fijarán su mirada en el Presidente Macri al momento de percibir su realidad social y económica (…) A partir de ahora, cada día que pase, el pasado será un recuerdo más lejano y borroso, exponiendo al gobierno ante sus propios éxitos y fracasos”, apuntó desde la consultora Opina Andrés Gilio, coincidiendo con la línea interpretativa que vimos en De Angelis. 

Las implicancias de este dato son cruciales. Hasta las legislativas del 2017, el oficialismo se benefició de una buena gestión del pasado (el consenso negativo sobre el gobierno anterior que le permitió acceder al poder por escaso margen en el ballotage del 2015 y capitalizar el argumento de la “pesada herencia” en su relato) y una eficaz gestión de las expectativas (aun cuando registró caídas en imagen, el oficialismo conservó una alta dosis de crédito hacia adelante, al menos hasta noviembre del 2017). Lo que el estudio de Opina revela es que el argumento de la herencia ha agotado su funcionalidad, al menos como relato explicativo del malestar socioeconómico; esto se suma a la caída de las expectativas que vimos en varios estudios citados en este  blog. Así, el gobierno de Cambiemos está siendo afectado en dos pilares clave del relato que le permitieron salir airoso en los últimos turnos electorales, lo cual es una combinación nueva de factores de cara al 2019. Con todo, aunque suponen un quiebre respecto de la tendencia anterior, “este panorama está lejos de ser irreversible para la coalición gobernante”, apunta el mismo informe. El gobierno todavía capitaliza el consenso negativo respecto a la gestión anterior: el 47% considera que el gobierno de CFK fue más corrupto que el actual, contra un 30% que cree lo contrario; un 19% responde que ambos son igual de corruptos y un 4% ns/nc (ver datos abajo; click para agrandar). Sin embargo, también en este terreno el oficialismo sufre un deterioro, ya que un 47% también cree que hay mucha corrupción en el actual gobierno: “Donde el gobierno parece haber sufrido un desgate mayor es en la evaluación del combate contra corrupción. Este fenómeno está relacionado con las noticias que involucran a funcionarios en cuestiones controversiales”, destaca el informe. Es decir, aunque aún se mantiene como elemento de contraste respecto a la anterior gestión, el oficialismo también ve erosionada la funcionalidad del elemento corrupción en su relato diferenciador del kirchnerismo. “El nivel de rechazo a la gestión de gobierno y a la política económica rozan sus máximos históricos; las políticas de seguridad y anticorrupción, dos ítems donde el macrismo se hace más fuerte, presentan caídas significativa”, agrega el documento. 



miércoles, 21 de marzo de 2018

Un cambio de agenda difícil de capitalizar (3)

Podemos agregar a los datos citados en posts anteriores los de estudios más recientes sobre la despenalización del aborto. Según una encuesta de la consultora Synopsis realizada sobre una muestra nacional de 1.485 casos relevados entre el 9 y 10 de marzo, el 53,5% de los argentinos está a favor de que el aborto sea legal, frente a un 32,6% que se oponen y un 13,8% que no tienen una opinión formada al respecto. Esto es, con casi un 54% a favor, el issue está cerca de ser un “sixtie”, pero en rigor no llega a serlo, lo que limita las posibilidades de que el oficialismo capitalice el tema, como venimos analizando en las últimas entradas. Recordemos que “sixties” se denominaba a los issues que obtienen un 60% % de apoyo en la sociedad; en función de ese umbral, el consultor Dick Morris le aconsejaba al ex presidente norteamericano Bill Clinton que se expresara públicamente en todos esos temas sobre la base de que eso lo podría beneficiar; la referencia es relevante para debatir en qué medida Cambiemos puede verse favorecido por este issue en la agenda. 

