sábado, 19 de mayo de 2012

Movimientos en el panorama político nacional (1)


En los últimos días, la admisión por parte del gobernador bonaerense Daniel  Scioli de sus ambiciones presidenciales para 2015 levantó cierto revuelo, coincidiendo además con la divulgación de una encuesta que lo coloca en posición expectable, más allá de que hoy la carrera presidencial es un tema que interesa claramente más a la dirigencia que al electorado. 


La encuesta fue publicada por Perfil, y señala que pese al acuerdo con la nacionalización de YPF, la imagen presidencial sufrió un retroceso, al igual que la de Mauricio Macri, quien venía perfilándose como uno de los dirigentes opositores más visibles al gobierno nacional; en cambio, dicho estudio muestra a Scioli en posición favorable.


Realizada por Management & Fit entre el 4 y el 8 de mayo sobre una muestra de 1.500 casos con un margen de error de +- 2,6 y arrojó que la imagen positiva de la presidenta Cristina Fernández es de 40,9%, en tanto que en marzo pasado era del 42,1%. Hay que decir, no obstante, que además de ser una variación mínima (cae dentro del error muestral, por lo que no puede afirmarse categóricamente que haya una caída) en general el historial de registros de esta consultora en cuanto a la imagen presidencial tiende a ser más bajo que el de otras consultoras de referencia (por caso, Poliarquía, y ni hablar de CEOP o consultora Equis, algunas de las cuales repasamos en la entrada referida a las repercusiones de reestatización de YPF semanas atrás).


Sin embargo, dicho estudio arroja una leve mejoría (no estadísticamente significativa) en su imagen de gestión: de marzo a mayo, la aprobación creció del 44,9% al 47,3%, en tanto que la desaprobación apenas cayó 0,8%, ubicándose en 41,1%. 


El líder del Pro y jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri, también desmejoró de acuerdo a esta encuesta: su imagen positiva pasó de 32,8% a 31,9% (aquí tampoco se trata de una variación estadísticamente significativa) en tanto que su imagen negativa es muy similar (apenas mayor) a la de la presidenta (27,6% vs 25,9%). 


Otro opositor, el líder del Frente Amplio Progresista y ex gobernador de Santa Fe, el socialista Hermes Binner, alcanza una imagen positiva de 38,6%, pero su posicionamiento sigue limitado por un alto nivel de desconocimiento (25,4%). 

En cambio, el gobernador bonaerense Daniel Scioli sale favorecido de ese estudio, con una imagen positiva que llega al 51,5% y una negativa de apenas 13,5%. Para un análisis contextual, hay que considerar otro par de hechos significativos: Scioli admitió su interés en disputar la presidencia en 2015, pero también aseguró que apoyaría una eventual reforma constitucional que habilitara a Cristina Fernández a postularse para un tercer mandato, en medio de la controversia política desatada por el proyecto de aumentar los impuestos a la tierra en la provincia de Buenos Aires, iniciativa fuertemente resistida por las entidades rurales.   


lunes, 14 de mayo de 2012

Participación política en Córdoba (3*)

Entre los principales resultados del estudio realizado en Córdoba, surgió una asociación entre la participación política y el autoposicionamiento ideológico, fuerte y significativa. 


También se analizó la relación entre participación política y edad: en primera instancia, se realizó un análisis con la escala de participación política completa, sin quitar ningún ítem. Una vez corridas todas las relaciones, se analizaron por separado los dos últimos ítems de la escala. Hay una relación débil entre ambas variables (,09), positiva y estadísticamente significativa (,000). Esto implicaría que a medida que aumenta la edad, también se incrementa la participación política, confirmando la hipótesis de que existe una asociación positiva entre ambas variables.


En cuanto a la relación entre participación política y nivel socioeconómico, sucede lo mismo que en el caso anterior: si bien la relación no es muy fuerte, sí es estadísticamente significativa. Además es positiva, lo que apuntaría que a mayor nivel socioeconómico, se incrementaría la participación (confirmando así la hipótesis de asociación positiva entre ambas variables).


En cambio, la relación entre la participación política y el nivel educativo no resultó estadísticamente significativa: de este modo, no se puede inferir que la participación se modifique en función del nivel educativo, hallazgo que contradice ciertas percepciones en torno a este tópico.


