jueves, 10 de mayo de 2012

El Tour de France...









Finalmente, se dio lo que anticipaban las encuestas y el socialista François Hollande ganó la segunda vuelta de la elección presidencial francesa obteniendo un 51,67% de los votos, y asumirá el poder de manos del derrotado presidente conservador Nicolás Sarkozy el 15 de mayo. 


El triunfo de Hollande marca el retorno del socialismo a la presidencia después de 17 años (cuando culminó el último gobierno de Miterrand, también de nombre François). El "giro" hacia la centroizquierda de Francia se da en un contexto de temblor en los mercados financieros por el triunfo de los partidos anti-austeridad en Grecia. Hollande, quien en su campaña planteó una postura más heterodoxa respecto a las maneras de resolver la crisis europea, viajará después de su asunción a Berlín para negociar con Alemania medidas menos austeras que las consagradas en los planes que oportunamente impulsaron la canciller germana Angela Merkel y el derrotado Sarkozy, en momentos en que recrudecen los temores sobre el resurgir de la crisis de deuda en la eurozona.

Hollande ha criticado el tratado que obliga a los 17 países a mantener presupuestos equilibrados y se ha comprometido a complementarlo con medidas orientadas al crecimiento. La postura heterodoxa de Hollande fue incluso celebrada desde Argentina, donde la presidenta Cristina Fernández de Kirchner saludó su triunfo y ponderó sus conceptos de "no" al ajuste y la necesidad de fomentar la creación de empleo y el crecimiento.

No obstante, por encima de la cuestión ideológica, el triunfo de Hollande también ratifica que la crisis en Europa motoriza el cambio de signo político en el gobierno: lo demuestra el cambio del socialismo por los conservadores en España (el movimiento inverso al de Francia) y la caída de los gobiernos de Irlanda, Italia, Portugal y Holanda, donde habrá elecciones en septiembre después de la dimisión de su coalición gobernante.


La agitación política desafía la estrategia que viene aplicándose para enfrentar la crisis económica, marcando un retorno de la política al escenario y un potencial repliegue de la tecnocracia, el formato que los economistas ortodoxos y el establishment eligieron para administrar la situación europea.  De manera creciente hay líderes que comienzan a insistir en la necesidad de medidas de crecimiento más que en las recetas ortodoxas de ajuste y austeridad. Incluso Mario Draghi, el presidente del Banco Central Europeo, dijo recientemente que Europa necesitaba un "compacto de crecimiento" que complemente el tratado de disciplina fiscal aprobado oportunamente. 


Para peor, la calificación crediticia de España fue reducida en dos peldaños por la agencia calificadora Standard & Poor's, que incluso advirtió que la nota podría caer aún más, pese a que el gobierno conservador de Mariano Rajoy ha profundizado las medidas de austeridad y ajuste  tras las elecciones del pasado noviembre.

Con todo, el margen de maniobra fiscal de la mayoría de los gobiernos europeos es acotado. Según Eurostat, la agencia de estadísticas de la Unión Europea, la deuda pública de los 17 gobiernos de la eurozona subió el año pasado a 87,2% del PBI, la más elevada desde el lanzamiento del euro en 1999. Algunos analistas creen que eso limita cualquier iniciativa de crecimiento. Incluso, hay funcionarios de la UE que apuestan a que la postura que Hollande sostuvo en su campaña se moderará cuando comience a ejercer el poder. 

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