Nuevamente, el análisis por sexo muestra matices. El apoyo es mayor entre los varones, con un 55,6%, contra un 51,6% de las mujeres. También existe una diferencia marcada entre el 70% a favor de Buenos Aires y el 49,4% promedio en las demás provincias argentinas. Por edades, las personas más jóvenes expresan con más fuerza su respaldo a la despenalización —60,3% entre los 16 y 29 años—, un apoyo que decrece a medida que aumenta la edad de los encuestados: quienes tienen 65 años o más están 41,6% a favor y 39,9% en contra (empate técnico). Respecto al grado de formación, quienes poseen estudios terciarios están de acuerdo en un 61,3%, secundarios, un 51,5% y primarios un 47,6%. Otro eje que abordó la consulta realizada por Synopsis fue la relación entre la ideología de los encuestados y su actitud ante el aborto. Así, quienes votarían por Mauricio Macri respaldan la despenalización en un 52,5%, quienes optarían por la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner se manifiestan a favor en un 58,5%( y un 52,3% de los que votarían a Sergio Massa). Este dato, más que el acuerdo a nivel general (superior al 50%, mientras que estudios antes citados en este blog lo ubicaban por debajo de ese umbral) limita las posibilidades de Cambiemos de capitalizar el tema, dado que (si bien con una diferencia estadísticamente no significativa) se insinúa un mayor alineamiento en torno al issue entre los electores afines a la principal fuerza de oposición que entre los electores cercanos al oficialismo, lo cual obtura un eventual iniciativa del tipo “divide et impera”. 



Asimismo, Synopsis pudo confirmar con datos la afirmación de la consultora consultora Mariel Fornoni (de Management & Fit) en el sentido de que “temas como el aborto o la igualdad de género son distractores: las preocupaciones pasan por otro lado”. Según Synopsis, un 56% cree que Macri impulsó el debate para desviar la atención y tapar otros temas (ver datos arriba; click para agrandar). Por otro lado, en el caso del estudio de Amnistía Internacional y Cedes, realizado por Quiddity, dirigido por Luis Costa, tenemos prácticamente un “sixtie”: un 59% de los argentinos está o muy o algo de acuerdo con la legalización del aborto (ver datos arriba; click para agrandar). En este estudio, los matices principales no pasan por sexo (hay mayor apoyo entre los hombres, pero con una brecha estadísticamente poco significativa) sino por otra variable: entre los muy informados (22%) el acuerdo con la despenalización es 53%; entre los poco o nada informados, el desciende al 23% y 24%, respectivamente. 


Finalmente, en otra encuesta tenemos un “sixtie” cabal: se trata del estudio nacional sobre una muestra de 1.200 casos de la consultora Gustavo Córdoba y Asociados. Este es uno de los informes donde es mayor la brecha entre una mayoría a favor de la despenalización respecto a quienes están en contra: un 38,4% "aprueba totalmente" y un 27% "aprueba algo" (65,4% acumulado). Los que "desaprueban totalmente" o "desaprueban algo" no llegan a los 30 puntos (ver datos abajo; click para agrandar). En este caso hay un empate técnico en el cruce por sexo (64,6% aprueba entre mujeres y 66% entre los hombres) y nuevamente están más alineados los electores del FPV (74,1% de aprobación general y 54,1% en el máximo nivel de intensidad) que los de Cambiemos (60,1% y sólo 27,7% de aprobación en el máximo nivel de intensidad). A diferencia del estudio de Synopsis, que cruza las actitudes en función del voto prospectivo, aquí se hizo sobre el voto retrospectivo (según el ballotage del 2015). En cualquier caso, varios estudios confirman que el electorado del oficialismo está más fragmentado sobre el issue que el de la principal fuerza opositora, lo que limita la posibilidad de que el tratamiento del tema beneficie a Cambiemos. 


lunes, 19 de marzo de 2018

Un cambio de agenda difícil de capitalizar (2)

El estudio de D´Alessio /Irol que citamos en el post anterior no es el único que muestra opiniones divididas respecto de la despenalización del aborto, factor que limita las posibilidades de que el oficialismo pueda capitalizar el cambio de agenda (aunque sí pueda operar como distractor temporal de otros temas). En la misma línea, una reciente encuesta nacional de OpinaArgentina realizada sobre una muestra de 1.000 casos a electores mayores de 18 años arroja que el 44% está a favor, el 41% está en contra y un 15% dice no tener posición tomada (ver datos arriba; click para agrandar). El cruce por datos etarios muestra un corte generacional: buena parte de los menores de 50 años avala la despenalización (45 a 49%), en tanto que los mayores de 50 son reacios a la idea (46%). 