Relación entre participación política y percepción del clima general: hay una relación positiva, moderada entre la participación y la percepción del clima, entorno o situación. La relación es estadísticamente significativa. El hecho de que sea positiva apuntaría a que participarían más las personas que tienen una visión más positiva de la situación actual, confirmando la hipótesis de asociación positiva entre ambas variables. A su vez, esto se manifiesta en un sentido similar que a la relación hallada entre el descontento con la política y la participación (tópico siguiente).


Relación entre participación política y descontento con la política: existe una relación negativa, moderada entre la participación y el descontento; sin embargo, esa relación es estadísticamente significativa. El hecho de que esta relación sea negativa estaría indicando que a mayor descontento con la política, menor participación. Este resultado, a su vez, está en línea con lo señalado por Bandura (2000) en el sentido de que la influencia conjunta de la percepción de eficacia colectiva política y la confianza en el sistema de gobierno predicen la forma y el nivel de actividad política de las personas: “aquellas que creen que pueden generar cambios deseados por medio de su voz colectiva y que confían en sus sistemas de gobierno tenderán a ser participantes activos en actividades políticas convencionales” (Sautu y Perugorria, 2007: 117).


Relación entre participación política y expectativas: la relación entre las expectativas y la participación no es tan fuerte como en el caso anterior (de hecho es una asociación no muy fuerte), pero es estadísticamente significativa. Al ser positiva, también apunta en el mismo sentido que las anteriores: las personas que tienen expectativas a futuro más positivas (en el estudio se trabajó con un horizonte temporal de los próximos 6 meses) tenderían a participar más que otras.


(*) se trata de la tercera entrada sobre este tema, a partir de una ponencia presentada junto con la licenciada Marina Llaó en el XIV Congreso de Psicología realizado en Salta y que en breve será publicado en formato digital 

jueves, 10 de mayo de 2012

El Tour de France...









Finalmente, se dio lo que anticipaban las encuestas y el socialista François Hollande ganó la segunda vuelta de la elección presidencial francesa obteniendo un 51,67% de los votos, y asumirá el poder de manos del derrotado presidente conservador Nicolás Sarkozy el 15 de mayo. 


El triunfo de Hollande marca el retorno del socialismo a la presidencia después de 17 años (cuando culminó el último gobierno de Miterrand, también de nombre François). El "giro" hacia la centroizquierda de Francia se da en un contexto de temblor en los mercados financieros por el triunfo de los partidos anti-austeridad en Grecia. Hollande, quien en su campaña planteó una postura más heterodoxa respecto a las maneras de resolver la crisis europea, viajará después de su asunción a Berlín para negociar con Alemania medidas menos austeras que las consagradas en los planes que oportunamente impulsaron la canciller germana Angela Merkel y el derrotado Sarkozy, en momentos en que recrudecen los temores sobre el resurgir de la crisis de deuda en la eurozona.

Hollande ha criticado el tratado que obliga a los 17 países a mantener presupuestos equilibrados y se ha comprometido a complementarlo con medidas orientadas al crecimiento. La postura heterodoxa de Hollande fue incluso celebrada desde Argentina, donde la presidenta Cristina Fernández de Kirchner saludó su triunfo y ponderó sus conceptos de "no" al ajuste y la necesidad de fomentar la creación de empleo y el crecimiento.

No obstante, por encima de la cuestión ideológica, el triunfo de Hollande también ratifica que la crisis en Europa motoriza el cambio de signo político en el gobierno: lo demuestra el cambio del socialismo por los conservadores en España (el movimiento inverso al de Francia) y la caída de los gobiernos de Irlanda, Italia, Portugal y Holanda, donde habrá elecciones en septiembre después de la dimisión de su coalición gobernante.


La agitación política desafía la estrategia que viene aplicándose para enfrentar la crisis económica, marcando un retorno de la política al escenario y un potencial repliegue de la tecnocracia, el formato que los economistas ortodoxos y el establishment eligieron para administrar la situación europea.  De manera creciente hay líderes que comienzan a insistir en la necesidad de medidas de crecimiento más que en las recetas ortodoxas de ajuste y austeridad. Incluso Mario Draghi, el presidente del Banco Central Europeo, dijo recientemente que Europa necesitaba un "compacto de crecimiento" que complemente el tratado de disciplina fiscal aprobado oportunamente. 


Para peor, la calificación crediticia de España fue reducida en dos peldaños por la agencia calificadora Standard & Poor's, que incluso advirtió que la nota podría caer aún más, pese a que el gobierno conservador de Mariano Rajoy ha profundizado las medidas de austeridad y ajuste  tras las elecciones del pasado noviembre.

Con todo, el margen de maniobra fiscal de la mayoría de los gobiernos europeos es acotado. Según Eurostat, la agencia de estadísticas de la Unión Europea, la deuda pública de los 17 gobiernos de la eurozona subió el año pasado a 87,2% del PBI, la más elevada desde el lanzamiento del euro en 1999. Algunos analistas creen que eso limita cualquier iniciativa de crecimiento. Incluso, hay funcionarios de la UE que apuestan a que la postura que Hollande sostuvo en su campaña se moderará cuando comience a ejercer el poder. 

sábado, 5 de mayo de 2012

YPF y sus repercusiones en la opinión pública





Repasemos algunas de las principales repercusiones del tema YPF en la opinión pública argentina en las últimas semanas: 


1) mejoría en la imagen presidencial: tras la expropiación de la petrolera YPF a la  española Repsol, se incrementó el apoyo a la presidenta de Argentina, Cristina Fernández, cuya gestión es respaldada por 60 por ciento de los argentinos.  En general, las encuestas señalan que la decisión benefició al gobierno, ya que YPF ha sido sido tradicionalmente un símbolo caro a los sentimientos patrióticos, nacionalistas (con cierto sesgo pro-estatista) argentinos.


Diversos sondeos marcan que entre 50% y 74% de la población está de acuerdo con el rescate estatal de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF), la mayor empresa del país, después de dos décadas de haber sido privatizada durante la gestión de Carlos Menem. El balance es ampliamente positivo para la popularidad de Cristina Fernández, que remontó  dos meses de performance en baja en las encuestas retomando la iniciativa política con esta medida, acompañada asimismo de un eficaz manejo de la agenda: el apoyo a su gestión subió hasta 60%, niveles similares a los que tenía al iniciar su primer mandato en 2007 y al comenzar el segundo, luego de haber sido reelecta con un 54% de los votos. El dato es más notable si se considera que el kirchnerismo lleva ya 9 años en el poder. 


El Centro de Estudios de Opinión Pública (CEOP) reportó que el 74% de los argentinos está de acuerdo con la decisión del gobierno; entre el 67,1% que dijo conocer los motivos de la expropiación, el 35,2% opinó que Repsol no hizo las inversiones necesarias y 33% que el Estado debe ser quien controle los recursos nacionales estratégicos. Asimismo, más del 60% se inclinó por la opinión de que en manos estatales la empresa será bien administrada, y 60,9% calificó de manera negativa la gestión de Repsol. 


2) Con todo, el apoyo no es incondicional sino que presenta también matices críticos: entre 39%  y 44% considera que el gobierno fue responsable de que la española Repsol no cumpliera con sus inversiones y sumergiera al país en una crisis energética. Según una encuesta de Poliarquía, el 62% de los argentinos apoya las medidas del gobierno nacional en relación a YPF (26% dijo estar muy de acuerdo y 36% de acuerdo) en tanto que un 31% la rechaza y 7% no se definió. Sin embargo, un 44% responsabiliza al gobierno por la política energética que ha transformado al país en importador de petróleo, en tanto que un 36% culpó fundamentalmente a Repsol. 


Según ese estudio, hay una alta correspondencia entre la opinión de los encuestados respecto de la expropiación y su identificación política: casi 9 de cada 10 argentinos que admitieron haber votado por Cristina Fernández en las presidenciales de 2011 se mostraron de acuerdo con la medida impulsada por el gobierno; el 92% de quienes tienen una imagen positiva de la presidenta adhieren a la iniciativa. Por regiones, donde menor adhesión presentó la medida fue en Capital Federal, con 45% de rechazo y 49% de apoyo; en el Gran Buenos Aires, 60% apoya la expropiación (32% la rechazó), y en el interior del país el aval crece hasta 66%, con intensidades muy altas (hasta 40% se declaró "muy de acuerdo" con la medida y apenas 25% de rechazo). Asimismo, 49% consideró que la medida tendrá un impacto positivo para la economía del país, en tanto que un 31% cree que será negativo (un 9% valoró que no tendrá impacto). 