Recordemos que el primer segmento etario es el más cercano al FPV, mientras que el segundo es el más fuerte para Cambiemos; es decir, el electorado cercano a la principal fuerza opositora tiene una postura más favorable al tema que el electorado pro-oficialista. En el cruce por sexo, el estudio revela que el 44% de las mujeres se opone a la medida, contra el 43% que la apoya (un empate técnico). Los hombres, en cambio, se oponen en un 38% y respaldan en un 46%. Si se hace foco en los votantes K y anti K, la encuesta revela que el 46% de los votantes cristinistas están a favor, frente a un 40% que lo rechaza. Del otro lado de la grieta, el 42% de los macristas apoya la despenalización, mientras que el 44% la rechaza (nuevamente, un empate técnico): aunque las diferencias en este nivel no pueden considerarse estadísticamente significativas, hay mayor permeabilidad respecto al tema entre los electores del FPV que entre los de Cambiemos (ver datos abajo: click para agrandar). Entre los electores de Massa, la tendencia es más similar a la que se ve entre los del FPV que entre los de Macri, siempre con diferencias estadísticamente no significativas (es decir, menores al error muestral involucrado).  


En síntesis, el gobierno nacional puso en la agenda legislativa un tema con pocos “sixties” claros a nivel general y donde la opinión a nivel de electores está dividida: por esas razones, la posibilidad de que el oficialismo pueda capitalizarlo políticamente es muy limitada. En el mejor de los casos, la apuesta es que el tema compita parcialmente con los issues que le resultan desfavorables al gobierno (inflación, desempleo, pobreza) en la agenda, pero con mucho menor pregnancia en el metro cuadrado de los electores. Visto en contexto, esto se debe a que el tema entró en la agenda legislativa desde la sociedad y no desde el gobierno. Oportunamente, el sociólogo Carlos de Angelis trajo a colación un modelo clásico para explicar el flujo de la producción de los “issues” en la opinión pública, desarrollado por el politólogo checo Karl Deutsch: el modelo de la cascada. Según esa teoría, las grandes discusiones de la sociedad surgen en una comunicación hacia abajo en cinco niveles: 1) la elite socioeconómica 2) la elite político-gubernamental, 3) los medios de comunicación 4) los líderes de la opinión y, finalmente, 5) la población en general. 

"Desde este punto de vista las decisiones principales surgen desde las elites, y buscan su legitimación mediante la circulación y la retroalimentación. Sin embargo, en los casos de aborto y cobro a los inmigrantes por atención médica y educativa, la elite político-gubernamental ha tomado dos demandas preexistentes en sectores antagónicos de la sociedad, lanzándolos a una discusión interminable, que no pareciera tener como finalidad auténtica la elaboración de políticas públicas. En el caso del aborto, las principales espadas del Gobierno ya declararon su oposición (…) si la directiva política es extender las discusiones hasta el Mundial, se puede predecir que lo que se busca es producir otro cambio de agenda (como fuera días atrás el debate sobre la actuación de Chocobar), a la espera de la generación de buenas noticias en el plano económico. Pero más allá de la poca probabilidad de que concluya en una ley, la sola introducción de la palabra ´aborto´ trajo una nueva sacudida entre Macri y Elisa Carrió, en la que el Presidente logró correr por izquierda a la fundadora del ARI, y ésta última respondió: `Es un momento de purificación: entonces es demasiado violento no respetar las creencias`, lo que constituye una rajadura más en el débil armazón de Cambiemos”, apuntó el consultor. En conjunto, esto refuerza nuestra línea interpretativa en el sentido de que Cambiemos difícilmente capitalice el giro.