3) La medida goza de apoyo porque sintoniza con la idiosincrasia mayoritaria del argentino: el consultor Enrique Zuleta Puceiro, titular de OPSM, evaluó que "una amplia mayoría de la sociedad argentina recibió una noticia sorpresiva pero, por muchas razones, deseada y en el fondo previsible (...) La privatización de YPF jamás contó, en efecto, con dosis de consenso equivalentes a las del resto de los servicios públicos. Una visión retrospectiva de la evolución de los niveles de apoyo de las reformas iniciadas  a principios de los años 90 demuestra con claridad que los mayores consensos se produjeron respecto de los servicios públicos domiciliarios de carácter universal, sobre todo teléfonos, distribución de gas y electricidad, agua y saneamientos urbanos (...) La exploración y explotación privada de petróleo y gas fue siempre resistida y no por una suerte de fundamentalismo mágico nacionalista, sino por el rechazo de la mayor parte de las fuerzas políticas tradicionales, los viejos y nuevos movimientos sociales y la opinión mayoritaria de técnicos y especialistas (...) La presencia universal del Estado en un sector pensado desde siempre como estratégico fue una demostración viva y permanente de la rara e inexplicable singularidad del caso argentino. Los resultados del experimento español convocaron un rechazo poco menos que absoluto. Bastó que el gobierno lo reconociera y encabezara la reacción reparadora para que los indicadores de consenso se dispararan con la contundencia que revelan los datos disponibles"


Según las tendencias relevadas por la consultora OPSM a nivel nacional, un 75,6% se manifiesta de acuerdo con la expropiación de la mayoría accionaria de la compañía (el desacuerdo es del 18,3%, porcentaje donde el rechazo absoluto llega apenas a un 3,7% de la población) lo que releva un aval contundente al contenido y objetivos de la medida, si bien existen matices en cuanto a los aspectos formales: un 42,1% hubiera preferido una negociación en buenos términos con Repsol, en tanto que un 51,8% refrendó el método escogido por el gobierno. Los porcentajes de expectativas de mejora de la situación de la nueva YPF alcanzan proporciones cercanas o superiores al 70% en temas clave como la capacidad de inversión, desempeño técnico, resultados económicos y sobre todo contribución del nuevo esquema al autoabastecimiento energético, en tanto que los puntos más debatidos se refieren a la capacidad de gestión estatal. Un 73,1% se mostró optimista respecto al futuro de YPF. "El clima de época -por cierto no exclusivo de la Argentina-, la búsqueda de mayor protección estatal y el fracaso de las recetas privatizadoras explica que un 62% reclame mayor intervención estatal en otros sectores estratégicos" interpreta Zuleta Puceiro. 

jueves, 3 de mayo de 2012

Participación política en Córdoba (2)









En el estudio de referencia se midieron formas de participación política convencional, no convencional y alienación política en un instrumento único que las agrupó en sus categorías más generales y evidentes. 



(1) Indicadores de participación convencional: 
Simpatía con algún partido 
Pertenencia a algún partido
Apoyo explícito a un candidato
Reconocimiento de ideales
  Concurrencia a colectivos políticos (asambleas, foros)


(2) Indicadores de participación política no convencional: 
Participación en reclamos (paros, movilizaciones)
Filiación voluntaria a gremios u organizaciones sociales no gubernamentales


(3) Indicador de alienación política: 
Reacción activa y explícita contra determinadas políticas o propuestas  Protestas y adhesión a causas sociales y políticas


Por último, la alienación y la anomia son conceptos sociológicos que describen negativamente los procesos de integración de los sujetos al mundo social (Aceituno, 2009). Refieren a un estado de desarrollo social que provoca en las personas la contracara del bienestar social, entendido éste como la valoración que las personas hacen de las circunstancias y el funcionamiento de la sociedad (Zuleta y Delfino, 2011). Para acercarnos a esta valoración y conocer cierto grado general de bienestar social o ausencia del mismo preguntamos situación actual (estable, inestable, ni ni) y expectativas a mediano plazo (6 meses) para la esfera nacional, provincial y personal/familiar.


La escala nominal de autoposicionamiento ideológico fue tomada del trabajo comparativo realizado por Ibarómetro entre 2010 y 2011. Además, consideramos que el autoposicionamiento ideológico presenta como concepto una consistencia mayor que la de afiliación partidaria, la cual si bien conlleva una consagración institucional de la relación entre el ciudadano y el partido se funda en una dimensión cognitiva y de pertenencia que no necesariamente implica una orientación afectiva estable hacia el mismo partido político (Temkin, Solano y Del Tronco, 2008: en Rabbia y Brussino, 2012:96). 


Esta consistencia está dada además por el hecho empírico de que el autoposicionamiento ideológico es menos variable que la afiliación, ya que los cambios en el mismo sólo se dan en procesos a mayor plazo en el tiempo, mientras que las afiliaciones partidarias presentan dinámicas ascendentes y descendentes conforme los partidos de referencia y los puestos en el poder que éstos alcancen.